El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay Periodo Liberal

El Paraguay Liberal: El Egusquisismo

Apogeo del grupo gubernista «Liberal Pytaí-Colorado Chovy» en el poder

Terminado el período presidencial 1890-1894 por el vice-presidente Marcos Morínigo tras la caída del presidente Juan G. González, quien había sido puesto en buque por los líderes militares-republicanos Caballero y Egusquiza, tras la «cabezudeada» del ladino primer mandatario al querer dormirles a ambos en la candidatura presidencial queriendo poner como presidente por debajo de la mesa a su concuñado don José Segundo Decoud. Esto le costó al presidente ganarse el castigo preferido de la clase política paraguaya: el exilio.

Surge así en el coloradismo, que ya estaba viviendo sus últimos periodos en el poder de la república- la puja entre las dos facciones más conocidas de la época: el Caballerismo y el Egusquisismo.

Juan Bautista Egusquiza. Imagen Fuente: Portal Guaraní.

Recordemos que el 18 de Octubre de 1891, el gobierno colorado debía afrontar su primer levantamiento armado en la época liberal. El liberalismo – al menos una parte – cansado de los reveses electorales se proponía a poner fin a los gobiernos colorados, de la forma más conocida en esos tiempos por los paraguayos, de manera violenta y virulenta. El sector liberal liderado por el Mayor Eduardo Vera, héroe de la guerra guazú, era finalmente abatido por las tropas gubernistas lideradas por el teniente coronel Juan Bautista Egusquiza, en una revolución absolutamente inútil e innecesaria (curioso es que el Partido Liberal tenga como polka una que recuerde el día de una sangrienta derrota, pero esa es otra historia). Los intereses argentinos manipularon localmente con el liberalismo para la concreción de la acción revolucionaria que derrocara la presidente González, al partido republicano y ultimar al general Caballero.

Pocas veces se ha mencionado que el presidente Juan G. González fue nominado por un acuerdo liberal-republicano, que eligió al liberal Víctor M. Soler para ocupar la vicepresidencia liberal. La mayoría del directorio liberal, dirigido por don Antonio Taboada así lo dispuso. Sin embargo, una minoría anti-oficialista, presa del fanatismo cerril, exigió y obtuvo la renuncia de Soler a la vicepresidencia de la República.

Esas dos líneas existentes en el seno del Centro Democrático se diferenciaban nítidamente, la anti- pactista y la dialogante liderada por Antonio Taboada. La línea dura se transformaría con el tiempo en el radicalismo y la pacifista tomó la denominación de cívica o civiquista. Los radicales borrarían del mapa a los cívicos en 1908.

El desempeño de en las acciones contra las tropas de la divisa azul sería descollante y con el mérito de la victoria, se elevaba la figura de Egusquiza que así no solo era recompensado con una candidatura sino que pasaba tomar tanta fuerza política que lo haría liderar una facción importante dentro del partido colorado para hacerle contra peso al popular pero decadente Caballerismo. Nacía el Egusquisismo.

Con estos antecedentes nada despreciables, la candidatura para el periodo 1894-1898 fue para el «meteoro» del momento, el ahora general Juan Bautista Egusquiza, quién conformó la formula con el doctor Facundo Ynsfrán. De nada le valió al general Caballero su «alianza» con Egusquiza, salvo para llenar la vice presidencia con su también pariente el doctor Facundo Dolores Ynsfrán.

“El consabido veinte y cinco de Noviembre de mil ochocientos noventa y cuatro se instala como primer presidente inquilino del flamante palacio presidencial, el general Juan Bautista Egusquiza”.

Gral. Juan Bautista Egusquiza, Presidente de la República en el centro de la foto que data de 1898, y el Vicepresidente Facundo Dolores Ynsfrán; el Ministro de Relaciones Exteriores José Segundo Decoud; el Ministro de Justicia Remigio Mazó; al Director de Ferrocarriles H. White; al representante de la Legación de España en Asunción Fernando Jovia; y a tripulantes del Cañonero «Temerario» de la Armada Española apostada en Asunción: Juan Puig Marcel (Comandante), Julio Gañi (2do. Comandante), y José Montero Reguera (Oficial). FUENTE DE LA IMAGEN: Biblioteca Nacional de España. Extraída de la página del facebook de Asociación Cultural Mandu’arã.

En cuatro años pasó de teniente coronel a general; de obscuro comandante en las Misiones a presidente de la república; y de presidente a jefe partidario de una facción importante del coloradismo declinante y en vías de una inevitable caída formal.

El caballerismo entraba en un cono de sombra del cual saldría in extremis en mil novecientos dos con la candidatura del coronel Juan Antonio Escurra; por el momento apenas el consuelo de la vice presidencia.

El gabinete del presidente Egusquiza era el reflejo de la situación volcada totalmente hacia este sector emergente. En ese mismo fin de año, los liberales se reagrupan y es llamado de Buenos Aires el general doctor Benigno Ferreira, quien no tarda en convertirse en jefe del partido liberal.

Al poco tiempo sin embargo, estalla la disidencia en el seno de este partido entre los llamados «radicales» y los «cívicos» y se opera en el liberalismo el cisma que había ocurrido en el campo republicano. Los cívicos terminan transando con el gobierno y entran a formar parte de los cargos administrativos y electivos del estado. José Segundo Decoud y Benjamín Aceval ingresan al gabinete ministerial del presidente, como también posteriormente don Emilio Aceval.

Los cívicos liberales son abiertamente situacionistas, tanto que el grupo denominado radical, haciendo gala de su apelativo, toman debida distancia de sus adversarios. El liderazgo de este último grupo lo ejercería el doctor Cecilio Báez y más tarde don Manuel Gondra.

Como las sinecuras más apetecidas no alcanzan para todos, el fraccionamiento de toda organización política resulta prácticamente inevitable. El hoy llamado «zoqueterismo» es una vieja tradición nacional e internacional. De esta suerte, se entra en la legislatura en base a componendas electorales; en la administración por la vía del parentesco o del amiguismo societario; en la diplomacia; en la magistratura; en los altos cargos de la administración del estado y así sucesivamente. Hasta nos animaríamos a afirmar que en toda organización donde haya algo que repartir, se manifestará este fenómeno.

La gente pareciera solo pelea en serio por dinero, o su equivalente. El problema es que la torta nunca alcanza para todos y así se producirán, a través de la historia de los partidos políticos, las divisiones y los liderazgos enfrentados a «todo juego».

Hábilmente el gobierno concertó con el grupo cívico y con ello logra mantener el apaciguamiento en los espíritus, cosa que genera sosiego en la sociedad y trae como consecuencia un período de bonanza económica. Los autores, por regla general tienen un buen concepto del gobierno del general Egusquiza.

Durante su gobierno, Juan Sinforiano Bogarín fue nombrado obispo del Paraguay; se introdujeron los coches de alquiler; se fundó la Escuela de Agricultura, que estuvo dirigida por Moisés Bertoni; se fundó el Instituto Paraguayo. Desde el Gobierno, Eguzquiza propugnó la pacificación política del país, con la participación en el gobierno de hombres de las diversas corrientes políticas; se crearon varias localidades (Ayolas, Irala y Hernandarias); se creó la Escuela Normal de Maestros y de Maestras; se creó la Caja de Conversión; la Guardia Nacional; se reabrió la Facultad de Medicina; etc.

El general Egusquiza, otorgó una marcada importancia a la educación, éste fue un signo positivo y admirable que se pudo apreciar durante su gobierno. En ese campo, se envió al joven abogado e historiador Blas Garay a Europa en carácter de secretario de legación en Inglaterra, Francia y España. En este último país, en el Archivo de las Indias de Sevilla, estudió profundamente, los derechos del Paraguay sobre el Chaco, cuya soberanía se disputaba con Bolivia. Fulgencio R. Moreno fue secretario rentado de la Cámara de Diputados; el Dr. César Gondra, ministro residente en el Uruguay; don Gregorio Benítez, estuvo en Fiscalía General del Estado.

Le confió la dirección de la Escuela Normal de Maestras, a la célebre docente barrereña Adela Speratti, y la de la Escuela Normal de Maestros a Francisco Tapia. El 25 de octubre de 1897 se dispuso la organización de la Escuela de Agricultura y Granja Modelo. El 1 de mayo de ese mismo año asumió la Superintendencia de Instrucción Pública don Enrique Solano López y el 4 de abril de 1898, como miembro del Consejo Superior de Educación, el diputado don Fulgencio R. Moreno. Accedieron al rectorado de la Universidad los Doctores Federico Jordán, Pedro P. Peña y don Héctor Velázquez.

El Estado impulsó la enseñanza de las bellas artes, las funciones de ópera y reconoció el funcionamiento del Instituto Paraguayo, que fue fundado el 10 de julio de 1895. Aparecieron los diarios “El Cívico”, “La Prensa” y “La Nación”, además de la “Revista del Instituto Paraguayo” y la “Revista Mensual”.

 Los cadetes eran enviados al exterior (Buenos Aires y Santiago de Chile) a recibir instrucción superior en las academias militares. De estas remesas saldrían los oficiales que en mil novecientos cuatro echarían del poder político de la república al partido nacional republicano. Hijos de colorados de quilates, como Escobar; los sobrinos del general Caballero; el hijo de Zacarías Arza- el inefable Albino Jara- y, hasta el mismo vicepresidente de la república doctor Manuel Domínguez, desertarían sucesivamente para instalarse en filas liberales. Como dicen los españoles: «cría cuervos y te comerán los ojos».

Este grupo de oficiales becados al exterior tendrían una mayor percepción de los factores de poder internacional. Los países chicos y pobres son inevitablemente dependientes. La estructura conservadora ya no respondía al vasto esquema liberal de fines de siglo, consecuentemente estos verían el inminente cambio que se avizoraba; no harían otra cosa que ponerse a tono.

La academia militar; la observación de otro comportamiento social y los grandes factores condicionantes de la política internacional, habrían calado hondo en estos oficiales que serían los factótums del novecientos cuatro.

Sin mayores apuros ni contratiempos, el general Egusquiza cumple su período constitucional. En Paraguay les resulta relativamente fácil a los mandatarios de origen castrense completarlos. El pueblo mismo, siente una extraña fascinación hacía los líderes militares, posiblemente sea porque nuestro país sufrió una permanente agresión desde su misma constitución como nación. El caudillo militar es figura casi obligada de nuestra escena política en todo tiempo. Al paraguayo le impresiona más un general que cien doctores.

Como colofón del período que estamos tratando, “resulta la candidatura del señor Emilio Aceval para el siguiente periodo presidencial”, sería el último presidente del siglo XIX. Era miembro nato del grupo gubernista «colorado chovy» – «liberal pytaí».

Probablemente esta historia continuará…

Fuentes:

  • Del 14 y 15 al 2 y 3 Una Interpretación de la historia política del Paraguay de Eduardo j. Giménez Rabito.
  • Progresismo republicano y las Ideas liberales de Julio César Frutos.
  • La República del Paraguay Un siglo de vida nacional 1811-1911, de Arsenio López Decoud.

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