Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo II

Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo II

II. MONARQUÍAS FORAGIDAS: BRAGANZAS Y BORBONES

Napoleón Bonaparte juró que ya no aceptaría a ningún emisario de Inglaterra en suelo europeo, e inició el famoso «Bloqueo Continental», destinado a arruinar económicamente al Imperio Británico.[1] Al menos por un tiempo, el «Gran Corso» cumplió su palabra.

Cuando se inició el «Bloqueo Continental», Inglaterra contaba con su siempre leal amiga en la Casa de Braganza, los regentes del «Reino Unido del Portugal, Brasil y los Algarves». La corte de Lisboa, encabezada entonces por el Rey Juan VI, con dilaciones y retrasos evitó comprometerse con los planes del Emperador Bonaparte, mientras solicitaba ayuda a los ingleses.

Harto de la hipocresía portuguesa y conociendo la antigua alianza de los monarcas de Lisboa con Su Majestad Británica, Napoleón decide enviar a la Grande Armée a tomar cartas en el asunto. Estaba dispuesto, no sólo a cerrar a Inglaterra todos los puertos de Portugal, sino a derrocar definitivamente a la decadente Casa de Braganza, instalando a los miembros de la familia Bonaparte en su lugar.

El 29 de noviembre de 1807, con la decisiva participación de Lord Percy Smythe el Vizconde de Strangford, se produce el «Primer Milagro de la Casa de Braganza».

La Royal Navy con 7.000 marines, junto a buques menores de la escuadra portuguesa (operación comandada por Sir Sidney Smith), logra embarcar y huir con toda la corte de Lisboa, que establece su nueva sede en Río de Janeiro, futura capital del Imperio de Brasil. [2] Un par de días después de la estrepitosa fuga, las vanguardias napoleónicas del Gral. Junot, llegaban a la capital portuguesa. Cuenta la leyenda que algunos soldados franceses, al observar el Océano Atlántico, veían a los buques de la Marina Británica alejándose con la bandera de Braganza ondeando junto a la Union Jack. Si el Gran Corso enviaba a sus hombres 48 horas antes, un enorme tramo de la historia universal quizás habría sido completamente distinto.

Juan VI de Portugal reinició al instante sus actividades de regencia, siendo una de sus primeras obras instalar al Banco de Brasil, que pronto cayó en bancarrota y fue rescatado con capital británico (Rothschild).

A pesar de que llevó a cabo tareas de reforma y modernización de su nueva capital, Río de Janeiro, el Rey no permanecerá mucho en el «Nuevo Mundo». Sin embargo, sus acciones fueron el cimiento del Brasil Moderno. [3] Mientras tanto, la «Insurrección de Mayo» iba alcanzando su punto álgido y Napoleón Bonaparte, siete años después de la fuga de Juan VI al Brasil, era derrotado (momentáneamente) y exiliado a Elba, tras su fracaso en la invasión de Rusia.

Por arte de birlibirloque, la rama borbónica portuguesa, los Braganza, salvaron el pellejo y quedaron con manos libres para engrandecer el olvidado Imperio que poseían y que súbitamente, se hizo importante, sobre todo por la grave situación que se vivía en Portugal, en ese entonces reducido a mero protectorado británico bajo mando del Vizconde William Beresford (el mismo que había sido derrotado por las fuerzas hispanoamericanas del Conde Santiago de Liniers, en las Invasiones Británicas de 1806-1807 a Buenos Aires y Montevideo), nombrado por Juan VI Conde de Troncoso y Marqués de Campo Mayor.

En 1816, el Imperio de Portugal y Brasil invadía la Cisplatina, que entonces acababa de obtener la independencia gracias a la acción del legendario Gral. José Gervasio Artigas (adoptando el nombre de «Provincia Oriental del Plata»). Luego de una lucha de varios años, el 20 de enero de 1817, los imperiales dirigidos por el Gral. Carlos Federico Lecor el Vizconde de Laguna (quien sirvió bajo las órdenes del Duque de Wellington en las guerras napoleónicas) ocuparon Montevideo y derrotaron a Artigas en Tacuarembo. El llamado «Protector» se refugió tiempo después en el Paraguay del «Supremo» Doctor Francia. Un decenio atrás, nadie lo habría pensado. Pero era una realidad. La «Casa de Braganza» no sólo se salvó de milagro, sino que avanzaba en plan de conquista y se apoderaba de la codiciada plaza de Montevideo, donde fracasaron tantas veces los ingleses.

Pero el idilio de Juan VI iba acabando. Por constantes presiones, levantamientos y revoluciones liberales que se dieron en Portugal en 1820, y que incluso alcanzaron el actual territorio brasileño (dando origen a la «Guerra de Independencia de Brasil», que más pareció una guerra civil antes que una propiamente «de independencia»), el Rey debió abandonar Río de Janeiro y someterse al «Consejo de Regencia» de Lisboa, que le impuso una constitución el 1 de Octubre de 1822. Pero ya antes, Juan VI había acordado dividir su imperio, nombrando a su hijo, Pedro I, como el futuro regente de Brasil. La tradición rescata una frase del padre al hijo: «Pronto Brasil y Portugal serán separados, así que agárrate firme del trono y no dejes caer nuestra corona».

El 7 de septiembre, tras el llamado «Grito de Ipiranga», los Braganza dividen su Imperio. [4] El padre regresa a Portugal y se entrega a las demandas de los liberales, mientras que el primogénito sigue la obra de su antecesor.

En ese momento, Miguel I, el menor de los vástagos de Juan VI, se rebeló contra su padre, a quien consideró traidor y sometido a los designios de la francmasonería. Decía el joven descendiente del Rey que, con la citada sociedad secreta, su padre acordó desmembrar al imperio y subyugarse a una constitución liberal, preceptos contrarios a la monarquía absoluta; pero gracias a la ayuda de Gran Bretaña (y Beresford, una vez más), el golpe miguelista fracasó y el hijo menor fue exiliado. [5]

Las peripecias de los Braganza no concluyen allí. Al fallecer Juan VI, el Emperador Pedro I de Brasil buscó mantener el control dinástico sobre Portugal y los Algarves.

Habiendo señalado todo esto, es bastante gracioso cómo la historiografía brasileña intenta construir un relato imposible de asirse, «ni con pegamento», con lo del Grito de Ipiranga del 7 de Septiembre de 1822 y la supuesta «Guerra de Independencia del Brasil» (en la cual también participó el Almirante Thomas Cochrane, otra «coincidencia», dirían por allí). En todo caso, si algo se puede decir, es que la Casa de Braganza, borbónica (y europea) hasta los tuétanos, dividió sus dominios en dos secciones. Una sudamericana, y la otra del «resto del mundo». Un dato interesante es que la «emancipación» de Brasil tuvo un gran costo financiero para las arcas de la familia Braganza en ambos lados del Atlántico: la «Corte de Lisboa» obligó a la de Río de Janeiro a pagar 2 millones de Sterling Pounds a la metrópoli (aproximadamente 1,5 de esos millones eran para la Banca Rothschild). E inmediatamente después de enviado ese dinero, Pedro I de Brasil contrae otros 3,5 millones de libras esterlinas de deuda, también con la Casa Rothschild. [6]

Una bagatela de independencia…

El 29 de Noviembre de 1807, cerca de 15 mil personas que formaban parte de la Corte Portuguesa, entre ellos el Rey Juan VI y su esposa la Infanta de España Doña Carlota Joaquina de Borbón. Con esta acción, la Corona de Braganza se salvó del desastre revolucionario en Europa. [Pintura de N. L. A. Delerive/Wikimedia Commons].
El 29 de Noviembre de 1807, cerca de 15 mil personas que formaban parte de la Corte Portuguesa, entre ellos el Rey Juan VI y su esposa la Infanta de España Doña Carlota Joaquina de Borbón. Con esta acción, la Corona de Braganza se salvó del desastre revolucionario en Europa. [Pintura de N. L. A. Delerive/Wikimedia Commons].

En manos de Pedro I quedó Brasil. Juan VI y luego, sea por usurpación o legítimo derecho, su hijo menor Miguel I, tomaron Portugal y Algarves. La misma familia Braganza continuaba a cargo.

En un espectacular caso de incesto forzado (nada raro en las dinastías europeas liberales, pero peculiar por los contornos especiales que rodearon al caso, y que por cuestiones de espacio no podemos relatar), Miguel I y Pedro I (hermano menor y hermano mayor) acuerdan que María II, hija del primogénito de Juan VI, debía tomar por esposo a su tío para reunir a la Casa de Braganza en el gobierno del trono portugués. Miguel I aceptó desposar a su sobrina (con todas las implicaciones monárquicas del caso), lo cual le haría Rey Consorte de Portugal. Pero el absolutista terminaría traicionando al pacto y fue derrocado en 1834, tras 6 años de reinado, terminando sus días en el exilio.

Sin embargo, María II de Portugal toma de nuevo el trono, como lo designó su padre desde Brasil, y es desposada por Fernando II de Saxe-Coburg y Gotha-Kohary (quien por línea paterna, era primo de la futura Emperatriz Victoria de Inglaterra). El otro hijo famoso de Pedro I es, nada más y nada menos, que su sucesor al trono, Don Pedro II de Alcántara, protagonista de la Gran Guerra de 1864-1870. Por casi 20 años, Pedro II de Brasil y María II de Portugal (ambos hijos de Pedro I, de la Casa de Braganza), gobernaron las dos secciones del Reino, más unido que nunca por la sangre de los hermanos.

Un solo contratiempo sufrieron los hijos y nietos de Juan VI en ese período: la independencia que Uruguay recupera con el pronunciamiento de los «33 Orientales», luego de la derrota militar sufrida en la «Guerra Cisplatina» a manos de los soldados de las Provincias Unidas del Plata.

Pensamos que con éste humilde gráfico de la situación dinástica de Brasil y Portugal, desde 1807, cuando se produce el «Primer Milagro de la Casa de Braganza», hasta el reino de los hermanos María II y Pedro II, logramos dejar algo más clara la graciosa y peculiar manera en que los brasileños se independizaron, sin dejar de depender de la rama portuguesa de los Braganza, a pesar de haber tenido una «guerra interna» de «independencia». La misma familia seguía gobernando en ambos reinos. Al mito del «Grito de Ipiranga» sólo cabe replicar: «¡Acta est Fábula!».

De cualquier manera, los Braganza tienen enormes méritos en toda esta interesante comidilla. Supieron sobrevivir a la tempestad revolucionaria, al menos por el momento. Al Rey Juan VI no le tembló el pulso para tomar una decisión grave que le facilitaría preservar su Imperio. Y con ayuda de sus aliados ingleses (esta alianza a la que Winston Churchill, el famoso político británico del Siglo XX denominaría “sin parangón en la historia mundial”), los portugueses salvaron casi todo lo que pudo salvarse a pesar de que, a la larga, los liberales se infiltrarían en ambas secciones de la monarquía lusitana. Y los mismos ingleses, por obvias razones, deberían obrar con muchísimo cuidado para evitar la expansión excesiva de sus “amigos pequeños” en Sudamérica y que “no crezcan los enanos”. [7]

La presencia de la Corte Imperial de Braganza en Río de Janeiro logró que se desarrolle una escuela de diplomacia con gran estirpe y profunda habilidad, como lo es hasta hoy la Cancillería de Itamaraty. En cierto sentido, este es el principal legado que los Braganza del Brasil dejaron a su país.

Muy por el contrario, los Borbones en España, el Rey Carlos IV y su heredero el Rey Fernando VII, poco o nada hicieron en el instante en que las “papas quemaban” para salvar el Imperio vastísimo que heredaron, a pesar de los innumerables consejos que recibieron para «fugarse a América, específicamente a México o Perú» de parte de sus principales asesores. Tampoco ayudó mucho el joven Infante de España Carlos María Isidro de Borbón, el que daría nombre al movimiento ideológico y político decimonónico llamado “Carlismo”. No obstante, digamos en honor a Carlos María Isidro que era un joven de 20 años cuando se produjeron las humillantes “Abdicaciones de Bayona” de su padre y hermano mayor, en abril y mayo de 1808. Fue así cómo los Borbones se entregaron enteramente a las ambiciones del «Gran Corso», casi sin chistar.

El único intento serio de los Borbones de preservar sus dominios en Hispanoamérica se dio por medio de la Infanta Carlota Joaquina, esposa del Rey de Portugal Juan VI. Sin embargo, la idea era resistida: la “Ley Sálica” de los afrancesados Borbones todavía causaría muchísimos problemas en España…

El movimiento “Carlotista” (no confundir con “Carlista”, que es más moderno) tendría mucho apoyo simbólico en los principales referentes de la Revolución de Mayo. Decimos “simbólico” porque jamás llegó a nada efectivo y real. Nadie desenvainó una sola espada en favor de la Princesa Carlota Joaquina. Por el contrario, pareciera ser que todo esto no era sino otra sofisticada “Máscara de Fernando VII” promovida por quienes, mientras decían hallarse en favor de la Corona, lanzaban invasiones a diestra y siniestra por todos los territorios españoles que se resistían a reconocer el dominio centralista y absolutista de la ciudad conocida como “Real Asiento de Inglaterra” con la excusa de crear una “Monarquía Inca” que a nadie convencía.

La única situación en la que el “Carlotismo” estuvo cerca de organizar un verdadero frente de resistencia, fue precisamente en el Paraguay de Don Bernardo de Velasco… Los elementos “Carlotistas” en Asunción eran numerosos y entre ellos se contaba el mismo Dr. José Gaspar de Francia. Velasco se puso en contacto con la resistencia en el Virreinato de Lima así como con los realistas y leales a la Corona en Montevideo bajo órdenes del Virrey Elío. Con la ayuda e intervención portuguesa, por medio de los diplomáticos Conde de Linhares y José de Abreu así como la participación del Capitán General de Río Grande del Sur Diego de Souza, el movimiento “Carlotista” con Asunción del Paraguay como su epicentro habría organizado una terrible amenaza a la revolución liberal desatada desde Buenos Aires. Pero Velasco y sus aliados no contaban con la presencia de los “traidores porteñistas” quienes, con el golpe del 9 de junio de 1811, abortaron sus planes. [8]

El “Carlotismo”, única alternativa con posibilidades de éxito para preservar el dominio de los Borbones en Sudamérica, fracasaba con la caída de Asunción a manos de los revolucionarios porteñistas. Don Bernardo de Velasco y Don Juan Valeriano de Zeballos serían destituidos de forma definitiva el 19 de junio de 1811. Don José Gaspar de Francia estuvo a punto de ser expulsado como sus pares, pero su condición de Diputado Electo ante las Cortes y el apoyo popular del que gozaba, se le conservó como vocal de la nueva Junta Gubernativa.

El Dr. Francia nunca se opuso al “protectorado” de la Infanta Carlota Joaquina e incluso lo aceptó en el Cabildo de Asunción como Diputado de las Cortes el 13 de mayo de 1811. Cuando la “Junta Gubernativa” porteñista tomó el poder en Paraguay, era el Dr. Francia quien siempre insistía en preservar el juramento de lealtad al Rey Fernando VII. Y durante su Dictadura, hasta el último momento mantuvo comunicación con Doña Carlota y Don Fernando VII por medio de Don José Agustín Fort con la esperanza de una “restauración” del “Rey Deseado” en América… Los constantes fracasos de los leales a la Corona en Sudamérica al igual que la debilidad de los Borbones para tomar acciones decisivas como las que llevaron a cabo los Braganza, fueron las causas que forzaron al Dr. Francia a hacer un cambio de planes… Si no se podía preservar la unidad de Hispanoamérica bajo la Corona Española o al menos, bajo el protectorado de Carlota Joaquina de Borbón, la única solución viable que quedaba era que el Paraguay tome un camino distinto y se aísle absolutamente de la revolución sanguinaria y liberal desatada desde Buenos Aires. [9]

FUENTES.

1- Jean Tulard: «Napoleon», p. 207. Francia (2008).

2- Laurentino Gomes: «1808», p.97. Brasil (2007).

3- Carlos G. Mota: «Viagem Incompleta: A Experiencia Brasileira», pp. 453-454. Brasil (2000).

4- Jorge Pedreira y Fernando Dores Costa: «D. Joāo VI: Um Príncipe entre Dois Continentes», p.15. Brasil (2008)

5- Neil McAulay: «Dom Pedro: The Struggle for Liberty in Brazil and Portugal», p.117 (1986).

6- Sergio Abreu: «La Vieja Trenza: La Alianza Porteño-Lusitana en la Cuenca del Plata, 1800-1875», p. 54. Asunción (2016).

7- Ben Trowbridge (9 de Mayo de 2016): “History’s Unparalleled Alliance: the Anglo-Portuguese Treaty of Windsor, 9th May 1386”. Publicado en Gov.uk History of Government. Link: https://history.blog.gov.uk/2016/05/09/historys-unparalleled-alliance-the-anglo-portuguese-treaty-of-windsor-9th-may-1386/

8- Rodríguez Pardo, José Manuel (2011): “La Independencia del Paraguay no fue Proclamada en Mayo de 1811”, pp. 24-32. Asunción, Paraguay: Editorial Servilibro. – Mary Monte de López Moreira (sin fecha): “Bernardo de Velasco y Huidobro”. Artículo publicado en la Real Academia de la Historia de España. Link: https://dbe.rah.es/biografias/16240/bernardo-velasco-y-huidobro

9- Vargas Peña, Benjamín (1993): “El Perfil del Tirano: José Gaspar de Francia”, pp. 28-34. Asunción, Paraguay: Editorial Estudio Gráfico.

 

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