El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Grandes Batallas de la Historia Guerra de la Triple Alianza Historia Universal

Batalla de Piribebuy en el Relato de un Venezolano

Jesús Antonio Cova Cabello fue un pedagogo, periodista, historiador y escritor venezolano nacido el 14 de Octubre de 1898 en Cumaná, Venezuela. Tuvo una vida de prolífico autor y reconocida docencia y formó parte como Miembro Numerario de la Academia Venezolana de la Historia y la Lengua. Americanista de pura cepa, todas sus obras reflejan ese espíritu que buscaba congregar a las naciones hispanas en la tradición y cultura. Llegó a ser Diputado de Venezuela y fue varias veces condecorado por gobiernos internacionales. Falleció el 25 de Noviembre de 1964 en Caracas, capital de su país.

Este ilustre autor venezolano no ocultó su admiración hacia Su Excelencia el Mariscal Presidente del Paraguay Don Francisco Solano López Carrillo y el pueblo hispano-guaraní que lo siguió hasta el final en la más sangrienta conflagración bélica de la historia latinoamericana, que conocemos como «Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay» (1864-1870). A ese respecto, escribió un libro no muy conocido en nuestro medio, llamado: «Solano López y la Epopeya del Paraguay». En la página final de este trabajo (256), el historiador venezolano nos dice que al iniciarse la guerra, el Paraguay tenía una población de 1.300.000 habitantes aproximadamente. Al concluir apenas sobrevivían 140.000 varones y 180.000 mujeres, 320.000 habitantes en total. Perdió pues, en el curso de la guerra, 980.000 habitantes, o sea, 75% de la población, caso tal vez único en la historia.

De esa misma obra, no muy difundida y publicada en 1948 en la Editorial Venezuela de Buenos Aires (Argentina), extraemos el siguiente relato que corresponde a las páginas 243-246:

El Marqués de Caxias, al regresar a Río de Janeiro, declara enfáticamente que en Lomas Valentinas ha terminado la guerra y Sarmiento, Presidente de la República Argentina, el gran civilizador, el formidable «profesor de la energía», también a su vez, cegado por la pasión, escribe a su ministro en Washington, Manuel R. García: «La Guerra está concluida, aunque aquel bruto (López) tiene todavía 20 piezas de artillería y dos mil perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos… Ni a compasión mueve ese pueblo, rebaño de lobos y animales…» (Sarmiento más tarde fue a residenciarse en Asunción y allí murió. Una calle asunceña lleva su nombre, y el que esto escribe, emocionadamente, ha visto su busto en bronce en el Museo de Bellas Artes de Asunción. Así han correspondido los paraguayos al gran sanjuanino, cuyo temperamento se transparenta en esas frases que citamos).

Batalla de Piribebuy (12/VIII/1869) según imágenes de la película Cerro Corá (1970). [Extraído de Internet].

Pero la guerra con todo, no está concluida porque todavía el Mariscal vive y está en pie, en Cerro León, con su «rebaño de lobos», agitando su bandera.

Solano López ya no tiene Ejército Regular. Aquello con que cuenta para desafiar el poder de la Triple Alianza no es más que una «montonera», una guerrilla informe armada con elementos encontrados al paso.

Han transcurrido más de seis meses después de la última gran batalla en Lomas Valentinas. Ahora de nuevo los ejércitos imperiales han tomado la ofensiva. En persecución del Mariscal van los generales Emilio Mitre, Silva Guimaraes, Mena Barreto, Osorio, el Mariscal Polidoro y el mismo Conde D’Eu, generalísimo de los Ejércitos Aliados, un Borbón de la rama de los Orléans, representativo de la misma dinastía de Fernando VII. De nuevo Europa tratando de sojuzgar a nuestra América y ahora con la alianza de dos gobiernos americanos. «El mayor enemigo del americano, ha escrito el mexicano Carlos Pereyra, es el americano».

De Cerro León, el Mariscal Solano López traslada su Cuartel General a Piribebuy, donde queda establecida la capital provisional de la República. Una serie de lluvias torrenciales han permitido al Mariscal, en seis meses, organizar una última línea de defensa. Voluntarios le salen al paso y se le unen en todas partes. El pueblo en masa le sigue. Su instinto no se equivoca. El paraguayo sabe que aquel hombre encarna la Patria en su desesperada resistencia y está con él, le rodea e impávido marcha al sacrificio. Como en Bolívar, cuyo caso se repite en Solano López, este hombre personifica para su pueblo la idea de la Patria, la idea de la Nación, la idea del Estado. Es el inconmensurable «Karai Guazu» de su pueblo.

El Gral. Juan Manuel Mena Barreto quien lideró la caballería brasileña en la Batalla de Piribebuy y fue muerto por un disparo de francotirador atribuido al Cabo Gervasio León. Su muerte habría desatado la furia del Conde D’Eu, quien ordenó el incendio Hospital de Sangre con todos los enfermos y heridos paraguayos dentro. [Imagen: Geni].

En Julio de 1869, los Aliados inician no la campaña sino la persecución contra Solano López.

Alborea el 12 de Agosto. ¡Cincuenta y tres cañones han emplazado los Aliados en las alturas que dominan las posiciones del Mariscal! Con los primeros rayos del sol, se inicia el bombardeo de Piribebuy y después el asalto.

En las trincheras paraguayas, cuando los hombres caen, las mujeres toman el fusil. El brasileño Gral. Mena Barreto queda allí tendido y cuando los Aliados llegan al centro de la plaza, ven con horror que ha quedado convertida en un inmenso cementerio. El Comandante Pedro Pablo Caballero, que manda las últimas tropas, al caer prisionero, es mandado a degollar; igualmente el improvisado hospital de sangre, por orden expresa del Conde D’Eu, es mandado a incendiar con todos los heridos y moribundos.

Días después de Piribebuy, el propio duque, repitiendo la hazaña del Gral. Venancio Flores después de Uruguayana, reforma con los heridos y prisioneros paraguayos supervivientes las filas de la «Legión Paraguaya», obligando a esos fieles defensores de su país a combatir contra su propia Patria. Aun más: todavía extrema el escarnio el tenebroso Borbón al entregar a esa legión una bandera paraguaya…

A la airada protesta del Mariscal, el duque respondió escudándose con el mismo sofisma esgrimido por los Aliados para crucificar al Paraguay: «La guerra no tenía fines hostiles contra la existencia de la nación paraguaya».

Ante el desastre de Piribebuy, Solano López, el irreductible, seguirá prolongando la resistencia. Ahora al trote lento de su caballo de guerra, dirige sus pasos hacia el Norte…

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