150 Años de Cerro Cora: ¿Fue Excomulgado el Mariscal López?

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1- INTRODUCCIÓN.

Mientras los últimos defensores del Paraguay llegaban al «Cerro Encerrado por los Vientos», al mítico Cerro Corá, empezaron a correr ciertos rumores que escandalizaron a la población paraguaya superviviente que era llevada en masa por los Aliados desde el interior hasta las ciudades importantes para evitar que estos se unan a la resistencia ejercida por el Mariscal Presidente Solano López.

Los desplazados paraguayos sufrieron todo tipo de vejaciones, privaciones, terrible hambruna (que los Aliados no podían paliar porque hasta a ellos mismos les faltaban provisiones, cada día que pasaba hacía más insostenible la lucha contra la resistencia del Mariscal López) y otros tantos fueron tomados como «legítimo botín» por los brasileños y enviados de esclavos a los cafetales, situación tan escandalosa incluso para los Jefes de la Alianza que el Conde D’Eu debió decretar el fin de la esclavitud en Paraguay (a pesar de que ésta ya fue abolida gradualmente por el Dr. Francia y Don Carlos Antonio López y oficialmente por el Mariscal López, quien decretó la libertad de los últimos esclavos en Paraguay, que fueron enviados al Ejército) y castigar a cualquiera que intentase robar a un paraguayo y llevarlo de esclavo al Brasil. Esta medida, sin embargo, no fue suficiente y un número imposible de calcular de paraguayos terminaron esclavizados por oficiales y tropa brasileña.

Como decíamos, el rumor que corrió entre la población afirmaba que Francisco Solano López Carrillo habría sido excomulgado de la Iglesia Católica por el mismo Papa Pío IX (el famoso «Pionono») y que los Obispos del Brasil recitaban desde todos los púlpitos de su país la supuesta declaración de excomunión emitida por el Sumo Pontífice. Este rumor se veía reforzado por la polémica que sostuvieron los Prelados del Paraguay con el Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, pues Pío IX pretendió, en plena Guerra de la Triple Alianza, que la diócesis de Asunción fuera sufragánea de la de Buenos Aires (1865-1867).

De hecho, la Asunción Ocupada estaba llena de sacerdotes y jerarcas de la Iglesia Católica Brasileña y también los capellanes de las demás naciones aliadas y no se escatimaban epítetos e improperios contra los heroicos defensores que le quedaban al Paraguay Eterno. Entre ellos se encontraba el Capellán del Ejército Brasileño, Fray Fidelis D’Avola, capuchino que luego sería designado «Vicario Apostólico Foráneo» ante la ausencia total de autoridades eclesiásticas en el Paraguay.

Palacio de López ocupado por el Ejército de Brasil (1869-1876). Extraído de internet.

Además, la prensa y gobierno legionario que se estableció en la Capital también vituperaban y fustigaban la figura del Mariscal López desde la comodidad de sus escritorios abyectos mientras miles de compatriotas eran enviados a la esclavitud de los cafetales ó morían de hambre y enfermedades (varias decenas por día sólo en Asunción según Gaylord Warren). Una copiosa literatura propagandística, de muy poco valor histórico, llenó entonces la documentación oficial y los vaciados archivos paraguayos…

En fin, que se afirmaba la existencia del decreto de excomunión del Mariscal López por parte del Papa Pío IX y que la copia la poseían los clérigos brasileños. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto?

2- PRIMERO LO PRIMERO.

Debemos empezar explicando (y lo hago muy humildemente, pues no soy Doctor de la Iglesia ni Canónigo) qué es la excomunión, en qué consiste y cómo se ejecuta.

En la «Enciclopedia Católica» (1909), vol. 5, Auguste Boudinhon nos explica en el artículo «Excomunión» que ésta es la más grave y solemne pena que aplica la Iglesia Católica para «censurar» o «actuar como medicina» en la vida eclesiástica. El excomulgado queda excluido de participar en la comunión (de allí el nombre) y de los sacramentos y bendiciones comunes ofrecidas por la Iglesia. La excomunión, sin embargo, no es «infalible»: puede revertirse y levantarse por varios motivos. Entre ellos, por ejemplo, el arrepentimiento sincero del excomulgado ó la revisión del proceso, de haber existido, que revele una injusticia ó atenuante en favor del excomulgado.

A diferencia de los Estados Modernos, la Iglesia Católica posee Leyes que, según ella enseña, son instituídas por el Divino Creador y reveladas por el Espíritu Santo. La Tradición y el Magisterio se sostienen en la Enseñanza de Jesucristo y sus Apóstoles. «Nada cambia pero nada es estático en la Iglesia: hay simplemente una renovación en la misma tradición» (dirían los grandes teólogos y filósofos católicos). Por ende, la «Ley Católica Romana» es «eterna». O como diría Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro, el Primer Papa: «lo que tú ates en la Tierra será atado en los Cielos» (Mt 16:19).

Por ende, aunque no sean las leyes que regían en 1864-1870 (Guerra de la Triple Alianza), podemos confiar en el actual Derecho Canónico (1983) para explicar el significado de los conceptos que estamos revisando y que están relacionados al tema. Cabe añadir que la primera codificación oficial de los milenarios Cánones se inició en tiempos de San Pío X y finalizó en 1917 durante el pontificado de Benedicto XV, de allí que al Código Canónico también se lo denomine informalmente «Código Pío-Benedictino».

Finalmente, un dato importantísimo: el mismo Papa Pío IX a través de la Bula Pontificia «Apostolica Sedis Moderatione» (1869) decretó la reforma de la legislación entonces vigente de las penas aplicadas por la Iglesia Católica a todos los bautizados. Según la Enciclopedia Católica, esta bula es prácticamente la legislación actual de la Iglesia de Roma respecto a las sanciones, penas y excomuniones que se encuentran en el Código Canónico en nuestros días. El Sumo Pontífice, preocupado largo tiempo por las inadecuadas aplicaciones del sanciones per modum latae sententiae ipsoque facto incurrendae (los Obispos en ese tiempo, literalmente, repartían como caramelos las excomuniones) decidió cortar por lo sano y reformar completamente la legislación, preservando el espíritu de la tradición. Por si no se haya percatado el lector, señalamos que el Mariscal López falleció el 1 de Marzo de 1870, es decir, como católico, fue afectado por este decreto del Papa Píonono promulgado en 1869.

Beato Papa Pío IX, quien estableció en 1869 las reformas de las penas canónicas que rigen hasta hoy. Wikimedia Commons.

Respecto a las penas, dice el actual Códex (Cann. 1313-1314):

«Si la Ley cambia después de cometerse un delito, se ha de aplicar la Ley más favorable al reo; si una Ley posterior abroga otra anterior, o al menos, suprime la pena, ésta cesa inmediatamente; la pena es generalmente ferendae sententiae, de manera que sólo obliga al reo desde que le ha sido impuesta; pero es latae sententiae, de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito, cuando la ley o el precepto lo establecen así expresamente».

Aquí aparecen dos conceptos muy importantes para entenderse la excomunión en la Iglesia Católica. «Ferendae Sententiae» significa que el reo acusado es sometido a la pena correspondiente sólo al haberse comprobado ante un Tribunal Eclesástico su culpa. Por otra parte, «Latae Sententiae» implica que, haya o no una sentencia confirmada, la pena se encuentra en ejecución desde el mismo momento en que se cometió el delito. En efecto, existen pecados que son tan graves para la Iglesia Católica que reciben como castigo la «excomunión automática». Sin embargo, es importante señalar que por tradición toda excomunión latae sententiae debe estar precedida de una debida advertencia por parte de la autoridad competente y luego ser confirmada por el Sumo Pontífice. El que quiera ver cómo funciona el «procedimiento» de un «latae sententiae» puede remitirse a un caso famoso y reciente: la excomunión de Su Reverenda Excelencia, el Arzobispo Marcel Lefebvre, francés autodenominado «tradicionalista» que a pesar de las numerosas advertencias verbales y escritas, actuó en plena consciencia, con pertinacia y contumacia, consagrando sin autorización papal a cuatro Obispos. La excomunión latae sententiae de Lefebvre fue anunciada oficialmente por el Cardenal Bernardin Gantin y confirmada por el Papa San Juan Pablo II en 1988. Debemos acotar aquí que los Obispos consagrados por Lefebvre fueron posteriormente indultados en tiempos del Papa Benedicto XVI (aunque el Arzobispo Francés permanece excomulgado).

El Arzobispo Marcel Lefebvre fue excomulgado latae sententiae por el Cardenal Gantin con confirmación del Papa Juan Pablo II en 1988 por ordenar sin autorización papal a cuatro Obispos (estos luego fueron indultados). Getty Images.

En los Cánones 1364-1399 se pueden leer detalladamente las sanciones de «excomunión latae sententiae» y otras faltas gravísimas como practicar un aborto; pertenecer a asociaciones masónicas (o que maquinan contra la Iglesia); profanar las Sagradas Especies o la Santa Misa; enseñar doctrinas contrarias a las proclamadas oficialmente por la Santa Iglesia; insultar, agredir o atacar al Sumo Pontífice; predicar herejía con alevosía, contumacia y pertinacia; promover ó provocar el cisma; ordenar sacerdotes u obispos de manera ilegítima; etcétera.

Pero también existen (y siempre existieron) atenuantes que anulaban total o parcialmente las penas. La Iglesia Católica Romana, Madre del Derecho y la Ley, desde luego que siempre (y desde siempre) tiene en cuenta todas las posibilidades para favorecer al acusado. La Santa Inquisición fue un tribunal de misericordia, porque la Iglesia siempre fue misericordiosa. De allí que los Cánones 1321-1330 aclaran taxativamente las situaciones consideradas «sujeto pasivo» de las sanciones. Señalaremos algunas ellas de manera particular:

1321  § 1. Nadie puede ser castigado, a no ser que la violación externa de una ley o precepto que ha cometido le sea gravemente imputable por dolo o culpa. § 2. Queda sujeto a la pena establecida por una ley o precepto quien los infringió deliberadamente; quien lo hizo por omisión de la debida diligencia, no debe ser castigado, a no ser que la ley o el precepto dispongan otra cosa. § 3. Cometida la infracción externa, se presume la imputabilidad, a no ser que conste lo contrario.

1322  Se consideran incapaces de cometer un delito quienes carecen habitualmente de uso de razón, aunque hayan infringido una ley o precepto cuando parecían estar sanos.

1323  No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando infringió una ley o precepto: 1- aún no había cumplido dieciséis años; 2- ignoraba sin culpa que estaba infringiendo una ley o precepto; y a la ignorancia se equiparan la inadvertencia y el error; 3- obró por violencia, o por caso fortuito que no pudo preverse o que, una vez previsto, no pudo evitar; 4- actuó coaccionado por miedo grave, aunque lo fuera sólo relativamente, o por necesidad o para evitar un grave perjuicio, a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas; 5- actuó en legítima defensa contra un injusto agresor de sí mismo o de otro, guardando la debida moderación; 6- carecía de uso de razón, sin perjuicio de lo que se prescribe en los cc. 1324 § 1, 2 y 1325; 7- juzgó sin culpa que concurría alguna de las circunstancias indicadas en los nn. 4  ó 5 .

Todas estas garantías estaban estipuladas incluso antes de que Pío IX las reconfirme en 1869 y que fueran codificadas en 1917. Así que podemos estar seguros, también ellas alcanzaron al Mariscal López.

Finalmente, debemos señalar dos cánones más. El 1401 y el 1405, de vital importancia para nuestro relato.

1401.  La Iglesia juzga con derecho propio y exclusivo: 1. las causas que se refieren a cosas espirituales o anejas a ellas; 2. La violación de las leyes eclesiásticas y de todo aquello que contenga razón de pecado, por lo que se refiere a la determinación de la culpa y a la imposición de penas eclesiásticas.

1405  § 1. Es derecho exclusivo del Romano Pontífice juzgar en las causas de que trata el c. 1401: 1. a quienes ejercen la autoridad suprema de un Estado.

Así como lo hemos leído: en 1869 (y rige incluso hoy), única y exclusivamente Su Santidad, el Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor de San Pedro el Príncipe de los Apóstoles, Supremo Pontífice de la Iglesia Universal, Primado de Italia, Arzobispo Metropolitano de la Provincia Romana, Soberano del Estado Vaticano, Siervo de los Siervos de Dios y Patriarca de Occidente podía y puede juzgar a la Autoridad Suprema del Paraguay, es decir, a Su Excelencia, el Supremo Regente, Presidente de la República, Patrono y Defensor de la Fe Católica del Paraguay.

En pocas palabras: sólo Pío IX (o alguno de sus sucesores) tiene la autoridad de estudiar el caso del Mariscal López, observar todos los atenuantes, todos los sujetos pasivos, todas las pruebas en favor y en contra de su conducta y declarar la excomunión, incluso si se tratara de un «latae sententiae». En el siglo XIX tenemos casos contados de Autoridades Máximas de una nación que recibieron la excomunión latae sententiae por el Papa y luego fueron indultados (casi todos antes de morir): el Duque y Obispo Maurice de Talleyrand-Périgord excomulgado al estallar la Revolución Francesa, luego indultado en 1838. El Emperador Napoleón Bonaparte, por sus gravísimos crímenes contra la Iglesia (secuestró a dos Sumos Pontífices y uno de ellos, Pío VII, murió en la prisión), también fue indultado antes de morir. El Rey Víctor Emmanuel de Italia, quien se unió a los masones y carbonarios de Italia para atacar a los Estados Papales en la llamada «Unificación Italiana», también fue excomulgado pero luego indultado (por el mismísimo Pío Nono).

Pero… A fin de cuentas… ¿En qué se basan los acusadores (que pretenden erigirse en ilegítimos jueces) del Mariscal López para afirmar que fue excomulgado?

Nada más y nada menos que en los «Juicios de San Fernando», llamados propagandísticamente «Tribunales de Sangre». En específico, se refieren a un caso peculiar y muy particular: el fusilamiento del Obispo Manuel Palacios, acaecido el 21 de Diciembre de 1868 en Ita Yvaté.

El Obispo del Paraguay, S.R.E. Don Manuel Palacios, fusilado por cómplice de la Conspiración contra la Vida del Mariscal López por órdenes del R.P. Fidel Maíz el 21 de Diciembre de 1868. Grabado de autor desconocido.

Los enemigos del Mariscal López afirman que a causa de éste acto, el Supremo Regente del Paraguay habría sido excomulgado latae sententiae, pues fue él quien autorizó la existencia y la ejecución de los mal llamados «Tribunales de Sangre» con todo el peso y la severísima (aunque correctísima, según Arturo Bray ó Efraín Cardozo) observancia del «Código Alfonsino», las «Ordenanzas Militares» y las «Siete Partidas», es decir, todas las leyes españolas (con mucha honra) que aún regían en nuestro país. A esto se sumaría, como mencionamos al principio, la agria polémica que Paraguay mantuvo con la Santa Sede por el asunto de convertir a la diócesis de Asunción en sufragánea de la de Buenos Aires y por la que, supuestamente, Pío IX no habría estado muy contento con el «Patrón» de la Iglesia Paraguaya.

Y al final… ¿Está o no está excomulgado el Mariscal López?

Pues…

3- AFIRMACIÓN SIN PRUEBAS…

Han pasado 150 años desde la heroica muerte de Solano López en Cerro Corá y hace 150 años se sigue insistiendo sobre varios tópicos de su vida y obra, la mayoría de ellos simples difamaciones, calumnias e injurias. Desde luego, nadie se atreverá a afirmar que el Mariscal Presidente era un hombre libre de pecados: le gustaban las mujeres, era un bon vivant que disfrutaba, a veces más de la cuenta (quizás por herencia de su padre Don Carlos Antonio López) de manjares y bebidas (aunque según George Thompson, que trabajó para él muchísimo tiempo y no le dedica las mejores palabras en su libro, sólo le vio beber una vez y fue tras la victoria en Curupayty). Sin duda alguna, como cualquier ser humano, habrá dicho mentiras, habrá tenido pensamientos impuros, habrá sido codicioso… Eso sí, era un hombre de Misa Diaria hasta donde pudo…

Difícil es pensar que haya sido un «Santo» (lo que no quita que fue y siempre será nuestro máximo «Héroe» Nacional). Aunque… Si quisieramos pensar de manera hagiográfica respecto al Mariscal López, podríamos decir que con su insuperable martirio en Cerro Corá logró el patriótico milagro de salvar el espíritu de independencia y soberanía de la Patria, lo que le abre las puertas del cielo (como diría Santo Tomás de Aquino en su «Summa Theológica» II, II 101: «Después de Dios, el hombre se debe plenamente a su nación y a sus padres. Pues si pertenece a la religión la adoración a Dios, en segundo lugar, pertenece a la piedad mostrar reverencia a la propia nación y a los padres»).

Volvamos al principio en esta fundamentación: si cometió algún delito que mereciera la excomunión (en este caso, el fusilamiento del Obispo Palacios), también existen innumerables atenuantes y varios sustentos para dicha acción. Como pudimos leer en los Cánones 1321-1323, hay bastantes defensas para la decisión que tomó el Mariscal López respecto a los llamados «Tribunales de Sangre»: una conspiración contra su propia vida (legítima defensa y miedo, aunque éste sea relativo) mientras Paraguay se hallaba en guerra contra Argentina, Brasil y Uruguay (necesidad de evitar un grave perjuicio), no fue advertido oficialmente de que podía incurrir en la grave sanción (ignorancia e inadvertencia); y muchas otras versiones de los argumentos que podríamos esgrimir con muchísima facilidad…

Teniéndose todas estas posibilidades que se contraponen, se necesita de un Magno Juez que dirima la situación. ¿Y qué nos dice el Derecho Canónico? Como ya señalamos anteriormente: sólamente el Romano Pontífice puede ser Juez de la Autoridad Suprema del Paraguay. Sólo el Papa puede confirmar en este caso, nadie más, incluso si se trata de un «latae sententiae». El «Vicario de Cristo» es el único que puede juzgar a un «Vicario de la Espada» (recordando ciertas dictrinas medievales).

¿Y qué sabemos de los Papas? ¿Alguno dijo algo al respecto, se pronunció sobre el tema?

Hasta hoy no se ha encontrado documento ni evidencia creíble alguna de que algún Sumo Pontífice haya excomulgado al Mariscal Presidente del Paraguay. Se conoce, por ejemplo, que el Padre Fidel Maíz cayó prisionero de los brasileños y fue excomulgado por el Vicario Apostólico Fidelis D’Avola (1869-1872) pero luego va a Roma, en dónde recibe un indulto por parte de Pío Nono, aunque le queda prohibida la participación eclesial en Asunción. Todo esto es bien conocido gracias a la investigación documental realizada en los Archivos del Vaticano por el R.P. Dr. Carlos Heyn Schupp, quien escrutó centenares de documentos sobre el tema: se encontró mucho sobre Fidel Maíz (por ejemplo, una lista oficial en la que era mencionado como excomulgado), pero nada, absolutamente nada similar (salvo noticias y reportes) sobre el Mariscal López…

El R.P. Fidel Maíz, quien fue excomulgado en 1870 pero posteriormente atenuada su pena por el Papa Pío IX. Es considerado por el Papado como el responsable principal de la muerte del Obispo Palacios. Portal Guaraní.

También el famoso historiador y diplomático Antonio Salúm Flecha visitó Roma y buscó, con ayuda de los archiveros del Vaticano, el supuesto decreto de excomunión del Mariscal López. La respuesta fue: no hay tal cosa. La misma respuesta recibió el Dr. Efraín Cardozo cuando por órdenes del Obispo Auxiliar de Asunción, Aníbal Mena Porta, viajó a Roma a consultar sobre el tema: nada sobre la supuesta excomunión de López.

Finalmente, el historiador francés Francois Chartrain en su obra «La Iglesia y los Partidos en la Vida Política del Paraguay desde la Independencia» (2013) nos dice:

«La ejecución del Obispo no pareció sucitar reacción por parte del clero. Tiempo después, se discutió si López no había sido objeto de excomunión por condenar a muerte al Jefe de la Iglesia Paraguaya. La excomunión es «declarada» en razón de actos realizados. La excomunión de los Jefes de Estado sólo puede ser pronunciada por el Vaticano (el Papa) y no es comunicada al público. No se han encontrado documentos oficiales que prueben una eventual excomunión de López».

La autora Gabriela Dalla Corte también investigó sobre el tema y aunque quiere encontrar lo que no hay y agrega interpretaciones personalísimas en dónde no debe, nos dice que: «… tras acusar a Fidel Maíz de ejecutar al Obispo Palacios, la Santa Sede dejó prácticamente acéfalo el obispado (…). La versión oficial del Papado sobre la muerte del Obispo Palacios siempre afirmó que era resultado de un plan subversivo dirigido por Maíz…». Eso nos basta y sobra.

Podemos decir además que, si existiera el decreto de excomunión, los enemigos del Mariscal López serían los primeros en viralizarlo hasta en memes. Pero, por lo menos hoy, aún no ha sucedido…

Lo que sí existen son discursos de los Sumos Pontífices, San Juan Pablo II y Francisco, exaltando el patriotismo y las virtudes heroicas del pueblo paraguayo, cuyo Héroe Máximo es el Mariscal Presidente Francisco Solano López Carrillo:

«Toda sociedad tiene el derecho a desarrollar también aquellos valores que son expresión de la originalidad cultural de un pueblo. En efecto, el pueblo paraguayo ha sabido enriquecer el acervo cultural cristiano con una peculiar manera de vivir la solidaridad, de ejercer la hospitalidad y de mostrar su coraje a la hora de enfrentarse con las adversidades. Una historia singularmente dramática lo ha llevado a templar sus virtudes heroicas en los momentos difíciles». (San Juan Pablo II: «Encuentro del Papa con los Constructores de la Sociedad». Asunción, 17 de Mayo de 1988).

El Santo Papa Juan Pablo II, quien en 1988 confirmó la excomunión latae sententiae del Arzobispo Marcel Lefebvre. Ese mismo año, el Pontífice alabaría el heroísmo y la valentía del pueblo paraguayo, cuyo máximo héroe es el Mariscal Solano López. Vatican News.

«En nuestra patria (Argentina) tenemos una palabra para calificarlos (a los anti-patriotas): los cipayos. Es una palabra clásica, literaria, que está en nuestro poema nacional. El cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún político cipayo. O alguna postura política cipaya. Siempre la ha habido en la historia. Así que Latinoamérica tiene que rearmarse con formaciones de políticos que realmente den a Latinoamérica la fuerza de los pueblos. Para mí el ejemplo más grande es el de Paraguay. Pierde la guerra de la triple alianza y prácticamente el país queda en manos de las mujeres. Y la mujer paraguaya siente que tiene que levantar el país, defender la fe, defender su cultura y defender su lengua, y lo logró. La mujer paraguaya no es cipaya, defendió lo suyo. A costa de lo que fuera, pero lo defendió, y repobló el país. Para mí es la mujer más gloriosa de América. Ahí, en Paraguay, tiene un caso de una actitud que no se entregó. Hay heroicidad». (Papa Francisco. Entrevista para el periódico El País. 22 de Enero de 2017).

El argentino Jorge Bergoglio sí que sabe de qué está hablando cuando se refiere a la «heroicidad» del hombre y la mujer paraguaya, quien fue y es el «héroe máximo» de ese pueblo al que tantas veces le expresó su admiración. Y aunque estos discursos no constituyen doctrina infalible, son muy sugerentes…

Pero… ¿Fue o no fue excomulgado?

La respuesta es: NO EXISTEN ELEMENTOS SUFICIENTES PARA AFIRMAR QUE HAYA SIDO EXCOMULGADO. Por ende, la acusación sin pruebas se descarta sin pruebas. Inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Así que los rumores difundidos por el Ejército Brasileño y sus Capellanes en la Asunción Ocupada de 1869 y repetidos hasta el hartazgo por los legionarios y sus turíferos desde 1870, no son sino eso: rumores, sin sustento ni evidencia que pruebe su veracidad. Desde luego, si llegara a aparecer algún documento oficial probatorio, deberemos aceptarlo. Pero mientras tanto afirmamos: el Mariscal López NO FUE excomulgado.

Nada más.

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