El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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Don José Gaspar: Pionero de la Hispanidad

José Gaspar Rodríguez de Francia (1766-1840). Ese ilustre desconocido de la Historia del Paraguay y Universal, que cada vez que lo escrutamos con más profundidad, más nos sorprende en sus ideas, en sus formas y fondos, en sus claroscuros como personaje complejo, único, riquísimo y tan enigmático como intenso, iluminador y forjador de destinos.

No hablaremos en este artículo de su vida y obra, de la que tantos, propios y extraños, se han ocupado. Lo observaremos, más que nada, desde una faceta no muy conocida de su pensamiento político: la Hispanidad.

Pero antes de llegar a esas aguas de altamar, debemos pasar por unos puertos de aprovisionamiento.

1- LA PROVINCIA GIGANTE Y LA INSURRECCIÓN.

El nombre romántico que se le otorgó fue «Provincia Gigante del Paraguay y las Indias». Eran los territorios de la «Nueva Andalucía» (y parte de «Nueva Toledo» y «Nueva León») que eran vistos como un todo inmenso, un conjunto geográfico delimitado por los grandes ríos de la Cuenca del Paraguay y Paraná, que hoy se denomina Río de la Plata.

Asunción del Paraguay, la «Madre de Ciudades», era amparo, reparo y cuna de la Conquista en la zona. Su primacía y sus blasones eran indiscutidos, como ejemplo bastante señero tomemos al Sacro Emperador Carlos V de España se refería a ella de la siguiente manera en su Real Cédula del 13 de Junio de 1554:

«El Pueblo de la Asunción… Ha más de quarenta años que está descubierto por capitanes del Catholico Rey mi Señor e Abuelo, que halla santa gloria primeramente, y después por capitanes de Su Magestad y extendido y poblado muchos años ha, y puesto por ellos en la Provincia del Río de la Plata…».

Todavía a principios del Siglo XVII, el Cabildo de la Asunción decía que la ciudad estaba situada en la Ribera del Río de la Plata. Y el Procurador General de la misma se identificaba como «vecino de esta Ciudad de Asunción, cabeza de esta Gobernación y de las Provincias del Río de la Plata». Éstas y muchas otras eran sus galas, admitiéndose como mínimo su condición de «Madre de Ciudades» del Plata, pues era tenida como centro de apelaciones y consultas para todos los conflictos y estallidos de la región. Siendo todo esto notorio y por todos aceptado, ¿quién osaría discutir a la Capital del Paraguay su condición de Fundadora e Imperial? [García Mellid, Atilio (1959): «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay», vol. 1, p. 22. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Theoria].

En amarillo se ve la «Provincia Gigante» del Paraguay, según mapa de inicios del Siglo XVII conservado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay.

Nuestra Señora de la Asunción era el puesto de avanzada, era la piedra angular sobre la cuál el Imperio Universal de Sus Majestades Católicas se empezó a levantar en esta parte del nuevo mundo. Allí, a la vera del milenario y legendario río de los guaraníes, ese río al que denominaban «pariente del mar» (parâ-guâ-y), discurrió toda la historia de siglos en la civilización que españoles y nativos empezaron a construir en la hoy llamada «Cuenca del Plata». Era Asunción la «ciudad por antonomasia» en esas provincias, en tiempos de la Casa de Austria (Habsburgo). Todo el ancho y largo río le pertenecía.

Fueron tantos y tan diversos los hechos históricos acaecidos en estas Provincias en tiempos del Imperio Español, que requieren mucho más que simples artículos de divulgación. En breve resumen citemos: las distintas expediciones fundacionales partidas de Asunción a las demás ciudades del Río de la Plata, las exploraciones del «Gran Chaco» en búsqueda de la «Tierra del Rey Blanco» y del «Cerro Brillante» (Mba’e Vera Guazu), que se suponía, contenía innumerables riquezas. Las Revoluciones de los Comuneros, que desde España, contagiaron al Paraguay. Las Misiones Jesuitas, que estuvieron hasta el último día del Imperio Español en América bajo administración de la Ciudad y Obispado de Asunción. Las campañas militares contra los portugueses, la relación peculiar mantenida con los guaraníes, las campañas militares contra los ingleses, etcétera. [Pitaud, Henry (1979): «La Ciudad Brillante de los Guaraníes». Asunción, Paraguay: Imprenta Militar].

De un salto llegamos a los tiempos del protagonista de nuestro escrito, el Doctor José Gaspar de Francia. Estamos en la segunda mitad del Siglo XVIII, las ideas de la ilustración se expandían por todo el mundo. Los Borbones, que habían reemplazado a la Casa de Austria en la fatídica «Guerra de Sucesión Española», introdujeron grandes reformas en todos los dominios hispanos en América. Para muchos, aquí está el germen de las futuras insurrecciones que se convertirían en las Independencias de Hispanoamérica. A pesar de la tradición escolástica en todo el continente, no se podía evitar el influjo de las ideas liberales y revolucionarias en las universidades y colegios mayores fundados en inmensas cantidades por España en todos sus dominios.

Eso ocurría especialmente en Buenos Aires, pues una pequeña cofradía de burgueses portuarios (que en Paraguay se los conocía desde siempre como «porteños», palabra con cierto tinte de desprecio) se aprovechaba de las reformas borbónicas en la zona para autoproclamarse los líderes indiscutidos de la región. Entre ellas, el establecimiento del llamado eufemísticamente «Virreinato del Río de la Plata» (cuyo nombre verdadero, que iba a título personal del designado, era «Virrey Gobernador y Capitán General de las Provincias del Paraguay, Buenos Aires, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas, Mendoza, San Juan de la Pica y de todos los Corregimientos, Pueblos y Territorios a que se extiende la Jurisdicción de aquella Audiencia»; de allí que es absolutamente válido llamarla también «Virreinato del Paraguay» como «Virreinato de Potosí»). Sin embargo, a nadie (salvo a los porteños liberales) venía a cuento esa idea del «absolutismo bonaerense», especialmente considerando que Asunción del Paraguay había sido capital y ciudad principal de la Cuenca del Plata (bajo la égida del Virreinato del Perú) por casi tres siglos, mientras que Buenos Aires (a la que nadie negaba su importancia geográfica y mercantil) sólo obtuvo primacía a partir de 1776. [Nombramiento de Pedro de Cevallos como Virrey, Gobernador y Capitán General de las citadas Provincias en el Río de la Plata. San Idelfonso, 1 de agosto de 1776. Documentos escritos. Sala IX 8-10-4. Buenos Aires: Archivo General de la Nación Argentina].

Imagen de un fragmento de la Real Cédula que designa a Don Pedro de Cevallos como Virrey Gobernador y Capitán General, a título personal y no geográfico, de las Provincias del Paraguay, Buenos Aires y las demás citadas. El nombre «Virreinato de las Provincias del Río de la Plata» es un eufemismo. [Archivo General de la Nación Argentina].

Los «porteños», influidos por el liberalismo y las ideas revolucionarias, no eran sino burgueses mercantilistas favorecidos por un capricho borbónico que rompía con la larga tradición hispana en la región. Es así cómo se pasó en Buenos Aires, del «collar visible español al collar invisible inglés» en palabras del historiador argentino Marcelo Gullo, quien explica extensamente cómo la clase dominante de la nueva «Argentina» no eran sino los antiguos contrabandistas y mercaderes colonizados económica o intelectualmente por Gran Bretaña y en menor medida, Francia. El Estado que hoy conocemos como «República Argentina» no conoció jamás la independencia más allá de haberse liberado de España. [Gullo, Marcelo (2013): «La Historia Oculta: La Lucha del Pueblo Argentino por su Independencia del Imperio Inglés», pp. 21-26. Buenos Aires, Argentina: Editorial Biblos].

Adam Smith, John Locke, Jean Jacques Rousseau, Montesquieu, Voltaire… Eran los «apóstoles del liberalismo y el librecambio» en famosa frase del argentino Gral. Bartolomé Mitre. Eran los nuevos «tótems» intelectuales y culturales de la «nación política» argentina (usando una expresión del ilustre filósofo Gustavo Bueno) que se estaba forjando sobre las cenizas del otrora grande y glorioso Imperio Español. Pero en la otra provincia importante, el Paraguay, se gestaba un movimiento completamente opuesto a la insurrección porteña. A la «revolución» modernista e ilustrada que llegaba como producto de importación en el Puerto de Buenos Aires, se enfrentaría una «reacción» de tinte hispanista y tradicional en la añeja y mítica Asunción del Paraguay.

2- DOCTOR FRANCIA: PADRE DE LA HISPANIDAD EN AMÉRICA.

¡Ah, la ironía! ¡Un hombre que se apellida «Francia» es el padre de lo que hoy se llama la «Hispanidad» en el Nuevo Mundo tras las insurrecciones de independencia en el siglo XIX!

Pero más allá de las ironías, el Paraguay siempre se mantuvo firme en sus tradiciones hispanas y guaraníes. Era una noble herencia de la primera etapa, la más intensa, valiente y gloriosa, de la construcción de la civilización en esta parte del mundo. Es decir, hablamos de los años 1500 a 1650 aproximadamente. Soldados y Navegantes del Siglo de Oro Español, del «Imperio en el que no se ponía el Sol», unidos a los jesuitas, franciscanos, mercedarios y demás fervientes herederos del Concilio de Trento. Paraguay, al decir del escritor español Ernesto Giménez Caballero (quien fue miembro de Falange Española y Embajador de España ante Paraguay en 1958-1969), es la «tierra de la hispanidad» por antonomasia en el nuevo mundo e incluso llega a proponer que Asunción, por su catolicismo, tradición, historia y ubicación geográfica, sea la capital de toda la América Hispana reunificada. [Giménez Caballero, Ernesto (1971): «Asunción, Capital de América». Madrid, España: Editorial Cultura Hispánica].

Sin embargo, las ideas del generoso autor español no son sino el distante eco de lo que propugnaba Don José Gaspar de Francia cuando se forjaba la «nación política» paraguaya.

Muy temprano, allá por 1810-1811, cuando en Buenos Aires se encendían los delirios revolucionarios (entre ellos el fusilamiento del Conde Santiago de Liniers), los paraguayos se congregaban en Cabildo llamado por el Gobernador Bernardo de Velasco para proclamar la autonomía del Paraguay en contra del ataque de Buenos Aires (que fue dirigido por el Gral. Manuel Belgrano con 1.500 a 2.000 hombres bien armados, derrotados ellos por las milicias paraguayas que eran cerca de 5.000 y que combatieron mayormente con picos y piedras) y garantizar la soberanía del Rey Fernando VII. Incluso tras la conformación del llamado «Triunvirato» (Velasco, Francia y el Cap. Valeriano Zeballos) todavía se había jurado lealtad a la Corona Española. [Garay, Blas (1986): «Compendio Elemental de Historia del Paraguay», pp. 162-163. Madrid, España: Librería y Casa Editora A. de Uribe y Cía].

Pero… ¿Qué hacía el Dr. Francia, jurando lealtad al Rey de España y al mismo tiempo haciendo discursos como éste?

«Esta asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el cobarde padre o el apocado hijo es el Rey de España. Cada uno de ellos ha abdicado dos veces. Los dos han demostrado su débil espíritu y su desleal corazón. Más sea o no sea Rey de España uno de ellos, ¿qué nos importa a nosotros? Ninguno de ellos es ya Rey del Paraguay». [Atribuido a José Gaspar de Francia. Cabildo de Asunción, 24 de Julio de 1810. Citado por Vittone, Luís (1969): «El Paraguay en la lucha por su independencia». Asunción, Paraguay: Imprenta Militar].

Algunos, intentando llevar agua a su molino, pretendían ver en el Doctor Francia a una especie de «nuevo jacobino» en las hurañías paraguayas. Ese retrato fue alimentado gracias a personajes tan toscos y vulgares como los médicos suizos Johann Rengger y Marcelin Longchamps y los hermanos británicos Robertson, un par de contrabandistas de poca monta. Estos individuos estuvieron en el Paraguay en tiempos de la Dictadura de Don José Gaspar, a quien poco entendían como muy poco entendían a los pueblos hispanos. Pero sus relatos cautivaron en la Europa post Revolución Francesa y de repente, el Doctor Francia terminó siendo una especie de «Robespierre Gaucho» para la imaginación del viejo mundo. Ni cortos ni perezosos, liberales y republicanos de nuestras latitudes siguieron a pies juntillas el relato, quizás porque les favorecía de alguna u otra manera. En realidad, el «Supremo Dictador» cuando hacía esa clase de discursos simplemente apelaba a las más tradicionales ideas de la escolástica española y universal. El Doctor Francia imitaba a su único verdadero maestro, otro famoso Doctor al que apodaban «Eximio». Pero esto lo veremos más adelante.

Por fortuna, muchos en esta zona del mundo nunca se compraron ese relato e incluso ilustres figuras de otros hemisferios estudiaron el caso extraordinario del «Padre del Paraguay». Señalemos a algunos.

El historiador británico, «fundamentalista democrático» y liberal hasta la médula Pelham Horton Box, estudiando la «Guerra de la Triple Alianza» (1864-1870), hace una aproximación interesante a la figura del «Supremo Dictador»:

«Hay pocas figuras en la historia moderna más insólitas que la de José Gaspar Rodríguez de Francia. Doctor en Sagrada Teología de la Universidad de Córdoba, Catedrático de Vísperas de Teología Dogmática Moral y de Latinidad en el Real Seminario de San Carlos de Asunción y luego, por muchos años, abogado incorruptible, eficiente administrador municipal cuya reputación le convirtió en el hombre del destino en la hora en que Paraguay tuvo necesidad de todos sus hijos. Fue nombrado secretario de la Junta Provisional y en tal carácter su voluntad de hierro obligó a sus colegas a establecer un Gobierno independiente de España y Buenos Aires (aunque, curiosamente, no hubo una declaración formal de Independencia del Paraguay de España en tiempos de la revolución). Sin embargo, por algún tiempo el Paraguay se seguía llamando a sí mismo Provincia y no República en sus documentos oficiales y un tratado que insinuaba una federación fue concluido con Buenos Aires el 12 de Octubre de 1811». [Horton Box, Pelham (1998): «Los Orígenes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza», p. 11. Asunción, Paraguay: Editorial El Lector].

Está mencionada una de las tremendas realidades, muchas veces ignorada, para entender al Dr. Francia. El concepto de «independencia» francista no riñe con la lealtad a la Corona Española, al menos no inicialmente. El autor británico tamnién confirma en sus páginas que Paraguay se mantuvo leal al Rey Fernando VII todo lo que pudo, en oposición a lo que ocurría en Buenos Aires.

Sin abandonar un sólo centímetro sus mitos liberales y su «fundamentalismo democrático», el británico Horton Box sin embargo penetra profundamente en la psiquis ideológica del Dr. Francia y sus herederos, los López (especialmente el Gran Mariscal Don Francisco Solano): ese Paraguay de 1810-1870 era el más orgulloso y leal hijo del antiguo Imperio Español; el pueblo vivía feliz en un paternalismo y proteccionismo estatal, con un patriotismo furioso y heroico digno de los Tercios de Flandes (lo demostrarían en la Guerra de la Triple Alianza); la «Dinastía López» consideraba al liberalismo filosófico y revolucionario de los unitarios argentinos como una infección peligrosa y fatal; era muy difícil (según Horton Box) el apaciguamiento entre los liberales encabezados por su adorado Gral. Bartolomé Mitre y el «extraño y formidable Gobierno Reaccionario» del Paraguay, considerado el último baluarte contra la revolución liberal; el Mariscal Solano López, siguiendo la política reaccionaria (y quizás imperial) de sus antecesores, se alzaba como el «Campeón de la América Hispana» contra el avance de los portugueses y liberales en América; finalmente (dice Horton Box), Paraguay tenía muchas posibilidades a su favor al estallar la «Guerra de la Triple Alianza» y con algo más de suerte y preparación «habría dislocado a la Argentina y organizado en la Gran Cuenca un Nuevo Estado cuya vitalidad derivase de los principios que habían echado raíz en el Paraguay del Antiguo Régimen y los Viejos Jesuitas, principios que el Dr. Francia había preservado del contagio de la demagogia bonaerense. Del retoño tan cuidadosamente cultivado por aquel genio sombrío (Dr. Francia), habría brotado el Árbol de Upas, a cuya sombra se dieron cita para la última batalla todos los enemigos de la revolución liberal». No hace falta que recordemos el «bando» que toma Horton Box, pero su aproximación a las figuras de Francia y los López no deja de ser muy ìnteresante. [Horton Box (1998) op.cit. pp. 251-262].

A ningún observador neutral le quedan dudas sobre la verdadera postura e intención del Doctor Francia respecto a las revoluciones liberales y democráticas que ensagrentaron todo el antiguo Virreinato de las Provincias del Río de la Plata. Otro elemento de gran peso que refleja su verdadero pensamiento respecto a la situación general es la carta que escribió en respuesta a una intimación que recibió del mismo Simón Bolívar, uno de los «héroes» de las independencias hispanoamericanas. Estos documentos históricos que expondremos a continuación fueron recopilados por el Cnel. Wisner von Morgenstern por autorización del Mariscal Solano López. [Wisner von Morgenstern (1998): «El Dictador del Paraguay: José Gaspar de Francia», pp. 183-184. Asunción, Paraguay: Instituto Cultural Paraguayo Alemán].

«Excelentísimo Señor Gobernador de la Provincia del Paraguay, Don José Gaspar Rodríguez de Francia: Consolidada la Independencia de todos los Estados de la América del Sur que se encontraban bajo la dominación española y habiendo estrechado estos sus relaciones amistosas entre sí para poder proceder con más eficacia contra una posible reacción y encontrándose fuera de este consorcio únicamente la Provincia del Paraguay, me permito dirigirle la presente en carácter confidencial invitándolo a esta muy necesaria unión para los altos fines expuestos. No dudo que Vuestra Excelencia acogerá con simpatía el móvil que me guía y esperando con el mismo dador de la presente, que lo será el Sr. Capitán Don José Ruiz, una contestación favorable, levantando la incomunicación que se ha impuesto para poder de inmediato enviar ante el Gobierno de V.E. con carácter oficial un representante de esta República. Que Dios guarde a V.E. Firmado: Simón Bolívar. La Plata, 15 de Julio de 1825».

El histórico y contundente palmazo de narices del Dr. Francia a Bolívar se reproduce en su respuesta (las mayúsculas son mías):

«Excelentísimo Sr. Gral. Don Simón Bolívar. Patricio: los portugueses, porteños, chilenos, brasileños y peruanos han manifestado a este Gobierno iguales deseos a los de Colombia, sin otro resultado que la confirmación del principio sobre que gira el feliz régimen que ha librado de la rapiña y de otros males a esta PROVINCIA y que seguirá constante hasta que se RESTITUYA en el nuevo mundo la tranquilidad que disfrutaba ANTES DE QUE EN ÉL APARECIESEN APÓSTOLES REVOLUCIONARIOS, CUBRIENDO CON EL RAMO DE OLIVA EL PÉRFIDO PUÑAL PARA REGAR CON SANGRE LA LIBERTAD QUE LOS AMBICIOSOS PREGONAN. PERO EL PARAGUAY LES CONOCE, Y EN CUANTO PUEDA NO ABANDONARÁ SU SISTEMA PARA HACER RESPETAR SUS SANTOS FINES, y si Colombia me ayudase, ella me daría un día de placer y repartiría con el mayor agrado mis esfuerzos entre sus buenos hijos, cuya vida deseo que Nuestro Señor Jesús Cristo guarde por muchos años. Firmado: José Gaspar Rodríguez de Francia. Asunción, 23 de Agosto de 1825».

Era el sistema defendido por Francia y los López: en oposición al absolutismo revolucionario liberal y al fundamentalismo democrático aparecía firme, altiva y orgullosa la bandera de la Hispanidad, la Tradición y la Patria Grande, sostenida por el Paraguay hasta su martirio final en Cerro Corá, el 1 de Marzo de 1870.

Otro autor que se aproximó con notable precisión y mayor simpatía a la figura de Don José Gaspar fue el filósofo e historiador español José Manuel Rodríguez Pardo (ambos son «José Rodríguez», interesante casualidad), formado por la famosa y potente Escuela Filosófica de Oviedo (cuyo fundador es el ilustre Don Gustavo Bueno, probablemente el más brillante intelectual que creó la tradición hispánica en las últimas décadas).

Rodríguez Pardo publicó un interesante opúsculo sobre el tema: «La Independencia del Paraguay no fue Proclamada en Mayo de 1811», título que puede poner los pelos de punta a muchos dogmáticos del liberalismo republicano, pero que no es sino una realidad fácilmente comprobable a través de la documentación y los hechos históricos. En la segunda edición de su obra nos indica el autor: «la primera edición fue dedicada al Doctor Francia, precursor del integracionismo americano; la segunda edición se la dedico a mi mujer y mi hija», lo que dice mucho en pocas palabras. [Rodríguez Pardo, José Manuel (2016): «La Independencia del Paraguay no fue Proclamada en Mayo de 1811», p. 4. Oviedo, España: Grupo Helicón].

En esa fascinante obra, como dijimos, el autor no oculta su admiración hacia un hispanista a carta cabal como lo fue el Doctor Francia. Comparte la posición de otro reivindicador del «Supremo Dictador» como lo fue Richard Alan White afirmando que no hay país en América que tenga la historia más falsificada que la del Paraguay, repleta de topicazos, de dogmas liberales, de fundamentalistas democráticos y republicanos que envenenaron las fuentes y los relatos hasta la máxima manipulación. Y hasta comparte conmigo las ganas de denominar «presunto historiador» a un personaje como el argentino y negrolegendario Ignacio Telesca o el fundamentalista libertario Eduardo Quintana. [Rodríguez Pardo (2016) op.cit. pp. 13-18].

En el Paraguay existe una «claque» de «historieteadores» desde tiempos inmemoriales y desde luego que la aparición de personajes como Richard Alan White (con insufrible marxismo dialéctico pero genial aportación histórica) o José Manuel Rodríguez Pardo pone de cabeza todas sus elucubraciones que pretenden ser históricas. De allí que el español discípulo de Gustavo Bueno se encarga de fustigarlos con contundencia diciéndoles que «nada han producido de nuevo y relevante» respeto a la historia paraguaya y universal, esto principalmente porque poco han querido en verdad estudiarla.

De allí, por ejemplo, que se siga insistiendo en la supuesta vinculación del Doctor Francia a las ideologías de corte afrancesado y liberal-revolucionario. ¡Nada más lejano de la realidad! Nos lo dice Rodríguez Pardo como Horton Box, incluso un alemán como Heinz Peters ya lo sabía y escribió sobre ello de manera extensa y detallada: en el Paraguay de Francia y los López la única ideología que predominaba era la escolástica pura y dura con ciertas adiciones ilustradas y renovadoras del Padre Benito Jerónimo Feijóo o de Lorenzo de Hervás y Panduro. Cierto es que Don José Gaspar conocía y leía las obras de Volney, Rousseau o Locke, pero inferir a partir de ello que su sistema político se regía por dichos autores equivale a afirmar que yo soy marxista simplemente por tener en mi biblioteca el «Manifiesto Comunista» y algunos escritos de Lenin. [Peters, Heinz (1996): «El Sistema Educativo Paraguayo desde 1811 hasta 1865», pp. 83-95. Asunción, Paraguay: Instituto Cultural Paraguayo Alemán Editor].

La realidad era que en tiempos del Dr. Francia y los López, lo que se leía en el Paraguay no era otra cosa sino los Catecismos de San Alberto, Astete y Rispalda; extensos Breviarios y obras de Thomas á Kempis; extractos del Concilio de Trento y prácticamente toda la literatura escolástica desde Santo Tomás de Aquino hasta sus herederos españoles. Nos dice con poco disimulado espanto protestante el alemán Peters que «la sombra del Doctor Angélico proyectó su larguísima sombra sobre la vida intelectual paraguaya en 1811-1865».

En su fundamental obra «España Frente a Europa», Gustavo Bueno nos señala correctamente que la «implosión» del Imperio Español en América venía dada por una sumatoria de factores hasta que el hijo predilecto de la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte, terminó «guillotinando» (metáfora muy apropiada) lo que quedaba del mencionado imperio. Era pues natural que los criollos y mestizos en América se organicen en pos de una reestructuración, siguiendo las antiguas enseñanzas de la tradición hispana. [Bueno, Gustavo (1999): «España Frente a Europa», pp. 383-385. Barcelona, España: Alba Editorial].

Volviendo con Rodríguez Pardo, este historiador nos señala que Paraguay sigue siendo observado desde una óptica «liberal y porteñista», que continúa enfatizando en el rol ficticio de la ilustración francesa y británica en la conformación de la identidad paraguaya. Todo esto se puede demostrar fácilmente como una falsedad. En Asunción, Francisco Suarez y el Emperador Carlos V eran mucho más conocidos y admirados que el oscuro personaje llamado Rousseau y Napoleón Bonaparte. Queda claro, por lo demás, que ni el Doctor Francia y ni siquiera los López proclamaron su independencia de España (esta recién se dio en el año 1880) aunque hayan creado (siguiendo los presupuestos que ya habían sido señalados por Francisco de Vitoria, Francisco Suarez y Juan de Mariana durante la Controversia de Valladolid en 1550-1551) la llamada «Primera República del Sur», con todas las connotaciones católicas e hispanas en dicho entrecomillado.

Contrariamente a lo que impuso la historiografía liberal-revolucionaria y el fundamentalismo democrático, la principal influencia intelectual del Dr. Francia y los López fueron los escolásticos españoles, entre los que citamos a Francisco de Vitoria, Juan de Mariana y especialmente el «Dr. Eximio» Padre Francisco Suarez, quien aparece en la imagen. [Enciclopedia Católica].

«En Asunción se proclama la Independencia Hispanoamericana un 12 de Octubre de 1813» nos dice Rodríguez Pardo. Y nos indica además que el 20 de Julio de 1811 es el Paraguay, no otra nación sudamericana, la que propone primero que nadie la unidad hispánica, en carta redactada por el mismo Doctor Francia:

«La confederación de esta provincia con las demás de Nuestra América, y principalmente con las que comprehendía la demarcación del antiguo Virreinato, debía ser de un interés más inmediato, más asequible y por lo mismo más natural, como de pueblos no sólo de un mismo origen, sino que por el enlace de particulares y recíprocos intereses, parecen destinados por la naturaleza misma a vivir y conservarse unidos». [El Catoblepas (España), Nº 116, página 3. Octubre, 2011].

Aquí volvemos a resaltar que eran las ideas escolásticas católicas las que guiaban al «Supremo Dictador» en el proceso, no la ilustración afrancesada ni el liberalismo revolucionario. Eran principios que emanaban de las enseñanzas del «Doctor Eximio», Padre Francisco Suarez, que consideraban (nos explica Rodríguez Pardo) la soberanía popular como originaria –proveniente de Dios–, no enajenable y que otorga derecho al pueblo a rebelarse contra la tiranía de un monarca ilegítimo, tal como había señalado Francisco Suárez en sus obras De legibus (1612) y Defensio fidei (1613). Tal era el caso de José I Bonaparte, considerado desde la doctrina escolástica como tyrannus ab origine.

Así pues, podemos ver que el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, lejos de representar a ningún liberalismo revolucionario o fundamentalismo democrático o republicano, era la explosión natural y espontánea de la tradición hispana y católica en defensa de la soberanía paraguaya amenazada por las invasiones napoleónicas, la insurrección afrancesada en América y el avance del imperialismo británico. A todas estas macabras alternativas se opuso el Paraguay, con su grito de Unidad Hispana, de Dios y Patria. Y vista esta situación irreconciliable entre dos bandos que no podían darse cuartel sino simples treguas momentáneas, la «Guerra de la Triple Alianza» (1864-1870) no era sino algo inevitable, algo que tarde o temprano debía estallar. Así, el Mariscal Presidente del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, tomando la enseña levantada por su tío-abuelo el Dictador Francia, salía a enfrentar la invasión del «Reinado del Terror» afrancesado y anglófilo encabezada por el argentino Gral. Bartolomé Mitre y sus adláteres.

3- FINALMENTE…

El Paraguay del Dr. Francia y los López fue el último estertor de ese glorioso Imperio Español, de esa magna y sublime idea de unidad americana. Es una lástima, por lo demás, que el filósofo e historiador Rodríguez Pardo, quien con tanta penetración y hondura logró saltar por encima de las mentiras para observar con potente claridad la figura del «Supremo Dictador», no haya sido capaz sin embargo de esquivar los «topicazos» negrolegendarios que se han entretejido en torno a la figura del Mariscal López. Pues si Don Felipe II es el «monstruo macabro» de la Leyenda Negra anti española, ese lugar lo ocupa (salvando las distancias) Don Francisco Solano en la Leyenda Negra anti paraguaya…

De cualquier manera, queda claro para todos que el Dr. Francia (y sus herederos, los López) lejos estuvieron de representar al liberalismo destructor de la tradición hispana. Todo lo contrario: Paraguay fue leal al Rey de España todo lo que pudo y luego, cuando ya no había Corona Española a causa de Napoleón, fue leal a su propio sistema, la tradición hispánica de toda la vida. Hasta el año 1870, en el Paraguay nunca existió una «Constitución Nacional» (la Ley de Administración Política de 1842 era de pura inspiración borbónica), regían las Leyes de Indias, el Código de Comercio e Industria Español, las Siete Partidas, la Ley del Toro, el Código Alfonsino, el Catecismo de San Alberto, incluso el «Patronato Regio» heredado de los Borbones y con el que la Iglesia Católica se mantuvo administrada bajo la firme (y no pocas veces severa) mano de los gobernantes paraguayos.

Así, cerramos este extenso artículo con las palabras del hispanista Iván Vélez, quien nos describe el asunto de manera sucinta (los paréntesis son míos):

«Uno de los rasgos más característicos del proceder del Doctor Francia, fue el cierre de fronteras decretado en 1822 y su posterior política autárquica, decisiones que, por controvertidas que fuesen, no supusieron la renuncia al proyecto integracionista con base hispana, integracionismo que se inspira en la denominada Provincia Gigante de Indias, iniciada con la conquista y que perduró hasta 1617, con la partición de Buenos Aires diferenciada del Paraguay, y que sería el modelo que siglos después inspiró el naciente estado paraguayo como integrador de todo el virreinato del Río de la Plata (…). No parece tampoco casual el frecuente uso de la fecha del 12 de octubre, para firmar importantes documentos, como el citado Tratado que se hizo público el 12 de octubre de 1811 en el que se pretenden establecer lazos con el resto de provincias del Río de la Plata (…). Carlos Antonio López (al igual que Rodríguez de Francia) tenía muy presentes los fundamentos vitorianos (de Francisco de Vitoria) si reparamos en un fragmento de su obra «La Soberanía del Paraguay» de 1845: «Fue justamente (dice Carlos Antonio López) lo que aconteció con el Monarca de España. Diferentes pueblos le reconocieron por su Rey, y conservaron sobre su trono depositadas sus delegaciones políticas, para que cuidase de su felicidad. Invadida España, y dominada por los ejércitos franceses, derribado el Monarca de su solio, y robado el cetro por mano usurpadora, no había vínculos, delegación ni condiciones algunas de pacto o asociación política»». [El Catoblepas (España), Nº 115, p.13. Septiembre, 2011].

No queda mucho más que agregar después de eso. Como un remate podemos señalar que en 1853-1855 el joven General Solano López, designado por su padre Ministro Plenipotenciario ante las distintas cortes europeas, visitó por largo tiempo Madrid, se reunió con Su Majestad Católica Isabel II y con su Ministro Calderón de la Barca y el trato que el joven Embajador de Paraguay dispensó a la Corona Española era de una deferencia conmoveedora, de un respeto dulcísimo e inusitado. En ese viaje diplomático enormemente exitoso para el Paraguay, pues varios países de Europa reconocieron su independencia, el futuro Mariscal sin embargo regresó de España sin acuerdo alguno, lo que sigue siendo un misterio pues Madrid ya había reconocido la soberanía de varias naciones hispanas en ese tiempo… [Ocampos Caballero, Augusto (1995): «Emancipación y Diplomacia: Misión de Solano López en Madrid». Asunción, Paraguay: Ricor Grafic Editora].

Sin duda alguna, aún quedan misterios por resolver. Son varias las preguntas que permanecen en el tintero. Pero lo indudable es que el Doctor José Gaspar de Francia (y sus herederos, los López) fueron el baluarte y los pioneros en América de lo que hoy se conoce como la Hispanidad.

1 COMENTARIO

  1. Interesante. La verdad que varias cosas de la historia «oficial» nunca me llegan a cuadrar del todo. Tengo una pregunta: ¿cuál es la fuente que dice que Francia era tío abuelo del Mcal. López? Gracias.

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