dura lex sed lex: San Fernando

dura lex sed lex: San Fernando

Guerra Contra Paraguay (1864-1870).

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150 Años del episodio más controvertido de la Guerra Contra Paraguay. Aunque ya se había iniciado anteriormente, se marca al 26 de Agosto como «punto de partida» de los célebres «Tribunales de San Fernando», llevados hasta el sensacionalismo propagandístico por los detractores del Héroe Máximo pero que no fueron sino un episodio más, de varios otros, durante la más sangrienta guerra internacional peleada en suelo americano.

La pregunta que todos se hacen es: ¿existió la conspiración que tanto se mencionó?

Todo parece indicar, con las pruebas y documentos con que se cuentan hoy, que la conspiración SÍ EXISTIÓ. No nos detendremos a detallar los testimonios (algunos extraídos por tortura) y documentos existentes. Pero hoy ya nadie serio duda que el intento de derrocar al Mariscal López el día de su cumpleaños existió.

Debemos ponernos en el contexto de la contienda bélica para juzgar los Procesos de San Fernando: Paraguay se hallaba todo «en armas», bajo la estricta ley marcial y disciplina militar. Cualquier conato de desobediencia, insubordinación e incluso derrotismo, acá y en cualquier parte, recibía severos castigos e incluso la muerte.

Cabe recordar que hasta en Inglaterra, durante la SGM, hubo varios británicos que fueron apresados, castigados e incluso ahorcados por expresar mera «simpatía» hacia las Fuerzas del Tercer Reich, los casos son tantos y tan variados que no viene a cuento citarlos.

¿Acaso alguien tomó los episodios de la Inglaterra de 1939-1945 y los llevó hasta el sensacionalismo más burdo para «manchar» la causa de los británicos, buena o mala, durante la Segunda Guerra Mundial?

No. Porque durante la guerra no hay lugar para derrotismo e insubordinación, ni para cantar loas al enemigo. Se lucha y se vence o se muere en el campo de batalla.

Lastimosamente, los pocos y miserables detractores del Mariscal López no aplican la misma lógica cuándo lo juzgan a él y cuándo juzgan a otros como los ingleses 70 años después (¡vae victis!).

La simple acusación de «derrotismo» era más que suficiente para fusilar a muchos oficiales sin necesidad de otra excusa. Pero cabe recordar que en el Paraguay Neo-borbónico de Francia y los López todavía regían las antiguas legislaciones españolas, como las «Siete Partidas» y las «Ordenanzas Militares».

Estas pueden sonar muy draconianas para los aburguesados y afeminados tiempos en que hoy vivimos. Pero en el siglo XIX tenían plena vigencia y se ajustaban al espíritu valeroso, heroico e indomable de los paraguayos de entonces.

En base a dichas leyes, los «Tribunales de Sangre» actuaron plenamente ceñidos a derecho. ¡Dura lex sed lex! ¡Dura era la ley, pero era la ley!

Los tribunales de sangre, siguiendo un estilo «inquisitorial» en la forma y en el fondo (fueron dirigidos por sacerdotes, y en base a las mencionadas leyes vigentes) fueron investigando a todos los acusados. Algunos fueron liberados de culpa y pena, otros recibieron severos castigos.

En honor al Mariscal López (cuyos detractores siempre encuentran la manera de atacarlo incluso por cosas que deberían ser alabadas), no le tembló el pulso para hacer llamar a su propia familia a declarar respecto a la descubierta conspiración. Aquí no hubo «nepotismo» que pudiera valer. Cuándo se supo que Ángel Benigno, su hermano menor, era indicado por todos como el líder del contubernio, con mucho dolor en el corazón el Mariscal López debió aplicar la pena máxima.

¡Cuánto dolor debió cargar nuestro Héroe Máximo, ser traicionado incluso por su propia sangre en el momento más grave y crítico del Paraguay, que se debatía entre la vida y la muerte!

¡Ay, Mariscal del Dolor Eterno, cuán pequeños son los corazones de quiénes tan tontamente te fustigan por todo el peso que cargaste en tus hombros!

Doña Juana Pabla Carrillo pidió clemencia para su hijo menor. ¿Y cómo habría quedado ante la historia nuestro Sublime Mariscal, si por el sólo hecho de ser «su hermano» perdonaba a un conspirador confeso?

¡Dura Lex, Sed Lex!

Mariscal de Acero, todavía le quedas demasiado grande a este país de enanos…

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Imagen: Gral. José Bruguez, ilustre artillero paraguayo fusilado por «derrotismo» en la Conspiración de San Fernando.

También fueron muertos por la conspiración, culpables o inocentes, fusilados o en prisión, unas 500 personas entre las que se contaban ilustres combatientes como el Gral. José Bruguez, fusilado; el Gral. Vicente Barrios, suicidio. El Canciller Don José Berges, por haber sido descubierto en tentativas con el enemigo, fue ejecutado. Fueron presos los demás hermanos del Mariscal, aunque liberados después (bajo vigilancia) por falta de pruebas en su contra. El Presidente Provisorio de la Corte de Justicia, Don Vicente Urdapilleta, quién ya tenía avanzada edad, murió en prisión de un infarto, acusado de haber «encubierto» las acciones de Berges y Benigno.

Otros paraguayos ilustres como el Vicepresidente Sanchez, el Gral. Resquín, Cnel. Aveiro etcétera, salvaron la vida y continuaron la lucha…

Pero lo grave de la Conspiración de San Fernando fue que probablemente, fue la causa por la cuál la Fortaleza de Humaita debió ser abandonada definitivamente por el Mariscal López y que se haya renunciado a la resistencia sobre la línea del Tebicuary.

En ese sentido, en debilitar el esfuerzo bélico paraguayo, los conspiradores tuvieron un éxito que hasta hoy no fue debidamente explicado por los manuales militares de la guerra.

Emilio Urdapilleta