El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Ensayo Historia del Paraguay Periodo Liberal

El Paraguay Liberal: El inicio de los clubes y partidos políticos en Paraguay

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En entregas anteriores había presentado una serie de artículos «El Anarquismo Liberal» «La Hecatombe: La era del Varón Meteórico»  «Año 1912. Las cuatro presidencias: una seguidilla de hechos bochornosos» y «Jaristas vs Gondristas; ni ganadores perfectos ni perdedores acabados»   sobre la época de lo que se conoce el de la “Anarquía liberal” que abarcó desde los años 1904 a 1912.

Por lo que me parece oportuno retrotraerme en el tiempo y escribir sobre el inicio del Paraguay Liberal que no comenzó precisamente con la toma del poder de la República del Centro democrático o Partido Liberal en 1904.

Escribía el abogado y ensayista paraguayo, Eduardo J. Giménez Rabito lo siguiente, de que el Paraguay desde su independencia se dividió en tres etapas en lo relativo a su proceso político, “el Paraguay Patriarcal, el Paraguay Liberal, y el Paraguay Corporativo”.

Mencionaba el citado autor cuando hacía referencia al cataclismo del Paraguay “patriarcal” agonizando en las orillas del “Aquidabán-niguí” aquel primero de marzo del año 1870:

El Palacio de López ocupado por las fuerzas aliadas. La imagen fue modificada digitalmente. Fuente: Memorias de la Ocupación – Facebook.

“Se cerraba el ciclo del Paraguay autónomo, autoritario, nacionalista, progresista, autosuficiente y romántico. Comenzaría otra historia desde las ruinas de la patria dolorida, destrozada y mutilada”.

En efecto, de la tragedia se levantarían de sus cenizas todavía humeantes, los ancianos, niños y mujeres que quedaron luego de una guerra de verdadero exterminio.

Terminaba el patriarcado en medio del llanto y el luto; el Paraguay casi sin población de varones, mutilada por los cuatro costados. Una constitución importada nos daba un nuevo marco legal e institucional, impuesta a bayonetazos por las tropas de los vencedores; con un gobierno títere cuyos hilos lo manejaban Paranhos, Roque Pérez y los adelantados del libre comercio. Una deuda de guerra de proporciones siderales iba a ser el embargo permanente que pesaría sobre generaciones de paraguayos como reaseguro.

MURAL «HACIA CERRO CORÁ». Últimos restos del Ejército Paraguayo que acompañó al Mariscal López. Obra de pintor ROBERTO HOLDEN JARA, 1960. Fuente: Portal Guaraní.

Era el precio exorbitante que pagábamos por manejarnos tanto tiempo fuera del circuito internacional; por no haber organizado la república desde el vamos bajo los principios liberales que vieran la luz en la letra de la Constitución de los Estados Unidos y la Revolución Francesa en el plano puramente ideológico, y del libre comercio, su expresión económica.

Demasiado tiempo habíamos enajenado nuestra soberanía en una sola instancia suprema, personalizando las instituciones en la voluntad omnímoda de nuestros grandes patricios. Nacidos a la vida independiente, en vez de aprender a caminar por los caminos de nuestro albedrío, canjeamos nuestras libertades por temores ancestrales. Resignados en nuestras mejores intenciones, sin la iniciativa de quién ejerce plenamente su determinación. Mucho tiempo, bajo tutoría forzada o voluntaria, por temor a las caídas.

La ciudad de Asunción ocupada por el ejército aliado (Le Monde Illustré: journal hebdomadaire, n.º 625, 03/04/1869). Guerre du Paraguay: La ville de l’Assumption occupée par l’armée alliée.

El largo y escabroso camino de la emancipación recorrimos a la grupa de nuestros patriarcas; al terminar el calvario del setenta debíamos aprestarnos a iniciar otro, pero bajo el signo de la patria liberal, con otros actores y otro libreto, pero con el severo escrutinio de los aliados vencedores.

Signo inevitable de los países jóvenes y débiles; nos dirigen desde afuera mediante capataces voraces y despiadados, dando la impresión de que la libertad es solamente un valor de consumo de los fuertes, de los afortunados, y “que las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas”.

PALACIO DE LÓPEZ, DESDE LA BAHÍA LUEGO DEL BOMBARDEO DE LAS TROPAS BRASILERAS. Óleo de IGNACIO NÚÑEZ SOLER. Fuente: Portal Guaraní.

Los grandes intereses imperiales se estaban instalando en América Latina. Sus inmensas y afiladas manos se extendían codiciosas sobre estos países de grandes gerentes del nuevo orden mundial. Reinos y repúblicas; gobernantes, doctores y mercaderes cipayunos no faltarían para franquear a los rubios británicos su entrada triunfal a los mercados astutamente ganados al Reino de España. Uno de los resultados de este juego de intereses imperiales constituyó la independencia de muchos países de la órbita española.

El pobre y sufrido pueblo paraguayo debería tragar a desgano el budín inglés y dejar para otra oportunidad la mazamorra.

El Palacio de López tras la toma de Asunción por los aliados, convertida luego en el cuartel de caballería riograndense con la bandera brasileña ondeando. Diógenes Hequet – Museo Histórico de Montevideo

En enero del sesenta y nueve —un año y pocos meses antes de la última batalla librada por el Mariscal Presidente en Cerro Corá— las tropas aliadas, brasileños y argentinos, (pues los uruguayos se habían retirado totalmente creyendo que nuestro ejército había sido aniquilado en «Itá Ybaté»), hacían su entrada triunfal a la Asunción, tragándose todo lo que encontraron de valor, prendiéndole fuego a lo restante, a modo de adelanto de las bondades de la “civilización” que nos traían a cambio de nuestra “barbarie”[1].

Con las tropas invasoras  llegaron los paraguayos “de la legión” y poco más tarde, los becados del exterior —Don Cándido Bareiro entre ellos— quienes habían sido enviados por el finado presidente Don Carlos Antonio López a Europa. Hacemos mención al Señor Bareiro por la importancia del papel que jugaría inmediatamente como contrapeso de los legionarios[2] que “cortaron la torta” en un  primer momento en la “regeneración del Paraguay”. Con Don Cándido —que ciertamente no hacía honor a su nombre— se refugiaría  la vieja guardia sobreviviente de la hecatombe y representaría el elemento conservador, heredero de las antiguas tradiciones políticas del país.

Nada más llegados, se reúnen en una gran asamblea de notables a fin de considerar los graves momentos por los que atravesaban la república y deciden cursar un oficio a los representantes de la alianza, requiriendo de estos entre otras cosas, la conformación de un gobierno provisional que tratara con los mismos, los reclamos urgentes del momento, entre ellos los que hacían referencia a los tratados de paz y límites, surgiendo el envío de una comisión a Buenos Aires para tales efectos.

Tropas brasileñas toman posesión de la Estación Central del Ferrocarril en Asunción. El Duque de Caxías se hospedaría temporalmente en la Planta Alta de ese edificio. «Album fotográfico histórico del Paraguay», Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, gentileza del Abog. Eder Acosta Santacruz, Fuente: Asociación Cultural Mandu`arâ, Facebook.

En inteligencia con los aliados, se envía una comisión a la capital del Plata. Conversaciones van, protocolos vienen, se conviene en esa la formación de un “triunvirato” —figura conocida en nuestra historia política— que se conforma  con los Señores Cirilo Antonio Rivarola, puesto por los brasileños, completando el elenco Don Carlos Loizaga y Don José Díaz de Bedoya —activos militantes del legionarismo de la primera hora— a moción de los argentinos.

Preside el flamante triunvirato, el Señor Cirilo Antonio Rivarola en prueba de que la representación brasileña tenía en ese momento la “sartén por el mango” en el arranque mismo del proceso político de cuño liberal que se inauguraba en el Paraguay.

Aún combatía el Mariscal con los restos de su ejército en la postrer campaña del Amambay, pero lo primero que decretaba el flamante gobierno títere era declarar “fuera de la ley y enemigo del género humano” al Mariscal Francisco Solano López.

Cirilo Antonio Rivarola. Wikipedia
Juan Díaz de Bedoya. Wikipedia.
Carlos Loizaga. Corte Suprema de Justicia

Se abre además, como es de toda lógica, las puertas de la República a la inmigración, brindándole toda suerte de franquicias y privilegios nunca otorgados a los propios nativos del país, propiciándose de esta manera la más desvergonzada xenomanía que duraría durante años, algunos dicen, hasta ahora.

Inmediatamente, comienza el proceso de corrupción de los caudales públicos de la nación. El triunviro José Díaz de Bedoya es enviado a Buenos Aires con lo que restaba del valor en joyas, platerías, objetos de culto religioso de la Iglesias, remanente del saqueo invasor, a fin de reducirlos en la plaza porteña para costear los gastos urgentes del estado paraguayo.

El triunvirato. Imagen diseñada por Ali Galeano.

Ni noticias del dinero obtenido y el tal Díaz de Bedoya, abdicando de su alto rango triunviral, se instala en la capital porteña gozando de la “fresca viruta”[3].

El gobierno paraguayo, reducido a “biunvirato” siguió en la conducción del país hasta que la Convención Constituyente —que por entonces se hallaba en sesiones a fin de sancionar la carta constitucional de la república— decidió dar el primer golpe de estado del Paraguay liberal, forzando la renuncia de Don Carlos Loizaga, quedando solo el titular del triunvirato Don Cirilo Antonio Rivarola.

Don Cándido Bareiro. Wikipedia

Se desataba un verdadero sainete, pues a poco, en fecha treinta y uno de agosto de mil ochocientos setenta, éste es a su vez defenestrado por un grupo de convencionales bajo el pretexto de que el triunvirato había quedado disuelto por “las renuncias” de José Díaz de Bedoya y Carlos Loizaga.

Entre gallos y medianoche, “se elige” al convencional Dr. Facundo Machaín como Presidente del República en reemplazo de Rivarola. Entre tanto, otro grupo de expectables ciudadanos, liderados por Don Cándido Bareiro, en inteligencia con los brasileños, dan un vuelco espectacular a los acontecimientos y no lo dejan ni siquiera jurar al flamante presidente.

Facundo Machaín. Wikipedia

Corolario, se repone nuevamente en el alto cargo de jefe del Poder Ejecutivo nacional al barrereño Cirilo A. Rivarola, dándose de esta manera la primera muestra de nuestros finos modales democráticos y ocasionando la ruptura del bloque liberal de la convención constituyente.

Con estos auspicios se inauguraba en el país la nueva era liberal, dejando al desnudo que solo cambiarían las formas y algunos hombres, y que el resto seguiría igual o peor —como diríamos los paraguayos—, “ñacambiá, garrote re”.

Ciertamente había una constitución impuesta desde las carpas de la alianza que establecía claramente los perfiles del nuevo estado; división de los poderes; los derechos y las garantías del ciudadano; la responsabilidad de los gobernantes y de los funcionarios del estado; el juicio político, etc. Pero sería nada más que un decorado; una puesta en escena con toda la utilería. Desde luego no podía ser de otra manera, dado que el libreto era importado, por lo que no podía esperarse que la cosa fuera en serio. Además, como telón de fondo, estaban las tropas de ocupación brasileñas y argentinas que permanentemente rivalizaban en el predominio político del país, cada uno con sus partiquinos. Para terminar, una miseria espantosa asolaba el país de punta a punta, como consecuencia inmediata de la Guerra de Exterminio que nos trajeron los “civilizadores” de la nueva etapa institucional del Paraguay.

Esta primera parte del proceso liberal, tendrá como constante, como juego permanente, este tipo de arreglos y trapisondas en eterna puja por el poder. Detrás de éste estaban los cargos, las sinecuras más apetecidas, los “zoquetes”[4] en lenguaje paraguayo actualizado. A través de los cargos, la corruptela institucionalizada e impune, generará en poco tiempo grandes fortunas, las que quedarán “blanqueadas” por la prescripción liberatoria de la amnesia colectiva. A la sombra del jefe y del caudillo que “metan la mano en la lata” a todo dar, estará la clientela recogiendo todo lo que queda del festín. Cuanto mayor sea ésta, mayores dividendos políticos se obtendrán.

Así surgieron los palacetes de la avenida Asunción (hoy Mariscal López) albergando a sus “linajudos” residentes. Total, en una o más generaciones no queda ni rastro. Los hijos serán los doctores, los doctores gobernantes y así seguirá, dándose nuevamente inicio a la endemoniada dialéctica del enriquecimiento ilícito, a costillas del pobre paraguayo que asistirá indefenso y resignado a la rapiña sin término.

Esta historia a lo mejor….continuará.

Fuentes:

  • Del 14 y 15 al 2 y 3: Una Interpretación de la historia política del Paraguay. Eduardo Giménez Rabito.
  • Efemérides de la historia del Paraguay. Efraím Cardozo.
  • La República del Paraguay: Un siglo de vida nacional 1811 -1911. Arsenio López Decoud.

Obs. Todas las notas son de Gabriel Ojeda


[1]Cantaleta de cualquier país que desea atacar a un vecino es la de otorgar a las acciones venideras un dejo de salvación, de expresar con las armas las gallardas intenciones de mejorar la vida de quiénes están aniquilando a diestra y siniestra, oprimiendo a los que vivían libremente, destruyendo el orden establecido contrario a los intereses de sus verdugos venideros, la civilización traída con cañones y soldados, demostraría a la historia de las Américas, cuán equivocados estaban los soldados aliados que se creyeron el cuento de la “guerra de civilización” y entendieron tarde, pero así lo hicieron, que no fue otra cosa que una guerra de exterminio.

[2]Una introducción breve se halla en este mismo portal con el título «La Legión Paraguaya y los Vende-patria» de Emilio Urdapilleta. https://elparlante.com.py/historia-del-paraguay/la-legion-paraguaya-y-los-vende-patria/

[3]Práctica muy repetida en la función pública desde entonces en Paraguay.

[4]El “zoom zoqueterikón” es un personaje notable de las huestes políticas paraguayas, puede manejar a su antojo los más diversos poderes de camaleonismo que en juerga popular se llama “mbatarismo” y es que aunque el sistema político contenga gobiernos de distintos colores, este animal de la zoquetería sabe “driblear” como un gran Lionel Messi del acomodo y la ganancia, a costa del contribuyente.

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