El Parlante

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150 años de la muerte del Mariscal López - Los jóvenes periodistas escriben Grandes Batallas de la Historia Historia del Paraguay Historia Universal

Crimea: La Primera Guerra Moderna (1853-1856)

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Fusil Minié, artillería avanzada, guerra de abastecimientos, fortalezas y trincheras modernas, heroísmo romántico y gloriosas tragedias. Eso y mucho más fue la «Guerra de Crimea» (1853-1856), conflicto bélico que además cuenta con otras cosas muy peculiares, como las primeras fotografías bélicas de la historia y el perfeccionamiento de una técnica que ya había aparecido en conflictos anteriores pero que aquí alcanzaría las versiones más conocidas en nuestros días: la propaganda.

Y para el Paraguay, este conflicto bélico tendría su importancia…

1- ORÍGENES DEL CONFLICTO.

Esta contienda tiene como peculiaridad que es bastante difícil explicar sus causas y orígenes. Existe un consenso más o menos generalizado que el principal motivo de la contienda fue la creciente debilidad del Imperio Otomano, que en ese momento se hallaba en franco declive. Ya en la «Guerra de Independencia de Grecia» (1821-1829) los turcos habían sufrido una dolorosa derrota a manos de los patriotas griegos que recibieron todo tipo de apoyos de las potencias europeas. La recuperación de Atenas para la cristiandad fue algo celebrado en todo el Viejo Mundo y el famoso poeta Lord Byron había participado personalmente en esa odisea que parecía lejana, inalcanzable.

Ese eco aún retumbaba muy fuerte 25 años después. Pero lo que en Grecia fue romanticismo, cooperación, cristiandad y leyenda en largos años de idealizadas batallas, en Crimea sería una carnicería despiadada en dónde ninguna de las grandes potencias involucradas daría espacio a ideales superiores más allá de la pequeña y sucia política.

El Imperio Ruso sentía la oportunidad. El mismo Zar de todas las Rusias, Nicolás I, quien había prestado importante apoyo a Grecia contra los turcos, era el que veía con intenso deseo la posibilidad de capturar una buenísima presa que haría reverberar a todo el mundo: Constantinopla. Era un viejo sueño acariciado por todos los cristianos, recuperar una de las legendarias joyas de la cristiandad que por 400 años se hallaba en manos del invasor musulmán.

Probablemente el Zar Nicolás I pensó que tendría el apoyo de todas las naciones de occidente tal y como había ocurrido en la Guerra de Independencia de Grecia, cuando los patriotas griegos fueron socorridos por todas las grandes potencias… Pero una cosa era la «Independencia» griega y otra muy distinta que Rusia «conquiste» la antigua Bizancio.

Un Zar Guerrero: Nicolás I de Rusia. Participó de varios conflictos bélicos y buscó la conquista de Constantinopla en la Guerra de Crimea (1853-1856). Pero su Ejército, aunque numeroso y valiente, estaba mal armado y abastecido. Su estatura era cercana a los dos metros. [RBTH].

Esa posibilidad, desde luego, era bastante temible. La Iglesia Católica Ortodoxa de Rusia se hallaba sin su sede apostólica desde 1453 cuando Constantino XI Palaiologos había muerto en batalla, prefiriendo el martirio a la rendición, en los fatídicos días en que el gran Mehmet II conquistó la mítica ciudad fundada por otro Constantino, el primero de ellos, en el 330 AD.

Imagínese pues el inmenso poder cultural y religioso que habría adquirido la Rusia de los Zares si eran ellos quienes reconquistaban Constantinopla. Esto sin mencionar que dicha ciudad domina un punto geostratégico: el «Cuerno de Oro» en donde pasa el Estrecho del Bósforo, que conecta el Mar Negro con el Mármara y luego el Mar Egeo. Ya en tiempos ancestrales, Constantinopla era lo que era por su espectacular posición, dominando prácticamente todo el Próximo Oriente, siendo la puerta principal entre Europa y el Levante.

Ni Inglaterra, ni Francia podían permitir que Rusia obtenga semejante trofeo. Napoleón III, a la sazón Emperador de los Franceses, apeló a los derechos de la Iglesia Católica para controlar o al menos tener prerrogativa sobre Bizancio (aunque el Beato Papa Pío IX no se pronunció al respecto) y desde luego, el Imperio Británico, que entonces era la principal potencia naval, sabía que Rusia era un enemigo demasiado poderoso como para permitirle avanzar de tal manera hasta las preciadas posesiones coloniales inglesas en Próximo Oriente.

Pero… ¿No se podía llegar a un acuerdo, quizás a la administración conjunta de Constantinopla, quizás entregarla a una nación neutral fronteriza, quizás hacerla parte de los Estados Pontificios que entonces aún existían y dejar a Rusia utilizar libremente el paso del Bósforo?

Son preguntas que muchos historiadores hasta hoy se hacen. No faltan los que piensan que la Guerra de Crimea fue un absurdo total, que la intervención franco-británica en favor del Imperio Otomano fue simplemente prolongar la agonía de los turcos, que luego de esto todavía tendrían tiempo, sesenta años después, de pagarles aliándose a las Potencias Centrales en la Primera Guerra Mundial. Pero, sin duda, debemos señalar también la enorme hipocresía de las potencias occidentales, Francia e Inglaterra: los primeros, con Napoleón III, hacían y deshacían en Italia a expensas de los Estados Pontificios, invadían México, conquistaban posiciones coloniales africanas y reclamaban territorios palestinos como suyos; los segundos, ya en la Era Victoriana, rapiñaban la India y África, hacían la guerra a China por el opio y cañoneaban a mansalva a sus enemigos en los océanos…

2- LAS PRINCIPALES ACCIONES.

Con la excusa de «proteger a las poblaciones cristianas» en Oriente Próximo, Rusia desplegó sus tropas rumbo a los Principados de Moldavia y Valaquia, que en ese entonces eran protectorados del Imperio Otomano. En Julio de 1853 las ocuparon y generaron la pronta reacción de Napoleón III, quien se declaró a sí mismo «protector de los cristianos» (también) de la zona y defensor de los derechos de la Iglesia Católica (no sin hipocresía de su parte). Los rusos continuaron avanzando y el 4 de Noviembre de 1853 se enfrentaron en el primer gran choque de la guerra a los turcos en la Batalla de Oltenita, a la izquierda del Río Danubio. La batalla, curiosamente, fue favorable para los turcos pero estos no tenían suficiente capacidad militar para resistir por largo tiempo y terminaron retirándose. Así, los rusos ocuparían toda la zona y amenazarían con avanzar hasta el interior de la misma actual Turquía.

El Emperador de los Franceses, Napoleón III, en fotografía c. 1860. En ese momento, el sobrino del Gran Corso Bonaparte se hallaba en la cúspide de su poder político. Era el «Árbitro de Europa». [Wikimedia Commons].

El 30 de Noviembre de 1853, los rusos obtuvieron una enorme victoria naval contra los otomanos en la Batalla de Sínope, donde la flota zarista obtuvo un dominio decisivo sobre el Mar Negro, dejando a la armada turca prácticamente fuera de combate. Fue por esta acción que Gran Bretaña y Francia intervinieron ya de manera abierta enviando sus flotas y hombres.

A pesar de estas victorias iniciales en la campaña de los Balcanes, los rusos no pudieron doblegar la dura resistencia otomana, dirigida entre otros, por el Gral. Omar Pashá, un tenaz comandante de orígen austríaco y cristiano que se puso al servicio del Sultán Abdulmejid, entonces el Emperador Otomano. A pesar de los varios asedios de los rusos en las posiciones de Calafat y Silistra, con superioridad de hombres y material, no fueron capaces de romper las defensas turcas. Los Otomanos resultaron ser un hueso duro de roer.

Para colmo de males, en Junio de 1854 llegaban las tropas franco-británicas dirigidas por el francés Mariscal Jacques de Saint Arnaud y el británico Almirante Edmund Lyons. En el caso ruso, los comandantes en jefe eran allegados directos del Emperador Nicolás: el Almirante Príncipe Menshikov y el Gral. Príncipe Gorchakov.

Para inicios de Septiembre de 1854, las tropas aliadas lograban desalojar completamente a los rusos de los Balcanes y la ocasión fue aprovechada por el Imperio Austríaco, que como nación neutral, convirtió a las posiciones recapturadas en parte de sus dominios como «protectorado».

En el Mar Negro ya existían varias escaramuzas y cañoneos entre ambos bandos al menos desde Marzo de 1854. La flota anglo-británica había bombardeado severamente la Ciudad de Odessa y en Julio de 1854, los soldados rusos se dirigían rumbo a su cuartel general en la Ciudad de Sebastopol, en donde la famosa fortaleza resistiría un terrible asedio.

En Septiembre de 1854, las fuerzas aliadas desembarcan en la Península de Crimea y el primer gran enfrentamiento en la zona se produce en la Batalla de Alma, el día 20 de ese mes. Los rusos se hallaban en una posición fácilmente defendible pero no esperaron que los aliados utilizaran una táctica tan audaz con sus fuerzas navales para mover a sus tropas en los flancos zaristas. Así, los 45.000 aliados derrotaron a 30.000 rusos con unas 5.000 bajas por bando. En un frente secundario, el Cáucaso cerca del actual Irán, se dio sin embargo una tremenda batalla en la que 20.000 rusos derrotaron a 40.000 turcos en la Batalla de Kurekdere, el 6 de Agosto de 1854.

Sin embargo, los aliados fueron muy lentos para explotar ese éxito y los rusos tuvieron tiempo de reforzar sus defensas hasta que lograron una pequeña venganza en la famosa Batalla de Balaclava, el 25 de Octubre de 1854. En este combate, los ingleses sufrieron uno de sus episodios militares más trágicos y a la vez heroicos: la «Carga de la Brigada Ligera», que resultó en masacre: de los 700 miembros de ese cuerpo, se reportaron al menos 300 bajas (quizás hayan sido el doble). El episodio fue magnificado por la misma propaganda inglesa, por los opositores a una guerra que los británicos no querían ni entendían y que se hacía exclusivamente para evitar el expansionismo ruso, que al pueblo inglés le daba igual que lo mismo. A pesar de la derrota, sin embargo, los ingleses conviriteron a esta masacre en una épica cantada en poemas y versos patrióticos, como el famoso escrito de Alfred Lord Tennyson, donde se exalta el heroísmo y la tragedia.

En la Batalla de Balaclava se dio la famosa «Carga de la Brigada Ligera», la Caballería Británica del Regimiento 93 que terminó siendo masacrada por los rusos. Los ingleses, expertos en publicidad y propaganda, convirtieron a una derrota de poca monta en una épica de proporciones gloriosas y trágicas. [Wikimedia Commons].

Sin embargo, los aliados continuarían avanzando. Es aquí cuando empieza un clásico de la historia militar moderna, el «Asedio de Sebastopol», la famosa fortaleza del Imperio Ruso en el Mar Negro. Este famoso sitio duraría desde el 17 de Octubre de 1854 hasta el 9 de Septiembre de 1855. Varias batallas tremendas se dieron en torno a este baluarte zarista, es la parte central de la Guerra de Crimea: el 5 de Noviembre de 1854, unos 15.000 franco-británicos dirigidos por el inglés Mcal. Fitzroy Lord Raglan vencieron a 40.000 rusos del Príncipe Mershikov en la Batalla de Inkerman. El 17 de Febrero de 1855, los turcos lograron otra victoria en la gran Batalla de Eupatoria. 30.000 otomanos dirigidos por el Gral. Omar Pasha pusieron en retirada a unos 20.000 rusos. Mientras, en los mares, los franco-británicos establecido su superioridad naval tras derrotar a los zaristas en varios combates contra fortificaciones y buques rusos en el Mar Negro y el Mármara, aunque también se dieron combates en las aguas del Báltico e incluso en el Océano Pacífico, donde las flotas aliadas aprovecharon la indefensión rusa para ocupar algunas islas y bases de su enemigo. Un resultado similar, es decir victoria aliada, se dio el 16 de Agosto de 1855 en la Batalla de Chernaya.

De nuevo, los rusos tendrían su desquite, una vez más contra los ingleses a quienes vapulearon en la Batalla del Redán, en donde 7.000 soldados zaristas derrotaron al ataque de 11.000 «casacas rojas» británicas el 8 de Septiembre de 1855. Pero ese mismo día, 70.000 franceses infligieron una derrota decisiva a 60.000 rusos en la Batalla de Malakoff, cayendo al fin luego de varios meses, la legendaria fortaleza de Sebastopol.

Los rusos tendrían tiempo de lanzar un último contraataque victorioso que concluiría el 29 de Noviembre de 1855 en el Asedio de Kars, donde los zaristas vencieron a las tropas turco-británicas luego de varios meses. Sin embargo, esta victoria en el Cáucaso no afectaría al resultado general de la guerra que ya estaba concluida: el plan del Zar Nicolás I fue fraguado. La triple alianza franco-turco-británica había prevalecido…

3- CURIOSIDADES DE ESTA EXTRAÑA GUERRA.

A pesar del triunfo final aliado, en Inglaterra se tomó a la contienda como una verdadera derrota. Y no era para menos: la participación del ejército británico en la campaña fue deplorable. No vencieron en ninguna sóla batalla importante de manera individual, sólo obtuvieron triunfos menores o acompañados por los otros ejércitos. La presión social y política fue tanta contra el Gobierno Inglés por la pésima conducción militar, que varios miembros del gabinente, incluido el Primer Ministro Lord Aberdeen, renunciaron.

La Francia de Napoleón III fue considerada como la gran vencedora de la contienda. A pesar de las enormes bajas sufridas, el prestigio militar francés volvía al máximo histórico y el sobrino del Gran Corso se convertía en el «Árbitro de Europa», sin duda enorgulleciendo al linaje Bonaparte. Ya había logrado notoriedad en 1849 cuando se alió al Imperio Austríaco que dirigido por el Mariscal Josef Radetzky había derrotado a los revolucionarios italianos Giuseppe Garibaldi y Giuseppe Mazzini en la Primera Guerra de Independencia de Italia. Pero en 1853-1856, su influencia alcanzó niveles supremos, que se acrecentarían en 1859, una vez más en la Península Itálica. Pero los desastres de la Campaña de México y posteriormente la Guerra Franco-Prusiana, serían su ruina.

En la Guerra de Crimea, empezaron a aparecer las primeras armas y tácticas modernas del arte de la guerra. El fusil de ánima lisa empezó a ser reemplazado por el fusil rayado o rifle. El más famoso fue el «Minié», fusil que lanzaba proyectiles rayados que tenían mayor precisión, mayor alcance y mayor potencial dañino que las balas anteriores. También aparecen aquí las nuevas embarcaciones navales, con acorazados y cruceros de batallas con cañones y protecciones superiores. Los telégrafos empiezan a inaugurarse, aunque aún no tendrían la importancia que alcanzarían en años posteriores. La modernización de los sistemas militares tuvo un gran impulso y las guerras de fortalezas y trincheras debió ser mejorada para ponerse a la par de las nuevas armas de ataque.

También, en la Guerra de Crimea aparecen las primeras enfermeras modernas, encabezadas por la célebre Florence Nightingale, quien no sólo pidió ser ayudada por otras mujeres sino también recibir capacitación y la posibilidad de formar oficialmente del cuerpo médico y no sólo como voluntarias. Ese deseo sería concedido y se puede decir que las primeras médicas y enfermeras «oficiales» de la historia surgen de este conflicto bélico.

Florence Nightingale y sus compañeras son consideradas las primeras «mujeres sanitarias» de la era moderna. La Guerra de Crimea tiene varios episodios que sin duda, indican el inicio de las nuevas técnicas y métodos de guerra que han influenciado hasta nuestros días. [Pinterest].

Además, la Guerra de Crimea es considerada como la «primera guerra fotografiada». Los primeros daguerrotipos y fotografías empezaron a tomarse en estos campos de batalla, algunos de ellos se hicieron enormemente famosos, motivaron verdaderos debates en la prensa y el público que empezaba a ver estas imagenes con sorpresa, estupor y asombro: en las guerras, según se dice, se ve lo mejor y lo peor de los seres humanos y ahora esto quedaba fotografiado.

Finalmente, para el Paraguay, esta contienda tiene su importancia: el joven Gral. Francisco Solano López Carrillo, diplomático de nuestro país ante los Gobiernos de Europa, participó de ella como «attaché militaire» en el Ejército Francés. Nos lo dicen varias fuentes, la más reciente y valiosa de ellas es el autor italiano Gabriele Esposito:

«En 1853, López fue enviado a Europa por su padre como Ministro Plenipotenciario (…). En la Capital Francesa, asistió a clases militares como estudiante invitado en la École Spéciale Militaire de Saint Cyr (en ese tiempo, la mejor escuela militar del mundo). Durante su estadía en París, López se ganó la admiración del Emperador Francés Napoleón III, quien le otorgó el honor de dirigir un gran desfile militar y le condecoró con la Legion d’Honneur. El futuro líder paraguayo luego fue a Crimea, como observador militar adjunto al contingente francés. Esta fue una experiencia muy importante para Francisco Solano López, quien fue capaz de observar las más recientes innovaciones militares en el campo». [Esposito, Gabriele (2019): «The Paraguayan War 1864-1870: The Triple Alliance at Stake in la Plata», p. 20. Londres, Gran Bretaña: Bloomsbury Publishing].

El futuro Mariscal Presidente del Paraguay habría estado en la zona entre Agosto y Octubre de 1854, lo que significaría que quizás participó de las batallas de Alma, Kurekdere, el inicio del Asedio de Sebastopol y quizás Balaclava antes de regresar de partir rumbo a Paraguay a mediados de Noviembre de 1854. Y no podemos descartar la posibilidad de que haya participado en los planes militares e incluso dirigido tropas. En esa época, no era nada raro que los «attaché» militares presten su servicio o consejos al Estado Mayor en donde se encontraban como observadores, que en este caso sería el del Mariscal Saint Arnaud de Francia. Como ejemplo digamos que el británico Gral. Edward Stopford Claremont sirvió como «attaché» en el Ejército Francés durante la contienda en Crimea, siendo él miembro de la Embajada Británica en París. Otros ejemplos serían los generales italianos Alberto y Alessandro de La Marmora, quienes entonces eran guerreros por la unificación italiana bajo el Rey Víctor Emanuel y que dirigieron tropas en Crimea junto a unos 15.000 soldados piamonteses que Piamonte y Cerdeña aportaron a Napoleón III.

El futuro Mariscal Presidente Francisco Solano López Carrillo habría participado en los primeros combates del Asedio a Sebastopol durante la Guerra de Crimea, como attaché militaire del Ejército Francés. Esto ya era mencionado, aunque sin darle mucho crédito, por el mismo Sir Richard Francis Burton pero hoy parece estar plenamente confirmado, aunque se desconocen aún muchas cosas sobre el paso del Héroe Máximo del Paraguay en Crimea. [Prisma/UIG/Getty Images]

Es interesante señalar, además, que el Gral. Solano López había recibido precisamente de Francia y del Rey Víctor Emanuel las condecoraciones que orgullosamente portaba en su uniforme. ¿Habrán sido regalos por su participación en Crimea?

Esa y varias preguntas quedan respecto a la participación de Solano López en Crimea. ¿En qué condición estuvo allí? ¿Dónde exactamente habría estado, es decir, en qué batallas? ¿Tuvo más participación que la de un simple attaché militar?

La Guerra de Crimea todavía presenta muchas interrogantes, especialmente para los paraguayos, aunque pareciera ser imposible tal cosa…

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