CURUPAYTY, TUMBA DE LA ALIANZA

CURUPAYTY, TUMBA DE LA ALIANZA

150 Años de la Epopeya Guaraní.
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22 de Septiembre de 1866:

Los Ejércitos Aliados se habían metido en la trampa que les tendió el Mariscal López. Lejos de sus bases de abastecimiento, en medio de ciénagas insalubres e impracticables, aniquilado en la Primera Tuyuti cualquier intento de apertura de un «Segundo Frente» desde Encarnación (como lo explica el Cnel. Fix del Estado Mayor del Ejército Francés), la situación no era peculiarmente buena.

Después de la Batalla de Curupayty, de Cándido López. 1893, Museo Nacional de Bellas Artes. Imagen Fuente: De Cándido López – NgG6ivepZDbOUg en el Instituto Cultural de Google resolución máxima, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21880850

La victoria pírrica en Curuzú no había sido sino una carga para la Alianza, que apenas podía sostener la posición bajo el constante hostigamiento que sufrían por parte de los paraguayos. Era necesario «patear el tablero». Levantar de una vez por todas la moral de la tropa, obtener una victoria decisiva y a viva fuerza para demostrar al Mariscal López, sobre todo después de la Conferencia de Yatayty Corá, que era inútil seguir resistiendo.

Así, el Gral. Bartolomé Mitre ideó su plan más audaz. 20.000 soldados de la Alianza apoyados por 2.000 jinetes del Gral. Venancio Flores y la Escuadra bajo mando del Almirante Tamandare, debían tomar por asalto en una operación perfectamente combinada a la línea defensiva denominada «Curupayty».

No podemos saber si fue arrogancia, mal genio, descuido, soberbia o todas juntas lo que hizo que tanto el Gral. Mitre como el Almirante Tamandare consideraran que el ataque sería «irresistible» para los paraguayos. Pero sí sabemos que los brasileños conocían la línea de Curupayty, pues varios de sus mejores soldados (entre ellos el Gral. Portocarrero, maestro del Mariscal López, ó el fallecido Cnel. Cabrita) estuvieron allí en tiempos de la Guerra Contra Rosas y quizás engañados por lo que habían visto hacía más de 10 años, pensaron que en Curupayty no había nada qué temer. «Descangalhare Curupayty em duas horas», cuenta la leyenda que Tamandare dijo a Mitre en el Estado Mayor Aliado. El único que sabía que la operación era muy arriesgada, era el curtido Venancio Flores, pero permaneció en silencio.


Bombardeo de la Marina del Brasil sobre el Fuerte de Curupayty. Pintura de Cándido López. Imagen Fuente: De Cándido López – http://www.paseosimaginarios.com/NOTAS/candidolopez/1.htm, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15279512

Una vez más, sin embargo, los Aliados no contaron con el genio creador, las admirables concepciones defensivas y la voluntad de fierro del Mariscal López (como diría el ya mencionado Cnel. Fix).

El Supremo y Presidente del Paraguay ordenó que las posiciones defensivas en Curupayty fueran reforzadas de la mejor manera posible, haciendo trazar una línea defensiva perfeccionada que iba desde el Río Paraguay hasta la Laguna Piris. 5.000 soldados con trabajo incesante y durante 15 días hicieron de la posición una verdadera fortaleza inexpugnable. Los ingenieros Cnel. Wisner von Morgenstern (austro-húngaro), Tte. Cnel. Ludwik Mieszkowsky (polaco-prusiano) y Myr. George Thompson (inglés) siguieron las órdenes del Mariscal López al pie de la letra.

Pero faltaba algo más. Ni la mejor posición defensiva puede resistir si no hay un liderazgo efectivo, expeditivo y eficiente…Conocía muy bien a sus soldados el Mariscal Presidente, y sabía que uno de ellos tenía el corazón de acero, ascendente natural sobre la tropa, patriotismo insuperable, lealtad absoluta al Supremo y un visceral odio (aunque nunca desprecio) a los enemigos.

Hizo llamar al Gral. José E. Díaz.
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Díaz, oriundo de Pirayu, ya se había destacado desde muy joven como el gallardo Capitán de Urbanos de la Policía Nacional. Entrenado por el Cnel. Venancio López, pronto ocupó su posición como Comandante del Batallón 40, la tropa de élite del Ejército Paraguayo. Durante la Gran Guerra, recién empezó a ver acciones en el Sur. Por su valentía, temeridad y espíritu inquebrantable, para el 24 de Mayo de 1866 ya era Brigadier General.

El Mariscal ordenó a Díaz que inspeccionara meticulosamente las defensas levantadas en Curupayty. El legendario pirayuense hizo lo suyo y para el día 20 de Septiembre había comunicado al Comandante en Jefe que «si los enemigos atacan, serán completamente rechazados». La respuesta de Don Francisco Solano fue: «Para eso Ud. ha sido elegido».


José Eduvigis Díaz. Imagen Fuente: De Desconocido – GODOI, Juan Silvano. Últimas Operaciones de Guerra del General José Eduvigis Díaz, vencedor de Curupayty. Buenos Aires: Félix Lajouane, 1897 (http://bibliotecanacional.gov.py/biblioteca/ultimas-operaciones-de-guerra-1897/), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28475242

Así, el Gral. Díaz había sido llamado por el destino. Recibió una orden del Mcal. López y él debía mostrar al mundo entero cómo los paraguayos sabían cumplirlas.
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Los detalles de la que sería conocida como «Masacre de Curupayty» son harto conocidos por todos.
El ataque aliado debía lanzarse el 20 de Septiembre, con bombos y platillos. A la mañana, la Escuadra Aliada «descangalharia» la posición. A la tarde, como si fuera un paseo militar, los soldados la tomarían.

Pero ese mismo día y hasta el mediodía del 21, las lluvias fueron diluvio e inundaron todo el campo de batalla, que de por sí ya era un pantano difícil de transitar y que se había convertido en algo aún peor. Pero nada de esto importó a los Comandantes Aliados. Estaban tan seguros de su victoria…Tal y como lo prometió Tamandare, los días 20 y 21 bombardeó (a gran distancia y con mucha prudencia) la línea defensiva. Unos 150 paraguayos, entre ellos el Tte. Cnel. Mieszkowsky (quien moriría por sus heridas), fueron heridos. Con eso, el Almirante brasileño se sintió «satisfecho». Pensó que Curupayty ya estaba «descangalhada».

Así llegó el día 22 de Septiembre. Con sol resplandeciente aunque un terreno totalmente inundado, los 20.000 del Gral. Mitre avanzaron. Frente a él, 4.500 paraguayos del Gral. Díaz y 500 jinetes en la reserva. No nos extenderemos en el relato de la batalla. Simplemente diremos que la Alianza sufrió una catastrófica masacre. Los paraguayos se cansaron de matar…Al concluir la jornada, apenas 96 bajas sufrieron los soldados del Mariscal López, que sumadas a los heridos y muertos en los bombardeos de las vísperas alcanzaban 250 como mucho.En el bando aliado, por el contrario, el caos era inconcebible. Ellos mismos reconocieron 5.000 muertos, pero el número de bajas totales, según diversas fuentes, ronda entre 8.000 a 13.000 muertos, heridos y prisioneros.

No faltaron recriminaciones mutuas. Mitre acusaba a los brasileños. Estos a Mitre. Todos ellos a Venancio Flores por haber sido demasiado «prudente» ese día. El Gral. Flores retrucaba a todos diciéndoles que él sabía que era un mal plan atacar de esa forma a los paraguayos, que tantas veces demostraron ser feroces defensores de sus posiciones…
Mientras tanto, en el otro campamento, todo era festejos y alegría. Por una vez en su vida (según Thompson), se vio al Mariscal López bebiendo alcohol. Y no era para menos: en cualquier lugar del mundo una victoria como la de Curupayty habría significado el fin de la guerra. 

Sin embargo, lastimosamente, eran poderosas fuerzas internacionales las que habían decretado que nunca habría paz para el Paraguay…

Pero eso no importaba en ese momento. En todo el país se aclamaba la gloriosa figura del Gral. Díaz. El gran espadón y escudero del Supremo. El mismo Mariscal, quien sabía cubrir y orlar con gloria a sus hombres cuando estos lo merecían, lo hizo llamar y delante de todos hizo un histórico discurso, en Paso Pucu:

«Sea cual fuere la suerte que nos depare el Dios de los Ejércitos, la gloria del pueblo paraguayo está para siempre asegurada en Curupayty. Y Ud., Gral. Díaz, es artífice principal de esa clamorosa victoria. Su nombre y el de Curupayty irán unidos para siempre en la historia. Usted, General Díaz, vivirá eternamente en el corazón del pueblo paraguayo».

En medio de los vivas y hurras de los miles de presentes que presenciaron tan emotivo momento, el Héroe de América abrazó a su más brillante soldado, quien a pesar de ser un recio varón, no pudo ocultar las lágrimas que brotaban en sus ojos. Respondió con sencillas palabras:

«Mi Señor Mariscal, me honra demasiado, yo sólo cumplí con mi deber de paraguayo».

Era la humildad encarnada, ese glorioso pirayuense…

Emilio Urdapilleta

50 comentarios en «CURUPAYTY, TUMBA DE LA ALIANZA»

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