150 Años de Cerro Corá: Se Sintió la Patria.

!Comparte!

Un cordobés romántico, algo bipolar y que amaba al Paraguay, Martín Goycoechea Menéndez (1877-1906), antes de su inesperado fallecimiento en México, escribía las siguientes líneas que son espléndida introducción al inminente estallido que se avecinaba:

«En medio de la calma de aquella víspera de marzo, el Mariscal revistaba su ejército. Como una vaga pincelada blanca se perfilaban las líneas de los cuerpos, prolongándose en la penumbra triste y suave, llena de rumores, en los cuales parecía desleírse toda la melancolía de las almas y de las cosas. ¡Soldados del 14! (dijo el Mariscal) ¡Cuatro pasos al frente! Y avanzaron quince hombres, semidesnudos, con el fusil terciado, la frente altiva. El guerrero los contempló un momento, y luego ordenó: ¡Soldados del 43, a revistarse! Cuatro soldados se destacaron de la línea. No quedaban más. Los cuatrocientos que faltaban al regimiento dormían el buen sueño de la calma infinita en el fondo de los esteros, bajo las ruinas de los pueblos, entre los fosos de las trincheras. Aquellos cuatro hombres se perfilaban entre la noche, firmes, solemnes, rígidos».

«¡Soldados del 46! (continuó el Mariscal) y avanzó una sola sombra. Algo de inmenso flotaba sobre ella. Ese hombre llevaba la bandera».

«¡Soldados del 40, a la orden de revista! (mandó aquel amo de pueblos) y sólo le respondió la noche con los vagos sollozos de la selva…».

«¡Y aquel Señor de Naciones, a quien concluían de hostigar sus mismos hermanos en la raza, dentro del cerco de hierro en que le envolvían; aquel amo de pueblos, ante cuyo camino se prosternaban las multitudes, como ante el paso de un dios; aquel guerrero cuya espada se aprestaba a describir bajo los cielos la elíptica sangrienta, entre cuyos términos iba a rimarse el último canto de la epopeya, se sintió inmenso porque se sintió la Patria!«.

«Llegaba el día. Y ante el ejército que se aprestaba a la pelea, el Mariscal saludó por última vez el estandarte, entre tanto que el Aquidabán mugía a la distancia entre sus rocas centenarias, como si llevara a los mares lejanos y rumorosos el alarido de protesta con que se desplomaban un ideal, una patria y una raza«. [Goycoechea Menéndez (1905): «Cerro Corá – La Noche Antes»].

Era el epílogo, el último acto, la escena en la que todos deberían interpretar ante la historia su nota máxima, el aria operístico más deslumbrante en esa inmensa Epopeya de los Siglos en la que todo un pueblo, detrás de su Conductor, luchó y se entregó por Dios, Patria y la Justicia de un noble ideal.

El Mariscal López en la noche anterior al Primero de Marzo de 1870, recordada con romanticismo tardío por el poeta argentino Goycoechea Menéndez. [Imagen de autor desconocido].

Desde 1864 hasta 1870, seis años de largo conflicto, toda la nación paraguaya había sacrificado hasta la última gota de su sangre, sudor y lágrimas para resistir a la Triple Alianza que también se hallaba extenuada, al límite de sus fuerzas en lo económico, social y político. La guerra fue cruenta, tremenda, dejó acabado al Paraguay pero también golpeó con dureza a los aliados, especialmente al Brasil, que con el empecinamiento insaciable de Don Pedro II había hecho de tripas corazón, había llevado adelante un enfrentamiento bélico que parecía imposible de ser vencido por alguno de los bandos.

Según Charles Washburn, hasta el Primero de Marzo de 1870 Paraguay ya habría perdido 700 mil personas (mayormente civiles, por varios motivos, especialmente hambruna y enfermedades durante la ocupación que empezó al caer Humaitá en Agosto de 1868). En contrapartida, el sicofante ex-Ministro de los EEUU, nada favorable al Mariscal López, afirma que las bajas aliadas hasta ese momento serían al menos de 300.000 soldados. [Washburn (1871): «History of Paraguay», vol. II pp. 594-595].

Era una prueba más de la terrible sangría que la guerra costaba a las fuerzas aliadas, sin hablar de la financiación que cada vez se hacía más onerosa. El Gral. Martín T. McMahon afirmaba que el plan del Mariscal López era desgastar moral y económicamente a los Aliados con su guerrilla hasta que estos se sintieran en la necesidad de firmar un acuerdo honroso con él. Y por lo que se sabe hoy, estuvo muy cerca de lograrlo… Pero la guerra ya no pasaría del Primero de Marzo de 1870. [Gral. Martín T. McMahon ante el Congreso de EEUU, 4 de Noviembre de 1869; cit. por Davis (1985): «McMahon, Diplomático…», pp. 302-303].

Empezó a sonar la alarma entre los centinelas del campamento. Se había detectado que tropas enemigas se hallaban muy cerca de la posición y que alcanzarían el lugar dónde se hallaba el Mariscal López al amanecer del Primero de Marzo. Se hablaba de deserciones, de gente que huía, abandonaba los puestos de combate… Pero dónde se encontraba el Supremo Regente del Paraguay, todos estaban prestos.

De todas formas, esa noche se convocó al Consejo de Guerra. Sería la última vez que se reunirían. Sería la última vez en que el Mariscal Presidente del Paraguay ejercería su rol como Comandante en Jefe pues a la mañana siguiente, todo habría acabado…

Luego de un brevísimo debate, sin pérdida de tiempo tomó la palabra el anciano Vicepresidente Domingo Sánchez y dijo:

«Señor: Ud. es nuestro Jefe Supremo. Y cómo Ud. ordene, nosotros cumpliremos. Por 40 años he servido a mi Patria, primero al Dictador Francia, luego a su ilustre padre, que Dios tenga en su Santísma Gloria. Hoy coronaré mi foja de servicios muriendo al lado de mi Comandante, de mi Mariscal».

Todos los presentes asintieron con el rostro. Eran las palabras finales con que se orlaba el sacrificio magnífico de una raza de guerreros… Conmovido pero firme, el Mariscal Solano López respondió:

Una de las últimas imágenes de un Campamento Paraguayo, publicada en 1869 por Harper’s New Monthly Magazine de EEUU.

«La hora suprema ha llegado. Esperemos aquí y muramos todos. He prometido no abandonar el suelo de mi Patria y así lo voy a cumplir. Vosotros, que habéis jurado sacrificar la vida por la Patria, debéis ocupar vuestro puesto en este momento solemne. Preparáos, pues». [Rebaudi (1917): «La Guerra del Paraguay», p. 4].

Nadie tenía otro pensamiento que el esbozado por el Gran Conductor en esa hora sublime. Las últimas huestes del Caudillo de América estaban unidas en un férreo hechizo patriótico. Y cómo diría Atilio García Mellid, la sangre de los héroes ahora quedaría confirmada con la muerte de los mártires. Sólo una mente obtusa y un alma miserable no podría conmoverse ante espectáculo tan sublime en lo trágico… Ya había pasado la medianoche del día 1 de Marzo de 1870, fecha que quedaría marcada en sangre y fuego en el corazón de los paraguayos y todos los amantes del patriotismo en el mundo entero.

Crepitaban los fusiles a la distancia. Se escuchaban cañonazos. Eran los brasileños encabezados por el Cnel. Joao Nunes da Silva Tavares, los primeros en llegar a las cercanías del campamento. Este comandante aliado había prometido 100 libras esterlinas al soldado que matara al Mariscal López. [Rebaudi, op. cit. p. 2].

El Cnel. Joao Nunes da Silva Tavares, posteriormente General, fue el primero en llegar con sus tropas brasileñas al Campamento Cerro Corá. [A Vida Fluminense, 1870].

Una vez más, traemos al imbatible Don Atilio García Mellid para que nos haga de cierre en este capítulo:

«En el campamento de Cerro Corá, el Primero de Marzo de 1870, con las primeras luces del día, aquel manojo de llamas que se disponía hacerse humo ratificó su decisición inquebrantable… Y con ese lúgubre telón de fondo, en que la muerte bailaba al son de las doradas libras esterlinas imperiales, se llegó al último acto de una guerra que, por excepcional y portentosa, bien merecida tenía la apoteósis final de Cerro Corá». [García Mellid (1964), «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay», vol. II p. 370].

Así empezaba ese día histórico, hace 150 años…

!Comparte!

Un comentario en “150 Años de Cerro Corá: Se Sintió la Patria.

  • el 01/03/2020 a las 12:25 pm
    Permalink

    HISTORIA SAGRADA DE LA PATRIA, «LOOR MARISCAL PRESIDENTE FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *