Batalla de Ytororo: táctica sobre estrategia

Batalla de Ytororo: táctica sobre estrategia

En la llamada «Dezembrada», la Triple Alianza llevó a cabo una maniobra estratégica largamente esperada por ambos bandos. Por primera (y única vez) en toda la guerra, la flota brasileña fue utilizada para una operación que no fuera simplemente cruzar ríos o bombardear posiciones a la distancia. Se logró una operación conjunta que consistía en transportar en la retaguardia del Ejército Paraguayo al grueso de las fuerzas aliadas.

El Mariscal Presidente del Supremo Gobierno de la República del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, sabía perfectamente que esto podía ocurrir. Sobre todo porque él mismo había realizado una operación similar cuando construyó la «carretera del Chaco» para su retirada estratégica hasta la posición defensiva del Pikisyry, una retirada que fue forzada principalmente por las terribles consecuencias de la «Conspiración» en Asunción.

Lastimosamente, Paraguay ya no contaba con suficientes soldados para cubrir su retaguardia y el Mariscal Presidente prefirió seguir al pie de la letra el principio de «concentración de fuerzas»: mantuvo al grueso de su tropa (unos 17.000 soldados) defendiendo la «línea del Pikisyry» donde se hallaban presionando fuertemente los aliados. De hecho, varias tentativas de avance en dicha posición fueron detenidas con graves consecuencias para la Triple Alianza en noviembre de 1868. Por esta razón, cuando los aliados desembarcaron en las proximidades de la actual Villa de San Antonio, en el Departamento Central, poco o nada se podía hacer abiertamente para impedirlo. De allí que algunos dijeran que en esta maniobra el entonces Marqués de Caxias «sorprendió totalmente» al Mariscal López. En realidad, el que terminó siendo sorprendido, al menos al principio, fue el líder brasileño.

En los días 3 y 4 de Diciembre de 1868, unos 12.000 soldados de la Triple Alianza desembarcan en San Antonio y encuentran a las posiciones abandonadas. La desolación sorprendía a quienes estaban acostumbrados a que los paraguayos resistieran metro a metro de terreno. Envalentonados, los brasileños aceleran las operaciones y comienzan su marcha el día 5. Cubrieron aproximadamente 8 kilómetros de distancia, y salvo algunas patrullas de observación y tiroteos aislados, nada ocurría.

Los exploradores aliados comunicaron que debía cruzarse por el arroyo Ytororo para alcanzar la posición de los paraguayos. Caxias dudaba: era muy consciente de las varias «celadas» que el Mariscal López tendió a la Triple Alianza durante toda la contienda, que ya duraba muchísimo más de lo esperado. Sus generales presionaron: el Ejército Paraguayo ya estaba acabado, poco o nada resistirían ante la superioridad numérica y hallándose enteramente rodeado. Finalmente, el Marqués decidió enviar a una vanguardia de observación a cargo del Cnel. Juan Niederauer quien al regresar reportó que el puente estaría defendido a lo sumo por unos 50 tiradores paraguayos, quizás 500 hombres incluyendo a los que estarían en los alrededores.

Así pues, Luis Alves de Lima y Silva decide atacar y cruzar por el puente el día 6 de Diciembre. Los Coroneles Niederauer y Fernando Machado de Souza encabezaron el avance y cuando llegaron a la posición, solo vieron a algunos paraguayos ubicados al otro lado del puente, distantes. Eran aproximadamente las ocho de la mañana cuando se realizó el primer intento de cruce…

De repente, sin que nadie lo hubiera esperado, como por arte de magia aparecían los soldados guaraníes de la división dirigida por el Gral. Bernardino Caballero, quien cumplió las órdenes del Mariscal Presidente Francisco Solano López con total cabalidad. Muchos de ellos, dirigidos por el Cnel. Germán Serrano, se hallaban ocultos en los bosques aledaños e incluso sumergidos bajo el agua y el barro del arroyo. En total unos 5.000 paraguayos incluyendo a la caballería (los «akä morotï») del Cnel. Valois Rivarola que se encontraban en los flancos de la posición.

Se desató una terrible carnicería de la que casi ningún brasileño salió vivo. Machado cayó muerto con sus soldados mientras que Niederauer se retiró herido y dio aviso a sus superiores. Caxias ordena enviar refuerzos, unos 5.000 hombres en la segunda marcha sobre el puente que inicialmente logran cruzarlo hasta que una espectacular balacera de las fuerzas de Caballero y Serrano, a las que se unieron las tropas del Cap. José Romero quien se hallaba en la retaguardia de reserva, logró por segunda vez poner en huida a los aliados invasores. Niederauer, enfurecido y a pesar de haber sido herido, ordena una tercera carga con las tropas que quedaban pero el resultado se repite: los brasileños toman momentáneamente el puente, pero luego son expulsados. En esta ocasión, interviene el Cnel. Valois Rivarola quien con sus jinetes echan del lugar «a sablazos» a los aliados.

Monumento de la Batalla de Ytororo, el 6 de Diciembre de 1868, cuando 5.000 paraguayos hicieron una carnicería con 12.000 brasileños. [Imagen: El Parlante].

El arroyo Ytororo estaba teñido en sangre. Los brasileños pedían al entonces Marqués de Caxias que espere hasta que llegue el belicoso y bravo General Osorio para que se pueda solucionar el inconveniente. Esto aparentemente «levantó ronchas» en el campamento brasileño, pues el futuro Mariscal Manuel Luis Osorio se convertiría en uno de los líderes políticos del liberalismo y progresismo republicano brasileño, mientras que el acicalado y encumbrado Duque de Caxias era considerado un rancio ultra-conservador del Imperio. Así, un testimonio brasileño, favorable al Gral. Osorio, anota con algo de maligno, más o menos:

«Viendo la situación desesperada, y después de varios pedidos de auxilio, en fin, viendo al General Gurjao gritar «síganme los que de verdad son brasileños para que vean cómo muere un general de la Patria», el anciano Duque de Caxias desenvaina con cierto esfuerzo su espada, de la que vuelan óxido y telarañas, gritando «a la carga» y apuntando hacia el lejano puente».

Todo este histrionismo, empero, ya fue algo tardío. Los paraguayos, cansados de acribillar brasileños en el puente del Ytororo, se quedaron sin municiones y también cargaban con algunos heridos a cuestas. Sin embargo, tuvieron tiempo de matar, en la cuarta y última carga, al mencionado Gral. Hilario Gurjao antes de emprender la retirada en perfecto orden.

Los Aliados reportaron unas 1.800 – 2.500 bajas totales (muertos, heridos y desaparecidos) tras la sangrienta «Batalla de Ytororo», que empezaron a llamarla «las Termópilas del Paraguay». Hoy en día se acepta que en realidad sus pérdidas humanas estarían en torno a los 4.000 hombres, como mínimo. Por el lado paraguayo, de manera consistente, se estiman unas 1.200 – 1.500 bajas totales.

Si bien es cierto que en la llamada «Dezembrada» los Aliados impusieron, por una vez, su capacidad de utilizar de manera estratégica sus recursos muy superiores para torcer el rumbo de los acontecimientos, en la llamada «Batalla de Ytororo» el Mariscal López también demostró su gran fineza y habilidad como táctico defensivo para desangrar terriblemente, con el efectivo apoyo de sus oficiales, a sus enemigos mucho más numerosos. En este choque, la táctica y la estrategia mostraron todas sus facetas.

Emilio Urdapilleta

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