La sociedad pornográfica

La sociedad pornográfica

Al analizar el capítulo del libro de Byung-Chul Han, “La agonía del eros”, las primeras preguntan que saltan son: ¿estamos realmente sumidos a una sociedad pornográfica y donde lo que más importa es el placer? ¿Nuestra imagen íntima ya no vale nada?

Hablar de temas sexuales siempre nos lleva al camino de los conflictos por los grandes tabúes que se generan dentro de una sociedad. Decir «pornografía», por ejemplo, implica y produce, mucha alteración o barbaridad para la gran mayoría.

“En la tradición cristiana, la desnudez lleva una imborrable signatura teológica”. Para millones de personas alrededor del mundo, exhibir algunas partes del cuerpo es como desnudar lo más auténtico que uno tiene, sacar a luz algo tan privado, esencial y puro, como si estuvieras atentando contra el pudor.

A pesar de que en la antigüedad algunas civilizaciones consideraban al desnudo como un ideal de belleza profunda, que no hacía falta cubrir o esconder, para el catolicismo y otras corrientes ideológicas, destapar tu cuerpo o salir sin ningún velo es considerado como un pecado y falta de respeto hacia la deidad o hacia las convenciones sociales.

Adán y Eva antes del pecado no estaban desnudos, pues los cubría un vestido de la gracia; sin embargo, al cometer el acto del pecado, fueron despojados de sus vestidos de luz; por esa razón, tuvieron que buscar cubrir sus cuerpos. A raíz de esto, nace la idea de que la desnudez trae como consecuencia la pérdida del vestido de la gracia.

Pero, nos detenemos a pensar: ¿Qué es la pornografía? Para Han “pornografía es el contacto inmediato entre la imagen y el ojo”. Asimismo, el pensador explica que la desnudez peculiar de la criatura es cualquier otra cosa, menos pornografía.

Para el filósofo de origen coreano, todos somos unas máquinas en esta sociedad que no “para” de buscar y consumir hasta más no poder. El contenido de la pornografía nos quiere colocar en la simple felicidad que pretende llenar ese vacío en el que está sumida la sociedad del cansancio o la sociedad de la transparencia, “lo que nos hace falta para orgullosos, pertenecer al enjambre de la moda”, una sociedad de consumo que se reinventa cada día o en tiempo real, ofreciendo a sus zombis babeantes, nuevos utensilios, nuevas marcas, el último grito de la industria pornográfica o simplemente, la “disneylización” que tanto sufrimos hoy en día.

Imagen: Detalle de los “Condenados del Juicio Final” de Luca Signorelli. Fresco en la catedral de Orvieto, Umbría. (1499-1505).

En este libro de profundidad inimaginable y brevedad sorprendente, el autor explica que la pornografía es lo opuesto, esa antípoda de Eros, pues extermina la sexualidad de la misma: “Lo obsceno en el porno, no es el exceso del sexo, sino que allí no hay sexo”, escribe.

En nuestros días existen diferentes plataformas virtuales, varias aplicaciones que uno puede descargar y las mismas redes sociales en donde se puede elegir con quién tener relaciones sexuales: enviando una solicitud, dando “me encanta” o lanzando indirectas. Así de “fácil” se volvió todo.

Actualmente, se expone la vida privada de forma voluntaria. Todos estamos expuestos a que se destapen nuestros más íntimos secretos, si es que aún lo seguimos conservando y todo exceso siempre es malo; el exceso de exposición hace que nuestra vida sea “transparente”, y seamos utilizados como objetos y seamos parte de la obscenidad.

Nuestras mentes y la vida misma están al desnudo, al descubierto y todo resulta tan vacío, como el desierto del Sahara. La vida personal ya no es personal, todo sacamos a la luz con un posteo en Facebook o con una foto íntima en Instagram, los mensajes del whatsapp son grabados y luego, expuestos a la luz pública, no sólo con respecto a la política sino también con la vida privada de las personas, ya nada es seguro, y cuando todo se convierte en inseguro, tenemos la seguridad de no estar lo suficientemente informados y muchos menos, preparados para participar de este “enjambre” como le gusta mencionar a Byung-Chul Han. Caemos directo al “jueguito loco” de las redes sociales y somos robots de los mismos, al seguir los pasos o direcciones que nos sugieren, qué hacer-qué seguir, qué escribir y cómo morir, a medida que vamos “viviendo” virtualmente.

Tanto en las redes sociales, en los medios de televisión y en cualquier área se está dejando todo a la vista, todo aquello relacionado con la vida privada de uno, con lo que va más allá de lo pornográfico. Ya nada es privado, no existe más ese espacio “a solas” con uno mismo, más bien todo se comparte, todo se sabe y las intimidades regurgitan, y saltan de persona a persona. La sociedad pornográfica es un espectáculo en donde todos disfrutan y quieren seguir disfrutando sin importar adónde vaya a parar la dignidad.

Ya no hay nada misterioso que descubrir, ya hemos sacado a la luz absolutamente todo y lo que no sacamos a la luz, permanece escondido a los demás, pero nunca escondido a Google, ya que como se lee en el libro: “el mundo se ha convertido en un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades”.

Estamos ante una sociedad que piensa que el internet es un escape y una forma de comunicarnos o tener libertad; sin embargo, las redes nos están controlando y vigilando, privando así esa libertad que pensamos poseer.

Estamos expuestos, vendemos y consumimos al mismo tiempo, como la pornografía, nos exponemos y exponemos a los demás sin vergüenza.

¿El cuerpo realmente equivale a una mercancía?

Responder a esta incógnita queda a criterio de cada uno.

Por Mónica Rodríguez

Fuentes:

–Byung-Chul Han, La sociedad de la Transparencia. Herder. 2013
–Byung-Chul Han, En el Enjambre. Herder. 2014
–Byung-Chul Han, La agonía del Eros. Herder. 2014

El Parlante

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