El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Guerra del Chaco Historia del Paraguay

¿Qué pasó en Boquerón?

La Guerra del Chaco (1932-1935) reverdeció las más nobles virtudes de la Patria en esa sacrificada victoria militar que Paraguay obtuvo contra un enemigo tenaz, valiente e intrépido como lo fue Bolivia. Su principal artífice fue el General en Jefe, Don José Félix Estigarribia, quien por iniciativa propia junto a la de otros líderes del Ejército se empeñó en recuperar la soberanía nacional sobre el Chaco Boreal, que desde tiempos de la posguerra contra la Triple Alianza venía siendo avasallada.

DESTACAMENTO Soldados bolivianos prestos para el combate. Historia Fotográfica, Guerra del Chaco, 1932-1936. | Archivo. Fuente de la Imagen: lostiempos.com

La Epopeya del Chaco fue una verdadera odisea digna de muchos más estudios, más claros análisis y necesita de mucha desmitificación. Porque a pesar de haber tenido brillantes jefes militares como Gral. Eugenio A. Garay, Gral. Manlio Schenone, Gral. Rafael Franco, Gral. Paulino Antola, Cnel. Arturo Bray, Cnel. Luis Irrazabal, Cnel. Alfredo Ramos, Tte. Cnel. Antonio González, Myr. Amancio Pampliega, Cap. Manuel Irala Fernández «Yakare Valija», Cap. Nav. José Bozzano, etc., la situación no era la más alentadora. Bolivia llevaba una enorme ventaja política y en preparación militar de soldados y el mismo pueblo, alentado por una propaganda agresiva que buscaba recuperarse de la derrota en la Guerra del Pacífico.

El Paraguay por el contrario, desde 1870 hasta 1923 prácticamente no conoció la paz política, enfrascado en constantes matanzas, revoluciones, guerras civiles, cuartelazos, asesinatos de grandes figuras… El Presidente Eligio Ayala fue el único que, al menos por breve tiempo, logró cierta estabilidad social y económica para que se pudiera llevar a cabo cierto rearme, austero e inconcluso quizás pero que sirvió muchísimo a la hora de la verdad.

Teatro de operaciones batalla de Boquerón y alrededores. Wikipedia

Cuando se inició, por iniciativa del entonces Tte. Cnel. Estigarribia como dijimos, la reconquista del Fortín Boquerón a principios de Septiembre de 1932, las únicas armas útiles que poseía el Ejército eran las adquiridas por Eligio Ayala. El resto eran poco menos que inservibles, entre ellos los famosos «fusiles mataparaguayos» que hasta hoy siguen siendo un misterio. Del terrible estado de indefensión de nuestro país, a pesar de los esfuerzos del solitario Eligio Ayala, nos habla una voz autorizadísima: el Mariscal Póstumo Don José Félix Estigarribia en las páginas 22-23 de sus Memorias:

Emboscada al mayor Lairana. Rojo: fuerzas bolivianas. Azul: fuerzas paraguayas. Wikipedia

«Desgraciadamente las desavenencias políticas que desangraron a nuestro país durante tiempos prolongados nos impidieron contemplar la situación a la luz de las intenciones reales de Bolivia. Aunque los esfuerzos de Bolivia se acentuaban más y más para la ocupación militar del Chaco, el Paraguay persistía en que el diferendo podía postergarse de forma indefinida sin que hubiese ningún peligro serio de un choque abierto. Se llegó a esperar hasta el último momento que Bolivia acepte una solución en el campo jurídico, que era casualmente donde menos estaba dispuesta a concurrir por la notoria debilidad de su alegato».

«Nuestro peligro mayor derivaba de esta incomprensión del problema. Cuando el país, de repente, despertó a la realidad se encontró con que todo lo debía resolver apresuradamente frente a un adversario que le llevaba la delantera en más de treinta años de preparación. En tales condiciones, la defensa del Chaco por el Paraguay ofrecía innúmeras [sic] dificultades. No sólo carecíamos de preparación militar sino que la organización general de la defensa no estaba articulada. Se trataba además de un caso extraordinario, pues había que hacer la guerra en un desierto cuyas peculiaridades muy pocos paraguayos conocían».

Bloqueo de Peñaranda. Rojo: fuerzas bolivianas. Azul: fuerzas paraguayas. Wikipedia

El Generalísimo del Chaco nos cuenta en sus «Memorias», páginas 64-66 sobre Eusebio Ayala que el Presidente de Paraguay era un pacifista a ultranza, incluso cuando las cosas estaban negras y los cañonazos tronaban; que promovía un programa de desarme nacional cuando su par boliviano Daniel Salamanca armaba a su país hasta los dientes; que caía en tontas discusiones y trampas diplomáticas en defensa de sus ideas cuando lo que había que defender era el territorio ocupado por el enemigo. Pero a pesar de estas críticas, el Gral. Estigarribia reconoce también las virtudes de Eusebio Ayala:

«Con todo, el Paraguay tuvo la fortuna de hallar en el Presidente Ayala el hombre más completo y oportuno que podría haberle conducido en esa guerra«.

A pesar de la nobleza del Gran Conductor del Chaco, para los militares la cosa no era tan así. En sus mismas «Memorias» nos dice Estigarribia todo lo que debió soportar por parte de la inepta y cobarde diligencia política en Asunción y en Comanchaco.

Tanto es así que el Cnel. Luis Vittone, otro protagonista de la contienda, nos dice de manera tajante en las páginas 418-419 de su obra «Paraguay: Dos Siglos de Política Nacional»: el plan de los políticos paraguayos era abandonarlo todo, no sólo a las colonias menonitas sino replegarse incluso hasta la misma línea del Río Paraguay. A esto, el entonces Tte. Cnel. Estigarribia (y otros oficiales) se opusieron tenazmente.

Diario «El Liberal» del 30 de septiembre de 1932. Fuente de la Imagen: https://www.paraguaymipais.com.ar

Entonces, Don José Félix afirmó tajantemente que el «Alto Mando Paraguayo no apreciaba correctamente la complejidad de la situación, y aunque pudiera interpretarse como una indisciplina, él mismo se haría cargo de defender su tesis, es decir, luchar por la recuperación de los Fortines sin abandonar un palmo de terreno pues cuando los superiores, sea cual fuera el motivo, no están apreciando correctamente la situación tocaba al subalterno, por un bien mayor, sacrificarse».

Fue entonces, nos dice Vittone (y las mayúsculas son suyas) cuando «ESTIGARRIBIA PERSONALMENTE ASUME, BAJO SU EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD, LA CONDUCCIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA DEFENSA DEL PAÍS».

El 1 de Septiembre de 1932 se emitió desde Villa Militar el parte decisivo que anunciaba la intención del Tte. Cnel. Estigarribia de retomar el Fortín Boquerón. Lo dictó al Myr. Eugenio A. Garay de manera sencilla y lacónica:

Monumento a los héroes y mártires de la Batalla de Boquerón, del escultor nacional Hermann Guggiari, erigido en el sitio de los combates. 
Fuente de la Imagen: www.paraguaymipais.com.ar

«1 de Septiembre de 1932: CONFIDENCIAL. Asunto: TOMAR BOQUERÓN. Las tropas se encuentran listas y el mando presto desde Villa Militar. En consecuencia, se ordena retomar el Fortín Boquerón y capturar los Fortines Castillo y Yucra para atacar Fortín Arce. Se demostrará al mundo que Paraguay posee capacidad militar, dándose además satisfacción a la opinión pública y Ejército. En caso de retirada, se retrocede hasta la línea de Isla Poí. Yo asumo toda la responsabilidad. Viva la República del Paraguay! Firmado: Tte. Cnel. José Félix Estigarribia, Comandante de la 1° y 2° División del Chaco. Myr. Eugenio A. Garay. Autorizado: AYALA«.

Sobran las palabras…Todas las reservas, temores y resquemores del Gobierno Paraguayo para lanzarse a la retoma del Fortín Boquerón probablemente se pueden explicar por el «estigma legionario», la propaganda maligna, nefasta y corrosiva de más de 60 años que los baqueanos de la «Triple Alianza» impusieron al país.

Dr. Eusebio Ayala.

Había demasiado miedo a ser considerados «los agresores», se temblaba por la posibilidad de que una nueva propaganda internacional impusiera que fue Paraguay «el que empezó la guerra». Pero eran temores infundados, como dijimos, propios de una desmoralización terrible de largas décadas que los soldados paraguayos, liderados por Estigarribia, se encargarían de destrozar.

Como explica el Cap. Ramiro Escobar en su obra sobre la Guerra del Chaco «El Calvario de la Patria», páginas 56-73: las precauciones y aprensiones del Gobierno eran ridículas pues a todas luces fue Bolivia la que desencadenó la Guerra, sin invocar derecho alguno al Chaco y simplemente por sus deseos de encontrar una salida al mar por el Río Paraguay, apoderándose de territorios y recursos (petróleo y gas natural) estratégicos. Bolivia no podía presentar un sólo argumento jurídico o sustentado en el derecho que regía entonces y los temores de nuestro Gobierno, lejos de favorecer, contribuyeron a generar sospechas sobre nuestra causa. ¡Grande era la diferencia con respecto a los ánimos bolivianos!

Véase un pequeño ejemplo:

El Jefe de Operaciones del Estado Mayor Boliviano, Gral. Ángel Rodríguez, preparó el siguiente Memorándum de Operaciones del 30 de Agosto de 1932 y cuyo contenido en sus partes más importantes nos dice: «PRIMERA HIPÓTESIS. Objetivo Militar: Dominio absoluto y total del Río Paraguay. Objetivo Político: Reintegración total del Chaco Boreal a la soberanía de Bolivia. Procedimiento: Ofensiva sobre Asunción. Medios: La Nación en Armas. SEGUNDA HIPÓTESIS. Objetivos: Dominio del Alto Paraguay, comprendiendo Fuerte Olimpo, Bahía Negra y Puerto Casado. Procedimiento: Ofensiva de la 3° División completada a un efectivo de 3.000 hombres sobre Fuerte Olimpo. Amarramiento y si es posible destrucción del núcleo (paraguayo) en Puerto Casado, en Cnel. Martínez, por la 4° División para facilitar la ofensiva de la 3° División. Captura de Bahía Negra por la 5° División inmediatamente después de la caída de Fuerte Olimpo y si el enemigo debilitara Puerto Casado para reforzar Fuerte Olimpo, ocupación eventual de ese sector por la 4° División apoyada por la 7°».

Gral. Enrique Peñaranda.

¡Providencial fue la decisión tomada por el Gral. Estigarribia para desobedecer los planes pacifistas en Asunción y tomar Boquerón, lo que desbarató enteramente la estrategia boliviana! Así se llegó a la Batalla…

Gral. José Félix Estigarribia

El resto, como todos sabemos, es historia. Por más de 21 días los paraguayos avanzaban «a pecho gentil» en un sangriento bautismo de fuego. Los guaraníes atacaron con cerca de 8.000 soldados y varias piezas de artillería entre las que se destacaban los morteros (uno de ellos era dirigido por alguien que se haría famoso, el Tte. Alfredo Stroessner que, contrario a lo que indica la leyenda escrita por sus detractores políticos, no lo abandonó salvo en momentos lógicos como ir a hacer las necesidades fisiológicas, comer o tomar descanso).

En esta batalla también empezaron a destacarse varios de los «Rusos Blancos», es decir, los oficiales aristócratas leales al Zar de Rusia y que llegaron al Paraguay tras la Revolución Bolchevique.

Ellos merecerían un episodio aparte y regalaron al Paraguay verdaderas páginas de gloria inmarcesible.

El Fortín Boquerón estaba defendido por unos 3.000 incluyendo los refuerzos que llegarían desde los Fortines aledaños. La resistencia del Tte. Cnel. Manuel Marzana y sus cerca de 500 hombres que permanecieron firmes hasta que quedaron totalmente sin agua ni municiones se hizo legendaria.

Pero los bolivianos fueron derrotados porque, justamente, no creyeron o no supieron reconocer que se enfrentaban a un gran número de efectivos. Estigarribia logró juntar una gran cantidad de hombres y todo el equipo disponible bajo mando de los Mayores Carlos Fernández, Luís Ayala y Arturo Bray.

Los comandantes bolivianos no se percataron de que era una acción masiva por parte de los paraguayos, creyendo que era un simple ataque limitado. Cuando el Gral. Carlos Quintanilla del Primer Cuerpo de Ejército Boliviano resolvió enviar refuerzos, ya era muy tarde y llegaron sólo unos pocos de la 4° División del Cnel. Filisberto Osorio, que nada pudieron hacer.

Los paraguayos tuvieron cerca de 4.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Fue una sangrienta y durísima victoria, pero que sirvió para levantar la moral y mostrar al mundo que Paraguay iba a luchar y estaba dispuesto, una vez más, al máximo sacrificio. Bolivia tuvo alrededor de 1.500 bajas en total.

En el armisticio de la Guerra del Chaco se pudieron reunir y charlar sobre el teatro de operaciones los dos comandantes de los ejércitos de Paraguay, Gral. José Félix Estigarribia y su homólogo boliviano, Gral. Enrique Peñaranda. Wikipedia.

Este glorioso triunfo se logró gracias a la suprema bravura y heroísmo de los soldados paraguayos y la valerosa dirección del Gral. Estigarribia, quien cargó en sus espaldas con las responsabilidades saliendo airoso. Se había roto un hechizo que parecía invencible: el paraguayo volvía a recuperar la sangre en el rostro, volvía a hacer renacer su espíritu de grandeza.

El Chaco Boreal pronto volvería a ser de nuevo paraguayo.


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