El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Filosofía

El aburrimiento en tiempos de pandemia

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El trabajo, los estudios, las responsabilidades y obligaciones son el rito cotidiano a lo largo y ancho de nuestra estancia en este mundo. Nuestra agitada vida y los innumerables quehaceres nos mantienen en un estado hiperactivo y de constante excitación.

El tiempo parece distorsionarse y volverse tan volátil que nos faltan números en las manecillas del reloj para culminar todo aquello que creemos poder hacer.

En el ocaso de nuestras actividades, llega el momento de tomarnos un respiro. En ese preludio entre descanso y ocio, el tiempo parece detenerse y escaparse de nuestras manos. En medio de esa tregua y sin previo aviso emerge el espectro del aburrimiento.

Aburrirse es el síntoma previo a la tan desesperante angustia existencial, sostenía Kierkegaard. Por esa razón es que todos buscamos rehuir de él, ya que nos arroja a la soledad y la incómoda situación de estar con nosotros mismos.

Cuando el aburrimiento hace su aparición, la desesperación nos acorrala. Aburrirse es ceder el control, doblegarnos ante la existencia, y mirarnos cara a cara. Ese efímero lapso de tiempo que se apodera de nosotros, es la febrícula de la angustia. Sin disfraces, sin etiquetas, en la desnudez de nuestro ser, como un espejo que refleja nuestras fisuras. Todo esto nos horroriza y agobia. Ver cuán vulnerables somos golpea nuestro ego, destruye nuestra falsa construcción de semidioses que hemos forjado.

Nos aterran las pausas, lo inmóvil, lo contemplativo. Ralentizar ese ritmo de vida tan acelerado al que estamos acostumbrados nos desatina, nos saca del confort y asusta. Creemos ser dueños del tiempo, pero ante la mínima contrariedad de esa idea, nos invade el miedo, y el vacío va consumiéndonos.

Ivan el terrible y su hijo- Ilia Repin

No en vano grandes filósofos ahondaron sobre el aburrimiento. Emil Cioran de manera magnifica abordó el tema:

¨El aburrimiento es el eco en nosotros del tiempo que se desgarra, la revelación del vacío, el cese de ese delirio que sostiene -o inventa- la vida.¨

El gran Arthur Schopenhauer, por su parte concebía al aburrimiento como la causa principal del sufrimiento del hombre corriente: ¨Los dos enemigos de la felicidad humana son el dolor y el aburrimiento. En la medida en que logramos alejarnos de uno de ellos nos aproximamos al otro, y viceversa.¨

La complejidad del aburrimiento no termina aquí. Su presencia no es más que la puerta de entrada a distintas sensaciones que experimenta el hombre, en su condición de Ser arrojado a la existencia. La aglomeración de estas sensaciones es poco común y hoy se ve potenciada. Asimilar esto de manera repentina no es cosa sencilla, sobre todo para una gran mayoría somnolienta.

En pleno siglo XXI y en ante una pandemia mundial en desarrollo, se genera un escenario que parece remontarnos en la Edad Media con la peste negra o al antiguo Imperio Romano y la peste de San Cipriano.

Rostro de guerra- Salvador Dalí

Aceptar que no tenemos el control absoluto, y la incertidumbre de no saber que pueda pasar, destilan en el aire un olor a zozobra y pánico. Después de siglos la humanidad vuelve a afrontar un presente que escapa de su poder. El golpe brusco de una cruda y sombría realidad nos saca totalmente del prolongado letargo en el que veníamos sumidos.

Esta pandemia expone a la luz la fragilidad del ser humano, su irracionalidad y su pavor. Lejos queda aquella imagen de autosuficiencia narcisista en la que se creía dueño del universo. Forzadamente nos vemos en la obligación de resguardarnos temerosos en nuestras casas.

Las ciudades se convierten en manicomios, que albergan a dementes, que en su aislamiento buscan exasperadamente el placebo de la cómoda costumbre rutinaria. No soportamos nuestra propia compañía y arañamos las paredes en la desesperación. Preferimos danzar con la parca y asumir el riesgo del contagio, juntándonos con nuestros similares en la búsqueda imperiosa de paliar esta agobiante sensación.

Para las enfermedades se encuentran curas y esta situación terminara superándose, la historia es prueba fiel de ello. Pero para el tedio y el hastioso aburrimiento no existe vacuna alguna, y como la peor de las plagas nos acompañará hasta que la muerte apague las luces.

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3 COMENTARIOS

    • Muy buena publicación, nos envía a la ineludible reacción de mirarnos a nosotros mismos, despojados de todo poder y vulnerables ante lo cotidiano de la vida misma…
      Grande S. Dali..!!!

  1. Yo no me aburro. Paso mucho tiempo solo,pero debido a que vivo en el campo, donde incluso los vecinos viven alejados. Pero mis actividades en el campo hacen que no me aburra. Mucho tiempo para la contemplación y conexión con la Naturaleza creo que me llevó a la armonía con el todo. Ni siquiera puedo decir que vivo un estado de felicidad, sino de armonía, de paz.

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