El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Guerra de la Triple Alianza Reseña

Will Fowler y la Guerra contra Paraguay (1864-1870)

1- INTRODUCCIÓN: REVISAR LA HISTORIA.

El historiador británico Will Fowler, quien actualmente ejerce como profesor de historia hispanoamericana en la Universidad de San Andrés (Edimburgo, Gran Bretaña) y se destaca por sus investigaciones sobre el líder mexicano Gral. Antonio López de Santa Ana en las que reivindica de manera sesuda y meticulosa a dicha figura controvertida de la historia del país hermano, también ha escrito brevemente respecto a la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en una de sus más recientes obras, aún no traducida al español.

En su interesante obra «Latin America since 1780», realiza una investigación sobre el desarrollo histórico de las nuevas naciones en Iberoamérica. Y aunque dedica un espacio muy breve al Paraguay, sus palabras lacónicas pero claras nos permiten extraer conclusiones bastante útiles a la hora de hacer una comprensión más extensa sobre la causa paraguaya durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).

La obra que reseñamos (al menos, en lo relacionado a la Guerra de la Triple Alianza) del autor británico Will Fowler. [Imagen: Amazon].

Fowler trata con merecida ironía y sarcasmo las pretensiones de «civilización vs. barbarie» que los liberales del Río de la Plata pretendían imponer por la fuerza en la región. Esas ideas, propias del pensamiento anglosajón e ilustrado dominante, a la larga crearon una nueva «oligarquía neocolonial», totalmente dependiente de los intereses bursátiles y económicos de las «nuevas metrópolis». De esta manera, los hombres que «consolidaron» las independencias en el Río de la Plata (Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, etc.) no hicieron sino crear nuevos sistemas de dominación: en la cima de la pirámide social, muy al estilo anglosajón y post-borbónico, quedaban las oligarquías de «hacendados» y los que explotaban los servicios mercantiles. Por debajo, como los «inferiores e incivilizados» iban los campesinos, indígenas y personas de clase social más baja que terminaban gradualmente siendo desposeídos. El rol de la Iglesia Católica era reducido al de agente social, muchas veces sufriendo expropiaciones, persecuciones, etcétera (aunque en diversos grados dependiendo de cada nación).

El ejemplo más visible de todo el proceso de «liberalización» y «neocolonialismo» se dio (nos explica Fowler), curiosamente, en el Brasil de Pedro II (con todas sus paradojas). No en vano el mismo Gral. Bartolomé Mitre llamó al Imperio de Braganza, con sede en Río de Janeiro, como la «gran democracia coronada de las Américas». Don Pedro II permitió e incluso promovió reformas que entonces e incluso hoy podríamos llamar con todas las letras (y en mi caso, en plan peyorativo): «progresistas» (no en vano el Gral. Mitre lo admiraba tanto). Con la condición de mantener la última palabra en toda decisión parlamentaria y actuar como «moderador» (podía disolver el Parlamento Imperial a voluntad), permitió todo tipo de legislación positiva y positivista en el Brasil. No deben confundirse los apologistas melancólicos de Don Pedro II: fue el mismo Emperador el que introdujo en Brasil el liberalismo, el progresismo y el positivismo de Comte que a la larga tendría como catalizadores a Benjamín Constant, Deodoro da Fonseca y Floriano Peixoto, que en poco más de una generación terminaría por marchitar y pudrir al Imperio del Brasil hasta su disolución en 1889. Si a esto sumamos la «mortal herida» que sufrió la monarquía brasileña tras la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, en esos factores encontramos la ecuación que terminó en la abdicación de Pedro II y sus herederos.

Finalmente, como es sabido, Brasil fue el último país de Occidente en abolir de manera oficial la esclavitud. Según Fowler, 2.500.000 (otros autores dicen que eran más de 3 millones) de brasileños eran esclavos, aproximadamente el 25 a 33% de la población del país dependiendo de las fuentes.[2]

Este «caldo de cultivo» parece paradójico en una nación que empleó políticas tan «progresistas», pero en realidad se explica perfectamente dentro del sistema y la mentalidad dominante anglosajona, liberal e ilustrada: no olvidemos que las ideas de las «razas arias dominantes» y el «mito del hombre blanco» son ideas surgidas del liberalismo británico (David Hume a la cabeza). Agreguemos a esto el llamado «racismo científico» de los pensadores ilustrados y post-ilustrados franceses (entre ellos el Conde Arthur de Gobineau, quien fue amigo personal del Emperador Pedro II) y tenemos que, lejos de ser una «paradoja», había una perfecta coherencia (más allá de lo inmoral e injusto) en el sistema de dominación brasileño. En esta situación, podríamos decir que en el Brasil: «el Emperador reina, pero las ideas ilustradas y progresistas afrancesadas y el liberalismo anglosajón gobiernan».

Pero volviendo con Will Fowler (al fin y al cabo, es una reseña la que estoy haciendo y me permito ciertas libertades), llegamos al punto en cuestión que motivó este artículo que presentamos.

2- GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA SEGÚN FOWLER.

Aquí me permito traducir la mencionada obra del historiador británico, página 77:

«Entre 1850 y 1880, solo hubieron dos guerras mayores en América Latina: la «Guerra de la Triple Alianza» (también conocida como la «Guerra del Paraguay 1864-1870») y la «Guerra del Pacífico» (1879-1883). En ambos casos, el contexto económico del período neocolonial temprano jugaron una parte significativa en empujar a cada parte hacia el camino de la guerra. El control del alto Río Paraná en Paraguay y el desierto de Atacama rico en nitratos en Bolivia se convirtieron en asuntos clave, en un contexto en el que el comercio internacional se hizo un componente mayor de las economías en rápido desarrollo de los países».

«La Guerra de la Triple Alianza estalló por una serie de complejas razones. Es claro que tanto Brasil como Argentina compartían ambiciones territoriales sobre la cuenca del alto Río Paraná, pero las políticas agresivas del Dictador Paraguayo, Francisco Solano López, no pueden ser pasadas por alto. En la medida de lo posible, podemos resumir las motivaciones de los gobiernos Brasileño, Argentino y Paraguayo: Brasil quería extender sus fronteras; Argentina quería controlar la navegación del Río Paraná; y Paraguay quería acceso libre al Río de la Plata para desarrollar completamente el comercio de la nación mediterránea con el mundo exterior».

«El conflicto se desató en Septiembre de 1864, cuando el Ejército Brasileño entró en el Uruguay para apoyar a los insurgentes colorados del Gral. Venancio Flores en su revuelta contra el Gobierno Blanco. El Mcal. Solano López del Paraguay declaró guerra al Brasil en solidaridad con los Blancos Uruguayos y atrajo a la Argentina a la guerra al pasar por territorio argentino, luego de que se le haya negado el permiso, para atacar Río Grande del Sur. Con los Blancos derrocados del poder en Uruguay, el Gobierno Colorado en Montevideo se unió a Argentina y Brasil en una Triple Alianza, con la supuesta intención de castigar y derrocar a Solano López. Detrás de escena, Argentina y Brasil firmaron un tratado secreto en el que acordaron repartirse entre ellos casi la mitad del territorio de Paraguay cuando la guerra haya finalizado».

«La guerra que siguió demostró ser mucho más larga y sangrienta de lo que Brasil y Argentina habían previsto. Desde Mayo de 1865 hasta Enero de 1869, los paraguayos hicieron una muestra extraordinaria de resistencia contra el Ejército invasor. Al momento en que Asunción cayó en manos Aliadas, 100 mil de sus tropas habían muerto. Para los paraguayos, las pérdidas en vidas humanas a causa de la guerra habían sido aun más devastadoras. Se ha estimado que la reducción de la población masculina del Paraguay estuvo cerca de 9/10. Algunas estimaciones afirman que la mitad de la población del país pereció durante el conflicto. El resultado final fue la caída y ejecución (sin proceso judicial) de Solano López el 1 de Marzo de 1870 y casi el 40% del territorio paraguayo quedó en manos de Brasil y Argentina».

Finalmente, para cerrar la reseña, nos permitimos comentar el breve pero contundente escrito del historiador británico, que tiene algunos errores pero muchos aciertos.

3- COMENTARIOS FINALES.

Will Fowler hace una crítica al modelo neocolonial y liberal-progresista que se impuso en América Latina a partir de 1780. En este sentido, cuando nos dice en el primer párrafo de su obra citada: «En ambos casos, el contexto económico del período neocolonial temprano jugaron una parte significativa en empujar a cada parte hacia el camino de la guerra», tenemos que verlo como algo no muy favorable a la «versión clásica» impuesta por la Triple Alianza al terminar la guerra. Hemos visto en la introducción cómo, según Fowler, se habían conformado el Brasil de Pedro II y la Argentina de Bartolomé Mitre y sus adláteres.

Escribió Fowler: «La Guerra de la Triple Alianza estalló por una serie de complejas razones. Es claro que tanto Brasil como Argentina compartían ambiciones territoriales sobre la cuenca del alto Río Paraná, pero las políticas agresivas del Dictador Paraguayo, Francisco Solano López, no pueden ser pasadas por alto«. Aquí debemos hacer necesariamente unas puntualizaciones, que al gran autor reivindicador del mexicano Gral. Antonio López de Santa Ana quizás se le pudieron pasar por alto: así como se dicen muchas mentiras y falsedades sobre el Gral. Santa Ana, también se han entretejido un montón de mentiras, difamaciones, calumnias e injurias alrededor de la persona de Francisco Solano López Carrillo. El «Héroe Máximo del Paraguay» fue un hombre muy diplomático, absolutamente dispuesto siempre a negociar, a bregar por la búsqueda de soluciones pacíficas. Sus obras hablan por sí solas, sin necesidad de discursos: siendo muy joven, se destacó por sus manejo solemne y sutil (quizás hasta en demasía, véase el caso con España) de la diplomacia en su viaje por Europa. A su regreso al Paraguay en 1855, tuvo en sus manos manejar espinosas situaciones con Brasil (incidente del Almirante Ferreira), con Estados Unidos (incidente Water Witch), Francia (incidente Nueva Burdeos) y Gran Bretaña (incidente Canstatt), en los que muy por el contrario del talante de su gruñón pero brillante padre Don Carlos Antonio López (aunque trabajaban en equipo, ciertamente), siempre buscó las soluciones diplomáticas. Estamos hablando del mismo Francisco Solano López Carrillo quien, pudiendo dejar que Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza se destruyan en conflictos intestinos para beneficio del Paraguay, prefirió ofrecerse como mediador y lograr la unificación de la Argentina.

El joven Gral. Francisco Solano López Carrillo como attaché militar ante el Ejército Francés, durante la Guerra de Crimea. [Imagen: Wikimedia Commons].

Debemos pues, protestar ante el empleo de la frase «políticas agresivas» por parte de Will Fowler. En todo caso, podríamos decir «políticas hegemónicas», pues Paraguay se había convertido en el principal actor, en la cabeza económica, política e incluso moral de esta zona del continente (rivalizando hasta con el mismo Brasil), ante los continuos desastres argentinos y la difícil situación uruguaya. Si hablamos de «políticas hegemónicas» quizás somos más justos: Paraguay era por historia, tradición, cultura y devenir hasta ese momento, la indiscutible «cabeza» de América Hispana en el Río de la Plata. Esto quizás haya sido percibido por los liberal-progresistas Pedro II, Mitre, Sarmiento y compañía como «agresivo». Pero al fin y al cabo, es simplemente consecuencia natural de una política nacionalista coherente, sólida, de principios firmes.

Continúa Fowler: «En la medida de lo posible, podemos resumir las motivaciones de los gobiernos Brasileño, Argentino y Paraguayo: Brasil quería extender sus fronteras; Argentina quería controlar la navegación del Río Paraná; y Paraguay quería acceso libre al Río de la Plata para desarrollar completamente el comercio de la nación mediterránea con el mundo exterior», lo cual nos parece un análisis justo por la sencilla razón de que Paraguay tenía derecho natural a acceder, utilizando sus propios caminos ribereños, a los mercados internacionales (y eso no significa necesariamente apoyar un sistema neo-colonialista). Argentina, desde tiempos del Virreinato del Río de la Plata (de la que pretendía ser su única legítima heredera) siempre bloqueó al Paraguay y las provincias interiores con su política de «Buenos Aires, Reina de la Aduana». Esta situación necesariamente llevaría un choque entre el espíritu monopolista, centralizador y totalitario de Buenos Aires contra la natural búsqueda del Paraguay de que sus derechos al comercio internacional sean respetados. En este sentido, Will Fowler tiene razón, y todavía más cuando habla de las intenciones expansionistas del Brasil.

«El conflicto se desató en Septiembre de 1864, cuando el Ejército Brasileño entró en el Uruguay para apoyar a los insurgentes colorados del Gral. Venancio Flores en su revuelta contra el Gobierno Blanco. El Mcal. Solano López del Paraguay declaró guerra al Brasil en solidaridad con los Blancos Uruguayos y atrajo a la Argentina a la guerra al pasar por territorio argentino, luego de que se le haya negado el permiso, para atacar Río Grande del Sur. Con los Blancos derrocados del poder en Uruguay, el Gobierno Colorado en Montevideo se unió a Argentina y Brasil en una Triple Alianza, con la supuesta intención de castigar y derrocar a Solano López. Detrás de escena, Argentina y Brasil firmaron un tratado secreto en el que acordaron repartirse entre ellos casi la mitad del territorio de Paraguay cuando la guerra haya finalizado», nos dice Will Fowler y en gran medida acierta con señalar el verdadero origen del conflicto: la Invasión Brasileña del Uruguay. Esto es indiscutible, aunque el mundo entero quiera buscar excusas, retruécanos, embustes y tejemanejes injustificables. El único error del historiador británico se encuentra en no señalar que Argentina, dirigida por el Gral. Bartolomé Mitre, también estuvo apoyando esta revolución del Gral. Venancio Flores con armas e incluso hombres. Cuando se agrega ese elemento a la ecuación, la actitud del Mariscal Solano López respecto a la Argentina es mucho más justificada: los porteños no fueron «arrastrados» a la guerra, ellos la instigaron. De todas maneras, no es López el que la comenzó, y que haya señalado esto Will Fowler es muy plausible. Finalmente, es muy interesante el lenguaje «ambiguo» que utiliza el autor cuando habla del Tratado de Alianza: esto quizás obedece a que Fowler podría estar infiriendo que dicho acuerdo estuvo estipulado mucho antes de que estalle el conflicto (lo cual, hoy, está completamente comprobado). Pero eso es materia de especulación, quizás en el futuro el historiador británico aclare más esa postura.

«La guerra que siguió demostró ser mucho más larga y sangrienta de lo que Brasil y Argentina habían previsto. Desde Mayo de 1865 hasta Enero de 1869, los paraguayos hicieron una muestra extraordinaria de resistencia contra el Ejército invasor (…) de la población del país pereció durante el conflicto. El resultado final fue la caída y ejecución (sin proceso judicial) de Solano López el 1 de Marzo de 1870 y casi el 40% del territorio paraguayo quedó en manos de Brasil y Argentina». Concluye Fowler con un relato que exalta de manera digna, seria, objetiva y plausible el incomparable heroísmo y coraje del pueblo paraguayo, cuyo conductor fue asesinado de manera salvaje, brutal, injustificada y deleznable. Paraguay, mártir de su causa, aparece como víctima de la agresión aliada. Es justicia.

Repetimos, no es un relato perfecto. El breve recuento que hace Will Fowler sobre la Guerra de la Triple Alianza tiene defectos, pero nos importa más los grandes aciertos: Paraguay no fue el que empezó la guerra, defendió su causa justa y cayó con heroísmo en una contienda en la que los Aliados, en defensa de sus intereses ideológicos, cometieron salvajadas que encuentran muy poca justificación.

En estos días en que recordamos el natalicio de Su Excelencia, el Mariscal Presidente del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, es bueno poner en perspectiva estas visiones historiográficas que aparecen, desde autores inesperados, que quizás con todos sus errores, logran hacer justicia desde la distancia. Esperamos que Will Fowler algún día intente escribir una historia más profunda, meticulosa y detallada sobre la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870): quizás sea la oportunidad que tenga para reivindicar a «otro» López, no el Gral. Antonio López de Santa Ana de México sino el Mariscal Francisco Solano López de Paraguay.

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OBRA RESEÑADA:

Fowler, Will (2015): «Latin America since 1780». Nueva York, EEUU: Routledge – 3° Edición.

El historiador británico Will Fowler, cuya obra reseñamos. [Imagen: Universidad de San Andrés, Edimburgo].

Will Fowler es historiador de la Universidad de San Andrés (Edimburgo, Gran Bretaña). Perfil: https://risweb.st-andrews.ac.uk/portal/en/persons/will-fowler(f56c819f-94c7-4db5-a285-f162ea12173b).html

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