«Curupaytysinho», la masacre frente a Humaitá

«Curupaytysinho», la masacre frente a Humaitá

Hace 150 Años: Guerra contra Paraguay.
18 de Julio, 1868.

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La Conspiración contra la Resistencia Paraguaya, descubierta por mera casualidad, había causado estragos en todo el plan militar del Mariscal López.

No fue por la presión enemiga sino por el peligro latente de que una insurrección, apoyada por los Aliados, se levante en su propia retaguardia lo que le forzó a abandonar la inexpugnable Fortaleza de Humaita. Si bien es cierto que la Flota Brasileña controlaba el río, no ocurría lo mismo con los pasos alrededor del baluarte paraguayo: los guaraníes conocían varios caminos alternativos desde los cuáles mantenían comunicación con la Fortaleza. Fue precisamente a través de uno de ellos que el «Supremo» logró escapar, instalando su nuevo foco de resistencia en el Tebicuary. Y para sorpresa de los conspiradores, el Mariscal una vez más se hallaba a pocos kilómetros de Asunción, y en cualquier momento su mano de fierro podía caerles encima, para el severo castigo que merecían por el enorme daño (quizás irreparable) que hicieron a la causa paraguaya en un momento crucial.

Los Conspiradores «perdieron la cabeza» en sentido figurado al principio, acusándose mutuamente unos a otros… Luego, «perdieron la cabeza» literalmente… Pero eso es otra historia.

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El Mariscal López soñaba con regresar a Humaita lo antes posible, con refuerzos, para romper el cerco. Pero como la situación en la capital era más grave de lo que pensó, debió renunciar definitivamente a esa posibilidad… ¡Así de grave fue la traición cometida por los conspiradores, y aún así hay gente que busca disculparlos!

En Humaita quedaron los últimos 4.000 defensores, bajo las órdenes de los Coroneles Paulino Alén, Francisco Martínez y Pedro Hermosa. Estos establecieron un plan defensivo a ultranza: Alén permanecería y lucharía hasta el fin en la Fortaleza, Hermosa tomaría el rol de líder de las trincheras de vanguardia, y Martínez haría todo lo posible por evacuar a mujeres, niños y heridos graves.

En ese tiempo, conociendo perfectamente los brasileños de los graves problemas que sufría el Mariscal López a causa de la conspiración que ellos mismos fomentaron, pensaron que con un ataque directo y frontal podían tomar a esa temible Fortaleza que por más de dos años les detenía en su avance, ganando fama mundial para los paraguayos.

Fue el valiente Barón de Herval, Gral. Manuel Osorio, quién ideó el ataque (en contra de las recomendaciones del Marqués de Caxias) y tomó toda la responsabilidad de lo que ocurría. Quería ser el primero en izar la bandera brasileña en la legendaria Fortaleza de Humaita, la «Constantnopla de América» según afortunada frase de un poeta y dramaturgo.

Olvidó el Gral. Osorio que por algo los paraguayos se habían convertido en seres cuasi-mitológicos para el mundo entero…

Frente a él se encontraba el Cnel. Pedro Hermosa, quién tenía deseos de encontrar su día de gloria, infligir una derrota, al menos la más pequeña de las derrotas, a la Alianza que invadía Paraguay. Por eso pidió a sus soldados que se ocultaran lo mejor posible en sus trincheras, sin hacer el menor ruido, para hacer creer al enemigo que en Humaita ya nadie quedaba…

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Llegó la medianoche del 18 de Julio de 1868…

El Gral. Osorio ordenó que el asalto sea nocturno, antes de la alborada, por obvias razones de precaución.

Avanzaban las tropas brasileñas y nada escuchaban, nada sentían, nada veían más que sus antorchas…

Era un mal presagio para muchos… Pero Osorio no se amilanó. Al contrario, estando casi seguro de que la plaza estaba desierta, ordenó que a la salida de los primeros rayos del sol se tomaran las posiciones paraguayas.

Así se hizo y así inició la catástrofe…

Entraban las tropas aliadas en los lugares definidos, y pronto se desengañaron: no estaban desiertos. Los guaraníes se ocultaron meticulosamente y los emboscaron de manera terrible…

Una lluvia de fuego cayó sobre los «esclavos de la libertad» del Brasil. Luego, la acostumbrada «macheteada» que causó pavor y estragos. El mismo Gral. Osorio se vio envuelto por la repentina aparición de los soldados del Cnel. Hermosa. El valiente oficial brasileño se salvó como de costumbre: de milagro, combatiendo y con heridas…

IMAGEN: http://www.revisionistas.com.ar/?p=3699

Los aliados reconocieron 2.500 bajas entre muertos y heridos en el episodio que hoy se conoce como «CURUPAYTYSINHO». La historiografía más neutral eleva a 5.000 e incluso a 8.000 las bajas aliadas ese día.

Recién un mes después la Fortaleza de Humaita caería, abandonada por sus últimos defensores. El Cnel. Hermosa logró escapar, no así el Cnel. Martínez, quién con un puñado de soldados terminó siendo rodeado y apresado por los aliados. El Cnel. Alén por su parte, teniendo la terminante orden de jamás rendir la Fortaleza, al verse sólo y sin más posibilidades de resistencia, se disparó en la cabeza…

Emilio Urdapilleta