El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Filosofía

El otro rostro de Dios

¿Qué pasaría si la concepción benévola y piadosa que tenemos de Dios fuese equivocada? Si aquella idealización misericorde y de amor infinito respondiese más a un anhelo humano por encontrar consuelo y redención. Distintos credos afirman conocer a Dios, pero ninguno tiene la certeza absoluta de cómo es su verdadero rostro, mucho menos del grado de relevancia que podría tener la humanidad para Él.


 Plantear la idea de un Dios cuya imagen se aparte de los estereotipos moralistas y benevolentes, cambia totalmente el paradigma religioso y sus bases dogmáticas. Sin embargo, esta tesis estaría lejana de ser novedad alguna. Yahvé, Xeva, Seth, Hades, Nergal, son representaciones de Dioses que difieren totalmente de la concepción clásica y poseen atributos completamente opuestos. Esta molesta hipótesis abre un mar de incógnitas y hace replantearnos la misteriosa figura de la divinidad suprema.

¿Qué ocurriría si Dios fuese totalmente indiferente a nuestra realidad?  Un ser distante e indolente. Sordo ante la clemencia de una humanidad que se consume a sí misma, en un mundo que yace agonizante ante la omisión y la apatía de su propio creador. Cada rincón de la tierra ruega por una mano salvadora que jamás llegará, pero que la fe cegada se niega a aceptar.

Sentado en su trono desde lo más alto, vuelca una mirada de inmundicia hacia nosotros. Saber que hemos forjado una imagen piadosa y frágil suya, le repugna. Lo que parecía una hermética indiferencia va transformándose de a poco en un interés iracundo por revelarnos su verdadera identidad.

Decidiendo terminar con este juego ilógico y sin sentido alguno, llamado existencia, este Dios ludópata pretende jugar una última partida con nosotros antes de desatar su destrucción definitiva. Desde lo alto nos envía caos y muerte, viéndonos como rechinamos los dientes y nos sumimos en el terror, mientras una risa maléfica se dibuja en sus labios

El diluvio – León Francois

El juicio final y el apocalipsis podrían ser el hartazgo de su aburrimiento. Poco a poco se acrecienta su interés, dejando caer plagas, terremotos y penurias sobre la tierra. Un escenario catastrófico para nosotros, pero para él una composición despiadadamente cómica.

Ante esto, el Diablo no sería más que un carroñero, que se alimenta de los restos dejados por el déspota universal, que saciada su sed nos arroja a la deriva del vacío, despojados de toda esperanza. El infierno de fuego es la tierra, y el paraíso el cese del sufrimiento en la muerte.

Nos ha creado a imagen y semejanza suya, la degenerada y destructiva esencia humana es su herencia. Somos una réplica a pequeña escala de su composición. Con una maldad meticulosa nos hace sentirnos importantes, nos hace creernos relevantes y poderosos, para que llegado el momento de su aparición, nuestra debacle y devastación sea aún más estrepitosa.

el juicio final – Jan Van Eyck

Nuestra idea de vida eterna no es más que una de nuestras tantas invenciones, buscando alguna ilusión que nos sostenga ante la agonía de vivir. Ni perlas a los cerdos, ni esperanza  a los hombres, la eternidad es pertenencia exclusiva de un Dios avaro y egoísta. 

Con la culpa bajo brazo venimos al mundo, un pecado innato nos ha impuesto, como si existir no fuese suficiente martirio. Humillación y adoración nos reclama, cuanta vanidad tiene. Sacrificios y obediencia exige el tirano creador. Y amarlo por sobre todas las cosas es su mandamiento, para silenciar cualquier blasfemia.

Sacrificio de Isaac – Caravaggio.

Sus fieles en zozobra claman erróneamente por una misericordia que le asquea. Pirámides, coliseos y oráculos, entre el polvo nos recuerdan el hastío del Supremo en otros tiempos. El mismo curso nos espera, todas nuestras petulantes obras materiales se sumaran al registro de devastación, que otras generaciones despavoridas contemplaran en su momento.

Un Dios inmisericorde emana una aire de justeza. Reina la justicia donde no hay distinciones ni elegidos, ni privilegios para unos pocos. Todos juzgados bajo la cruel e implacable ira del juez tirano. No hay indulgencias, redención ni purgatorio para un Dios que no olvida ni perdona. Ante su omnipresencia no existe piedra bajo de la cual escondernos.  Su sentencia está escrita como escrito esta nuestro destino. Inevitable, ineludible e irrevocable hágase su voluntad.

Alexandre Cabanel- Ángel caído.

A la hipótesis del Dios maligno, el creyente no puede objetarla porque sus textos la abalan. Por su parte, el ateo del todo no la rechaza, porque una temporal independencia le es otorgada. Una incómoda empatía termina uniéndolos, en un dogma crudo pero no improbable. Después de todo el monopolio de Dios no lo tiene nadie.

Llegado el momento como ladrón en la noche hará acto de presencia. Las trompetas sonarán y descenderá de los cielos. Nos arrepentiremos de haberlo invocado durante tanto tiempo. Nuestra equívoca esperanza se convertirá en terror. Volverá a reiniciar el reloj como tantas veces lo hizo y el juego llamado humanidad llegará a su fin. Es palabra de Dios.

Viktor Vasnetsov – Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

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