El Paraguay Liberal: José Pé, Elecciones «Democráticas» y Hervidero Bélico

El Paraguay Liberal: José Pé, Elecciones «Democráticas» y Hervidero Bélico

En el campo puramente político durante las postrimerías del gobierno de Eligio Ayala la participación política se había acrecentado, con la aparición de incipientes agrupaciones de izquierda y de ´´Tercera Posición´´ en el ecosistema político nacional lo que finalmente epilogó con la participación del Partido republicano en elecciones generales. En abril de 1928 se realizan las elecciones presidenciales, y por primera vez en la historia política nacional, se enfrentan en comicios dos fórmulas partidarias: la ´´liberal-radical´´, con José P. Guggiari y Emiliano González Navero, y la republicana, con don Eduardo Fleitas y E. López Moreira en la presidencia y vicepresidencia, respectivamente. El presidente de la República pasaría una vez terminado su mandato a ejercer probablemente su cargo por naturaleza: El Ministerio de Hacienda.

La dupla presidencial José Patricio Guggiari – Emiliano González Navero, se impuso fácilmente al binomio colorado Eduardo Fleytas – Eduardo López Moreira. El quince de agosto del año mil novecientos veinte y ocho, el presidente saliente doctor Eligio Ayala entrega los atributos del mando a su sucesor electo por primera vez contra candidatos del tradicional adversario político. Fue indudablemente un logro más del doctor Eligio Ayala, quien al mando del proceso político consiguió este halago.

El joven delfín de don Manuel Gondra llegaba a la primera magistratura de la república en mérito de su condición de caudillo popular. Ningún otro político liberal de la época, había aprendido tanto las enseñanzas del ilustre jefe partidario recientemente desaparecido. El que fuera dos veces ungido presidente de la nación y jefe histórico del radicalismo, había fallecido el año anterior.

A la grupa de Gondra, el doctor José Patricio Guggiari – el popular ´´José Pé´´ – había recorrido todo el país y había logrado conquistar el sentimiento de los liberales del interior del país. Don Manuel, su mentor, había dicho que el pueblo paraguayo siente una verdadera pasión por la igualdad. Quien aspire a ser su jefe, debe descender de su altura y ganarse su simpatía. Guggiari lo hizo desde muy joven, compartiendo con el liberal campesino sus penurias, sus anhelos y sus esperanzas.

Su compañero de fórmula, el ´´viejo´´ don Emiliano González Navero, tronco histórico del liberalismo radical, había sido dos veces Presidente Provisional de la República, ministro en varias ocasiones, miembro del Tribunal Superior de Justicia, presidente del Senado de la Nación, etc. Era el contrapeso de la vieja dirigencia a la nueva hornada de radicales que ascendían al poder partidario y nacional.

Por otro lado, desde la oposición ´´intramuros´´, se saludaba al nuevo gobierno con expresiones que traducen el ambiente de distensión logrado pacientemente por el doctor Eligio Ayala.                                                                                                           

La liga Nacional Independiente, se dirigía al nuevo gobierno en estos términos: “… Pocos presidentes en nuestro país habrán podido reivindicar con tanta justicia, para su advenimiento al puesto, un origen tan directa y genuinamente popular, como puede serlo ahora el doctor José P. Guggiari”.

Al mismo tiempo, el Partido Nacional Republicano – en su versión participacionista o infiltrista – se inclinó respetuoso ante la proclamación de los ganadores en los comicios, sin hacer resalvo alguno. El mismo candidato a la vicepresidencia por los republicanos, el doctor López Moreira, entregó la banda presidencial y bastón de mando al presidente Guggiari en solemne ceremonia de estilo.

Pareciera la escena soñada hecha realidad; pero, entre ser y parecer hay siempre una distancia que marca las diferencias. Había proscriptos del mismo partido y de la misma facción radical; los vencidos del veinte y tres. El ´´Schaerismo´´ total estaba no solo en la llanura, sino en el exilio forzoso. A esto hay que agregar, los republicanos abstencionistas; y por último, el bajo nivel de participación en los comicios de la ciudadanía.

De cualquier manera, para la época, el gobierno entrante tenía una legitimidad relativa. O, poniendo en otros términos, era razonablemente legítimo, augurando un futuro lleno de esperanzas en el desarrollo del proceso democratizador del país. 

Entre los sucesos positivos puede citarse la constitución del Consejo Nacional de Defensa en 1929; tras arduos debates, el Arzobispado; en 1931 el antiguo pueblo de Ajos pasa a denominarse ´´Coronel Oviedo´´ en honor a uno de sus más ilustres hijos, quien aún vivía; sucesivamente son creadas la Escuela de Odontología y la de Ciencias Económicas (lo que demostraba en contrapartida el atraso en el que nos tenían postergados los gobiernos liberales con sus cuartelazos y revoluciones campales), bases de las facultades que llegaron después. La educación tanto civil como militar se ven beneficiadas en 1929 con la sanción de la Ley N°1.048 de ´´Reforma Universitaria´´ , en 1931 se establece un nuevo Plan de estudios para el Colegio Nacional y en el orden castrense se habilita la Escuela Superior de Guerra. Por entonces ya hay 810 escuelas primarias, más de dos mil maestros y más de cien mil alumnos en aulas.  

Desgraciadamente negros nubarrones apuntaban en el horizonte. Los Estados Unidos de América, el Imperio emergente sellada la paz en Versalles luego de la guerra mundial del 14/18, había caído en una profunda depresión económica. La gran recesión pegó el coletazo hacia todos los lados, y Europa todavía convaleciente cayó en manos de nuevas ideologías totalitarias que se adueñaron en poco tiempo de Alemania, Italia, España, Portugal, etc. En Paraguay el gobierno en 1930 acepto que ´´todo nuestro organismo económico sufrió una distorsión espectacular´´, y que la caída de los precios internacionales afectaba negativamente toda la producción local.  La malaria se acrecentaba con el cierre y quiebra de comercios, la especulación, el desempleo y el coste de vida fueron agudizándose y golpeaban a los sectores menos favorecidos. Para variar, la cuestión de la vivienda se agrava en la capital: la población de la ´´Chacarita´´ continuaba en condiciones de ´´promiscuidad, dura e infecta´´ y desde 1928 el precio de los alquileres subiendo por las nubes. El barrio ´´Obrero´´ es diseñado y empieza a poblarse en la periferia sur-este de Asunción, y otras obras urbanísticas son encargadas en la capital bajo la intendencia de Pedro B. Guggiari.

Las violentas ráfagas nazi – fascistas empezaron a soplar hacia nuestra América haciendo impacto casi inmediato en las elites intelectuales de los principales centros de irradiación cultural; Buenos Aires, Rio de Janeiro, Santiago de Chile, Lima, etc.

Aparte de esto, debemos además apuntar que la revolución marxista en Rusia también generaba el mismo fenómeno. En síntesis; la influencia de Europa en ese entonces era casi total en todos los aspectos en relación a nuestros países americanos, como siempre lo fue – no habría que avergonzarse de reconocerlo con todas las letras – más teniendo presente que cuando entonces éramos más periféricos y sub – desarrollados que ahora.

Somos tributarios de la gran cultura europea, así como somos su descendencia genética.  En este sentido, lo que nos viene de afuera debe necesariamente pasar por el tamiz de nuestras originales categorías.

Producto de esta transculturación permanente, aparecen intelectuales que interpretan nuestra peculiar realidad, creando y sistematizando teorías que buscan la solución de la problemática latinoamericana, en tanto y en cuanto parte de la gran tradición cultural occidental.

Aparecen así intelectuales, comprometidos políticamente, como Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, en la Argentina; Getulio Vargas, en Brasil; Víctor Raúl Haya de la Torre, en Perú; José María Velazco Ibarra, en Ecuador, Germán Arciniegas, en Colombia; Juan Natalicio González y Justo Pastor Benítez en el Paraguay, quienes serán los que marquen el rumbo de las nuevas ideologías de la América Latina en duda entre la tradición liberal ortodoxa y las nuevas teorías de corte corporativo plasmados en la realidad de una Europa en crisis. 

No será mera casualidad la revolución militar del año treinta en la Argentina, que cierra todo un ciclo de decenios de democracia formal liberal-conservadora; más teniendo en cuenta lo permeable que son los argentinos a las influencias europeas; y no solo los argentinos, toda la periferia de los grandes centros de poder respondemos en mayor o menor grado a la lógica inexorable de los ´´ordenes mundiales´´ cualquier tiempo, con toda su carga cultural.

Con respecto al cambio de rumbo operado en la Argentina, pronto sabríamos nosotros, por aquello de ´´efecto dominó´´. Si no fue inmediata sus consecuencias en el país, fue causa de la guerra del Chaco, pues apenas terminó el conflicto con el país del altiplano, el Partido Liberal tuvo que resignar de por fuerza la titularidad del poder político en el Paraguay. De no haberse declarado la guerra creemos que el ciclo liberal habría terminado antes.

La influencia marxista, sin embargo fue mucho menor en ese tiempo, no obstante ser de factura anterior a las ideologías del nacional – socialismo de Alemania, del fascismo en Italia, del falangismo español; o del corporativismo portugués.

Su irradiación hacia América fue mucho más lenta. En esos años en el Paraguay era un ´´exotismo´´ para consumo de minorías.  El episodio de la ´´toma de Encarnación´´ y su correspondiente proclama revolucionaria el 20 de febrero de 1931, no tuvo por eso la necesaria repercusión para una sociedad todavía en ayunas con esa peligrosa ideología totalitaria.

El presidente Guggiari integró su gabinete inicial con don Belisario Rivarola, en la cartera del Interior; en Hacienda, el guardián del tesoro público, el doctor Eligio Ayala; en el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, el Lic. Rodolfo González; y en el despacho de Guerra y Marina, don Eliseo Da Rosa.

Con este elenco de figuras de primera magnitud, arrancaría el presidente doctor José Patricio Guggiari su periodo constitucional de ese años mil novecientos veinte y ocho a mil novecientos treinta y dos. A medida que el mismo transcurriera y los acontecimientos se desarrollaban, cambiaría la integración de ese gabinete, como consecuencia de la inminente guerra con Bolivia por la posesión y dominio del Chaco Paraguayo.

El país andino había desarrollado hasta entonces una política de ocupación subrepticia de la gran parte de nuestro Chaco, que comenzó prácticamente a la finalización de la gran guerra de exterminio que nos trajeron ´´los civilizadores´´ de la Triple Alianza.

Prevalidos de nuestro estado de total agotamiento a causa de la hecatombe sufrida en esos cinco años que duró el conflicto; de los arreglos consecuentes de límites con los aliados, en los que perdimos comarcas enteras; de nuestras luchas intestinas por el poder político entre los dos partidos tradicionales del país, el republicano y el democrático (colorados y liberales); de la doble ocupación de nuestro territorio luego de la gran conflagración de Brasileños y Argentinos; de la negligencia de los gobiernos de post guerra; en fin, de todo un cúmulo de circunstancias favorables para Bolivia, fue este con su ejército introduciéndose en nuestro territorio, ocupándolo, fundando fortines dentro de una estrategia de hechos consumados.

A pesar de los intentos de arreglo por la cuestión de límites entre los dos países – Paraguay y Bolivia – mediante negociaciones y tratados no ratificados, firmas de protocolos, etc., la expansión boliviana fue subiendo de intensidad hasta hacerse insoportable e insostenible.

Punto culminante fue, que en las postrimerías del año veinte y ocho, el ejército boliviano atacó el fortín paraguayo ´´Vanguardia´´, con pérdidas de vidas paraguayas. La guerra estuvo a punto de estallar, lo que se evitó gracias a la mediación del gobierno de Chile presidido por el general Carlos Ibáñez del Campo.

El canciller chileno Ríos Gallardo, tuvo en la ocasión una actuación destacadísima en favor de la paz entre los dos países beligerantes.

Pero evitar la guerra no es conseguir la paz. Bolivia siguió con sus agresiones, a raíz de lo cual, en 1929 el gobierno del presidente Guggiari conformó el llamado ´´Consejo de Defensa Nacional´´,  con la participación de todo el espectro político nacional. Liberales de todos los signos, oficialistas, colorados, miembros de la Liga Nacional Independientes, incluso el arzobispo de Asunción – el recordado monseñor Juan Sinforiano Bogarín – integraron dicho consejo, el que lamentablemente tuvo una fugaz existencia.

Lo importante del hecho fue la manifestación de patriotismo evidenciado por todos los sectores del país y la unidad demostrada en momentos en que la patria se hallaba amenazada por el invasor.

Bolivia había perdido su litoral marítimo sobre el océano pacífico en la guerra del mismo nombre, conflicto por el salitre  a causa de los grandes intereses comerciales internacionales, que involucró además del país del altiplánico, a Chile y al Perú. Debía buscar en consecuencia una salida al mar, y no encontró mejor camino que avanzar hacia el río Paraguay, ocupando territorios cuyos títulos de posesión y dominio eran incontrovertiblemente paraguayos.

Además de eso, la zona supuestamente en litigio era rica en petróleo, por lo que el botín no significaba poca cosa.

Los grandes imperios y los grandes sub –imperios político/económicos en la lucha por el control y el dominio de las grandes cuencas petrolíferas no paran en consideraciones ni en delicadezas, con tal de conseguir las concesiones y licencias para su explotación y comercialización. El monto sideral en cifras que requiere el negocio, solo lo pone al alcance de los grandes capitales mundiales. 

La ´´Standard Oil´´ de capitales norteamericanos y la ´´Shell´´ de europeos entraron en la competencia por la nueva presa, a todo juego, entre lo que se incluía la posibilidad de financiar la guerra del Chaco por los preciados yacimientos.

Un autor brasileño José Luis Chiavenato, escribió un ensayo sobre la cuestión de petróleo y su papel como causa principal en el conflicto armado de tres años entre dos pueblos hermanos latinoamericanos – Paraguay y Bolivia – sintetizando que la lucha fue entre dos compañías petroleras, utilizando a los dos países para sus fine comerciales.

En fin; como ya dijéramos anteriormente, los pueblos como los hombres, generalmente se pelean por dinero.

A las dificultades apuntadas en el marco político mundial, consecuencia directa de la gran crisis económica creada por la primera conflagración mundial (1914/18), en la que la democracia liberal no tuvo respuesta para capear el proceso de progresivo deterioro de las economías de los países involucrados en el conflicto, habría que agregar otros menos urticantes en el plano nacional.

La clase obrera, liderada por la vieja guardia anarquista de los Duarte, Recalde Milessi, Núñez Soler, etc., y los de filiación comunista encabezada por Oscar Creydt y Obdulio Barthe, y los estudiantes universitarios y secundarios, comenzaron a calentar el ambiente creando un clima adverso y de violencia moral al gobierno de ´´José Pé´´. 

Un intelectual de primera talla, colorado colaboracionista o infiltrista, comenzó a cambiar de actitud a su vuelta de Europa, donde en compañía del señor Pablo Max Ynsfrán – este liberal – fueron comisionados por el gobierno. La cosa es que apenas llegado al país, el señor Juan Natalicio González – de quien hablamos – se reveló como un enconado adversario y enemigo de los liberales y de la ideología liberal.

Nadie como hasta entonces, logró adjetivar con mayor elocuencia peyorativa al régimen liberal imperante ´´… El Paraguay, para salvarse necesita estrangular al liberalismo, sin piedad, con fría decisión. Así tornará a ser la nación grande y fuerte que fundó la civilización en el Río de la Plata. La doctrina liberal es el veneno que emponzoña el alma de la patria´´ (…) ´´la lucha es a muerte, y el país está dividido en dos bandos inconciliables: en paraguayos y gubernistas´´. Refiriéndose concretamente al sistema liberal, apostrofaba: ´´Es un ideal ya superado en nuestro tiempo;….la estructura social e histórica del Paraguay es anti liberal y anti individual por naturaleza ´´….a la concepción liberal de la libertad se opone la idea fecunda del orden, como fundamento del nuevo estado´´.

No contento con toda la artillería de grueso calibre, Natalicio González condenaba al liberalismo ´´….al museo de las ideas´´.

No sospechaba el pensador colorado que el liberalismo se ´´reciclaría´´ cuantas veces fuere necesario y sobrevivir a todas las crisis que fueron presentándose. Pareciera que la famosa ley de la ´´oferta y la demanda´´ tienen patente sin fecha de vencimiento y reaseguro contra todo riesgo colectivista.

Dentro de la misma tónica, pero con otras categorías hermenéuticas, el doctor Juan Stefanich, cabeza visible de la Liga Nacional Independiente, escritor de enjundia en temas políticos, a pesar de los elogios que dispensara en un momento al presidente Guggiari cuando ascendió a la primera magistratura del país, se despachaba contra el régimen en estos términos: ´´… Época de grandes transformaciones, sin duda, la presente. En el seno de las sociedades humanas actuales se gestan y se realizan profundos y radicales cambios que afectan fundamentalmente a los destinos de los pueblos… a raíz de la gran guerra y ante la crisis provocada por ella, han se producidos en distintos países grandes movimientos sociales y políticos de mundial significación y mundial transcendencia´´.

En Rusia y en Italia se han producido movimientos profundamente aleccionadores para la humanidad. Ellos constituyen la fuente madre inspiradora en la cual se recogen y recogerán experiencias y orientaciones los pueblos y los hombres durante mucho tiempo. Tales movimientos son eminentemente populares y merecen la gloria de ser contemplados y reconocidos por la humanidad como movimientos sociales y populares de transcendencia universal. Así han surgido las dictaduras militares y civiles que actualmente existen en muchas naciones, algunas de las cuales son el centro de grandes esfuerzos por el progreso de estas. Del fondo de estos movimientos y de una observación del estado de todos los pueblos de la tierra, surge el convencimiento de que no hay una sociedad humana civilizada que no realice en estas horas un empeño extraordinario, fuera de lo regular, para colmar los anhelos de reforma, de transformación y de progreso. El Paraguay no debe seguir al margen de este portentoso esfuerzo humano, y de esta época histórica y memorable. Debe cumplir un gran destino, realizar un esfuerzo excepcional y agregar a la historia del mundo su nota personal, típica y transcendente. El pueblo paraguayo debe cambiar, y las nuevas corrientes del siglo lo reclaman impostergablemente”.

José P. Guggiari (1884-1957) fue Presidente de la República del Paraguay en 1928-1932 por el Partido Liberal. Su gobierno estuvo signado por la enorme inestabilidad socio-política, las masacres de estudiantes y manifestantes, el hervidero bélico con Bolivia y el surgimiento de ideologías de tinte totalitario en el país. [Imagen: ABC Color].
José P. Guggiari (1884-1957) fue Presidente de la República del Paraguay en 1928-1932 por el Partido Liberal. Su gobierno estuvo signado por la enorme inestabilidad socio-política, las masacres de estudiantes y manifestantes, el hervidero bélico con Bolivia y el surgimiento de ideologías de tinte totalitario en el país. [Imagen: ABC Color].

Bajo el riesgo de hacerle perder la paciencia al amable lector con la transcripción literal de estas largas citas, lo hacemos a fin de mostrar en todo su alcance, las ideas que se barajaban en vísperas de la confrontación bélica con Bolivia, promediando el mandato del presidente José P. Guggiari.

Negro se presentó el panorama y la situación se hizo cada vez más difícil para ´´el régimen´´ cuando en Octubre del año treinta y uno, una manifestación de estudiantes fue severamente reprimida desde el palacio de gobierno por la escolta presidencial cuando la juventud reclamaba por la indefensión del Chaco y la política pusilánime del gobierno, que se resistía a romper lanzas contra el invasor boliviano.

El saldo de la triste jornada fue más de una docena de muertos y muchos heridos. La memoria colectiva paraguaya hasta hoy no olvida la torpeza del presidente Guggiari en manejar la situación que se le fue de madre, y hoy ´´José Pe´´ – un hombre pacífico y tolerante – quedó en el recuerdo como el “presidente estudiante-jukaha”.

La crisis política que acarreó el lamentable episodio del veinte y tres de octubre de mil novecientos treinta y uno, fue superada a duras penas mediante un ´´juicio político´´ al que se sometió el presidente Guggiari voluntariamente, previa renuncia al cargo presidencial.  Este sería el primer juicio político en la ´´historia constitucional del país´´ en donde un Parlamento adicto, pues los opositores se habían rajado a sus casas, absolvió a José Pe de culpa y pena.                              

Don Emiliano González Navero – vicepresidente de la República – viejo baqueano en estos provisoriatos, se hizo cargo por tercera vez de la titularidad del poder ejecutivo nacional en tiempos borrascosos, en las barbas de la confrontación bélica con Bolivia y en una situación nada estable en lo interno. El interinato duró tres meses y el presidente González Navero tuvo que conformar inclusive gabinete, nombrando a Don Luís Escobar, como ministro del Interior; en la cancillería nacional, al doctor Gerónimo Zubizarreta; en el despacho de Hacienda, al licenciado Rodolfo González; en la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública al doctor Víctor Rojas; y en Guerra y Marina, al doctor Luís A. Riart, quien se aprestaría a candidatarse para el siguiente periodo presidencial, intenciones que no cuajaron en su momento. 

La desorientación amenazó las filas del propio oficialismo radical. Cuenta el doctor Efraín Cardozo – abogado, historiador y político de gran prestigio – que después de una intentona fallida de golpe de estado, en los que estuvieron comprometidos el entonces mayor Rafael Franco – luego Presidente de la República – con los Liberales Shaeraristas, los Colorados y los de la Liga Nacional Independiente, prendió la iniciativa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, a fin de promover el cambio institucional, sindicando al propio ministro del Interior, doctor Justo Pastor Benítez – de extracción partidaria liberal pero fascista por accesión – como el propiciador de la idea, la que finalmente no pudo concretarse.

Cardozo, al menos en ese entonces, lamentaba el panorama de clara tendencia anti liberal propiciada desde la prensa y la oposición política al gobierno.

Diez años después cambiaba bruscamente de opinión y enterraba oficialmente a la democracia en beneficio del general Estigarribia. Cosas de la política y de los políticos.

A pesar de los contratiempos y vacilaciones, el presidente Guggiari una vez sobreseído por sus correligionarios en el juicio político, reasume el cargo de Presidente de la República en enero de mil novecientos treinta y dos.

Y lo inevitable llegó. El quince de julio de mil novecientos treinta y dos, faltando nada más que cinco meses para el cambio presidencial, estalla la guerra con Bolivia. En la fecha, tropas invasoras bolivianas toman el fortín paraguayo ´´Pitiantuta´´, de estratégica posición para las pretensiones del avance boliviano, pues en la zona había una laguna que permitía el abastecimiento del preciado líquido.  La cuestión del agua sería toda una pesadilla en la logística de ambos ejércitos, problema mejor manejado por el alto mando paraguayo y causa de muchos reveses del ejército boliviano; por ejemplo en ´´Yrendagué´´, cuando las tropas paraguayas al mando del mítico Eugenio A. Garay en audaz maniobra, rindió de sed a todo un ejército enemigo.

Exactamente un mes después, el quince de Julio de ese año treinta y dos, el ejército paraguayo reconquistaba ´´Pitiantuta´´ y con esa batalla se iniciaba ´´oficialmente´´ la guerra que por tres años desangró a dos naciones vecinas y hermanas en favor de sus intereses propios y ajenos – según los autores que el lector prefiera- pero con la seguridad de que el Paraguay tenía la justa causa de defender su territorio ante el ejército invasor y reconquistar el Chaco Boreal.

Diego Giménez.

Fuentes:

  • ´´Del 14 y 15 al 2 y 3´´ Una interpretación de la Historia política del Paraguay´´ Eduardo J. Giménez Rabito.
  • ´´Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay´´ Tomo III, Milda Rivarola.
  • ´´Síntesis de los Presidentes del Paraguay´´, Raúl Amaral.
  • Efraím Cardozo ´´23 de Octubre, una página de historia´´  
  • ´´El Paraguay Eterno´´ J. Natalicio González.
  • Julio José Chiavenato, ´´La guerra del Chaco´´.
  • Juan Stefanich, ´´El 23 de Octubre de 1931´´ ´´El Paraguay Nuevo´´.

Diego Giménez

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