El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Filosofía

Humanos: lo que somos y ocultamos

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Crisis económica, histeria colectiva¸ pánico y caos. Una pandemia bastó y sobró para despertarnos del cómodo y fantasioso sueño en el que estábamos inmersos. Años de suficiencia y una mentirosa calma, terminan aniquilados por un escenario del que solo teníamos conocimiento en los libros de historia.

Toda la magnificencia material que hemos creado, toda esa avara acumulación y todo ese narcisismo del que nos hemos impregnado durante bastante tiempo, no nos han preparado en lo absoluto para el escenario que hoy estamos enfrentando. Por primera vez en nuestra era sentimos como un escalofrío nos recorre toda la espina dorsal, y la realidad de un presente devastador, ni siquiera da pie para pensar a futuro. El panorama se avizora incierto y desolador.

El que crea que en los momentos de crisis sale a flote lo mejor de cada uno, desconoce totalmente la naturaleza humana o se niega aceptarla. Por el contrario, son los momentos límites como el actual los que terminan desnudando la verdadera faceta del ser humano, donde su esencia y plenitud salen expulsados como un grito de supervivencia.

Las caretas estéticas de la ética y la moral terminan desquebrajándose por las deformaciones del egoísmo y el odio del verdadero rostro humano. Aquellos discursos idealistas del amor al prójimo y la solidaridad van extinguiéndose poco a poco, para dar lugar a ese egoísmo instintivo de protección de lo único que nos importa: nuestra propia vida.

En mucho tiempo nunca habíamos visto tan preocupados la probabilidad de morir, a pesar de que la muerte es el día a día de este mundo. A cada instante alguien deja de existir; guerras, hambre, accidentes, las causas abundan.

El hecho de que a diario se pierdan vidas lo vemos con normalidad. Pero esa indiferencia y desinterés hipócritas se convierte en terror cuando lo remoto se vuelve cercano. Lo que veíamos como una lejana posibilidad -o tal vez ni pasaba por nuestras mentes- hoy es algo palpable y no una ficción. Esta pandemia nos despabila y nos recuerda cuan expuestos a la finitud estamos.

Thomas Klevjer- La muerte

Tanto el rey más poderoso como el pordiosero terminan enterrados bajo el mismo suelo, ambos rendidos al sueño eterno. La muerte es un juez justo que no hace distinciones e iguala a toda la humanidad.

Morir es una ley universal, es el equilibrio de este planeta, es el orden y la justicia que preserva la armonía del ciclo de la naturaleza. Todo ser vivo esta sublevado a ello, pero a diferencia de las demás especies, para el ser humano la muerte toma otras dimensiones e importancia.

Su influencia es tan determinante que impacta de manera calamitosa en su existencia. Su simple idea causa pavor y repulsión, llegando a trascender hasta su concepción de la vida e incidiendo en su comportamiento. Siendo este último un punto clave, ya que abarca aspectos de gran magnitud.

Papa gritando – Francis Bacon

El hombre hará todo lo que este a su alcance para evitar su extinción, su resistencia a expirar le otorga una potencialidad destructiva e incontrolable. Preservar su estancia sobre la faz de la tierra es un reflejo instintivo que termina exponiendo su lado más oscuro y monstruoso.
Venimos de fábrica, predispuestos a lo peor. Podemos pasar una vida entera con el instinto en la profunda represión, pero puede bastar medio segundo para expulsar la devastación de nuestra verdadera esencia. La mecha es corta y muy inflamable.

Creamos lo que llamamos civilización. Aglomeramos en ciudades, a interminables grupos de personas y las hacemos convivir forzadamente día a día. Nada más parecido a una inmensa jaula cuyos barrotes de leyes, normas y reglas sociales reprimen a la bestia humana que no tardará en emerger, descontrolada y sin restricciones. Este fenómeno puede observarse a diario, cuando la violencia y asesinatos se esparcen sobre toda la faz de esta jungla de cemento en la que vivimos.

Arnold Böcklin – Autoretrato con la muerte tocando el violín

Hemos consensuado rechazar nuestra condición y ocultarla. Profesamos la etiqueta de seres pensantes y diferentes del reino animal. Esta última afirmación no está del todo errada. Somos diferentes a las bestias en cierta medida, ellas matan por necesidad de subsistencia. En cambio la especie humana mata por placer, por interés o simplemente por la vil sensación de arrebatar una vida. Nuestra historia reafirma y sentencia esta realidad, los libros y memorias son el correlato de una especie sanguinaria y ruin.

Al más sereno de los hombres y al peor asesino sólo los separa una pequeña brecha. El hastío, la ira y resentimiento son combustibles que mueven la maquinaria humana y que todos tenemos en mayor o menor medida. Dependiendo de situaciones o contextos, estas se encuentran fluctuando entre picos altos y bajos esperando el momento de estallar.

Ni la moral religiosa, ni el racionalismo son suficientes cuando el Leviatán humano despierta. No existe culpa ni castigo, leyes ni ideologías que puedan domar ese desenfrenado instinto de supervivencia, que impetuosamente sale a la luz cuando la muerte está latente.

Todos aquellos disfraces de etiqueta y buenos modales, toda la parafernalia represiva de alcurnia social se desgarran cuando el humano decide ser humano. No existe consuelo, ni la ilusión de un más allá capaz de contener a un hombre en su plenitud animal. En vano son los intentos de domarlo cuando retorna a su estado natural. Hasta el más correcto y sereno de los hombres se quiebra cuando su bien más preciado corre peligro. Todos somos bestias amoldadas y anestesiadas bajo ritos y costumbres que caducan.

El mayor de nuestros males no tiene sus orígenes en factores externos como pandemias ni guerras. El principal peligro no proviene de fuera, ni se ha ido para volver, está siempre aquí, latente y esperando su momento para devastar, así fue y será. Somos el apocalipsis, el infierno, el demiurgo, y en tanto tratemos de rehuir de ello, mayor seguirá siendo la destrucción.
Hoy la sensación cercana de morir accionó el interruptor y liberó la verdadera peste. En mucho tiempo volvemos a ser lo que siempre fuimos e inútilmente tratamos de ocultar. Humanos, más humanos que nunca. Sin credos y dogmas, sin Dios y sin Ciencia, la libertad en su esplendor.

William Adolphe Bouguereau – Dante y Virgilio en el infierno

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4 COMENTARIOS

  1. Los seres humanos somos contradictorios totalmente e imprevisibles en nuestro comportamiento, dependiendo de las circunstancias. Capaces de hacer lo mejor y lo peor, nuestra actitud gira hacia cualquier lado cuando las circunstancias no dan tiempo de detenerse a pensar. ¿Van a matar a tu hijo? hay que reaccionar sin meditar en nada y si hay que matar al agresor no se puede dudar por lo que hay en juego. Es como un juego donde se pretende cambiar una vida pretendidamente injusta por una vida supuestamente justa.

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