El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay

DESTRUCCIÓN DEL EJÉRCITO ALIADO EN ITA YVATÉ

Guerra Contra Paraguay (1864 – 1870).
150 Años de la Epopeya Guaraní.

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21 – 28 de Diciembre de 1868.

Sangrienta fue la «Dezembrada» para las Fuerzas de la Alianza Internacional. Cerca de 9.000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros fue el pírrico costo para sus «paseos» en Ytororo y Avay.

El Marqués de Caxias demostró ser un general más apto que Bartolomé Mitre: hacía ejecutar, lento pero seguro, los planes y no escatimaba recursos en lo más mínimo. Nunca subestimó a su gran adversario, el Mariscal López, a quien incluso admiraba por su liderazgo y carisma (siempre se acusó a Caxias de ser muy frío y distante, de nunca ganarse plenamente el cariño de sus soldados y oficiales a diferencia de su famoso, intrépido y reconocido rival en el Ejército Brasileño, el Gral. Osorio; quizás por esto «admiraba» sinceramente al Supremo de los Paraguayos: porque López tenía las virtudes de las que carecía Caxias).

Además, el Marqués y futuro Duque contaba con la cooperación de su flota, cosa que el líder porteño nunca tuvo plenamente, y era mucho más práctico que el Gral. Mitre, no dudaba en llevar a cabo el «Principio de Clausewitz» hasta sus más duras consecuencias: como diría Sir Richard Francis Burton, mandaban a pelear a 3 «esclavos de la libertad» por cada 1 paraguayo para garantizar la victoria. «Indigestion de Negres».

Pero frente a las llamadas «Lomas Valentinas» se encontró con un grave problema. De 50 mil soldados que tenía para la campaña sólo le quedaban en pie unos 36.000. El resto, como hemos citado, muertos, heridos, prisioneros, desertores y convalecientes. Grave era la situación para los Aliados: tener solamente a 36.000 soldados para enfrentar a 9.000 paraguayos. ¡The horror, the horror!

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El Mariscal Presidente había hecho un milagro, una vez más. Con un puñado de hombres logró detener frente a la línea del Pikysyry al avance aliado y todavía tuvo tiempo para desangrarlos en su retaguardia, por donde avanzaba Caxias desde San Antonio rumbo a Cumbarity. Pero todo esto costó unos 6.000 valiosos hombres en Ytororo y Avay. A pesar de que causaron más daño a los aliados, estos tenían millones de esclavos para ser enviados al matadero mientras que los paraguayos no.

Además, la Alianza empezaba a recibir armamentos y municiones modernos en grandes cantidades mientras que los guaraníes debían ahorrar cada bala, cada rifle y recurrir a los antiguos mosquetes de tiempos del Dr. Francia. La situación era bastante complicada.

Se respiraban aires de batalla decisiva. Los aliados enviaron una famosa nota de rendición al Mariscal López el 21 y este les respondió al instante con famosa prosa: «cada gota de sangre que los paraguayos vierten por su tierra es un nuevo compromiso para los que sobreviven; nunca me rendiré, pues Dios en nombre de mi pueblo me ha encomendado el deber de defender a mi Patria y yo me glorifico al cumplirlo hasta las últimas circunstancias».

Así pues, todo estaba presto. Las lomas y colinas de Ypane y Villeta fueron el escenario.

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Por cinco ocasiones consecutivas, del 22 al 26, lanzaron sus ataques los aliados. Las cinco veces fueron rechazados. Hubo descanso solamente el día 27 cuando todo era muerte y destrucción en ambos campos.

El Mariscal López comandó personalmente las operaciones. Se puso al frente de su tropa de élite, los Aka Karaja, en una espectacular carga contra un destacamento brasileño que fue desbaratado, según Max von Versen, testigo presencial. En esta carga falleció el legendario Cnel. Felipe Toledo, escudero de los Tres Supremos, con aprox. 65 años de edad.

En otra ocasión, los Aka Moroti del inmortal Cnel. Valois Rivarola se inmolaban completamente en defensa del Supremo y la Patria, expulsando a la caballería aliada que se hallaba a tiro de revólver del cuartel del Mariscal López, quien daba las órdenes y dirigía las operaciones mientras las balas y proyectiles caían a su alrededor.

El estadounidense Gral. Martin McMahon no dejaba de admirar el liderazgo y la valentía del Mariscal Presidente y la tenacidad implacable, el encendido patriotismo lleno de bravura sin par de su pueblo. Hombres, mujeres y niños luchaban en defensa de su Patria, sus derechos y su noble causa sin pestañear, sin emitir quejas ni gemidos de dolor, despreciando a la muerte con gritos de furia ardiente al lanzarse sobre los enemigos.

Llegó el clímax de la batalla el día 28 de Diciembre.

Los últimos paraguayos, unos 2.000 (incluyendo un batallón de mujeres en el que se destacaban las Capitanas Ramona Martínez y Ana Riveros) totalmente exhaustos, muchos de ellos heridos, casi sin municiones, estaban dispuestos a vencer o sucumbir. El mismo Mariscal López había escrito su testamento y hecho su albacea al Gral. McMahon, poniendo a sus futuros huérfanos bajo su cuidado.

Existía una última esperanza para los paraguayos y a eso se aferraron: el Cnel. Luís Caminos debía llegar desde Cerro León con 4.000 soldados de refuerzos. Pero pasaron los días y este no llegó a salir del célebre campamento: faltaban medios de transporte y caballos. Y quizás también faltó una draconiana determinación por parte del oficial paraguayo.

La ausencia del Cnel. Caminos y sus refuerzos fue determinante. Se convirtió en el Grouchy del Waterloo Paraguayo en Lomas Valentinas.

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Caxias sin embargo, también estaba destrozado. El único cuerpo intacto que le quedaba eran los 6.000 jinetes argentinos del Gral. Gelly Obes. Y no quería que fueran los porteños quienes se llevaran la gloria.

Lanzó a sus últimas reservas al ataque. Era al todo o nada…

Al inicio y una vez más, parecía que los paraguayos rechazarían el ataque. Pero todo cántaro tiene su límite: se rompió la línea cerca del Pikysyry. Rebosaron miles de negros, que eran buenos combatientes bajo oficiales competentes. Los paraguayos se hartaron de matar y luego, se dejaron morir.

El Mariscal López y su Estado Mayor observaban la debacle mientras Elisa Lynch y sus hijos, junto al Gral. McMahon, escapaban protegidos por la bandera de EEUU por el Potrero Mármol. Así se supo que por ese camino existía una ruta de escape.

Se escuchó por primera vez en la guerra el grito «O Diabo López, O Diabo López». Los «esclavos de la libertad» lo tuvieron al alcance de sus manos, pero le tenían terror. Disparaban contra él sus fusiles, pero las balas lo respetaban: morían los acompañantes del Mariscal a su mismo lado, incluso le llegaron a perforar la corbata con un disparo muy afortunado (según el Cnel. Silvestre Aveiro), pero López II salió indemne.

Y Caxias también estaba aterrorizado. Sus fuerzas fueron masacradas y no quería recurrir a los argentinos. Así fue que por su propio error, y de nadie más que del Duque de Caxias (y no por las absurdas justificaciones que inventan los hagiógrafos brasileños) que la guerra no concluyó ese mismo día.

Siguiendo las huellas de Elisa Lynch, lentamente marchó el Mariscal López junto a sus oficiales por el Potrero Mármol. Un puñado de brasileños los persiguió, por iniciativa propia, y a duras penas fueron rechazados por el Gral. Bernardino Caballero y los últimos jinetes paraguayos.

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Así concluyó la Batalla de Ita Yvate.

La Fortaleza de Angostura, último bastión paraguayo, se rindió con unos 1.000 soldados el 30 de Diciembre. El Duque de Caxias entraría con los restos de su destrozado ejército en Asunción el 1 de Enero de 1869, declarando (antes de tiempo) su victoria.

8.000 cadáveres paraguayos yacían en las Lomas Valentinas. Unos 1.000 lograron escapar a duras penas por el Ypekua y el Potrero Mármol, presentándose ante el Mariscal. Así, con los 4.000 del Cnel. Caminos habían de nuevo unos 5.000 listos para la batalla. Era más que suficiente para seguir resistiendo, por eso el Supremo López II, quien una vez más burló a la muerte, dijo a sus oficiales que «la guerra apenas estaba empezando».

En el otro bando, una victoria pírrica más para el sangriento historial…

«La Nación Argentina» del Gral. Mitre reportó el 10 de Enero de 1869 que las bajas aliadas fueron de 13.000 hombres aproximadamente. Pero nada más y nada menos que Sir Richard Francis Burton, luego de mencionar las «cifras oficiales», eleva hasta 20.000 el número de aliados caídos en Lomas Valentinas (Letters from the Battlefields of Paraguay).

«Principio de Clausewitz».
«Victoria Pírrica».

Hay varios nombres para definirlo. Pero digamos sencillamente que, si el Ejército Paraguayo fue destrozado en Lomas Valentinas… ¡El Ejército Aliado también lo fue!


Imagen fuente: http://cdn.paraguay.com/photos/images/000/070/819/original_lomas_valentinas.jpg.jpg?1305376831&fbclid=IwAR2Gq_vxqf1yo9F2oHHJCI1dHFtCzF3_xhXB6fbfsrAH3nKqoMxmFtpwIsM

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