El Ser y la Muerte

El Ser y la Muerte

Análisis libre y breve sobre dos capítulos (25 y 26) del libro de José Ferrater Mora.

1- Actitudes ante la Muerte.

El filósofo español decía: “Tan distintas son las «imágenes» que evoca la palabra ‘muerte’ que con frecuencia no parecen reflejar la misma realidad -o el mismo proceso. La muerte es vista de distintos modos según las culturas, las profesiones, las circunstancias personales y sociales.”

Resulta complejo pensar en cómo podría ser el final de la vida de uno mismo, muchos evaden abordar ese pensamiento, sin embargo, para otros resulta intrigante realizarse cuestionamientos sobre ella.

Debatir el término muerte no siempre resulta sencillo, siendo uno de los obstáculos el miedo, ya sea, de cómo uno lo defina o del cómo reaccionarían los demás ante la propia posición con respecto a ello.

Diversas definiciones que pueden ser atribuidas y comprendidas de acuerdo a las épocas, culturas o circunstancias, han sido esbozadas por diferentes filósofos y científicos ¿Puede considerarse entonces a la muerte, como la realidad del simple hecho de dejar de vivir? Y, en caso de que uno no esté de acuerdo en considerar a la muerte únicamente como tránsito hacia la extinción del ser, ¿Qué sucede en el momento y después?

Todo ser humano es, por esencia, mortal. Podemos morir de forma súbita, por un ataque al corazón, por un accidente o por causas violentas, pero de lo que debemos estar seguros es que vamos a morir, asimismo, muchos no “piensan” constantemente este tránsito hacia la nada.

La muerte se ha ido convirtiendo así en una expresión de miedo, de fracaso en la búsqueda de la felicidad y el éxito, de emerger de las dificultades del existir, sólo para terminar la existencia, sin pena ni gloria, como todos.

A tal punto que Ferrater manifestó que, “No se puede experimentar la propia muerte a través de la ajena, ya que es un fenómeno que no se puede sufrir por otros, aunque lo que frecuentemente se hace es sufrir los temores de la representación de nuestra propia muerte”.

Muchos cristianos dicen que la muerte está en manos de la providencia, de modo que hay que estar siempre a punto para el momento, considerándolo un paso hacia la otra vida. En contrapartida para la persona no creyente, quizás esta afirmación no sea considerada como una “realidad” en su vida, sin embargo, no deja de ser “una posibilidad” que tiene aún por descubrir. Esta “posibilidad” puede o no, «pertenecerme», pero ello no implica «pertenecer» al prójimo, es decir, al otro, que no soy yo. No se puede afirmar que todo este preludio en el análisis de la muerte deba ser efectivamente, término medio de todos los demás, existentes, que no soy yo.

Entonces no es posible alcanzar conclusiones definitivas, aunque al ser relacionadas ciertas fases, como la negación, aislamiento, ira, depresión y aceptación de acuerdo a lo estudiado por Elisabeth Kubler Ross, psiquiatra suizo – estadounidense, solo se puede afirmar una anticipación imaginativa de lo que vendrá después de la muerte, la otra vida, exponiendo que lo único que cabe experimentar es el proceso de “irse muriendo”.

2- El problema de la llamada “muerte propia”

Cada ser humano es un elemento de la naturaleza, formamos parte de una sociedad, una familia, un círculo, por consiguiente en algún momento de nuestras vidas a partir del nacimiento nos relacionamos, nunca estamos completamente solos.

Al pasar de los años cada persona va concibiendo su propia vida, por consecuencia quedan una serie de acciones que lo caracterizan o fueron distinguiendo y así llegan a convertirse en lo que son actualmente, sean buenas o mal vistas son aquellas acciones las que fueron influyendo en él y su entorno.

“Sus acciones y sus creaciones trascienden, por lo común, su vida y, por tanto, también su muerte”, escribió Ferrater, por añadidura podemos reflexionar que todo lo que hagamos influye, en vida puede ser criticado, juzgado ante nosotros, y si nos preguntásemos ¿Qué sucede con tales acciones al morir?, sin duda las respuesta seria aquella trascendencia, porque aun muertos es recordado incluso quizás, doblemente juzgados o señalados.

Estamos tan apegados a la vida, a nuestros propósitos, objetivos o anhelos, y es con todo esto que vamos creando la visión de los demás en nosotros, lo que nos lleva a considerar difícil el aceptar un final.

Con relación a lo mencionado anteriormente la posibilidad de enfrentar la propia muerte sería una tarea complicada debido a que es impensable saber cuándo y cómo. A las personas les cuesta aceptar la pérdida de sus seres queridos, por consiguiente, resulta mucho más complejo pensar en la propia, incluso cuando es un hecho natural, nos encontramos constantemente ante partidas, ya sean de personas cercanas o distantes, siendo un fenómeno que todos por naturaleza seguiremos enfrentando.

El paso del tiempo fue dejando una serie de reflexiones acerca del término muerte, desde la antigüedad hasta la actualidad, es un concepto particular que va variando con relación al punto de vista en el cual lo conciban.

Por consiguiente, Ferrater Mora, presenta varias posturas a lo largo de la historia, desde el filósofo Séneca, e incluso a poetas contemporáneos tales como Jules Supervielle, Federico García Lorca, Pablo Neruda o Antonio Machado, quienes de acuerdo a sus pensamientos fueron realizando razonamientos vinculadas a la muerte, mientras que este último, no solo tenía una visión poética, sino también filosófica, añade nuestro filósofo.

El autor del libro “Ser y Muerte” reflexiona sobre algunas ponderaciones del escritor Rainer Maria Rilke en la novela “Cuadernos de Malte Laurids Brigge, argumentando que según él, sea cual fuere el momento en que se muere, y aun cuando se muera a destiempo, debe reconocerse que según Rilke, todo hombre en cuanto hombre, muere su muerte.
Lo menos perceptible de la muerte es el instante, cada momento va quedando atrás porque le sobreviene otro, hasta que sin percatarnos aparecerá el último.

Debemos ser conscientes ante la medida de pensar o imaginar, la experiencia íntima será absolutamente distinta a tratar de comprenderla, a partir de la experiencia de otro, es por ello que la llamada muerte propia diferirá al sentir su proximidad.

«La Muerte eligiendo el color de los trebejos». El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman

“Cada día morimos, cada día se nos quita alguna parte de la vida, e incluso cuando crecemos nuestra vida decrece”, Séneca.

En vida nos topamos con el significado de la existencia y en la muerte hallamos el significado de la vida, lo que nos promueve a fabricar, producir y elaborar sin diferir en nuestro destino.

Es como cuando Antonius Block, (Max von Sydow), un caballero cruzado que recorre las comarcas asoladas por la peste negra, se topa con la Muerte, (Bengt Ekerot) que reclama su vida. Block le desafía a una partida de ajedrez, que la Muerte acepta. El caballero sólo lo hace para “ganar tiempo” y realizar algún acto heroico de valor histórico que pueda darle un sentido a su existencia, a pesar, de que todos sepamos el resultado final de esta justa. No hay época tan carente de fe para la humanidad que ésta.

La presencia de la muerte nos pone frente a nuestra responsabilidad, que es la de hacer de la vida un sacrificio que ofrezca a la posteridad, algún acto valedero que dé sentido, a este “fluir hacia la nada”, independientemente de nuestras creencias religiosas o filosóficas; de ahí, la búsqueda incansable del filósofo.

Fuente: El Ser y la Muerte, José Ferrater Mora. Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo. Planeta-Agostini. 1986

Editado por Gabriel Ojeda

Camila Sánchez

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