El Parlante

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150 años de la muerte del Mariscal López - Los jóvenes periodistas escriben Grandes Batallas de la Historia Guerra de la Triple Alianza

Batalla de Avay: el Desquite Aliado

Paraguay obtuvo una victoria táctica en el Puente del Ytororo, cinco días atrás. Pero estratégicamente hablando, la situación seguía siendo desesperada: el número de soldados aliados en la retaguardia de las posiciones principales guaraníes crecía cada día. Incluyendo las reservas, el grueso de las tropas bajo mando del Duque de Caxias alcanzaba 25.000 hombres, sin contar a unos 10.000 de los restantes argentinos y orientales en el campo que se hallaban frente a la línea del Pikysiry dirigidos por el Gral. Gelly Obés y otros tantos más en las posiciones ocupadas.

S.E. el Mariscal Presidente del Supremo Gobierno de la República del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, ya no tenía capacidad de enviar refuerzos a la retaguardia. Aunque los argentinos y orientales amenazaban constantemente con lanzar un ataque frontal sobre la línea del Pikysiry, esto nunca pasaba de ser pequeñas demostraciones a la distancia e incursiones aisladas: las lecciones en el Boquerón del Sauce y Curupayty no fueron olvidadas. No obstante y como dice un viejo precepto en el ajedrez: «muchas veces la mera amenaza es más potente que el ataque en sí mismo», el Mariscal López no podía darse el lujo de debilitar aun más la línea del Pikysiry, que era el punto neurálgico de su defensa.

Cuando el Gral. Bernardino Caballero y sus principales oficiales, Cnel. Germán Serrano y Cnel. Valois Rivarola llegaron hasta Cumbarity para reportar la situación al Supremo Gobierno, todos estaban muy enterados de la gravedad del asunto. El llamado «Centauro de Yvykui» pensaba que se debía retroceder hasta la línea del Arroyo Ypané, más próxima a la posición central del engranaje defensivo paraguayo y con mejores posibilidades de retirada en caso de maniobras de flanqueo por parte de las fuerzas superiores aliadas. Este plan, empero, tenía como inconveniente (al igual que cualquier otro que pudiera sugerirse en ese instante) que al rebasarse la línea del Ypane, ya nada podía detener a los Aliados en su avance por la retaguardia hasta las posiciones centrales paraguayas.

Quizás, en ese instante (y existen muchas crónicas que hablan al respecto) fue que se entró, por una vez, en una situación de pánico entre los oficiales del Ejército Paraguayo. Caballero sugirió que haya retirada inmediata para salvar lo que pudiera salvarse. Rivarola secundó esta moción, agregando que quizás se podían dejar tiradores en los alrededores. Serrano afirmaba que debía resistirse en la posición del arroyo Avay con la esperanza de causar el mayor daño posible a los aliados y que lleguen los refuerzos, largamente esperados, de Asunción y Cerro León.

La discusión fue intensa y se afirma que Valois Rivarola imprecó a Germán Serrano con una frase en guaraní, de tinte sexual y pesimista, que no reproduciremos. Finalmente, intervino el Mariscal López, haciendo callar a todos, que en ese momento estaban dando una pésima imagen al resto de los oficiales. El Supremo mandó a defender la línea de Avay con el grueso de la infantería disponible, mientras que el resto de la tropa se dispondría en forma de guerrillas para permitir la retirada táctica hasta la línea del Ypane, causando el mayor daño posible a las fuerzas aliadas. Era una decisión muy difícil de tomar y el Comandante en Jefe la tomó.

Cuando las tropas del Duque de Caxias llegaron a la posición de Avay, contaban con 18.000 hombres de todas las armas y una indiscutible superioridad artillera. Los paraguayos pusieron en el campo unos 5.000 soldados, muchos de ellos formaban parte del cuerpo que luchó en Ytororo junto a algunas tropas de refuerzo.

Es aquí cuando se produce, de nuevo, una grave desavenencia en los comandantes paraguayos. El Mariscal López había ordenado una retirada gradual y ordenada, resistiendo en guerrilla, luego de presentar batalla con intención «diversiva» en la línea de Avay. Pero por alguna inexplicable razón, ni Caballero ni Serrano ni Rivarola siguieron este plan. Se atribuye al Cnel. Serrano haberse rehusado al repliegue, prefiriendo combatir hasta el último hombre en la posición. Otra versión indica que los aliados realizaron unas maniobras de tenaza tan bien ejecutadas, que se hizo imposible la retirada (si seguimos a la hagiografía de la Triple Alianza). Pero no cabe duda que las intensas diferencias existentes entre los oficiales paraguayos tuvieron su peso en la batalla. La duda, la falta de serenidad y temple (por una vez) afectaron a los valientes paraguayos que desobedecieron o fueron incapaces de acatar, quizás por desesperación, las indicaciones precisas y meticulosas del Supremo Jefe y Héroe Máximo… De todas maneras y en honor a los bravísimos comandantes guaraníes, la misión en Avay era dificilísima y la derrota estaba muy dentro de las posibilidades…

Batalla de Avay según famoso óleo del brasileño Pedro Américo [Wikimedia Commons].

La tenaza aliada, que convergía en la retaguardia de la posible retirada paraguaya, tenía en sus distintos lados como vanguardia a las tropas del Gral. Joaquín Andrade Neves el Barón del Triunfo y al Gral. Jacinto Machado de Bittencourt, quien venía arrastrando heridas y enfermedades en varias batallas. Como estrella rutilante en el Ejército Brasileño, venía ascendiendo la figura del Gral. Juan Manuel Mena Barreto, compañero de Bittencourt. El ataque principal fue llevado a cabo por el famoso Gral. Manuel Luis de Osorio, héroe de los liberales brasileños.

Otro elemento que decidió la batalla fue que los aliados, ya a partir de 1868, empezaban a contar con fusiles más avanzados de retrocarga mientras que en el bando paraguayo, tras largos años de contienda y bloqueo fluvial, cada vez contaba con menor cantidad de estas armas y debía apelar a viejos fusiles de chispa para reponer las pérdidas mientras que las armerías y fundiciones nacionales a duras penas podían fabricar armamentos más modernos para paliar la situación, pues ya faltaban hombres y materiales para dicho menester.

El choque en Avay fue feroz, desesperado por parte de los paraguayos quienes una vez más hicieron proezas de valor. Se recuerda la hazaña del Myr. Juan Bernal, quien con sus últimos hombres de caballería lanza una carga, con elevaciones en contra, rompiendo el cerco en ese punto que estaba ocupado por las tropas del brasileño Cnel. Lima Silva (quien murió en esa acción). El mismo Gral. Osorio, viendo escapar al Myr. Bernal, intentó cubrir la zona con algunos hombres cuando recibió un tiro que le llevó unos cuantos dientes por delante, salvándose de milagro…

Caballero por su parte, con el grueso de las tropas paraguayas que estarían en torno a 3.000, se ve completamente rodeado. Resiste a ultranza junto a Serrano. El Cnel. Valois Rivarola lanza desesperadas cargas de caballería intentando romper el cerco. Lo logra, pero gravemente herido llega con unas pocas tropas a informar de la situación para luego caer desplomado. Fue atendido personalmente por Doña Elisa Lynch en los hospitales de guerra y sobrevivió a duras penas.

El entonces Myr. Patricio Escobar, con algunas patrullas, intenta apoyar a los pocos paraguayos que huían de la terrible escabechina. Avay se convirtió en un verdadero despeñaperros, ambos ejércitos peleaban con ferocidad difícil de describir: los guaraníes con la fuerza de la desesperación y los aliados para vengarse de la derrota en Ytororo… Escobar, queriendo ayudar, pidió al Mariscal López que le otorgue algunas compañías de refuerzo para intentar romper el cerco. El Supremo Jefe sabía que esto sería un grave error: los argentinos y mercenarios orientales bajo el Gral. Gelly Obés estaban esperando el más mínimo debilitamiento en la línea del Pikysiry para lanzar un ataque frontal con todas las fuerzas disponibles. Escobar debió conformarse con algunas patrullas de los alrededores.

Cuando terminó la batahola, al menos 3.000 paraguayos habían muerto y alrededor de 1.000 quedaron prisioneros de la Alianza. Entre ellos, unas 300 mujeres que acompañaban a la división de Caballero y apoyaban en las tareas logísticas y de enfermería… No faltaron las que tomaron las armas… Y como relataron varios testimonios aliados, todas ellas terminaron en manos de la soldadesca… Los 1.000 paraguayos que lograron escapar, casi todos ellos estaban de alguna u otra manera heridos. Hay versiones contradictorias sobre lo ocurrido con Bernardino Caballero: algunos reportes brasileños lo dieron por muerto en la Batalla de Avay. Otras versiones, más aceptadas, indican que estando en repliegue en su caballo, fue perseguido por unos jinetes aliados que le hirieron y le lograron arrancar el poncho y la casaca, pero el general paraguayo logró deshacerse de ellos y escabullirse por un bosque cercano. Por su parte, el Cnel. Serrano quedó prisionero.

Los aliados lograron su desquite luego del golpe que sufrieron en Ytororo, pero no salió barata la faena. Según Thompson, habrían tenido mayores bajas que los paraguayos: no inferiores a 4.000 en muertos y heridos. En este sentido, la idea de «hacer el mayor daño posible» a la Triple Alianza parece haber funcionado, al menos parcialmente. Además, graves pérdidas entre la oficialidad fueron reportadas: el ya mencionado Cnel. Francisco de Lima Silva así como el bravo Cnel. Juan Niederauer, quien había sobrevivido en Ytororo pero halló la muerte luego de ser mortalmente herido en una pierna en Avay.

En Ita Yvate se daría la batalla final en esta breve pero sangrienta Campaña del Pikysiry.

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