Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo V

Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864-1870): Capítulo V

DOS COSMOVISIONES ENFRENTADAS: UN ENSAYO EXPLICATIVO.

La llegada de los Borbones a la Corona de Castilla con el largo reinado de Felipe V de España (1683-1746) trajo consigo enormes cambios para el Imperio que entonces era la principal superpotencia pero que tras la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), empezaría a ceder su posición ante Francia e Inglaterra en el proceso que dio inicio a su larga decadencia y descomposición que duró más de dos siglos.

Durante 45 años casi ininterrumpidos, salvo en 1724 cuando se dio la breve regencia de Luís I (1707-1724), Felipe V fue el monarca con más extenso reinado en la historia de España. Noblesse oblige, debe reconocerse que gobernar por casi medio siglo requiere de notable habilidad política y diplomática. Desde luego que existieron altibajos en la valoración estrictamente individual de su actuación, pero el llamado «Rey Animoso» dejó su marca indeleble en el rol de Gran Arquitecto de Madrid, renovando las estructuras urbanas y edilicias de dicha ciudad hasta convertirla en una capital moderna, desde luego, con mucho estilo afrancesado pues el Borbón, criado a la manera de Versalles, no podía evitar introducir en la tierra «frailuna y costumbrista» de los Trastámara-Habsburgo eso que los parisinos de entonces llamaban «las luces» de la ilustración.

Sin embargo, si nos limitamos exclusivamente a lo ocurrido en el Paraguay, el reinado de Felipe V podría ser considerado como poco menos que catastrófico. Este nuevo período se inaugura en el Río de la Plata con la denominada «Revolución Comunera» (1721-1735). Los nuevos Gobernadores de Asunción, designados por los monarcas de la Casa Borbón, empezaron a introducir cambios en las costumbres, tradiciones y administración del país, lo que generó el levantamiento de la que desde entonces fue conocida como «provincia rebelde».

La derrota de los comuneros paraguayos no solo significó la pérdida de muchos privilegios y prerrogativas con que gozaba la «Madre de Ciudades del Río de la Plata», como por ejemplo la suspensión de la Real Cédula del 12 de Septiembre de 1537 por órdenes del odiado Gobernador de Buenos Aires, Don Bruno Mauricio de Zabala (1682-1736), decreto que en sí mismo era una arbitrariedad sin validez ni legitimidad alguna, pues lo que había establecido el Emperador Carlos V de Habsburgo para la República del Paraguay, no podía anularlo de un plumazo un simple gobernador borbónico de la más advenediza y vulgar de las provincias del Imperio Español en ese entonces, es decir, Buenos Aires.

Se podría decir que, en cierto sentido, la Revolución Comunera del Paraguay fue un frente secundario y tardío de la Guerra de Sucesión Española. Los aristocráticos hidalgos y conquistadores que fundaron Asunción lucharon en defensa de las tradiciones, costumbres e históricos preceptos socioculturales de casi dos siglos de reinado Habsburgo, quienes construyeron, civilizaron y evangelizaron América, ganando a todo el continente para Nuestro Señor Jesucristo, lo que había sido el sueño iniciado por los Reyes Católicos Doña Isabel de Castilla y Don Fernando de Aragón. En contrapartida, el reformismo y la ilustración de los Borbones, con su absolutismo y absorbente centralismo, los asfixiantes impuestos para pagar lujos versallescos con pomposos peluquines, con las concesiones para el tráfico negrero, con las «razones de estado» imponiéndose a los nobles deberes de defender la causa de la civilización católica, tuvo a la advenediza y burguesa Buenos Aires como su principal paladín.

Estas dos profundas improntas históricas, con sus resabios transmitiéndose a lo largo del tiempo, fueron las que colisionaron de forma irreprimible en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870).

Sitio de Barcelona en la Guerra de Sucesión Española (1701-1715)
«Sitio de Barcelona» durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1715). Dos cosmovisiones se habían enfrentado desde ese entonces en el Río de la Plata: el Paraguay de Tradición Habsburgo contra la Buenos Aires liberal y borbónica. En la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), los resabios de estas posturas irreconciliables volverían a colisionar de forma tremenda y definitiva. [Imagen: National Geographic].

Las medidas arbitrarias en perjuicio del Paraguay y para beneficio de Buenos Aires continuaron incluso después de la Revolución Comunera (1721-1735). Por ejemplo, Asunción dejó de ser considerada «puerto fijo», lo que centralizaba aun más el comercio en manos de los porteños, quienes además se convirtieron en la sede del «Real Asiento de Inglaterra», institución por medio de la cual el secular enemigo británico introducía sus narices en el Río de la Plata desde 1713, cuando se estableció para transformar a la ciudad porteña en «Cuna, Amparo y Reparo de la Sordidez y la Perfidia en el Río de la Plata» gracias al monopolio que ejercía sobre el contrabando, la piratería y el tráfico de negros en la región, algo que nunca se había visto anteriormente.

Además, el exacerbado «regalismo» que los Borbones implementaron en sus nuevas posesiones en América por medio del «Patronato Regio» que heredaron de los Trastámara-Habsburgo, terminó perjudicando todavía más a la Provincia del Paraguay, que dependía mucho de las actividades económicas llevadas a cabo por la Santa Iglesia Católica, especialmente por sus órdenes religiosas Jesuita y Franciscana, entre otras. Los terribles resabios del «Galicanismo» que nació por inspiración del absolutista Luís XIV de Francia, el «Rey Sol», se hicieron sentir con fuerza en Asunción. El «tiro de gracia» ocurrió en 1767 con la expulsión de los Jesuitas del Imperio Español. Las demás órdenes religiosas que permanecieron, lo hicieron en pésimas condiciones, bajo estricta vigilancia y total sumisión a los monarcas absolutistas de la Casa Borbón, dejando al Paraguay prácticamente abandonado de sacerdotes y nuevas vocaciones eclesiales, algo que no se pudo paliar, ni siquiera con la instalación, en el año 1776, del Real Colegio Seminario de San Carlos en Asunción en el antiguo edificio de enseñanza superior que pertenecía a los jesuitas. En los días previos a las Revoluciones de Independencia, la «Madre de Ciudades» tenía un Obispo pero prácticamente no habían curas en todo el país. ¡El gran «Reino Jesuítico del Paraguay» desaparecía con un simple soplido borbónico!

Buenos Aires, ciudad advenediza y usurpadora, fue uno de los más grandes errores cometidos por los absolutistas Borbones. Cierto es que fue fundada por españoles y guaraníes provenientes de Asunción del Paraguay en el año 1580, pero esto fue dentro de la organización administrativa y sociocultural del Imperio Habsburgo, una Confederación de Reinos y Virreinos. El rol de la ciudad porteña estaba limitadísimo, no pasaba de ser una aduana a la que nadie daba importancia. De allí que los «sangre azul» de la conquista que habitaban en la vieja y aristocrática Asunción se refirieran a ellos simplemente como los «porteños», palabra que denota lo portuario pero que tiene una connotación profundamente despectiva: eran las gentes de más baja ralea y calaña de la región. Por esta razón, cuando se estableció el Virreinato del Río de la Plata en 1776, nadie deseaba reconocer a Buenos Aires como capital pues todos sabían que no contaba con los blasones ni la suficiente raigambre para ostentar dicha posición. Al final, la historia quiso que Córdoba y Montevideo también fueran capitales, al menos por breve tiempo, aunque el nuevo Virreinato fue una entidad efímera, que no llegó a 40 años de existencia política. Asunción, como cabeza de la Gobernación de la Nueva Andalucía del Río de la Plata (1534-1617), fue capital de toda la región por 80 años, más del doble de lo que podía presumir Buenos Aires.

Podría decirse que durante la era del Imperio Español en América, la República del Paraguay conoció su esplendor cuando formaba parte del Virreinato del Perú, con ciudad capital en Lima, cuando tenía a la Audiencia de Charcas como centro de pleitos jurídicos y con Asunción, Madre y Fundadora de todo lo existente en el Río de la Plata, como epicentro religioso gracias a su antiguo Obispado establecido en 1547, y especialmente por las misiones de Jesuitas y Franciscanos que se hallaban bajo su tutela y administración.

Así, estas dos cosmovisiones necesariamente deberían colisionar, tarde o temprano, en el conflicto decisivo del siglo XIX en la región: el aristocrático, católico y tradicionalista «Paraguay Habsburgo», heredado por Francia y los López, contra la revolución liberal e ilustrada de la «Buenos Aires Borbón» con San Martín, Rosas, Mitre y Sarmiento a la cabeza.

Emilio Urdapilleta