Más allá del “Standing”: el consumo emocional

Más allá del “Standing”: el consumo emocional

Un hecho particular, que genera quizás tan solo cierta trascendencia o interés, el deseo de enriquecerse conforme se vayan supliendo ciertas necesidades, pero, yendo más allá del «sólo tener» una posición elevada o un buen nivel de vida.

De acuerdo a Gilles Lipovetsky, los sociólogos críticos de los años 60´s y 70´s interpretaban el consumo como “una lógica de diferenciación social”.

Dicha acción fue adquiriendo importancia entre las preocupaciones cotidianas de los individuos y de las familias, volviéndose los consumidores más exigentes y creándose la necesidad de diferenciarse ante los demás como símbolo de poder social.

Tales críticos sostenían que los objetos en sí, no eran lo deseable por sí mismos, sino que se basaban en el prestigio, reconocimiento y posición social.
Aun sin tener una economía que pueda sustentar tales gustos, “cuanto más se consume, más se quiere consumir”, se va generando un efecto nocivo sobre las personas, ya que constantemente deben enfrentarse a expectativas o anhelos que no son sostenibles, creyendo que la felicidad reside en ello.

Se manifiesta una compra excesiva, y ya no por el producto como uso para la vida cotidiana, sino que por el simple hecho de consumir y obtener el mencionado prestigio, volviéndose este último un factor fundamental de un nuevo estilo de vida.

En relación a los últimos tiempos se puede considerar que las decisiones se toman en cuestión de segundos, por tanto, están marcadas por elementos que escapan del raciocinio de las personas y son las emociones las que nos empujan o no, a consumir, qué consumir, cuándo o cómo hacerlo.

“¿Qué es lo que hace que el consumidor busque sin descanso?”; independientemente expongo, que estamos en medio de una sociedad en la que el consumo se ha convertido en lo primordial, esencial y sustancial, residiendo la base en la ansiedad económica y la de los sentimientos de desesperanza que influyen directamente en el pensamiento y accionar de los individuos, utilizando dichos criterios para respaldar la compra impulsiva.

Un mundo globalizado que nos vuelve constantemente esclavos de las modas, de los gustos, de las propensiones, creándonos espejismos con una imagen falsa de la realidad, queriéndonos vender el concepto de felicidad como el hecho de tener más que los demás.

Entonces, si se cuestionara el consumo personal, podría concluirse que no es necesario todo lo que el individuo consume, sin embargo la sociedad y el estado actual en el que nos encontramos establecidos, el acto de consumir algo por deseo, pasó a convertirse, de un deseo, a una necesidad, tanto al relacionarnos con los demás o al intentar resultar desapercibidos.

El dinero no da la verdadera felicidad, pero la sociedad presente sostiene que es un medio de ayuda, respaldando la idea de que la supervivencia del individuo se basa constantemente en su estado económico; sin embargo, vemos que aquellas personas más felices son las que más viajan o se mantienen activas, recorriendo lugares bellos y recónditos, ¿no es acaso esto, una contradicción?

Todos nos hallamos inmersos en un sinfín de productos renovados y tecnologías que despiertan la curiosidad personal, sin embargo en tales circunstancias deberíamos de hacer uso de nuestro sistema reflexivo, analizando e intentando dominar ese capricho o deseo, teniendo como objetivo primordial la necesidad de la supervivencia.

Fuente: La felicidad paradójica (Gilles Lipovetsky). Anagrama.

Camila Sánchez

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