Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo IV

Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo IV

IV. La Joya de la Corona y el Fin de una Era.

José Gervasio Artigas (1764-1850) fue uno de los precursores del “Federalismo” en las Provincias del Río de la Plata. De espíritu revolucionario, inspirado por las ideas libertarias de los “Founding Fathers” de EEUU, el antiguo hacendado y contrabandista de animales que en su juventud realizaba dicho tráfico ilegal con los portugueses, se unió al Ejército Español, alcanzando el rango de Mayor de Caballería. Traicionó a los Católicos Reyes en 1811 y se unió a la insurrección liberal y masónica de Buenos Aires, que le otorgó el rango de Teniente Coronel y Gobernador Provisorio de las Misiones y Banda Oriental. [1]

Pero Artigas era más ambicioso de lo que pensaban muchos. Tras el llamado “Grito de Asensio”, el “Caudillo Oriental” empezaría a ganar notoriedad. A partir de su victoria sobre las fuerzas leales a España en «Las Piedras» (18 de Mayo de 1811), se hizo líder indiscutido de los revolucionarios del Uruguay y trató con todas sus fuerzas de instalar un sistema «federalista» para las Provincias del Plata. Porteños y Orientales, con la participación de los portugueses, lucharon para terminar con la resistencia de los Realistas en Montevideo, donde tenían su sede los últimos Virreyes del Río de la Plata, Don Francisco Javier de Elío y Don Gaspar de Vigodet.

La Revolución tomaría Montevideo el 23 de junio de 1814. Pero algunos días antes, José Gervasio Artigas decidió romper definitivamente con los porteños y crear su propia organización política, a la que denominó “Liga Federal de los Pueblos Libres”. El Caudillo Uruguayo recibió el título de “Protector”, quizás en imitación al revolucionario puritano y liberal inglés Oliver Cromwell (1599-1658), famoso regicida y genocida de los católicos británicos e irlandeses. Artigas tenía ambiciosas miras: quería incorporar a su “Liga Federal” a las distintas provincias del extinto Virreinato, especialmente las del norte, incluyendo al Paraguay, siguiendo el modelo de sus admirados pensadores estadounidenses.

Desde luego, su proyecto se estrelló con enormes resistencias. En primer lugar, los porteños y sus camarillas herméticas, estrechamente ligadas a los intereses británicos y al liberalismo centralista bonaerense; en el colmo de la hipocresía, los “Revolucionarios de Buenos Aires” declararon al “Revolucionario Uruguayo” como “traidor” y lo sentenciaron a muerte. En segundo lugar, los portugueses, quienes se hicieron del control de la Banda Oriental y veían a Artigas como una amenaza a sus intereses. En tercer lugar, finalmente, el Paraguay jesuita y reaccionario del “cripto-realista” Don José Gaspar de Francia, quien hacía esfuerzos sobrehumanos para evitar que su país caiga en manos de la sanguinaria revolución liberal que se desató en el Río de la Plata. [2]

Contra todos esos enemigos combatió. En el caso de Paraguay, Artigas apoyado por indios guaraníes e incluso soldados del Ejército del Dr. Francia que desertaban y se unían a sus filas, amenazó varias veces con invadir al país y derrocar al “Supremo Dictador” de Asunción. Por toda respuesta, Don José Gaspar seguramente reía a carcajadas y escribía sus ácidas y cáusticas cartas, con proverbial mala uva e incomparable mordacidad, en las que dejaba una descripción para toda la historia sobre la verdadera personalidad del Caudillo Uruguayo: “es un simple bandolero y bandido de profesión, vil e infame, traidor sin Patria ni Religión”. Desde ese momento, a los “Artiguístas” en el Paraguay se los empezó a denominar “los del otro bando”, frase que hoy tiene connotaciones diferentes. [3]

En varias ocasiones, el General Artigas ingresó en las misiones del Paraguay, arrasando con los pueblos jesuíticos y robando todos sus bienes. El Dr. Francia lanzaba contraataques, utilizando las tácticas de “tierra arrasada” para que no quede nada valioso al ejército de bandoleros de la “Liga Federal”. Así, por causa de los ataques y saqueos de Artigas, los últimos “Pueblos Jesuitas” en las Misiones del Sur quedaron destruidos y sus riquezas saqueadas. Finalmente, el 10 de octubre de 1818, 2.000 soldados del Dr. Francia lanzaron una contra-ofensiva sobre la Ciudad de Corriente, que había sido ocupada por unos 2.000 soldados Artiguístas, mayormente indígenas guaraníes. Los paraguayos hundieron un buque, capturaron otros dos que fueron secuestrados por Artigas, mataron a una treintena de soldados Artiguístas, hirieron y apresaron muchos otros y cañonearon toda la ciudad, volviendo victoriosos a Asunción con solo dos bajas. [4]

Tras esa acción, Artigas rehusó continuar hostilizando al Paraguay. Pero se estrelló estrepitosamente contra elementos porteñistas y especialmente portugueses, quienes terminaron con sus anhelos de forma definitiva, tras la derrota en la Batalla de Tacuarembo (22 de enero de 1820) a manos de las Fuerzas del Imperio de Braganza, dirigidas por el Gral. Carlos Federico Lecor el Vizconde de Laguna (1764-1836). Para colmo de males, sus antiguos aliados, los Coroneles “Federales” Francisco Ramírez (1786-1821) y Estanislao López (1786-1838) tras haber vencido sobre los unitarios bonaerenses, se levantaron contra su “Caudillo” quien terminó pidiendo misericordia al Dr. Francia. Por toda respuesta, Don José Gaspar apresó a Artigas junto a sus acompañantes, entre ellos el “Negro Ansina”, enviándolos exiliados a la villa de San Isidro de Curuguaty, el 5 de Septiembre de 1820. Tras la muerte del “Supremo Dictador”, el Caudillo Artigas se afincaría en Asunción, protegido por los López, hasta su muerte en dicha ciudad el 23 de Septiembre de 1850. Varios descendientes de Artigas lucharían y morirían por el Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza.

De esta manera concluía la primera parte de la larga lucha del Uruguay por su independencia. Artigas, un revolucionario ambicioso y soñador, con una valentía encomiable, con capacidad de levantar y arrear a las masas, con liderazgo aguerrido e inflamado, es la perfecta representación del “Caudillo Sudamericano”. Su lucha heroica inspiró a los “Orientales” para levantarse contra el dominio extranjero y recuperar su independencia. Por otra parte, su espíritu revolucionario, inspirado por el liberalismo anglosajón, no podía sino dar como resultado la creciente fragmentación del antiguo Virreinato, proceso que ya había iniciado con los traidores porteños pero que ahora se exacerbaba aún más. La lucha de “Federales” contra “Unitarios” terminaría siendo a la larga el cementerio en donde yacerían los restos de ese sueño de una restauración y reunificación, aunque sea con la solución menor, que era la solución paraguaya: una Confederación Hispánica. La intransigencia usurpadora de los porteños y la intransigencia anárquica de los federales impidieron que el “Ejemplo Paraguayo” pudiera servir como guía natural, por primogenitura, méritos y blasones históricos, para una Confederación que quizás, en el mejor de los casos, pudiera restaurar el dominio del Rey de España sobre sus territorios y en el peor de ellos, dar suficiente autonomía a las distintas provincias sin que predomine ninguna por encima de otra.

En el caso de los portugueses, estos lograron por breve tiempo un viejo capricho: hacerse de la Banda Oriental. Desde la partición del «Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarves» en dos (la zona sudamericana, a cargo de Pedro I; y la zona «del resto» en manos de Juan VI y los demás herederos), se llega a la anexión de la provincia que denominaban los “bandeirantes” como la Cisplatina, anhelada desde tiempos coloniales no sólo por los portugueses. ¡La contienda de tres siglos entre España y Portugal daba un vuelco inesperado! [5]

¡Pero duró poco tiempo esa conquista!

Famosa pintura de Juan Manuel Blanes en la que se representa el Juramento de los 33 Orientales.
«El Juramento de los 33 Orientales», quienes no eran todos uruguayos ni solamente treinta y tres. Con la ayuda de las Provincias Unidas del Plata, los uruguayos lograron recuperar la independencia de la «Cisplatina» ocupada por los luso-brasileños. [Imagen: Juan Manuel Blanes/Wikimedia Commons].

Cuando el Imperio del Brasil nació tras su independencia sui-generis, Uruguay estaba firmemente en sus manos. Luego de la derrota sufrida en la «Guerra Cisplatina», perdería para siempre el preciado premio. Los «33 Orientales» consiguieron una proeza, con la mano generosa de la Señora de los Mares, que una vez más, metió mano en las cuestiones del Plata

Entre 1815-1820 se produce la Invasión del Uruguay por parte del Imperio de Braganza. El Gral. Lecor, fiel servidor de Juan VI de Braganza Borbón, avanzó con al menos 15.000 soldados, muchos de ellos experimentados veteranos de las guerras napoleónicas. Se enfrentaron a 10.000 hombres, encabezados por el Gral. Artigas y sus compañeros, el Cnel. Fructuoso Rivera y el Tte. Cnel. Andrés «Tacuari» Guazurary, de sangre guaraní (al igual que unos 4.000 hombres de las fuerzas dirigidas por «El Protector»). [6]

El 20 de enero de 1817, Montevideo caía en manos del Imperio de Braganza, quienes casi exactamente 3 años después obtendrían la victoria total, aunque no definitiva, sobre sus enemigos. Por casi 10 años, la Cisplatina fue la «Joya de la Corona» de Braganza.

El 1 de Abril de 1825, financiadas por varios personajes célebres de Buenos Aires, entre los que se encontraba Juan Manuel de Rosas, las avanzadas del Cnel. Manuel Oribe desembarcan en el Puerto de San Isidro, dando inicio a la rebelión de los «33 Orientales» y el día 19 del mismo mes, en la zona de los Arenales, hacen el famoso «Juramento a la Bandera». El 14 de Junio, proclaman la Independencia del Uruguay del Trono de Braganza y se declaran leales al Gobierno de las Provincias Unidas del Plata. «Los 33» eran, en realidad, un número desconocido de patriotas, y entre ellos se encontraban, de nuevo, al menos 4 paraguayos. Eran el Tte. Cnel. Felipe Patiño, el Cap. Francisco Romero con su hermano Luciano, y el Sgto. Pedro Areguati (indígena). [7]

La influencia masónica de la expedición se hizo sentir desde el primer instante, y eso se puede ver en el mismo nombre de los rebeldes. Y donde está la masonería, está Inglaterra. De esta manera, «Los 33» pronto tomaron posiciones distintas. Algunos, firmes artiguistas, como el Cnel. Manuel Oribe (futuro lider del Partido Blanco Uruguayo) y Gral. Juan Antonio Lavalleja (al inicio) buscaron a ultranza la reincorporación a las Provincias Unidas del Plata, pero la intervención del inglés Vizconde John Ponsonby fue determinante.

La «Guerra Cisplatina» estalla luego de la formación del Ejército de las Provincias del Plata por orden del presidente electo Bernardino Rivadavia, que debía auxiliar a los rebeldes uruguayos dirigidos por Lavalleja y Rivera. El 12 de octubre de 1825 se da la primera gran victoria de los revolucionarios, cuando las milicias orientales derrotan en la «Batalla de Sarandi» a los imperiales. [8]

La lucha naval tomó escala de epopeya con el enfrentamiento de la flota de las Provincias (comandada por el argentino de ascendencia irlandesa, Almirante Guillermo Brown) contra la Escuadra Brasileña (muy superior, en calidad y número a su rival). Las Batallas de «Los Pozos» (11 de junio de 1826); «Juncal» (9 de Febrero de 1827) y «Carmen de Patagones» (7 de Marzo de 1827), lograron equilibrar la balanza marítima, a pesar de la derrota en «Monte Santiago» (8 de Abril de 1827). Sin embargo, el triunfo de los ejércitos de las Provincias Unidas fue absoluto tras el Combate de Ombu (16 de Febrero de 1827) y especialmente, tras la catastrófica derrota sufrida por Brasil en la Batalla de Ituzaingo (20 de Febrero de 1827), donde se esfumó para siempre el sueño «cisplatino» de los portugueses. [9]

No obstante, la «victoria militar» de las Provincias Unidas tampoco fue suficiente: la diplomacia británica logró excitar los ánimos de los «independentistas», encabezados por el Cnel. Fructuoso Rivera (padre del Partido Colorado de Uruguay y «Unitario»). Una vez más, donde los portugueses no vencían con las armas, lo conseguían hacer con la pluma, con la valiosa cooperación de sus amigos ingleses. Lord John Ponsonby, en estrecha comunicación con el Conde de Aberdeen y John Ward, Conde de Dudley, revelan las intenciones del Gobierno de Su Majestad Británica: Uruguay debía existir como un «firme establecimiento» entre Argentina y Brasil; de esa «división geográfica» se beneficiaría no sólo Inglaterra, sino el comercio mundial manejado por los británicos. [10]

Así, Brasil perdió al Uruguay pero las Provincias Unidas no lo reincorporaron. Incluso, el Imperio de Braganza ganaría, de la mano de sus aliados ingleses, una tajada de las Misiones Orientales, esto desde luego, sin haber consultado con el Paraguay ni con España, sus legítimos dueños.

Pero con todo esto no terminan las turbulencias entre Brasil y Argentina con respecto al Uruguay. Como extensión de la lucha entre «Federales» y «Unitarios», que se hacía más cruenta aún, fue la que surgió en la larga Guerra Civil Uruguaya (1839-1851). El Dictador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, intentó por todos los medios reincorporar a la «Confederación Argentina» al Uruguay.

El Brig. Fructuoso Rivera derrocó al filo-rosista Gral. Juan Antonio Lavalleja y tomó el poder en 1832. No tardó el «Restaurador» en reorganizar sus fuerzas, y tanto Lavalleja como el Brig. Manuel Oribe en distintas ocasiones se empeñaron a tomar Montevideo, apoyados por Rosas. Se dieron episodios increíbles durante éstos enfrentamientos, como el «Gobierno Paralelo» de Blancos y Colorados en Uruguay, durante el largo «Asedio de Montevideo» por parte de las fuerzas rosistas.

9 años resistieron (y finalmente prevalecieron) los unitarios, apoyados por Gran Bretaña, Francia, Brasil y los soldados del guerrillero italiano Giuseppe Garibaldi. Mientras ocurría esto, el Brig. Rosas debía soportar el «Bloqueo Anglo-Francés», sofocar la rebelión correntina del Gral. Paz (apoyada por Paraguay) y los ataques de la Confederación Peruboliviana, a la que logró vencer. [11]

Parecía que el “Tigre de Palermo” (como se lo conocía a Rosas) era invencible. La situación se diagnosticaba como perdida para los unitarios y, fundamentalmente, para el Imperio de Braganza, principal origen de la resistencia contra Rosas. Sólo un milagro podía evitar que el Dictador de Buenos Aires alcanzara el pleno dominio del Plata. Aparte del entonces imparable avance de Rosas hacia su proyecto de reconstrucción del Virreinato del Plata bajo la férula del federalismo porteñista, el Imperio de Braganza debía soportar momentos de peligrosa crisis interna. Los únicos que habían conseguido éxito contra Rosas fueron los paraguayos, quienes en 1848-1850 recuperaron las Misiones del Sur en una ofensiva lanzada y dirigida personalmente por el joven General Don Francisco Solano López, pero era un frente secundario para el Dictador Porteño en ese instante: ya tendría tiempo de vérselas con los López en Asunción. Además, contaba con la inapreciable ayuda de los “legionarios” (revolucionarios paraguayos lacayos del liberalismo internacional) en Buenos Aires, quienes ya empezaban a existir.

Sumada a la difícil situación sociopolítica que Brasil enfrentaba, aparecían los conflictos del separatismo y anti-esclavismo: «Guerras de los Harapientos», «Sabinadas», «Balaiadas», etcétera. Además, la temprana muerte de Pedro I hizo que su heredero entrara en escena mucho antes de lo previsto. Parecía, una vez más, que la rama portuguesa de los Borbón estaba dirigiéndose a una catástrofe inevitable. [12]

Fue cuando se produjo el «Segundo Milagro de la Casa de Braganza»: un general traidor a Juan Manuel de Rosas se pone a disposición de las fuerzas imperiales. Su nombre era Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y conocido «federal». Se pronunció contra el «Restaurador» el 1 de mayo (día simbólico) de 1851 y con 15.000 hombres se unió a las tropas del Gral. Luís Alves de Lima e Silva, entonces Conde de Caxias, y rompieron el asedio de Oribe, que se rindió sin combatir en las afueras de Montevideo. [13]

El golpe decisivo se dio en la «Batalla de Caseros» (3 de febrero de 1852). Fue, hasta el 24 de mayo de 1866, el máximo combate terrestre de América Latina. 20.000 soldados rosistas se enfrentaron a 25.000 aliados (casi todos ellos desertores argentinos y unitarios, además de unos 5.000 brasileños bajo las órdenes del futuro Conde de Porto Alegre, Gral. Marqués de Souza). Rosas, derrotado, se disfrazó de marinero aliado y pidió asilo a Inglaterra, que se lo concedió gustosa. Moriría en el exilio. [14]

Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Justo José de Urquiza lucharon juntos en esa campaña que acabó con el gobierno del «Restaurador» de Buenos Aires y sus aliados Federales.

FUENTES.

[1] Vedia, Nicolás de: «Apuntes Biográficos sobre Don José Artigas». Publicado por Mariano de Vedia y Mitre (1936): «El Manuscrito de Mitre sobre Artigas», págs. 94-97. Buenos Aires, Argentina. – Mones, Álvaro; Klappenbach, Miguel (1997): «Un Ilustrado Aragonés en el Virreinato del Río de la Plata: Félix de Azara (1742-1821)», pág. 77. Anales del Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo, Segunda Serie, Volumen IX. Uruguay. –  Acevedo, Eduardo (1916): «Manual de Historia Uruguaya», volumen I págs. 126-129. Montevideo, Uruguay: Imprenta El Siglo ilustrado.

[2] «1815: La Liga Federal se une contra Buenos Aires», publicado por la Universidad de Kent (Britania). Link: https://research.kent.ac.uk/warandnation/es/1815-la-liga-federal-se-une-contra-buenos-aires/ – «Artigas en la Mesopotamia: Una Figura Demasiado Influyente», publicado por «Biblioteca Argentina», 28 de julio de 2012. Link: https://web.archive.org/web/20120728094716/http://www.artigas.org.uy/fichas/artigas/artigas_mesopotamia_01.html

[3] Chaves, Julio César (2019): «Compendio de Historia Paraguaya», pág. 137. Asunción, Paraguay: Editorial Intercontinental – En el Paraguay, actualmente, ser “del otro bando” denota que una persona lleva a cabo prácticas sodomitas.

[4] García Mellid, Atilio (1963): “Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay”, vol. I, págs. 247-248. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Theoria – Wisner von Morgenstern, Francisco (1996): “El Dictador del Paraguay José Gaspar de Francia”, págs. 148-157. Asunción, Paraguay: Centro Cultural Paraguayo Alemán.

[5] Ramón Carcano: «Guerra del Paraguay…», op. cit. vol.1, p.18. Buenos Aires (1939).

[6] Las cifras exactas de los beligerantes, en ambos bandos, es difícil de precisar. Recomendables son las obras de Nelson Dellepiane: «Cabalgando en la Frontera: Historia de los Blandengues Orientales», pp.190-192. Montevideo (1997); Plácido Abad: «Emancipadores del Pueblo Oriental: Plana Mayor de Artigas», p.21. Montevideo (1937). Lamentablemente, pocas obras se han escrito sobre este importante episodio de la historia sudamericana.

[7] El Observador (Uruguay): «33 cosas que Ud. no sabía sobre los 33 Orientales». Por Benjamín Trujillo. Montevideo, 17 de Abril de 2015.

[8] Donato Hernani: «Diccionario das Batalhas Brasileiras: Batalha do Sarandí (Guerra da Cisplatina)». Brasil (1996).

[9] Isidoro Ruiz Moreno: «Campañas Militares Argentinas», tomo I, pp.399-415. Buenos Aires (2005).

[10] Un trabajo muy detallado sobre el tema fue escrito por el gran Don Luís Alberto de Herrera: «La Misión Ponsonby: La Diplomacia Británica y la Independencia del Uruguay», en dos volúmenes. Buenos Aires (1974). – Las obras de Luís Alberto de Herrera, sin ser infalibles ni mucho menos, las consideramos como fundamentales para entender la historia del Uruguay en el siglo XIX.

[11] The English Historical Review, Vol. 113, pp. 351-366: «Garibaldi in Uruguay: A Reputation Reconsidered», escrito por David McLean. Oxford (1998).

[12] Brian Loveman: «Por la Patria: Politics and the Armed Forces in Latín America», p.43. EEUU (1999). – Leslie Bethell: «Brazil: Empire and Republic, 1822-1930», pp. 65-80. Cambridge (1989).

[13] Manuel de Oliveira Lima: «O Imperio Brasileiro», p.159. Belo Horizonte (1989)

[14] Tau Golin: «A Fronteira», p.42. Porto Alegre (2004).

Emilio Urdapilleta