Mecánica de Newton y Pensamiento Mágico de Locke

Mecánica de Newton y Pensamiento Mágico de Locke
Esteban Serafini (columnista invitado)*. Síguelo en Twitter: Iustinianus @57R4705

«De la mecánica a la ingeniería social. De la locura a la razón por medio de la magia».

Un concepto fundamental para comprender el sistema aristotélico-tomista y por tanto la civilización cristiana es el concepto aristotélico del telos, traducido como «fin último».

El telos u objetivo es el fin hacia el cual tiende una cosa. El telos de una semilla es un árbol, es aquello en lo que se debe convertir. Todas las cosas tienen un telos: algo hacia lo cual tienden por su naturaleza. El telos es algo objetivo y propio de la naturaleza de una cosa. Así el telos de un semilla es el mismo que el de todas las demás semillas y no está abierto a debate: objetivamente es «un árbol».

En la tradición aristotélica, el telos del hombre es encontrar la felicidad, y para esto el camino es vivir una vida virtuosa. El cristianismo complementa a Aristóteles, poniendo a Dios como el fin último del ser humano y sumando la Revelación a las posibilidades que tiene el hombre para descubrir cómo llevar una vida virtuosa. Lo que antes estaba reservado a los filósofos, que con tiempo y dedicación podían descubrir el camino de la virtud por medio de la razón, queda abierto a los hombres sin disposición filosófica.

De esta forma queda definida la filosofía moral cristiana que rigió en occidente por dos milenios y que produjo un desarrollo moral, cultural, científico y económico nunca antes visto en la historia humana. No sólo el sistema moral aristotélico-tomista (por Santo Tomás de Aquino) es teleológico, esto es: centrado en las causas finales; sino que también lo es su sistema físico. Una manzana cae del árbol al suelo porque es hacia allí donde tiende naturalmente.

Isaac Newton, en su obra «Principia Mathematica» describe las tres leyes que llevan su nombre. Estas leyes relacionan el movimiento de los cuerpos a la suma de fuerzas externas que actúan sobre ellos. La obra de Newton es de una importancia única en el desarrollo de la ciencia física, hasta el punto que una rama de la física lleva su nombre. Implica la posibilidad de describir matemáticamente y predecir el movimiento de los cuerpos, lo cual abre posibilidades infinitas. Implica un cambio de paradigma con respecto a la visión aristotélica: ya no es importante el conocimiento de la naturaleza de una cosa y de su fin último para predecir su movimiento; es suficiente con conocer unas características medibles: masa dimensiones, posición y fuerzas que actúan sobre el cuerpo. A partir de estos datos, es posible conocer el movimiento de dicho objeto.

La obra de Newton fue extremadamente influyente entre los pensadores liberales y en particular en John Locke, amigo y admirador de Newton.  Tan influyente es su obra que Locke es el primero que trata de extrapolar las ideas de Newton concernientes a la física al terreno de la filosofía moral. Así como las leyes de Newton en la física, las leyes morales para Locke pueden demostrarse experimentalmente.

Lo que inicia con Locke y es común a la filosofía moral liberal es la eliminación de la teleología. El sistema newtoniano no tiene necesidad de un enfoque teleológico en la física: no importa la naturaleza de un cuerpo, sino sus características medibles mencionadas anteriormente. La filosofía moral liberal busca hacer lo mismo en el estudio del comportamiento del hombre.

En el pensamiento de Locke, la base de las ideas morales son el dolor y el placer. Lo bueno es lo que causa placer al hombre y lo malo es aquello que le produce dolor (este maniqueo pensamiento es imitado y expandido por Adam Smith en su «Teoría de los Sentimientos Morales»). Estos dos estímulos son la causa de todas las acciones morales y, así como en la física newtoniana los movimientos son causados por las fuerzas de atracción y repulsión (gravitatorias e inerciales) en el ámbito moral, los movimientos morales se encuentran motivados por la atracción hacia el placer y la repulsión al dolor.

Isaac Newton experimentando con la refracción de la luz y los prismas.
En la imagen, Isaac Newton experimentando con la refracción de la luz y los prismas. John Locke, inspirado por el mecanicismo cientificista, deseó crear un sistema moral basado en las teorías newtonianas que son muy buenas para explicar el mundo físico, pero que están limitadas para todo lo demás. [Imagen: Alamy/National Geographic].


Este intento de adaptar la física newtoniana y trasplantar sus principios en la filosofía moral tiene varias consecuencias. En primer lugar, la razón humana deja de ser relevante. Los movimientos morales son motivados únicamente por estímulos (placer y dolor). El hombre entonces deja de modelarse como un ser racional y se convierte en un cuerpo más, sometido a los estímulos del placer y del dolor. Si el individuo se puede modelar como una partícula física sometido al placer y al dolor, la sociedad no es más que un conjunto de partículas individuales que interactúan entre sí.

Hay varias teorías liberales sobre cómo crear una filosofía moral (y en consecuencia una filosofía política) a partir de esta concepción mecanicista del hombre. El utilitarismo es un intento de aplicar el equivalente a una sumatoria de fuerzas en un sistema físico, pero a la sociedad. Se basa en dirigir las acciones del gobierno de forma tal que se maximice el placer total y se minimice el dolor total de los individuos.

La consecuencia de modelar al individuo en forma mecanicista es que las instituciones sociales se ven como mecanismos para dirigir las fuerzas que actúan sobre el hombre. Así como la ingeniería moderna es la aplicación práctica de la mecánica newtoniana, la ingeniería social es la ciencia aplicada del liberalismo mecanicista.

Si el hombre actúa solamente en respuesta a los estímulos del dolor y del placer, deja de actuar como un ser racional y se convierte en una pieza más de un mecanismo de ingeniería. El hombre deja de actuar como un ser moral y se convierte en una máquina que busca su interés particular. Así, el gobierno deja de guiarse por la búsqueda racional del bien común de la sociedad, y simplemente se convierte en una herramienta para buscar el «interés general», que termina en una oligarquía o en una dictadura de la mayoría.

La diferencia entre el «sistema clásico» y el «sistema liberal» de gobierno es que el primero cree que existe la posibilidad de guiar a la sociedad por medio de la recta razón, mientras que el segundo es irracional porque el individuo liberal es irracional, y la sociedad no es más que un conjunto de individuos luchando por imponer sus intereses sobre los demás.

El sistema de gobierno liberal es la esperanza que de un conjunto de individuos irracionales surja como propiedad emergente la razón… Y esto es creer en la magia…

*Esteban Serafini es ingeniero mecatrónico, con experiencia en el sector privado en el ámbito de servicios y seguridad.

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