150 Años de Cerro Corá: Cae en Combate el Mariscal López.

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Los traidores habían guiado correctamente al enemigo hasta la posición en donde se encontraba el Mariscal López. Por ejemplo, el Gral. José Bernardino Bormann, del Ejército Brasileño, nos dice en el volúmen III pp. 120-121 de su obra «Historia de la Guerra del Paraguay» que en los días previos a la última batalla al menos 8 oficiales, 1 cirujano, 1 ingeniero, 1 maquinista y 20 soldados habían abandonado el campo paraguayo para unirse a los aliados. Entre ellos se encontraban algunos conocidos como el Myr. Céspedes, el Cap. León Cáceres o el famoso Tte. Cnel. Cirujano Solalinde.

Pero también hubo varios soldados que hicieron de todo para intentar reunirse con el Mariscal López en el Aquidabán. Entre ellos, el famoso Gral. Ignacio Genes, quien había sido capturado en Enero de 1870 y luchaba intensamente para liberarse de su prisión. Aunque él no consiguió escapar, unos 50 de sus hombres, liderados por el Myr. Gabino Salinas, logró escabullirse y llegaron muy cerca del Aquidabán, aunque la mayoría de ellos volvería a ser capturada poco después. Sin embargo, esto demuestra que aún existía voluntad de resistencia por parte de muchos paraguayos.

Antes de la batalla llegó a la jefatura paraguaya la información de que las tropas del Gral. Bernardino Caballero habían sido interceptadas en la zona de Miranda aproximadamente el día 25 de Febrero, que muchos oficiales que conformaban dicha fuerza habían sido capturados ó se pasaron al enemigo y que el Gral. Caballero logró salvarse ocultándose en los bosques… El Cnel. Silvestre Aveiro menciona esta versión en su obra y también lo hacen las fuentes brasileñas más detalladas. [Bormann (1897) op.cit. vol. III p. 127].

El Gral. Correa da Cámara, con informaciones certerísimas proveídas por los paraguayos traidores, había preparado un meticuloso ataque para evitar cualquier contratiempo: envió a tomar el Paso Tacuara al Tte. Cnel. Francisco Martins y al Myr. Floriano Peixoto (quienes tendrían unos 600 soldados), quienes enfrentaron y derrotaron completamente en esa posición a la pequeña guardia paraguaya, de unos 50 hombres, liderada por los Coroneles Juan Ávalos y Ángel Moreno. Por otra parte, el Cnel. Silva Tavares (quien fue el primero en llegar al Campamento Cerro Corá) con unos 600 soldados avanzó por la Picada Chirigûelo esperando la señal definitiva.

Preocupado por la falta de comuniación, sabiendo que el enemigo estaba muy cerca y ya con el sol despuntando, el Mariscal Presidente Solano López envía al Tte. Cnel. Juan Solís con una docena de hombres a averiguar lo que ocurría. Éste, al aproximarse al Paso Tacuara, es recibido a tiros por los brasileños. Se da una batalla que, según Bormann, fue muy disputada. ¡Imaginen que 12 paraguayos mal armados ejercían semejante resistencia a tropas muy superiores en número y material, incluso en ese postrer momento!

El Mariscal López dirigió personalmente la última batalla en Cerro Corá, matando a varios enemigos antes de sucumbir. [Pintura de Da Ponte].

Ese pequeño enfrentamiento fue la señal definitiva para el Gral. Cámara, que ordenó a sus tropas avanzar en masa hacia la posición dónde se hallaba el Mariscal López. 600 brasileños en el Paso Tacuara, 600 en el Paso Chirigûelo, a los que se unirían unos 800 más liderados por el Cnel. Paranhos y el Tte. Cnel. Cunha. Esto, sin contar a las reservas que tenía el mismo Correa da Cámara, que estarían en torno a los 3.000.

Para enfrentar a los 5.000 brasileños, Don Francisco Solano en el papel tenía 412 plazas pero en la realidad este número estaba reducido a la mitad por las deserciones, enfermedades, heridas y muertes (el Tte. Cnel. Solís con casi toda su tropa acababan de caer heroicamente). Definitivamente, era el final y el Mariscal López lo sabía. En ese momento, ese Hombre Símbolo, el Titán Guaraní, el Caudillo de la Epopeya, plenamente compenetrado con los destinos de la Patria, ya no piensa sino en morir y hacer de su muerte un espectáculo digno de su vida de guerrero, de infortunado Capitán del Pueblo Mártir que le siguió con lealtad y bravura casi inquebrantable (pues no faltaron traidores, como sabemos), como nos lo dice el Cnel. Arturo Bray:

«Había que morir. El mandato era irrevocable. Y morir como un soldado, tal lo había hecho el último de los suyos, sin rendirse y con el arma en la mano. Cuanto menos vulgar la escena final, mejor satisfechas quedarán las exigencias de los expectadores del mañana. Cuanto más hondo el sufrimiento, más meritoria y de mayor sufragio la penitencia». [Bray (2018): «Solano López: Soldado de la Gloria y el Infortunio», pp. 267-268].

Sin jamás perder la calma, el Mariscal envía a los Generales Roa y Delgado a reforzar los pasos que habían sido rebasados por el enemigo. Ambos poseían las últimas piezas de artillería que quedaban y lograron hacer un gran daño a los aliados, pero por el Paso Chirigûelo, el Gral. Francisco Roa que había sido acompañado por el Gral. José Aguiar habían caído junto a sus hombres (unos 50), disparando hasta la última munición que les quedaba, peleando hasta con las uñas… Por su parte, el Gral. Josemaría Delgado, a pesar de haber sido superado, resistía como podía sableando a los enemigos con sus últimos soldados (entre los que se encontraba el español Cnel. Dionisio Lirio, quien fue herido mortalmente por un disparo). Pero poco podía hacerse contra el número enemigo, tan superior…

Los primeros soldados brasileños ven a la distancia unas carretas. Era dónde se encontraban Doña Juana Pabla Carrillo y sus hijas, Inocencia y Rafaela, hermanas del Mariscal. También ven a Elisa Lynch, escoltada por una pequeña tropa dirigida por el Cnel. Juan Francisco «Panchito» López. Sin embargo, todo eso fue irrelevante cuando vieron, montado en un caballo, con uniforme de gala, a ese hombre extraordinario que puso en vilo al Imperio Esclavócrata de Pedro II. Uno de ellos, un morrudo charolado, gritó con voz chillona, hasta cómica por la tenebrosa sorpresa:

«É o López!! É o López!!».

En efecto, era el Titán Guaraní. Ese «monstruo» que hasta les parecía sobrenatural: Francisco Solano López Carrillo, quien en ese momento escuchaba a su madre gritarle: «¡Socorro, Pancho, vienen los negros!», a lo que éste respondió: «¡Señora mía, fíese de su sexo!». Por orden del Mariscal, las carretas se dispersaron escoltadas por el Cnel. Panchito, quien tenía la orden de proteger a su madre y su abuela. [Aveiro (1989): «Memorias Militares», p. 102].

Esta parte de la narración la dejamos al brasileño Gral. José Bernardino Bormann, quien combatió la Guerra de la Triple Alianza y hablaba de primerísima mano:

«El Mariscal comprende la gravedad del momento. Un grupo de sus oficiales le aconseja que se retire del campo de batalla. No los escucha. Desenfunda su espada y sus oficiales hacen lo mismo. Era, en pequeñas proporciones, la reproducción del episodio de la Vieja Guardia Napoleónica en el campo de Waterloo… Al entrar en la planicie, el bravo Cnel. Silva Tavares ve a la fuerza a cuyo frente está el Mariscal López… El Dictador tiene sus momentos contados… En el embate de la carga del grupo de bravos (de Silva Tavares) recibió López un lanzazo en el vientre que le perforó los intestinos. El golpe se lo propinó el Cabo Francisco Lacerda, el Chico Diabo… El Cnel. Silva Tavares ordena nuevas cargas sobre el grupo rehecho a cuyo frente se conservaba el Dictador, mortalmente herido, con la espada en la mano. Entonces, el enemigo ya no puede respirar y vencido, es empujado hasta el Aquidabán Nigui…». [Bormann, op. cit. vol. III pp. 136-137].

El Alférez Francisco Lacerda alias Xico Diabo (diablo chico), famoso por haber dado la estocada letal al Mariscal López, en una imagen propia de la hagiografía brasileña. [Dibujo de Alcunha].

El Gral. Francisco Isidoro Resquín, quien participó personalmente del combate, confirma en gran medida el relato de Bormann:

«Los primeros exploradores enemigos que asaltaron el paso del Río Aquidabán pertenecían al cuerpo de caballería, los cuáles fueron batidos por el Estado Mayor al mando del Mariscal López y rechazados a balazos hasta el paso del Aquidabán… El Mariscal López y su Estado Mayor se dirigió hacia el paso de abajo del Aquidabán; en este camino, antes de llegar al paso debían atravesar un pequeño arroyuelo, pero antes de alcanzar a este fue alcanzado el Mariscal López y atropellado por un regimiento de caballería enemiga quienes le hirieron de un lanzaso en el muslo izquierdo; en este estado apenas pudo llegar a la costa del Río Aquidabán, donde alcanzado otra vez fue requerido por sus perseguidores brasileños intimándole a que se rindiera a discreción». [Resquín (1984): «Datos Históricos», pp. 193-194].

Mortalmente herido durante el combate cuerpo a cuerpo que sostuvo contra varias cargas de la caballería enemiga, el Mariscal López grita «maten a esos macacos» y luego galopa, intenta reunirse con sus últimos soldados en las proximidades del Paso Tacuara pero mientras cruzaba el Aquidabán Nigui cayó de su caballo. Estuvo a punto de ser capturado, más el Cnel. Aveiro con otros oficiales paraguayos lo rescatan y llevan a recostarse junto a un barranco en el arroyo. [Aveiro, op.cit. pp. 102-105].

En ese momento llega el Gral. Correa da Cámara junto a los infantes brasileños. Intiman rendición al Mariscal Presidente quien, por siempre y para siempre, inmortaliza este momento con su última palabra, la palabra que retumbará en el corazón de todos los paraguayos y extranjeros que amen las proezas de los héroes del mundo, hasta el fin de los tiempos:

«¡PATRIA!»

Alrededor del Mariscal ya habían caído muertos el Ministro Cnel. Luís Caminos (que, se dice, le cubrió de un disparo) y el Vicepresidente Sánchez, quién había gritado a sus agresores «¿Rendirme yo, que soy paraguayo?» mientras les atacaba, siendo un venerable anciano, con su espadín de ceremonial… Malheridos y prisioneros el Gral. Resquín, Gral. Delgado, Cnel. Patricio Escobar, Cnel. Juan Crisóstomo Centurión entre otros. Panchito López, a la altura de su padre, al ser atacado por los enemigos les responde que «un Coronel Paraguayo jamás se rinde» y cae aniquilado a bayonetazos junto a su pequeño hermano José Félix, ante la mirada de su madre, abuela y tías…

Sólo quedaba el Mariscal. En el instante más glorioso y trágico de nuestra historia, se acercaba el momento de morir con y por la Patria a la que tanto amó y por la que estaba dispuesto a darlo todo.

El Gral. Cámara ordena que desarmen a Solano López. Este, con sus últimas fuerzas, resiste al esclavo que intentaba quitarle la espada, logra liberarse, está a punto de darle una estocada… Entonces se escucha el disparo de un fusil que atraviesa la espalda del Mariscal Presidente del Paraguay…

Para cerciorarse de que había muerto, el negro que acababa de salvarse milagrosamente introdujo la cabeza de Solano López por prudencial tiempo bajo el agua… Para ellos, López II era como una especie de semidios… Tenían que estar seguros…

Más sólo espumarajos de sangre púrpura corrían ya en el Aquidabán Nigui. El universo entero parecía haberse quedado en silencio, estupefacto por unos minutos…

Francisco Solano López Carrillo, poco antes de su muerte a orillas del Aquidabán Nigui. [Dibujo de Bonifazi, Portal Guaraní].

Al fin, luego de seis años, Paraguay era… «Libre».

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Un comentario en “150 Años de Cerro Corá: Cae en Combate el Mariscal López.

  • el 01/03/2020 a las 11:04 pm
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    Realmente me conmovió esta historia.como hijo de paraguayo me siento orgulloso.

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