El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay Periodo Liberal

El Paraguay Liberal: El “caballerismo”, la continuidad del “conservadurismo” en el poder y la venta de tierras públicas

Habíamos dicho en el capítulo anterior que en el año 1880, tras la muerte del presidente Candido Bareiro – quien reunió en su entorno a los sobrevivientes de la guerra guazú – es decir al elemento más conservador de la política nacional, y tras la renuncia de su vice Adolfo Saguier, para cubrir la doble acefalía el Senado designó presidente a Bernardino Caballero, ministro del Interior, el mismo día de la muerte del primer mandatario, el 4 de septiembre de 1880 dándose cumplimiento a la disposición constitucional.

Ex combatiente de la gran guerra, fue ministro casi permanente en todos los gabinetes desde los inicios de la ´´era constitucional´´.  Con la ideas muy claras del rol que debía cumplir, por la experiencia recogida en los últimos años, inició Caballero su primera presidencia, en la que completó el tercer período constitucional.

Su natural campechano y amable le granjeó la simpatía de sus adherentes y el respeto de sus adversarios. De poca instrucción (nula diría yo) académica, sin embargo era de un formidable ´´arandúkaáty´´ que lo hacía moverse con soltura en el difícil arte de la política. Viajó a Europa, donde se codeó con la alta aristocracia y la nobleza. Fue contertulio del mismísimo príncipe de Gales con quien tenía un extraordinario parecido, según mentan los cronistas de la época. Amigos de sus amigos a quienes dispensaba un trato llano y amable, entre los que se contaban a los más altos exponentes de la escena política internacional del Plata, con especial mención de los brasileños con quienes trató desde la terminación de la guerra. (Tal vez de ahí venga la acusación de sus adversarios políticos al tildarlo de ´´hombre del Brasil´´, expresión que continúa hasta nuestros días a los que simpatizan con la pañoleta colorada). 

Cándido Bareiro

Fue recibido por la corte de San Cristóbal y supo manejar esa relación de simpatía con el Brasil durante toda su vida, circunstancia que le reditúo grandes beneficios políticos. 

Indudablemente era el momento del general. Su candidatura estaba madura; lástima la mancha que significaba llegar al más alto solio de la república con la cuestión esa de la ´´renuncia´´ del vicepresidente Saguier. De cualquier forma, la legitimidad de ejercicio suple muchas veces la ilegitimidad de origen, más teniendo en cuenta que las ´´elecciones presidenciales´´ en esa y casi todas las épocas, estaban ´´cocinadas´´ de ante mano. Además, la propia constitución nacional sancionaba un sistema indirecto en los comicios, dejando a cargo de la legislatura, la elección de la fórmula, siguiendo el modelo original de la constitución de los Estado Unidos de América y el de la Argentina, de donde había sido copiado. Una oligarquía política tenía entonces a su cargo ´´interpretar´´ el sentido de la voluntad popular.

La constitución de 1870 ciertamente establecía el sistema presidencialista, pero las atribuciones del legislativo eran tales, que entre las mismas estaba la de elegir al presidente y vicepresidente de la república. Esto no podría ser desde luego de otra forma, dado que en la época de su estudio y sanción, el grupo dominante se aseguraba prácticamente su preeminencia política. Lo que no pudieron prever, fueron las muy tornadizas circunstancias políticas digitadas desde las legaciones argentinas y brasileñas y sus respectivos ejércitos de ocupación- quienes a la corta o a la larga-fungieron no pocas veces de verdaderos electores.

Gral. Bernardino Caballero

Aún insatisfecho por el desconocimiento que tenía de los problemas de algunas regiones del país, obtuvo permiso del Congreso para ausentarse de la capital por unos meses y recorrer ciudades y pueblos de campaña a fin de informarse detalladamente de sus problemas.

Con la llegada de la primavera del ochenta, culminaba todo un largo y accidentado proceso que, cual parto doloroso, traía al país unos buenos años de paz política. Atrás quedaban las revueltas armadas, los asesinatos políticos, los exilios, las detenciones en masa de opositores, las purgas, etc. A esto había que sumar las presiones externas, que en la post guerra estaban ´´garantizadas´´ por los ejércitos de ocupación de las dos grandes potencias de la región.

Caballero heredaba el hastío de confrontar de manera violenta lo político. El país pasaba por un momento de bonanza en lo económico basado en una coyuntura internacional favorable y el aumento de la producción que arrojaba un saldo exportable significativo. Atrás habían quedado los tiempos en que por las angustias del país tenía que poner en venta hasta los edificios públicos, para procurarse los medios para seguir tirando.

El círculo en el poder, sintetizaba en el accionar del gobierno las aspiraciones del espíritu conservador. Conformado mayoritariamente por los veteranos de la pasada guerra-aunque también se contaban entre ellos los llamados ´´legionarios´´-habían conseguido una hegemonía indiscutible en los largos años de lucha con la oposición liberal.

Bernardino Caballero

Este proceso había tenido inicio en el pacto de febrero de mil ochocientos setenta y cuatro-durante la administración del presidente Jovellanos- cuando, como consecuencia de la victoria alcanzada por las fuerzas de los generales Caballero y Escobar sobre el ministro de guerra Benigno Ferreira, el grupo liderado por el elector presidente, había conseguido no solo la victoria militar, sino mover totalmente el tablero político, logrando el defenestramiento y exilio de Ferreira y, lo más importante, el copamiento del gabinete de Jovellanos, ´´cortando el bacalao´´ de ahí en más. 

Gill, Bareiro y Caballero. Tres presidentes (fundadores del extinto Partido Nacional) y tres períodos constitucionales estaban transcurriendo bajo la influencia de los brasileños. Ferreira desplazado, debía afrontar el exilio de veinte años y madurar desde allí, no solo su regreso-el que se produjo en el noventa y cuatro-sino la vuelta del partido liberal al poder de la república bajo el patrocinio de los grandes intereses anglo-argentinos, prevalente en ese tiempo, aprovechando el declinamiento del Brasil que estaba pasando a la sazón por difícil momento político. La monarquía entraba en su fase terminal.

Al promediar este tercer periodo presidencial se formó un poderoso club electoral el 21 de septiembre de 1881 – Club Libertad – con el propósito de proponer la candidatura de Caballero para el próximo periodo. El Club Libertad se integró con ciudadanos de diversos clubes políticos, como Antonio Taboada, Ignacio Ibarra, Ildefonso Benegas, Guanes, Zayas, Cardozo y otros, todos conocidos fundadores del Centro Democrático en 1887.

Caballero

Des – mistificando lo dicho por algunos ´´historiadores´´ envenenados por el maniqueísmo,  se puede asegurar que la época de Caballero es positiva para el país. Se elevaron los índices de alimentación, salud, cultura y por sobre todo, la producción y las exportaciones, que posibilitaron un aumento del bienestar general de la población paraguaya.  

Así como cuando los hombres conseguimos un buen pasar, perseguimos el mejoramiento cultural y espiritual, también las sociedades que logran cierto bienestar, apuntan a la creación y fundación de centros culturales. Habrían de transcurrir casi setenta años desde la emancipación para que se abriera en el país un colegio nacional de estudios secundarios y la apertura de una escuela de derecho.   

Bajo la administración del presidente Bernardino Caballero se establecieron el Colegio Nacional de la Capital y la Escuela de Derecho-antecedente inmediato de la facultad de leyes de la Universidad Nacional de Asunción- entre otros hitos culturales de importancia, que despertarían el alma nacional hacia el cultivo de las ciencias, las artes y las letras. De ella saldrán más tarde los que luego serían los primeros intelectuales del país que brillaran en la cátedra, la política, las artes y la prensa. El ´´Ateneo Paraguayo´´, entidad cultural que hasta hoy presta sus invalorables servicios a la cultura nacional, también fue fundado en la administración del presidente Caballero.

El doctor Arturo Bordón, un intelectual perteneciente al Partido Liberal, duro fiscal del coloradismo, al calificar al periodo que gobernó Caballero dijo: ´´La administración del General Caballero fue fecunda en realizaciones. Se comenzaba a reconstruir la nación desecha en cinco largos años´´.

Bernardino Caballero.

La venta de las tierras públicas

La política se desenvuelve con total normalidad, haciendo presagiar años de estabilidad. El gobierno sortea las dificultades económicas sancionando la ley de venta de tierras públicas, preferentemente a capitales extranjeros. Fabulosos latifundios se crean a partir de la citada normativa; miles de leguas son adquiridas por los Casado, Pinasco, Sastre, etc. Los inmensos yerbales son explotados por sociedades anónimas que reúnen grandes capitales, como la Industrial Paraguaya, y luego, la Matte Laranjeira.

Injusta, a nuestra manera de ver, la crítica que se le hace a la administración del presidente Caballero por haber puesto en venta las tierras de propiedad del estado paraguayo. A poco de hacer un análisis de la situación económica del país a la terminación de la guerra de la triple alianza, vemos que a lo que se podía echar mano era a lo poco que había en el patrimonio estatal. Desde la presidencia de Cirilo Antonio Rivarola se habían puesto en venta, no solamente las tierras públicas, sino los edificios públicos, el ferrocarril, sus rentas, etc. Esto, sin contar verdaderas traiciones que en nada favorecieron al país como la ´´hazaña´´ de fugarse con la platería del tesoro público del triunviro Díaz de Bedoya en Buenos Aires, del empréstito de 1972 con la banca inglesa que fueron malversados y malgastados por el gobierno de Salvador Jovellanos. Hechos, que ni en broma recuerdan anti Caballeristas en debates o discusiones.

La venta de tierras públicas está relacionada con el fomento de la inmigración, considerado desde el pensamiento alberdiano y en lo sucesivo como la milagrosa solución de los países americanos de vastas extensiones de tierras son brazos que la trabajen. Está política de ventas se hizo con miras de activar la agricultura, se promovió la colonización oficial y privada, recurso previsto en la propia constitución del 70. Se tiende a ´´olvidar´´ que al campesino agricultor se adjudicó gratuitamente lotes rurales de hasta 16 cuadras cuadradas; que se creó la escribanía de pobres creada al efecto de otorgar títulos de propiedad sin costo; fracciones de bosques y campos de pastoreo – el Campo Comunal – fue destinado al uso de la comunidad, para extraer leña y el pastoreo del ganado lechero.

Se crearon colonias privadas en Altos y Villa Hayes. La actual colonia de San Bernardino fue una colonia a iniciativa del presidente Bareiro, continuada por Caballero que los colonos alemanes bautizaron.

Por otra parte, la misma constitución nacional sancionada en mil ochocientos setenta, en su artículo cuarto establecía como una de las rentas de la nación: ´´ al producto de las ventas de las tierras públicas´´. Es decir, los mismos constituyentes, a la sazón en mayoría liberal, establecieron con el más alto rango normativo-nada menos que la constitución nacional- la luego tan vilipendiada venta.

Claro, no se puede prever todo, y menos que la situación política luego cambiara de rumbo y pusiera a otros actores en la palestra. A lo sumo, se podría acusar al gobierno del presidente Caballero de hacer ´´cumplir´´ lo establecido taxativamente en la carta magna. Solo la mala fé puede distorsionar lo verdadero. A no engañarse; las tierras era lo único que había de valor; el resto ya nos habían desvalijado nuestros ´´civilizadores´´ de la alianza y la rapiña de los primeros gobiernos ´´constitucionales´´. Era el único expediente a que podía echar manos el gobierno para sufragar los gastos del presupuesto nacional y realizar las obras más urgentes (a no olvidar que el país quedó hecho escombros después de la guerra de la triple infamia).

CALLE PALMAS
En la esquina de 14 de Mayo sobresale el PALACIO de BENIGNO LÓPEZ.
Carretas y hombre a caballo transitan por el centro de Asunción.
Albúmina (ca. 1890), 20 x 29, Manuel San Martín
 Imagen Crédito: Portal Guaraní

En la universal condenación, entrarían autores nacionales como extranjeros. Desde Pastore a Eliseo Reclus.

Tanta oferta de tierras hubo en ese periodo constitucional, que Cecilio Báez dijo ´´solo el que no quiere tierra no la tiene en el Paraguay´´.

La venta de tierras públicas iniciada durante el gobierno de Caballero fue y sigue siendo objeto de crítica malévola, con sentido oportunista, populista, como un repertorio que forma parte de la politiquería. Nunca se dijo, por ejemplo, que fue con los años una de las formas de justificar el uti possidetis ejercido sobre la región chaqueña en las discusiones de juristas paraguayos y bolivianos.

Sin embargo, para acallar vozarrones propios de la politiquería y adhiriéndose a la posición del jurista Ramón Zubizarreta, es el mismísimo Doctor Cecilio Báez, máximo intelectual del Partido Liberal que en su obra Tratado de las Finanzas consideró dicha política de ventas una acción de beneficio para el país.

Dr. Cecilio Báez

En dicha obra se afirma:

´´Y el Paraguay, país fertilísimo y rico, fue bajo el régimen del despotismo, el más pobre y el más atrasado de América del Sur´´, refiriéndose al tiempo de Francia y los López.

Pero advino la guerra de 1865, y aquel régimen desapareció en 1870. Desde entonces los gobiernos comenzaron a enajenar las fincas urbanas de la República, primero, y luego las tierras públicas y yerbales, según leyes de 1884, y años subsiguientes´´.

´´Las tierras públicas fueron al efecto divididas en tres clases; campos de pastoreo, tierras labrantías y yerbales´´.

Esto era lo que el doctor Zubizarreta llamaba la desamortización de los valores territoriales; era movilizar los capitales muertos, ponerlos en circulación, convertirlos en riqueza nacional, hacerlos productivos por el trabajo libre.

´´Al mismo tiempo que se autorizaba la venta de los bienes nacionales, se disponía también la locación o arrendamiento de los que fuesen comprados por los particulares.

´´La enajenación de las tierras públicas hizo posible la introducción de los capitales europeos, hizo posible el trabajo libre del agricultor propietario, hizo posible el fomento de la riqueza pecuaria, de la industria yerbatera, y la explotación de los montes, que producen madera y tanino´´, etc.

CAMINO A SAN MIGUEL
Curva que conecta las actuales avenidas
MARISCAL LÓPEZ y GENERAL MÁXIMO SANTOS
Albúmina (ca. 1890), 20 x 29, Manuel San Martín.
Imagen crédito: Portal Guaraní

Las opiniones del jurista Ramón Zubizarreta, ilustre español, primer rector de la Universidad Nacional y la de Cecilio Báez, un agudo crítico de las instituciones republicanas de sus rivales, son consagratorias y ponen un ponen un punto final a una cuestión habitualmente producto del fanatismo o del maniqueísmo.

Esta historia a lo mejor continuará……………

Nota del autor: escribí en el título la palabra ´´conservadurismo´´ – entre comillas – de forma irónica ya que me pareció – por todo lo expuesto – el gobierno de Caballero como uno de los más liberales de la historia. 

Fuentes:

  • ´´Del 14 y 15 al 2 y 3 Una Interpretación de la historia política del Paraguay´´ de Eduardo j. Giménez Rabito.
  • ´´Progresismo republicano y las Ideas liberales´´ de Julio César Frutos.
  • ´´La República del Paraguay´´ Un siglo de vida nacional 1811-1911, de Arsenio López Decoud.
  • ´´El Paraguay Independiente´´ de Efraím Cardozo.
  • ´´Historia Política del Paraguay´´ de F. Arturo Bordón.
  • ´´Tratado de las Finanzas´´ de Cecilio Báez.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *