BATALLA DE CURUZU

BATALLA DE CURUZU

150 AÑOS DE LA EPOPEYA GUARANÍ. 

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31 de Agosto – 3 de Septiembre.
1866.

El Ejército Aliado se hallaba reducido a la inmovilidad. Se metió en medio de una inmensa ciénaga impracticable, estaba constantemente hostigado por las fuerzas del Mariscal López, quien conocía el terreno, el clima y los elementos con que contaba para realizar su táctica defensiva, que fue «meticulosa y sencillamente admirable» (según el Coronel de Ingenieros de Estado Mayor del Ejército Francés, Nathanael Theodore Fix) y además, las enfermedades y la larga distancia de sus líneas de aprovisionamiento causaban constantes problemas.

El Gral. Manuel Marquez de Sousa, futuro Conde de Porto Alegre, molesto por la situación y harto de la inacción, buscó una alternativa y encontró que la posición llamada «Curuzu» podía ser ventajosa para facilitar las comunicaciones por río. Entonces, secretamente organizó una expedición hacia allí con gran cantidad de hombres cubiertos por las sombras de la noche y los islotes de los alrededores. 

En la medianoche del 31 de Agosto desembarcaron y pensaron que no habría resistencia. Grave error…

Varias patrullas paraguayas aparecieron «como criaturas del bosque» y los rociaron a tiros cuando empezó a clarear el día. Grandes bajas se dieron en el lado brasileño, y la flota aliada envío al buque de rescate «Eponina», un vapor de guerra que funcionaba como hospital, para salvar a los heridos. Aproximándose mucho este buque a la posición comprometida, un cañonazo paraguayo impactó directamente y de pleno en sus calderas, desatando un enorme incendio. A pesar de todos los esfuerzos hechos por los aliados, las llamas consumieron a todo el buque que debió ser hundido.

Desembarco del Ejército Argentino frente a las trincheras de Curuzú, el día 12 de Septiembre de 1866 (detalle). Fuente Imagen: De Cándido López – http://www.paseosimaginarios.com/NOTAS/candidolopez/1.htm, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15277724

Porto Alegre pidió auxilio al Almirante Tamandaré, y con todos los barcos disponibles enviaron una fuerza de desembarco de 8.000 hombres para auxiliar a la vanguardia aliada. El día 1 de Septiembre llegaron al lugar y avanzaron, tomando posición. Los patrulleros aliados se metieron en el bosque y descubrieron que en una elevación escogida y cuidadosamente camuflada, un fortín paraguayo fuertemente armado hacía de centinela y puesto de avanzada. Era el «Fuerte Curuzu», conectado con una larga línea de trincheras. 

Decidió el Conde de Porto Alegre tomar el fuerte a la manera clásica, con un ataque frontal. Esperó a que la Escuadra Aliada hiciera un trabajo de bombardeo y luego, al día siguiente, se avanzaría sobre la posición. Así, el Almirante Tamandaré mandó a sus mejores acorazados y cañoneras, entre ellos el buque insignia de la Armada Brasileña, el «Río de Janeiro».

Estos, durante todo el día 1 de Septiembre, bombardearon la posición. Pero no contaron con la implacable artillería paraguaya, que ya les había hundido el «Eponina» y ahora volvía a hacer lo propio: un certero cañonazo perforó la sólida coraza del «Río de Janeiro» y este quedó a la deriva, escorando como para hundirse rápidamente. 

Los brasileños, que conocían el protocolo de la guerra fluvial, pronto enviaron otros buques para remolcar al «Río de Janeiro» y hacerlo encallar en alguna posición segura donde pudiera ser reparado. Pero ese esfuerzo fue en vano… El «tiro de gracia» vino por parte de un «bogavante» paraguayo desconocido, quien lanzó sobre el acorazado brasileño un torpedo que estalló de manera impresionante, matando a todos los que intentaban rescatarlo y partiéndolo por la mitad. Se hundió en 10 minutos.

Terriblemente desmoralizados al ver hundido su buque insignia, los brasileños pensaron en la retirada. Pero el Conde de Porto Alegre era de verdadera pasta guerrera. Personalmente se metió en las posiciones ocupadas por los brasileños y ordenó el ataque contra Curuzu. Era ya el día 3 de Septiembre, y tras una sangrienta escabechina, carnicería mortífera en la que los paraguayos (unos 2.500 liderados por el Tte. Cnel. Antonio «Kala’a» Gimenez) combatieron con su habitual ferocidad con el machete, se enfrentaron a más de 8.000 aliados. Unas 1.500 bajas en ambos bandos fue el resultado de esa tremenda «Batalla de Curuzu», pero eventualmente el fuerte cayó en manos brasileñas.

El mismo día del hundimiento del «Río de Janeiro», la cañonera brasileña «Itajahy» había ido hasta el lugar donde escoró el buque insignia brasileño para buscar supervivientes. De nuevo, los paraguayos no dejaron escapar la oportunidad. Según reporta la prensa francesa que se encontraba en el lugar en la «Revue Maritime et Coloniale», un disparo que salió del Fuerte Curuzu impactó en el «Itajahy» que, al igual que el «Río de Janeiro» terminó hundiéndose frente al citado fuerte. 

Así, la toma del Fuerte Curuzu costó a los brasileños al menos 1.500 bajas y la pérdida de tres embarcaciones (Eponina, Río de Janeiro e Itajahy). «Victoria Pírrica» le dirían en otros lados.

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FUENTES: 
*Revue Maritime et Colonial – París, Francia (1868).
*Nathanael Theodore Fix: «La Guerre du Paraguay» – París, Francia (1870).
*George Thompson: «The War in Paraguay» – Londres (1869).
*Francisco Doriatoto Monteoliva: «Maldita Guerra» – Buenos Aires (2008).

Emilio Urdapilleta

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