El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Fútbol La columna picante

Yo, El Capitán Pigmeo

Un jugador con la banda de capitán debe hablar, gritar, putear a los compañeros cuando éstos se duermen en el gramado, ser el líder que necesita el equipo cuando las papas queman y la oscuridad se avecina, sus compañeros deben sacar fuerzas de flaqueza y convertirla en valor para afrontar los mayores desafíos apoyados por la gran personalidad de su gran capitán, debe ser el jugador representativo de un país, debe reflejarse su pueblo a través de sus actos en el campo de juego.

El tipo no sabe salir desde el fondo, no es elegante como el «Colorado» Gamarra por ejemplo, o no demuestra fuerza inconmensurable en el área rival o en la defensa como el «Chito» Ayala, tampoco es que gane todo por arriba como Catalino Rivarola o ser caradura, y suplir la lentitud con entrega para el equipo, como lo hicieron en su momento, tanto el «Mazzinger» Cristaldo y «Robocop» Ramírez, en sus respectivos clubes.

Y ni qué decir, este joven que ahora funge de Capitán de la Selección Nacional del Paraguay, podría jamás compararse con el Gran Capitán Aurelio González; aquel que rechazó ganar dinero para su futuro en el San Lorenzo de Almagro de la hermana Argentina, para luchar por su país, formando parte de la verdadera selección nacional que defendió la agreste llanura verde infernal del Chaco en la guerra sangrienta que enfrentó a bolivianos y paraguayos.

¿En qué lugar podemos colocar a este pusilánime y pecho frío de Gustavo Gómez? No necesita mucha crítica, a los hechos nos remitimos, un penal sobre la hora demostrando su genial irresponsabilidad para con su «albirroja» y sus compañeros. No resiste el análisis, debe ser defenestrado de su capitanía, porque es una vergüenza, una lamentable decisión de alguien como Berizzo, que no siente nuestra cultura y que no entiende, aparentemente, debido a su gran terquedad, que el capitán debe ser Balbuena o «Cachorro» Sánchez.

Gustavo Gómez no hace nada de lo que comentamos más arriba, es el ejemplo más egregio de la cobardía futbolística, el jugador que se «conforma» con lo que tiene, a pesar de no merecerlo, por ende, representa al pueblo paraguayo, realmente: no reúne las condiciones ni para ser convocado a la selección, es decir, es como todos los paraguayos, que no reúnen las condiciones mínimas para co-existir en una democracia. No se le puede exigir a los pigmeos que den pasos de gigantes. Gustavo Gómez, pigmeo del fútbol.

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