El Parlante

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150 años de la muerte del Mariscal López - Los jóvenes periodistas escriben Guerra de la Triple Alianza Historia Contemporánea Historia del Paraguay Historia Universal

150 Años de Cerro Corá: El Último Campamento

Agrandándose en proporción directa a sus victorias e infortunios, Su Excelencia el Mariscal Presidente del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, hacía casi de dos semanas que se hallaba en las inmediaciones de Cerro Corá. Había entrado en la zona los primeros días de Febrero, pasando por la Picada del Chirigûelo aproximadamente el día 10 del mes y alcanzando poco después la zona en la que daría su último combate, al costado del Río Aquidabán.

Todo parecía perdido, pero en el lado aliado las cosas tampoco estaban bien. Escaseaban las provisiones, la moral de los soldados se desplomaba. El Duque de Caxías había abandonado al Ejército hace un año y el Conde D’Eu, apenas pocos meses después de haber asumido el mando, se hallaba en un grave estado de depresión. ¡La guerra nunca terminaba!

López II no tenía intenciones de morir en Cerro Corá, contrariamente a lo que se piensa y lo que la lírica apasionada de Don Juan O’Leary nos señala. Si observamos el mapa, siguiendo el camino por el que marcharon los últimos soldados paraguayos, veremos que la intención del Comandante en Jefe era continuar la resistencia, introduciéndose en las zonas más recónditas del país. Pero la fatalidad dispuso que en Cerro Corá debía encontrar la muerte. ¡Escenario ideal, por lo demás! De hecho, lo que motivó la detención de la marcha de los paraguayos el día 8 de Febrero de 1870 en el punto dónde se instaló el último campamento fue que el Cnel. Venancio López Carrillo, hermano del Mariscal, había caído enfermo. Se dijo que era tifus, que también afectó a otros tantos soldados y que se sumaba a las duras privaciones que se debían soportar.

El Campamento se terminó de instalar el día 14 de Febrero, pero esa misma jornada, luego de una penosa convalecencia, había fallecido Venancio López Carrillo. A pesar de las atenciones y cuidados que su madre y hermanas le dieron, a pesar de que se utilizaron con él los pocos medicamentos y remedios que quedaron y que la misma Doña Elisa Lynch lo veló en su lecho de muerte, sucumbió. Se dice, según la tradición oral en la zona, que en sus últimos instantes, pidió ver a su hermano mayor y acompañados de los sacerdotes que alcanzaron Cerro Corá, se perdonaron mutuamente, se confesaron y se despidieron. Llovía copiosamente…

El Mariscal, siempre según la tradición oral, lloró amargamente la muerte de su hermano menor, al que hizo enterrar con honores frente a un lapacho en la entrada de la Picada Chirigûelo para evitar que se difunda la enfermedad entre sus hombres. Fue el primer mártir de Cerro Corá…

Cnel. Venancio López Carrillo, hermano menor del Mariscal Presidente. Falleció el 14 de Febrero de 1870, en el Campamento Cerro Corá. (Imagen: Biblioteca Nacional de Asunción).

Respecto a los Aliados, el Conde D’Eu, como mencionamos, se hallaba deprimido y disgustado. Permaneció en Villa del Rosario y la única operación que autorizó en ese tiempo fue que su vanguardia, unos 6.000 hombres dirigidos por el Gral. Correa da Cámara, continúe la marcha rumbo al Norte y logren alcanzar al Mariscal López. Cámara, pensando que el Presidente de Paraguay pretendía fugarse a Bolivia, marchó hacia la zona del camino de Bella Vista y se encontró con las tropas del Cnel. Bentos Martins, que se unieron a él, sumando cuatro regimientos de caballería, cinco batallos de infantería y seis bocas de fuego más a la operación. ¡Toda esa maquinaria bélica sólo para luchar contra Solano López! ¡Tal era el temor que inspiraba, incluso en sus últimos momentos! Posteriormente se uniría a las fuerzas brasileñas el Cnel. Antonio da Silva Paranhos, quien tenía órdenes terminantes desde el alto mando aliado: «evitar todo tipo de combate que pudiera comprometer de manera innecesaria sus fuerzas». ¡La Triple Alianza en su máximo esplendor!

El 9 de Febrero, partió Correa da Cámara desde Concepción rumbo a Dorados. Alcanza el día 13 la zona del Aquidabán y ese día recibe unos partes del Cnel. Martins: varios oficiales paraguayos, desertores de alta graduación, habían indicado a los brasileños la ubicación del Mariscal López y cómo se debía acceder al Campamento, cosa que era un misterio hasta ese entonces para los Aliados… En efecto, ninguna historia que penetra en los confines de la leyenda puede estar completa sin la presencia de los traidores. Silvestre Aveiro afirma que el principal desertor y baqueano de los brasileños fue el Cnel. Silvestre Carmona (quien según el Gral. Resquín, se pasó al bando aliado luego de una discusión con el Cnel. Panchito López). Otros traidores que se pasaron a los Aliados y los guiaron hasta el Mariscal Presidente fueron el Médico Myr. Cirilo Solalinde, Cap. Ignacio Segovia, Cap. Lázaro Quevedo y Tte. Juan Villamayor. Casi todos ellos habían formado parte de las tropas que arreaban el ganado para el Campamento. En la obra «Nights on the Río Paraguay», el escritor Albert Amerlán afirma que, según los brasileños, fue un oficial paraguayo de altísima graduación el que les dio los detalles sobre cómo llegar hasta Cerro Corá. Esta versión fue varias veces confirmada por los testimonios aliados de la época…

Nos cuenta el Cnel. Arturo Bray en su clásico «Soldado de la Gloria y el Infortunio» que en los días anteriores a la batalla final, unos indígenas se aproximaron al «Karai Guazú» a ofrecerle una ruta segura por dónde podía continuar su camino. Según Bray, el Supremo Regente no aceptó… Pero… ¿Acaso esto es cierto? El Mariscal López conocía al Paraguay como la palma de su mano y sabía que existían otros puntos dónde podía continuar su resistencia, quizás con la ayuda de los aborígenes paraguayos.

De cualquier manera, el Campamento en Cerro Corá se mantuvo. Era una ubicación cómoda, con el Chiriguelo y el Aquidabán Nigui bañándolo. A una legua de distancia se hallaba la Picada Tacuara, cerca del arroyo homónimo, en dónde se ubicaba una pequeña guarnición. Rodeados, en fin, por una vegetación exuberante, con una gran cantidad de ganado vacuno en los alrededores del que se proveían los soldados, era un lugar bueno para ubicarse y esperar. El Gral. Caballero con una pequeña tropa fue el encargado de la búsqueda de los animales que eran arreados y sacrificados para la tropa. Se llegó a conseguir que la tropa, que en la zona de Cerro Corá alcanzaba unos 400 hombres sin contar a las guarniciones distantes y guerrillas dispersas (como del Cnel. Delvalle o el Cnel. Romero; según reportes Aliados, el Mariscal López aún contaba fácilmente con más de 1.000 hombres en las zonas aledañas sin contar otras posiciones), comiera de una o dos reses al día, lo cuál, unido a los frutos silvestres, era una mejora interesante respecto a situaciones anteriores.

Un testigo privilegiado y de gran autoridad como lo fue el Gral. Francisco Isidoro Resquín nos habla de la situación general:

«Inmediatamente de haber acampado el Mariscal López mandó ocupar el paso del Arroyo Tacuara como a una legua del paso del Aquidabán con un destacamento de noventa hombres y dos piezas de artillería. Así mismo, despachó al Gral. Caballero con cuarenta hombres, en su mayor parte jefes y oficiales, a la comarca de Villa Miranda con el objeto de recoger y remitir cuanto ganado pudiera encontrar en Chirigûelo, Punta Porâ y Dorados. Igual comisión dio al Myr. Lara, quien con doce hombres de caballería debía recorrer todos los establecimientos de los campos del Aquidabán». (Datos Históricos, p. 188).

Respecto a éstas salidas, escribe el Cnel. Silvestre Aveiro una versión interesantísima y pocas veces tenida en cuenta, lo que es curioso pues se trata de un testimonio presencial de gran importancia:

«Tan luego como llegamos y tomamos algún descanso, se dispuso la expedición del Gral. Caballero a la colonia de Dorado, a la caza de ganados alzados, lo que no consiguió, pues habiendo errado los Aliados el camino de paradero de López ó porque trataron de impedirle seguir adelante mientras el grueso de su Ejército marchaba sobre él, se encontró con la pequeña fuerza de la expedición de Caballero una columna enemiga que le aprisionó con toda su gente». (Memorias Militares, p. 100).

Gral. Bernardino Caballero, quien tuvo la misión de recoger ganados vacunos para alimentar al Ejército en Cerro Corá. (Imagen: ANR).

En el Campamento Cerro Corá también se encontraba un correntino aliado del Paraguay, el Cnel. Víctor Silvero. Era uno de los cientos, quizás miles, de correntinos, entrerrianos y uruguayos blancos que se unieron a la causa paraguaya. En los días previos a la batalla final, se encendió una histórica fogata y se dieron discursos llenos de honroso heroísmo mientras los soldados comían y vitoreaban. Silvero gritaba «vivas» al Paraguay, al Mariscal Presidente Solano López y al Ejército Paraguayo y «mueras» a la Triple Alianza, al traidor Mitre y al Emperador de los Macacos.

Esa misma noche, acercándose al Cnel. Silvero, el Supremo Regente del Paraguay le dijo las siguientes palabras:

«Escúcheme, Coronel. Ni yo, ni el Paraguay, somos los vencidos en esta contienda de seis años porque no hemos sido rendidos o dominados (…). En la antigüedad, en los tiempos de aquellos hombres extraordinarios, el que caía con gloria por su causa era considerado vencedor y los honores del triunfo se le otorgaban al muerto, pues era considerado el primero en la jerarquía de los héroes (…). Y si mis Ejércitos, diezmados en mil combates, han preferido seguirme a despecho de tantas penurias y contrastes hasta este momento, es porque sabían que yo, su Jefe Supremo, sucumbiría con el último de ellos en el último campo de batalla…». (Silvero, cit. por Castagnino en «Guerra del Paraguay», pp. 475-476).

El Mariscal Presidente del Paraguay, impasible ante la hora suprema, seguía siendo el mismo hombre de acero. Mostraba la tranquila y altiva expresión de la raza, continuaba con la vida cotidiana y ejercía el Comando en Jefe del Ejército como si nada hubiera pasado. Era la calma que precedía a la tempestad final, era el rostro de un guerrero preparado de mente, cuerpo y espíritu para el último baroud d’honneur. Aunque lo más probable era que su intención fuera continuar la resistencia, retirarse cuando fuera posible a una nueva posición desde la cuál luchar hasta desgastar completamente a los paraguayos con su guerrilla indomable, lo cierto es que todo parecía dispuesto para el momento decisivo. Nos dicen Iván Boris y Manlio Cancogni:

«López no había modificado sus hábitos. Se levantaba a la misma hora, se desayunaba su taza de chocolate, fumaba un puro y empezaba a trabajar presidiendo primero el Consejo de Ministros, luego las sesiones de Estado Mayor, en las que participaban el Ministro de Guerra Cnel. Luís Caminos y su hijo Panchito. Durante el día, hacía muchas visitas de inspección cabalgando con los oficiales del séquito hasta los puntos avanzados en el sendero de Yatevo y a lo largo del Aquidabán. En los ratos libres estaba con Mme. Lynch y con sus hijos. A menudo iba con ellos a pescar en el torrente que corría a la derecha del campamento; había descubierto un recodo tranquilo, desde donde se veían sólo los montes y los bosques, y dónde no se oía otro rumor que el del agua que rumoreaba entre los guijarroso de un animal que se escondía repentinamente en los matorrales». (El Napoleón del Plata, p. 268).

Roberto de Felice en la película «Cerro Corá» (1970), representando al Mariscal Francisco Solano López, quien pasa revista a sus tropas antes de la batalla final. (Imagen: Diario Hoy).

Todo el ambiente era solemne en medio de una tensa paz que presagiaba al holocausto definitivo. Se respiraba aire de gloria y tragedia. El momento más sublime de la historia paraguaya, quizás de toda la historia moderna, se aproximaba…

4 COMENTARIOS

  1. Tal vez no sume nada lo que voy a decirte, pero creo que es bueno reconocer el buen trabajo que Ud. hace y que de paso pueda combatir la orda de gente que solo quiere tirar barro sobre el Mcal López, mis felicitaciones y mis respeto por su trabajo tan bien documentado.

  2. Loor eterno a este Gran Héroe de la Patria el Mayor de todos el Gran Regente del Paraguay y Mcal del Ejército Paraguayo Francisco Solano López Carrillo. Gracias a su gran sacrificio y renunciamiento el Paraguay aún vive y vivirá por siempre. Gracias a Dios por haber brindado al Paraguay a un héroe de semejante envergadura que supo llevar con altura la gran resistencia Paraguaya frente al odio y a la barbarie de los aliados invasores. En algún momento sublime de nuestra vida independiente como Nación y desde donde nos toque jugar a cada ciudadano de bien, honrraremos como corresponde el gran nombre de nuestro Mcal ubicando al Paraguay en el lugar que debió ocupar desde su historia floreciente. Todo depende de que nuestro pueblo sea unido y desterremos de la faz del Paraguay la corrupción imperante y así construir un Paraguay más justo para todos. Viva el Paraguay. Viva el Glorioso Pueblo Paraguayo. Viva la Gloriosa Fuerzas Armadas de la Nación.

  3. ASOMBROSO. VENGO LEYENDO DE USTEDES. DESDE HACE AÑOS. GRAN VALENTIA Y HEROISMO. ADMIRABLE EL EJEMPLO DE VALOR . DEL SOLDADO DE PARAGUAY. Y DE SU COMANDANTE.

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