La felicidad verdadera

La felicidad verdadera

Si tuviésemos que pensar en las veces que inquirimos en nosotros mismos y en los demás sobre, ¿Cómo se sentiría gozar de la felicidad verdadera?, podría definitivamente aseverar que no terminaríamos nunca con dicha interrogante.

Nos encontramos constantemente en su búsqueda que sin darnos cuenta, no nos planteamos que mientras más la buscamos menos la hallamos, y es allí en donde aparecen las sensaciones de frustración. Ser feliz es una meta a la que todos queremos llegar, pero a la vez, todos tenemos diferentes ideas sobre lo que es y cómo conseguirla.

Es una palabra compleja y difícil de definir, sobre todo porque el camino a la felicidad es diferente para cada uno de nosotros, algunos la definen como la decisión de elegir actitudes y comportamientos que hacen sentirnos mejor todos los días, mientras que otros aun no tienen un concepto con el cual relacionarlo.

Lucio Anneo Séneca, el filósofo estoico, famoso por la influencia que poseía en el Senado Romano en su diálogo sobre la felicidad expone, “No esta lejos. Se encontrará, solo hace falta saber hacia dónde extender la mano, mas pasamos, como en tinieblas, al lado de las cosas, tropezando con las mismas que deseamos”.

En muchas circunstancias vemos o nos hacen querer ver que la felicidad es atribuida a cosas materiales, el deseo por lo tangible, sin embargo, ¿estamos en lo correcto?, ¿por qué no buscamos la felicidad en algo duradero?, tal como nos manifiesta el escritor.

Afirmamos que seriamos felices si tuviéramos tal o cual cosa, mientras que el tiempo luego nos revela que dicha felicidad no se encontraba en ello.

No se podría experimentar la felicidad si no existiera dentro de cada uno los elementos que la crean, se debe experimentar por lo que somos, aún cuando sintamos tristeza.

Es donde Lucio argumenta que en primer lugar el alma debe estar sana, enérgica, con virtud a la realización de cosas grandes a pesar de las dificultades, adaptándose a las circunstancias de la vida, pues de ella nacerá una constante tranquilidad y libertad, dejando las cosas que nos irritan o aterran.

Poder enfocarnos en lo que aprendemos y no en lo mal que estuvo, evitar esa ofensa que solo justifica el estar tristes y hacer caso omiso a la búsqueda de dicha felicidad.

Confundimos nuestros sentimientos, ya de momentos sentimos que somos felices pero después viene una reacción opuesta y sentimos lo contrario, pues dudamos de haber sentido felicidad o tan solo placer.

Afirmo entonces que la felicidad está, sin embargo es nuestra responsabilidad encontrar ese cambio, preguntarnos, ¿Qué da sentido a nuestra vida?, ¿Qué enriquece la vida?, posiblemente hayan muchas sentencias, o en caso contrario aún resulten difíciles, responderlas, pero indistintamente una vez que lo sepamos, la finalidad radica en atreverse a ir por ello. Uno mismo lo genera, lo experimenta, comienza en el interior y es cuestión propia el desarrollarla.

Recordar que en relación Séneca dijo a Lucilio, en una de sus cartas, lo siguiente:

Imagen: Estatua de Séneca en Córdoba, su lugar de nacimiento. Bronce de Amadeo Ruiz Olmos, 1965.

«Considérate feliz cuando todo nazca para ti de tu interior, cuando al contemplar las cosas que los hombres arrebatan, codician y guardan con ahínco, no encuentres nada que desees conseguir».

Es feliz aquel que valora su vida tal y como es, sin importar las circunstancias de su tipo de vida, aquel que recibe la vida como venga conforme vaya viviendo que lo haga virtuosamente.

El suicidio de Séneca (1871), por Manuel Domínguez Sánchez.

Fuente: Díalogos, L.A. Séneca. Grandes obras del pensamiento. Altaya.

Camila Sánchez

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