Sísifo y la vida

Sísifo y la vida

Realmente existe un problema extensamente estudiado por la filosofía: el suicido. Debatir si la vida merece ser vivida o al menos, si merece la pena discutir sobre la vida y la muerte o seguir viviendo, sin pensar en la profundidad de la existencia, sin sentido, apenas siendo una más de las miles de hormigas obreras, laburando hasta el hartazgo, sin otra salida.

La búsqueda de evidencia perceptible para el corazón, es para Sísifo, este personaje mitológico que osa desafiar a los dioses, el reflejo de la vida misma del hombre inútil y sin sentido; y en este aspecto, una frase lo describe de forma bastante idónea: “no se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de felicidad”.

Los dioses habían condenado a Sísifo a llevar una roca a lo alto de una montaña, en el Hades; cuando llegaba a lo más alto, volvía a caer por su propio peso. Un trabajo que se repite una y otra vez describiendo un suplicio, inútil y sin esperanza alguna, lo realmente llamativo de esta historia radica en que Sísifo es consciente de su trágica situación y a pesar de ello, encuentra en la adversidad y en esa tortura eterna, un resquicio para sentirse alegre, y es que esa alegría reflejada en la repetición infinita significa la partida ganada, dentro de la ironía misma de la existencia de éste héroe. He allí el absurdo.

Esta vida llena de martirios y una lucha incansable, sin resultados positivos en el completo recuento, representa para el hombre, casi el mismo castigo impuesto a nuestro héroe, reflejada en una forma bastante clara: un hombre ordinario dedicado al arduo quehacer sin aparente explicación razonable que lo lleve a encontrar algo que lo ligue a esta vida, sólo para ganarse unos pesos de más que lo sustenten hasta que obtenga una jubilación sin pena ni gloria y soportando el peso de una enfermedad incurable, esperando cada fin de semana como si fuera el último para apenas darse el lujo de tomarse unas cuantas cervezas de mala calidad y disfrutar con música a todo volumen, la precariedad espiritual que lo aqueja, sin saberlo.

Pero Sísifo enseña a los hombres la felicidad sin restricciones; el juzgar que todo está bien antes que mal, en este universo sin amos. No le parece estéril ni fútil su sacrificio, capaz sea ésa la explicación que se le pueda dar a su vida desenfrenada, ya que él mismo ha incumplido la voluntad de sus amos en numerosas ocasiones.

Imagen: Nekyia: Áyax rencoroso, Perséfone supervisando a Sísifo el alzamiento de la piedra en el Hades. Ánfora ática con técnica de figuras negras, c. 530 a. C.

El mismo esfuerzo por llegar a la cima basta para dar un valor a la vida y que el corazón acepte ese valor e imaginarnos a nosotros dichosos por ese motivo, no podría representar para el héroe, la más grande de sus proezas por encima de su inmortalidad según Camus.
La creación de lo absurdo manifestará en ella una profunda inutilidad.

Este esfuerzo cotidiano en el que la inteligencia y la pasión se mezclan y se transportan, dando al hombre absurdo una disciplina que constituye lo esencial de sus fuerzas y a su vez, construye su destino irremediable. La aplicación necesaria para ello de la obstinación y la clarividencia es una actitud conquistadora, el bálsamo que curará todas las heridas.

Esta forma de juzgar la vida dada por Albert Camus, dramaturgo y filósofo francés, discutiendo la cuestión del suicidio y su valor desarrollando la idea del (hombre absurdo) en su gran obra “El Mito de Sísifo”, supone para el lector actual, una serie de esfuerzos intelectuales encaminados a demostrar lo absurdo de esta vida, donde tomar partido por la existencia o su contrario, da igual, aunque darle el sentido a ambas, definitivamente cambiará cualquier postura ante este monstruo y su consecuencia ejemplificadora será, otorgarle el guiño ante las acciones posteriores, sin embargo, Camus, no se queda sólo con esto.

La conciencia de Sísifo como un hombre que experimentó la libertad por un corto lapso caracterizado por sus elecciones, le dan sentido a la vida, ya fuesen acertadas o erróneas. Ninguna vida puede sostenerse sin algún pensamiento profundo que las anime en lo más subterráneo de su espíritu. La esperanza no puede ser eludida y seamos o no, conscientes de ello, es ella la que nos mueve a realizar las acciones más heroicas o deleznables, en búsqueda de satisfacer nuestras ambiciones más recónditas.

Es fácil seguir la lógica, pero es casi imposible mantenerla hasta el final. Existe una “lógica” hasta la muerte. El hombre consciente no puede enfrascarse en una búsqueda que no le dé sentido a su experiencia vital, pues de ello depende, que personajes como Kirilov tengan al final, éxito, por sobre la espontaneidad de la esperanza.

El autor explica que el hombre posee la capacidad de dar sentido a su existencia a pesar de las adversidades que se pudieran presentar. Éste podría ser el motivo por el cual la mayoría de los hombres se aferren a la vida o a las formas de experimentar ante la oscuridad de la incertidumbre, y que ésta, en última instancia, sea, dentro de todo lo probable, la mejor opción para seguir respirando, a pesar de todos los pesares y la desesperanza, la más válida.

Aldo Ullón

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