El Parlante

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Asunción Salva a Buenos Aires de los Ingleses (1806-1807)

Un episodio todavía muy poco estudiado en la Historia del Paraguay, son las llamadas «Invasiones Inglesas» de 1806-1807. Una de las tantas, dicho sea de paso, que los piratas intentaron en la América Española y que casi siempre acabaron con estrepitosas derrotas en manos de los criollos y mestizos leales a los Reyes Católicos.

En este artículo breve nos concentraremos exclusivamente en las acciones de los paraguayos, no sin recordar antes que miles de hispanoamericanos de las demás provincias del Virreinato del Plata también combatieron y murieron en defensa de nuestras leyes y nuestras costumbres. Lastimosamente, como muchas veces ocurrió con el Reino de España, las grandes victorias militares eran seguidas de derrotas diplomáticas o políticas. En este caso, los porteños pronto traicionarían a su Rey y buscarían atarse al liberalismo británico en pos de una «independencia» que nunca fue. Los paraguayos, en cambio, supieron tomar otro camino…

Eran los tiempos de las Guerras Napoleónicas. El Gran Corso dominaba Europa y Gran Bretaña sólo tenía una sola alternativa para enfrentarlo: con su poderío naval. El «bloqueo continental» del Emperador Napoleón I Bonaparte estaba causando estragos y la alianza entre Francia y España se mostraba funesta para las aspiraciones británicas (a pesar de que esa unión estaba hecha con «plasticola», con los Borbones siendo hostigados en Sicilia, en 1806, por el hermano del Corso, José Bonaparte, quien luego sería proclamado, manu militari, Rey de España y ganándose el sobrenombre inmortal de «Pepe Botella»).

Gran Bretaña sólo tenía una opción: atacar al más débil, que en ese momento, parecía ser España. En Enero de 1806 organizó una expedición que llegó al Cabo de Buena Esperanza y que desde allí lanzaría una invasión a las provincias españolas en el Río de la Plata. Al frente de la operación se hallaba el Almirante Home Riggs Popham, el Marqués del Campo Mayor (de Portugal) y Vizconde Gral. William Beresford y el Gral. John Whitelocke, todos ellos al frente de una treintena de buques de gran porte y alrededor de 15.000 hombres.

Al frente de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, las principales amenazadas en la situación, se hallaba el Marqués de Sobremonte, quien por mucho tiempo había pedido refuerzos pues se hallaba enterado de la inminente batalla que estaba por estallar y al que le fueron negadas las tropas, salvo unos 1.000 paraguayos que le fueron enviados «a regañadientes» a finales de 1805 y principios de 1806 para reforzar a sus guarniciones en los alrededores de Montevideo, que serían alrededor de 2.500 hombres en total, incluyendo a los refuerzos. [Moreno, Fulgencio (1975): «Estudio sobre la Independencia del Paraguay», p. 376. Biblioteca de Clásicos Colorados, Vol. 3. Asunción, Paraguay: Casa América Editorial].

Los ingleses, enterados de que la crema y nata del Ejército Colonial Español (los paraguayos, expertos combatientes contra indios chaqueños y bandeirantes invasores) se hallaban navegando en los alrededores de Montevideo el 8 de Junio de 1806 pero cambiaron su plan inicial de ataque (que era, precisamente, ir rumbo a esa ciudad) y se dirigieron rumbo a Buenos Aires, donde la cosa parecía ser mucho más sencilla. De hecho, con increible facilidad los ingleses desembarcaron el 25 de Junio de 1806 y el día 26 ya ocupaban el actual barrio de Quilmes, en la capital porteña, casi sin resistencia.

La señal de alarma sonó en todo el Virreinato de las Provincias del Plata. El Marqués Rafael de Sobremonte hacía esfuerzos increíbles para aunar a las tropas y preparar un contraataque, pero la población porteña huía de Buenos Aires con todo tipo de tesoros, muchos de ellos robados a la Corona Española y que fueron entregados a los ingleses (tiempo después la historiografía argentina echaría la culpa de la «pérdida de los tesoros» al Marqués de Sobremonte, ignorando el hecho de que en Buenos Aires existían «próceres» absolutamente filo-británicos como Mariano Moreno, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, etcétera, todos vinculados a logias masónicas del rito escocés y que en ese primer instante, no se destacaron precisamente por sus virtudes patrióticas). [Vázquez Rial, Horacio (2012): «Santiago de Liniers», pp. 224-225. Buenos Aires, Argentina: Editorial Encuentro].

Pero a diferencia de la «extraña» actitud de varios de los futuros próceres de la República Argentina (que intentan menguar los historiadores falsarios con mitos y leyendas de supuestas mujeres que resistían a los ingleses con agua y aceite ardiendo arrojados desde las azoteas), lo cierto es que en las Provincias Interiores se estaba organizando la resistencia. El Capitán de Navío, Don Santiago de Liniers, quien fue Gobernador de las Misiones Guaraníes (con sede en Itapúa, Paraguay, en las villas de Encarnación y la Candelaria -hoy llamada Kambyreta-, donde nació su hija María Dolores y donde fue enterrada su mujer que murió en el parto), se hallaba entonces en Buenos Aires y fue el primero en organizar la resistencia. Liniers era profundamente devoto, en los días previos a la batalla asistía diariamente a la Santa Misa en la Basílica de Nuestra Señora de Pilar en Buenos Aires (fundada por el Obispo del Paraguay, Fray José de Palos, en 1734) y se quedaba durante la madrugada realizando adoraciones eucarísticas.

Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Buenos Aires, fundada en 1734 por Fray José de Palos, Obispo del Paraguay. Don Santiago de Liniers, profundamente devoto, acostumbraba celebrar Santa Misa en este lugar. En las vísperas de las batallas de 1806-1807 contra los ingleses, el Comandante Liniers y sus soldados de todas las provincias venían a este templo a realizar vigilias de adoración eucarística. Tras las victorias, se celebraron Te Deum en el día de Nuestra Señora de la Asunción. [Secretaría de Turismo de Buenos Aires].

Sobremonte (quien se hallaba entonces en la Ciudad de Córdoba, obedenciendo a antiguos planes de defensa establecidos por la Corona Española y no «por cobardía» como se aduce maliciosamente) había solicitado refuerzos y de nuevo, fue Paraguay el que respondió aun a costas de su propia seguridad, enviando 650 soldados con dos jefes (el Cnel. José Espínola y el Tte. Cnel. José Antonio Yegros, criollos), seis capitanes (entre ellos el español Pascual de Urdapilleta y Fulgencio Yegros, hijo de José Antonio) y 12 oficiales subalternos. Partieron de Asunción el 4 de Agosto y llegaron hasta el teatro de operaciones el día 11, exactamente cuando los soldados del Cap. Liniers, junto al Cnel. Pascual Ruiz de Huidobro, empezaron la «Batalla de Buenos Aires». Allí se hallaban unos 2.500 ingleses listos para el combate y que contaban con la superioridad de sus armamentos y provisiones contra la posibilidad del mayor número de soldados de las fuerzas hispanas. [Moreno (1975) op.cit. pp. 376-377)].

El 10 de Agosto hubo intercambio de tiroteos y cañonazos. Pero la Batalla empezaría el día 12. El Comandante en Jefe, Cap. Santiago de Liniers, desde su cuartel general en Plaza Miserere (hoy Plaza Once) contaba con unos 3.000 hombres (entre ellos 500 del contingente de 650 paraguayos enviados desde Asunción más otros tantos llegados de Montevideo; los restantes 150 del citado contingente fueron hasta el Puerto de San Nicolás, donde llegaron en Septiembre de ese año) para enfrentar a los 2.500 británicos en la ciudad. El combate se hizo metro a metro, cuadra a cuadra, casa por casa. Los ingleses, que iban sufriendo terribles bajas, se retiraban hasta que sólo terminaron poseyendo un último reducto, el día 14 de Agosto. [Vittone, Luís (1975): «Dos Siglos de Política Nacional», p. 25. Asunción, Paraguay: Dirección de Publicaciones de las Fuerzas Armadas].

Finalmente, con tremendo simbolismo histórico, el 15 de Agosto de 1806 se rendían las últimas tropas del Gral. Beresford en Buenos Aires. ¡En el día de Nuestra Señora de la Asunción!

En la Solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción, 15 de Agosto de 1806 y 1807, los ingleses fueron decisivamente derrotados por las fuerzas hispanas, con miles de paraguayos en el frente, durante las Invasiones Inglesas. Asunción fundó Buenos Aires, Asunción la Reconquistó. Los «próceres» porteños la entregaron a Inglaterra. [Wikimedia Commons].

Liniers celebró Te Deum de la Victoria en la Iglesia del Pilar junto a sus paraguayos (y otros tantos provincianos) ese día, consagrado a la Santa María Vírgen de la Santísima Asunción, cuya capital en el Paraguay una vez más volvía a dar vida a la Buenos Aires abandonada por sus criollos. Beresford firmó los acuerdos de paz el día 20 de Agosto, pero ya estaba proyectando su venganza junto a sus camaradas. Es que la derrota fue humillante: armas y banderas de Su Majestad Británica eran entregadas frente al Cabildo de Buenos Aires mientras cientos de prisioneros ingleses fueron enviados a Catamarca y Córdoba, entre ellos se hallaba uno de los regimientos de élite del Ejéricto Británico, el Royal Scotch Nº 71, que había brillado en las guerras napoleónicas en las campañas de Sicilia y Egipto. [López, Vicente Fidel (1920) «Manual de Historia Argentina», Cap. XLI. Buenos Aires, Argentina: Talleres Gráficos Argentinos]

El día 3 de Febrero de 1807 (de nuevo otro simbolismo paraguayo: Fiesta de San Blas, Patrono de los Guaraníes), los británicos lanzan su segundo ataque contra el Virreinato. Ahora sí iban rumbo a Montevideo. Unos 12.000 ingleses se enfrentaban a 10.000 hispanos (3.000 en la Banda Oriental, 5.000 en Buenos Aires). Los británicos ocuparon liderados por el Gral. Whitelocke ocuparon Montevideo y Colonia del Sacramento y para finales de Junio de 1807 se hallaban listos para asaltar, una vez más, Buenos Aires. [Castagnino, Leonardo (2011): «Guerra del Paraguay: La Triple Alianza contra los Países del Plata», p. 21. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Fabbro].

No obstante, el ataque inglés estaba perdiendo fuerza. La intención de los 12.000 liderados por Beresford y Whitelocke era ocupar toda la Banda Oriental y luego avanzar sobre Buenos Aires. Esto no se pudo lograr porque en el estratégico punto llamado Rincón de las Piedras, actual Departamento de Canelones en Uruguay, a finales de Junio de 1807, las fuerzas hispanas (que tenían alrededor de 500 paraguayos) detuvieron la marcha de los británicos y el 27 de Junio debió el Gral. Whitelocke tomar personalmente cartas en el asunto, haciendo el ataque a Buenos Aires sin lograr dominar todo el Uruguay como estaba en los planes. En la Batalla de Rincón de las Piedras fue donde más paraguayos murieron en defensa de la heredad hispana contra las Invasiones Inglesas de 1806-1807: al menos 150 muertos y 200 heridos, casi la totalidad de esa tropa. Entre los gravemente heridos se hallaba Fulgencio Yegros, el futuro prócer.

Una vez más, Liniers sería el organizador de la defensa y volvió a pedir refuerzos. Las provincias respondieron, entre ellas Paraguay, que una vez más donó su sangre, sudor y lágrimas contra los invasores británicos. El mismo Gral. Don Bernardo de Velasco, Gobernador del Paraguay, partió junto a sus nuevos contingentes. Fueron dos: el primero con 534 soldados enviados a Montevideo, entre los que se contaban los Cap. Manuel Gamarra, José Montiel y Cristóbal Insaurralde, que llegaron para apoyar a las tropas en Rincón de las Piedras, donde se hallaban Fulgencio Yegros y su hermano menor Antonio Tomás; el segundo partió rumbo a Buenos Aires con 314 paraguayos liderados por el mismo Gral. Bernardo de Velasco y entre los que se encontraba de nuevo el español Cap. Pascual de Urdapilleta y el criollo Tte. Pedro Antonio Herrera. [Vasconcellos, Víctor Natalicio (1983): «Lecciones de Historia Paraguaya», p. 115. Asunción, Paraguay: Imprenta Comuneros].

La Segunda Batalla de Buenos Aires duró todo el mes de Julio y los primeros días de Agosto de 1807 hasta que finalmente, las tropas británicas solicitaron el cese al fuego el 12 de Agosto de ese año y aunque parezca increíble, una vez más se rendirían el 15 de ese mes. ¡La Vírgen de la Asunción de nuevo hacía su aparición! En ambas campañas, los británicos sufrieron unas 5.000 bajas totales contra 3.000 de los hispanos.

Santiago de Liniers, nacido en Niort (ciudad reaccionaria de la histórica La Vendée) el 25 de Julio de 1753, fue el gran héroe de las expediciones. Aunque nacido francés, su lealtad fue siempre a Sus Majestades Católicas y la Corona Española. Los criollos y mestizos del Plata reconocieron en él al legítmo líder y vencedor de la contienda y lo nombraron por aclamación popular el 10º Virrey de las Provincias del Plata, reemplazando a Sobremonte, quien humildemente aceptó su destino. Además, Liniers es el único Conde de Buenos Aires oficialmente reconocido. Pero desde luego, los porteños, imbuidos por los ideales revolucionarios y liberales de Gran Bretaña y Francia, no tardarían en cumplir los mandatos de la insurrección masónica contra el Imperio Español. La «Revolución de Mayo» en 1810 empezaba su macabra marcha. El «Conde de Buenos Aires», buscando organizar una resistencia contra los insurrectos, se comunicó con varios realistas y planeaba establecer en el Paraguay de la Vírgen de la Asunción, que tantas victorias le dio, su bastión reaccionario. Pero fue capturado por los rebeldes porteños y fusilado en Cabeza de Tigre, Córdoba, el 26 de Agosto de 1810. La historiografía argentina hasta ahora busca hacer encajar su relato patriótico con la vil y cobarde ejecución del gran héroe contra las Invasiones Inglesas de 1806-1807. Los que trabajaron como espías de los británicos en sus logias, los que robaron los tesoros de Buenos Aires y se los entregaron a los corsarios de Beresford, Popham y Whitelocke, los que huyeron durante la batalla para luego aparecer en el festejo, los que finalmente fueron quienes ejecutaron el llamado «Plan Maitland» que los mismos ingleses no consiguieron efectuar… Esos son hoy los «próceres» de la Independencia Argentina. Algo que de verdad, algún día, los del vecino país deberían plantearse, como indica un escritor de esa tierra hermana. [Calabrese, Antonio (2012): «José de San Martín: ¿Un Agente Inglés?», pp. 185-192. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Lumiere].

El Vizconde William Carr Beresford (de rojo en primer plano) se rinde ante el Conde Santiago de Liniers (de azul en primer plano) tras finalizar las Invasiones Inglesas de 1806-1807. En esta guerra participaron más de 2.000 paraguayos. [Wikimedia Commons].

En Paraguay, la tragedia es distinta. La «legión paraguaya» se encargó de eliminar todo sentido de gloria y grandeza que nuestro país heredó de la época Imperial Española. Los historiadores porteños se auto-abrogaron (sin sustento alguno) el monopolio de la tradición imperial española en nuestra región y la historiografía legionaria poco o nada les ha contestado, muy por el contrario, por compromisos de secta y cofradía repiten todo lo que sus «Primeros Capos» afirman. ¡Los legionarios hasta hoy nos siguen robando el alma!

Es una tarea pendiente estudiar con más detenimiento la participación de los paraguayos en las invasiones inglesas (aunque por los números que en este breve artículo hemos presentado, habrían sido aproximadamente 2.000 a 3.000 de los nuestros, es decir, el 20 a 33% de todas las tropas movilizadas). Ni Santiago de Liniers, que tanto admiró al Paraguay (por el que luchó ya en sus tiempos de Gobernador de las Misiones Guaraníes y en donde, según la tradición oral, enterró a su mujer), ni Pascual de Huidobro, ni siquiera Bernardo de Velasco son debidamente reconocidos por su rol victorioso en esa primera gran guerra de nuestro país en el Siglo XIX. ¿Cuántas cosas aún quedan por descubrir? ¿Qué secretos se estarán ocultando?

Preguntas que deberán ser respondidas en otros estudios… Y en otras entregas…

5 COMENTARIOS

  1. Me gustó.
    El autor le pone épica.
    Hay algunas confusiones. Encarnacion ni fue capital de Misones ni la residencia del Francés héroe de las invasiones.
    La revolucion de mayo de 1810 no fue ni conducida por masones ni por filo ingleses.
    Me gustó.

  2. Liniers se levantó en contra de la Revolución de Mayo. No fue traición, ni cobardía fusilarlo. Fue evitar el nuevo liderszgo pro español. Bien fusilado está. Y con respecto al Paraguay, prefirió la esclavitud española primero, antes que la adhesión a la revolución (luego se aprovechó de la lucha para considersrse libre. Hasta hoy creo que la guerra de la Triple Alianza fue un atropello contrs el Paraguay liderado por los sanguinarios brasileños y apoyados por Mitre (pro británico) Pero los Argentinos pusimos la sangre luchando francamente. Los brasileños se dedicaron a Asesinar a sus niños y a su lugar lider. Lo siento pero no acompaño el rencor desubicado de este sitio.

    • Ernesto tengo una duda real, si Bs As seguir siendo fiel a Fernando como es posible que Linier siendo realista estuviera en contra e las pretenciones de la revolución? Es sabido que en la Argentina se mantuvieron los colores de los bobones y que la junta indicaba que seguía la fidelidad al rey español

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