Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864 – 1870): Capítulo VII

Antecedentes de la Guerra contra Paraguay (1864 – 1870): Capítulo VII

VII. EL PARAGUAY SUPREMO: LOS LÓPEZ, PARTE I.

Grandes lamentos inundaron los corazones paraguayos tras la muerte del Dictador Supremo y Perpetuo, Don José Gaspar Rodríguez de Francia. Entregó su vida entera al país que hizo nacer y al que salvó de las insurrecciones y guerras intestinas desatadas por las logias platenses.

La vida honesta, llena de probidad y servicio a la Patria del Dr. Francia, no fue impedimento, sin embargo, para que tuviera, bajo mucho resguardo, a una familia (hecho que se ha querido ocultar por mucho tiempo, sin explicación alguna). Su mujer fue Doña María García de Francia, quien falleció poco después de la muerte del «Supremo». Y aunque la humanidad no conoció a un hijo varón del Dictador Perpetuo del Paraguay (se dice que existió uno, José Francia y Medrano, quien murió siendo un pequeño), sí vino al mundo la famosa «Niña Francia», Ubalda Rodríguez García, fruto del largo amor de Don José Gaspar con su mujer, Doña María.

Luego de la muerte del «Supremo», acaecida el 20 de Septiembre de 1840, su hermana, Doña Petrona Regalada, se hizo cargo de la «Viuda Francia» y la «Niña Francia». Ubalda Rodríguez García, única hija (reconocida) del Dictador, tuvo por marido a Don Juan de la Cruz Cañete. Uno de descendientes de esa unión fue el Tte. Cnel. Agustín Cañete Rodríguez (de Francia) y García. Leal soldado del Mariscal López, el «Nieto del Supremo» defendió a la Patria hasta la etapa final de la contienda contra la Alianza.

En cierto sentido, el «linaje» del Dr. Francia continuó en el Supremo Gobierno: Don Carlos Antonio López Ynsfran, abogado y también teólogo, era su «ahijado». Tras el cierre del Real Seminario, López, profesor de moral en la citada institución, siguió dando lecciones (bajo tutela del Dictador) en el Real Colegio de San Carlos hasta que terminó retirándose a su estancia, tras el cierre del Seminario, sirviendo como consultor jurídico. En ese tiempo, «Don Carlos» tomó por esposa a Juana Carrillo de Viana y Larios, quien era descendiente del legendario Rey Malcolm II de Escocia por línea materna. [1]

Así, el 24 de Julio de 1827, aniversario 17 del Congreso que separó Paraguay de las Provincias revolucionarias lideradas por Buenos Aires, nació en Manorā, Asunción, el héroe de la gran tragedia americana: Francisco Solanoprimogénito del matrimonio López Carrillo. [2]

Después de un breve interregno, en 1842 se convoca a un Congreso, como había ocurrido con los «Mil Diputados». Y de idéntica manera, luego de un efímero «Consulado», Carlos Antonio López Ynsfran fue electo como el «Segundo Supremo» luego de un Consulado de corta duración junto a Don Mariano Roque Alonso.

En las Provincias del Plata no se avizoraba paz próxima. Al contrario, los conflictos recrudecieron, especialmente tras la victoria del General Juan Manuel de Rosas sobre la Confederación Peruboliviana y su feroz resistencia contra los ejércitos coaligados del Imperio de Braganza, el Imperio Británico, Francia y los «Unitarios» que le presentaban interminables dolores de cabeza. Como nunca, la amenaza de Buenos Aires se cernía sobre el Paraguay, y a pesar de las relaciones, relativamente buenas, entre el Dictador Porteño y el Gobierno Paraguayo, el choque se produciría de un momento a otro. Esto se volvió inminente cuando, en 1843, la misión de Don Andrés Gill, Don Manuel Pedro de la Peña y el joven Francisco Solano López a Buenos Aires, a pesar de la amistosa recepción que obtuvieron del «Restaurador» Porteño, concluyó de forma infructuosa. Rosas jamás cejaría de trabajar por imponer la supremacía de Buenos Aires por encima de las demás ex provincias, so pretexto de la supuesta «Federación», ideal noble pero que solamente podía alcanzarse con el concurso del Paraguay, cuyos títulos de primacía y primogenitura eran indiscutibles además de haber surgido de allí la idea más embrionaria de formar una «Confederación» de Repúblicas en el Río de la Plata. Rosas terminó siendo más «porteñista (centralista)» que «federalista» con el Paraguay, y eso fue su perdición a la larga, a pesar de sus razonables esfuerzos por reunificar a las diversas familias del antiguo Virreinato.

Las fuerzas unitarias del Gral. José María Paz se sublevaron en Corrientes contra el centralismo bonaerense y solicitaron ayuda al Paraguay que, alentado por el «bloqueo» que Rosas decretó a las comunicaciones ribereñas de Asunción y regiones aledañas, respondió declarando guerra al Gobernador de Buenos Aires el 4 de diciembre de 1845. Era la segunda vez que soldados paraguayos iban a las armas contra las fuerzas rosistas. (La primera fue cuando el Dr. Francia atacó al lugarteniente del «restaurador» en Entre Ríos, Cnel. Pedro Ferré, en 1830-1832, por las mismas razones que en 1845). [3]

El comandante en jefe de los 5.000 paraguayos del «Ejército Expedicionario» era un joven recién salido del Liceo Militar y que estaba por cumplir 19 años de edad: El Cnel. Francisco Solano López Carrillo, quien conoció personalmente al llamado «Tigre de Palermo». Sin embargo, las fuerzas paraguayas permanecieron en la retaguardia y fuera de un par de acciones de poca importancia en las que emboscaron exitosamente a unas patrullas, o cuando capturaron un importante convoy, no tuvieron participación relevante en la sublevación del Gral. Paz. Un episodio destacado de ésta campaña expedicionaria ocurrió, no obstante, al darse un conato de insurrección por parte de un grupo de oficiales y soldados paraguayos en Payuibé (Villanueva), más fracasaron tan rápido como empezaron: el Cnel. Solano López en persona se introdujo en la posición resguardada por los revoltosos, desenvainó su espada y tras una breve gresca, les intimó rendición. Los rebeldes se entregaron, pidieron clemencia. Algunos de ellos fueron perdonados y dados de baja, el resto fue fusilado. [4]

A causa de las intrigas políticas de Joaquín Madariaga, en las que por desatino el Gral. Paz se enredó, el levantamiento de los correntinos estaba destinado al fracaso. Se perdió tiempo y concentración hacia el objetivo principal de la rebelión: vencer a las fuerzas rosistas, dejando los asuntos políticos para después. Así, los paraguayos, quienes no querían mezclarse con las intrigas e interminables indecisiones de los liberales y revoltosos, regresaron a su país sin ser hostigados por las vanguardias del General Rosas y los rebeldes correntinos fueron derrotados en la Batalla de Vences, el 26 de Noviembre de 1847.

Batalla de Arroyo Grande
En la «Guerra contra Rosas», Paraguay participó activamente en 1845 – 1850 y luego tomó una postura defensiva en 1851 – 1852. Recogió los laureles de la victoria tras la caída del Gobernador de Buenos Aires. [Imagen: Batalla de Arroyo Grande, en la que se enfrentaron las tropas rosistas del Gral. Manuel Oribe (federalista y rosista) contra las del Gral. Fructuoso Rivera (liberal y unitario) el 6 de diciembre de 1842. Óleo atribuido a Cayetano Descalzi].

Las tropas paraguayas que participaron de la primera fase de la Guerra contra Rosas en 1845 – 1846, eran bisoñas y poseían armamento inadecuado, casi vetusto. El joven General Solano López ordenó que se adquieran mejores armas y que se haga una reparación general de todas las que se poseían en los arsenales de la República. Al mismo tiempo, se encargó de reorganizar y entrenar a las tropas en los cuarteles de Paso de Patria. Esto generó la admiración del experimentado General José María Paz (quien se refugió brevemente en el Paraguay tras su derrota), que escribió sobre Francisco Solano López Carrillo en una carta dirigida a Don Carlos: «No tengo duda de que el General del Segundo Cuerpo del Ejército Pacificador corresponderá a las esperanzas de la Patria y a los desvelos de Vuestra Excelencia, felicitándonos todos de tener en su persona un esforzado compañero de armas, pues manifiesta genio y capacidad». Así, a inicios de 1848, Paraguay estaba listo para seguir su contienda contra Rosas pero esta vez sin apoyo de los «rebeldes unitarios». Las fuerzas del Brigadier General Francisco Solano López Carrillo y su segundo oficial, el Tte. Cnel. Franz Wisner von Morgenstern, empezaron por desalojar las islas de Atajo, Yacyreta y Apipe, que fueron ocupadas por las vanguardias del Dictador Porteño. [5]

Posteriormente, los soldados guaraníes avanzarían hasta alcanzar el Río Uruguay, en la posición conocida como «Hormiguero», donde se dieron sangrientas batallas contra los combatientes rosistas dirigidos por el Coronel Virasoro. De nuevo, a pesar del gran enojo que sintió y de las amenazas que refunfuñó, el «Restaurador» no contraatacó y las tropas paraguayas quedaron como dueñas de las Misiones al sur del Río Paraná, que por lo demás, siempre estuvieron bajo la égida de Asunción. [6]

Las expediciones contra Rosas no sólo sirvieron para «foguear» al Ejército Paraguayo, sino para que el Imperio de Braganza diera una mano, tanto diplomática como militar, al país. En efecto, la diplomacia brasileña actuó decididamente en favor del reconocimiento de la Independencia del Paraguay cuando supo que Don Carlos Antonio López estaba en guerra con Rosas y hasta prestó cooperación militar, enviando a sus mejores oficiales-instructores a dar clases en los campamentos paraguayos. El Tte. Cnel. Hermenegildo de Portocarrero (luego Mariscal y Barón de Coimbra) fue instructor personal de Solano López, a quien recordó en la post-guerra de la Triple Alianza de manera muy elogiosa. [7]

El Cap. Villagrán Cabrita (posteriormente Brigadier, moriría en combate a manos de su mejor alumno durante la Guerra de la Triple Alianza) o el veterano Cnel. Luís Caminada, fueron algunos de los brasileños que formaron a los oficiales guaraníes en los cuarteles paraguayos así como en la Fortaleza de Humaitá, destacándose los frutos producidos en el arma de artillería pero también en el diseño de fortificaciones y trincheras. [8]

Llegó el 25 de diciembre de 1850. Paraguay firmó una Alianza Defensiva con el Brasil, que ya tenía todo aceitado para lanzar un golpe definitivo contra el General Rosas pocos meses después. No faltaron quienes aconsejaron a Don Carlos Antonio López aliarse directamente a los Braganza para obtener más réditos tras la caída del «Restaurador», pero fuera de algunos apoyos logísticos y de provisiones, Paraguay no envió hombres contra Buenos Aires en la «última ofensiva». Esto fue a causa de la desconfianza que sentían los López hacia el Gobernador de Entre Ríos, General Justo José de Urquiza (de quién sospechaban que deseaba anexar al Paraguay y que fue quien traicionó a Rosas, iniciando el 1 de mayo de 1851 levantamiento que terminaría derrocando al Gobernador de Buenos Aires). A ello se suma la determinación tomada por el Gobierno de Asunción de desalojar a las guarniciones ilegales brasileñas en el «Fecho dos Morros», en 1849-1850. Estas dos causas fueron determinantes para que en la fase final de la «Guerra contra Rosas», en los años 1850 – 1851, Paraguay adopte una postura meramente defensiva a pesar de que se hallaba en un conflicto bélico oficialmente declarado contra el Gobernador de Buenos Aires desde 1845 y que se cobró su cuota de sangre con la ocupación paraguaya de las Misiones al sur del Paraná, en 1848 – 1849. [9]

Después de la «Guerra contra Rosas», Paraguay recogió los laureles de la victoria con total justicia, especialmente por lo que realizó en 1845 – 1850. Volvería a su tradicional aislamiento (aunque ya nunca de manera tan radical como en la era del Supremo Francia), roto únicamente por ciertos momentos diplomáticos de alta temperatura. No sólo en lo internacional Paraguay salía de su «splendid isolation». En lo referente a la política interna, ciertas restricciones, necesarias en tiempos del Primer Supremo Gobierno, se iban levantando. El comercio, que sólo se llevaba a cabo anteriormente a través de Río Grande do Sul, empezó a expandirse al hacerse Villa del Pilar (Ñeembucu) la principal ciudad comercial del país, por donde pasaban todos los buques y transportes.

También adoptó el Gobierno de Asunción una política migratoria más flexible (a pesar de que ya existieron miles de inmigrantes que ingresaron al Paraguay en tiempos del Dr. Francia). Se establecieron leyes, muy avanzadas para la época, de protección de la propiedad intelectual y privada (aunque manteniéndose siempre la primacía del Estado).

A los Arsenales de la República, instalados durante la época de Francia, se unirían las fundiciones de hierro: la primera en Asunción, la segunda (y más famosa, por ser pionera en Sudamérica en la producción masiva a escala industrial) en Ybycui. Los astilleros se ampliaron y modernizaron, y con ellos, la marina nacional creció en tonelaje. Incluso la pequeña vía férrea (a tracción animal) que existía en el país en 1854 terminó expandiéndose tras el viaje del Brigadier General Solano López a Europa, quien adquirió montón de implementos, herramientas y la primera locomotora del país para ser instalados en Paraguay, con ayuda de cientos de técnicos extranjeros. Además, por iniciativa del mismo Solano López, se construyó entre Asunción y Paso de Patria la primera línea de telégrafos de Sudamérica. [10]

Entre Paraguayos y los habitantes del llamado «litoral» argentino (Corrientes y Entre Ríos) siempre existió una amistad profunda. Mutuamente se consideraban hermanos de sangre. Durante las sangrientas guerras internas de la actual República Argentina, miles de refugiados llegaban al Paraguay pidiendo asilo, y como hemos visto, el Dr. Francia no les cerraba las puertas. Así mismo, Don Carlos recibía a centenares de familias que huían de las matanzas en el vecino país. La mayoría eran correntinos y entrerrianos relacionados con las actividades políticas de la Confederación, y quienes debían escapar a causa de revoluciones y persecuciones. Los López, siguiendo la política de su antecesor, les brindaban generosas acogidas y todo tipo de protecciones. [11]

Así, la «República Campesina» creada, protegida y desarrollada por el Dr. Francia iba tomando otro aspecto: iba industrializando su producción, iba creciendo cada vez más, y la lógica consecuencia de todo esto era que el mercado interno paraguayo empezó a volverse incapaz de responder a la oferta. Cada vez más importante se hacía para los López mantener abiertas las líneas de comercio. [12]


REFERENCIAS.

1- Raúl Amaral: «Los Presidentes del Paraguay – Crónica Política (1844-1954)», Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol.50, p.24.

2- El Centinela (periódico): Editorial sobre el Natalicio del Mariscal López. Asunción, 24 de Julio de 1867.

3- Julio César Chaves: «El Supremo Dictador», p. 418. Madrid (1968).

4- Francisco Solano López: «Con la Rúbrica del Mariscal (recopilación de Juan Livieres Argaña)», tomo I, pp. 72-136. Asunción (1969).

5- B. Capdevielle, C. Oxibar: «Historia del Paraguay», pp. 252-253. Asunción (1959) – José María Paz a Carlos Antonio López. Colección O’Leary del Archivo Nacional de Asunción. Otra versión de esta epístola es citada por: Chevalier M., Aucaigne F. et al. (1869): «Les Contemporains Célébres Illustrés: 106 Portraits, 106 Études», págs. 196-199. París, Francia: Lacroix Verboeckoven et Cie. Editores.- Juan Bautista Alberdi, defensor de la causa paraguaya contra la Triple Alianza, al haber leído dicha carta comentó a Don Gregorio Benítez: «No hemos conocido jamás al Gral. Solano López. Pero el Gral. Bartolomé Mitre se reputaría feliz de poder mostrar a su respecto una palabra semejante del honrado y sabio Gral. José María Paz».

6- Gunter Kahle: «Franz Wisner von Morgenstern: Ein Hungar im Paraguay des 19.Jahrhunderts». Artículo de la «Mitteilungen des Osterreichischen Staatsarchivs», tomo 37, pp.198-246. Viena (1984).

7- Juan O’Leary: «El Mariscal Solano López», pp. 24-27. Asunción (1970).

8- Francisco Doriatoto: «Maldita Guerra: Nueva Historia de la Guerra del Paraguay», p. 58. Buenos Aires (2006).

9- Francisco Isidoro Resquin: «Datos Históricos de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza», pp. 9-10. Buenos Aires (1895). – Furtado, Joaci Pereira (2000): “A Guerra do Paraguai (1864–1870)”, p. 10. São Paulo: Saraiva

10- José María Rosa: «La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas», pp. 13-18. Buenos Aires (2008).

11- Justo Pastor Benítez: «Carlos Antonio López: Estructuración del Estado Paraguayo», p.125. Carlos Schauman Editor. Asunción, Paraguay (1990).

12- Como denomina, en un intento de neo-revisionismo histórico, el historiador brasileño Mario Maestri al Paraguay en su obra «Paraguay, la República Campesina: 1810-1865». Asunción (2016).  

Emilio Urdapilleta