El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay Periodo Liberal

El Paraguay Liberal: La Caída del Partido Colorado

Finalizado el ciclo de colorados chovy o sector liberal pytaí y Egusquisismo ya con la caída de Aceval, éste era reemplazado por don Héctor Carvallo para completar el periodo constitucional de 1898-1902 luego del lamentable episodio del 9 de enero de 1902 donde el Congresista Facundo Dolores Ynsfrán pagaba con su vida la violenta forma de hacer política que se tenía en esos tiempos, donde en plena sesión para tratar la renuncia del presidente Aceval, el “delfín del caballerismo”, caía mortalmente herido en un tiroteo.

Habíamos dicho que la piedra del escándalo fue la candidatura del liberal pytaí, don Guillermo De los Ríos, amigo y socio comercial de Aceval. Quedando entonces once meses para que el presidente provisional Carvallo complete el periodo, llenando completamente su gabinete de figuras del caballerismo que salía de la llanura[1].

El partido republicano ya estaba en franca decadencia y los trebejos del poder ya se les habían escapado desde hacía tiempo, siendo los cargos ocupados por liberales con la complacencia del sector colorado chovy. El caballerismo tenía al coronel Juan Antonio Escurra como Ministro del Guerra en el gobierno de Aceval, así que —con la trágica muerte de Ynsfrán—  era el “hombre del momento” en ese entonces para ser “electo” como candidato a presidente de la República para el período constitucional de 1902-1906.

El coronel Escurra había tenido destacada participación en la revolución de 1890, en el ejército de las tropas gubernistas comandadas en ese entonces por el teniente-coronel; luego general y presidente Juan Bautista Egusquiza contra las tropas golpistas de la divisa azul comandadas por el Mayor Eduardo Vera. Así, que tenía méritos sobrantes para ser electo candidato, y era un hombre fiel al caballerismo que volvía al sillón de López con el Partido Nacional Republicano ya in extremis en el poder de la república.

Contramarcha de soldados gubernistas frente al Palacio de López. Serie numerada de ocho postales editadas por la casa E. Bloch y Compañía Editores, en 1904. Archivo ABC Color

Escurra recibía los atributos de mando e iniciaba su periodo constitucional. 25 de noviembre de 1902

Era el símbolo de la agonía del Caballerismo y del partido republicano en el poder formal de la república, del que sería desalojado violentamente por la revolución armada liberal de 1904. La historiografía nacional habla bien sobre el desempeño que tuvo en solo dos años de gobierno el Presidente Coronel Escurra[2].

A pesar de todo esto, el Partido Colorado ya estaba bastante desgastado en el poder, y la super estructura del estado liberal aparentemente requería cambios radicales. Como venimos diciendo, el conservadurismo republicano representado por el Caballerismo se negaba a tirar la toalla, pero con la infiltración permitida por el sector liberal pytaí en sus años de gobierno, el poder real, hacía rato se había escapado de los republicanos. La banca, la industria y el comercio, estaban casi totalmente en manos de sus adversarios.   

Iniciada en los primeros días de agosto de 1904[3], la revolución armada finalizó con el Pacto del Pilcomayo en diciembre del mismo año. Solo nos referiremos incidentalmente a algunos episodios que hacen nuestro juicio a las grandes líneas hermenéuticas que el conflicto armado representó en el campo político del país.

Desalentados los liberales de los reveses “electorales”, decidieron con el desembozado apoyo argentino y del trío “de los grandes negocios”, propiciar la revolución armada con miras al cambio violento de la conducción política en nuestro país. Se sumaron a este episodio terminal para los republicanos otros factores, como el ya citado cambio en el centro de operaciones de la potencia política y económica de la época —Inglaterra del Brasil, donde operó desde la instalación de la corte lusitana a comienzo del Siglo XIX, “alentando” los procesos de emancipación de los países de la América Latina de la corona española— su gran competidora, ya en franca decadencia[4].

Con la caída de la monarquía brasileña y la instalación de la república en ese país, la sede central de sus operaciones se trasladó a la Argentina y de allí hizo valer toda su influencia de primera potencia hacia los países más débiles. El Paraguay gobernado por el partido nacional republicano, de clara tendencia conservadora con ligazones innegables con el pasado patriarcal, vencido en la hecatombe del setenta, no era la expresión política que debía introducir en los modos políticos y económicos, las reglas de la expansiva “civilización liberal”. Los grandes negocios precisan de una afinada y dócil estructura —en instituciones y protagonistas— que faciliten el libre comercio.

El partido de Caballero no era la herramienta que precisaban los grandes intereses comerciales imperiales, asociados con su nueva factoría platina. El mismo partido republicano sufría desde dentro las contradicciones del momento, habiendo generado en su seno una facción —el «Egusquisismo»— que trató vanamente prevalecer sobre las tendencias conservadoras encarnadas en el Caballerismo[5]. El gobierno del coronel Escurra era un retroceso dentro del esquema. Había que sacarse encima a los «hombres de López». El «liberalismo colorado» no había calado en las grandes mayorías del partido republicano y el gobierno del coronel Escurra, era una clara señal de una vuelta a los antiguos modos.

La revolución armada era pues la “ultima ratio” y a ella se inclinaron los jefes de las distintas facciones liberales, que sellaron un acuerdo político uniéndose para la revuelta apoyada desde la Argentina, que suministró cañones Krupp, fusiles y municiones y el buque Sajonia que fuera contratado por el gobierno de Escurra.

Irónicamente, el mismo gobierno que suministró los dos barcos con que llevaron a cabo los liberales la rebelión. El otro fue el Villarrica, abordado por los revolucionarios luego de un breve combate naval. Los fondos fueron suministrados por los ejecutivos Aceval, De Los Ríos, Campos en el orden nacional y por García Torres y Abreu, desde Buenos Aires.

La revolución duró casi cuatro meses, en el que se produjeron, aparte de las acciones de todo conflicto armado, anécdotas curiosas como el retiro “conversado” de Zacarías Jara por influencia de su hijo Albino, capitulando la plaza de Concepción. La deserción del capitán Patricio Alejandrino Escobar[6] uniéndose a las filas de la revolución. Para determinar el muestrario de desertores, el propio vicepresidente de la república, el siempre “ubicuo” doctor Manuel Domínguez, haciendo gala de cintura política, se presentó sorpresivamente a los campamentos revolucionarios de Villeta, poniéndose a disposición, renunciando al alto cargo[7].

Finalmente el gobierno del coronel Escurra, minado por estas adversidades y a su falta de ambición de mando, hubo de capitular, suscribiéndose un pacto en las confluencias del Pilcomayo con el río Paraguay con los revolucionarios triunfantes[8].

De esta manera, el general-doctor Benigno Ferreira se tomaba, 30 años después, venganza de la derrota sufrida en la administración del presidente Jovellanos a manos del general Caballero. El partido republicano dividido, derrotado, quedando en la más triste y absoluta llanura, volvería al poder recién cuarenta y tres años después[9].

Probablemente, esta historia continuará; ya con otros actores, otras consignas, otra polca y otro color en el trapo —el azul—  en el poder, pero siempre con traiciones y violencia cuando haga falta.

Fuentes:

  • «Del 14 y 15 al 2 y 3 Una Interpretación de la historia política del Paraguay» de Eduardo j. Giménez Rabito.
  • «Progresismo republicano y las Ideas liberales» de Julio César Frutos.
  • «La República del Paraguay – Un siglo de vida nacional 1811-1911», de Arsenio López Decoud.
  • “El Paraguay Independiente» de Efraím Cardozo.
  • «Historia Contemporánea del Paraguay” de Gómez Freire Esteves
  • «Paraguay: Revoluciones y Finanzas» de Harris Gaylord Warren. Servilibro. Asunción – Paraguay. 2008 Versión Digital de Portal Guaraní.

[1]El “trío de los grandes negocios” Aceval-De los Ríos-Campos, que ya habían solventado con apoyo argentino la fallida revolución liberal de 1891 contra el gobierno colorado del  presidente Juan G. González, no dejaba de poner en evidencia su apetencia por el poder. El trío tendría su revancha luego de ese acto fallido en 1904 subiendo con su apoyo financiero a la revolución, al partido liberal en el poder de la Republica. Nota del Autor.  

[2]Según Warren, Harris Gaylord Escurra en su libro «Paraguay: Revoluciones y FinanzasEl ascenso de Juan Antonio Escurra»:

“Escurra tenía pocas calificaciones para la presidencia, que ganó en la elección de 1902. Nacido el 6 de mayo de 1869 en Caraguatay, pudo haber recibido alguna educación elemental antes de enrolarse en el ejército el 16 de junio de 1879. Soldado competente y obediente, ascendió rápidamente en el escalafón hasta llegar a coronel y comandante de caballería. El cuerpo de Caballería, entonces alojado en un cuartel cercano a los edificios principales del Gobierno (incluyendo el llamado Cabildo o sede del Congreso), era y es aún escolta presidencial. El presidente Aceval lo nombró Ministro de Guerra y Marina. Escurra era un hombre apuesto de cabellos negros muy poblados y peinados con raya partida, cuidadosamente afeitado y de enormes bigotes cuyas puntas parecían amenazar los lóbulos de las grandes orejas”. 

Por todo ello “Escurra carecía de seguidores convencidos y leales porque el descontento con el caballerismo tenía demasiada difusión y fuerza. Hasta los hijos de Caballero y Escobar aborrecían el fraude, la corrupción, la incompetencia y la cínica indiferencia hacia el bienestar público características del caballerismo. La propuesta de Egusquiza había tenido buena recepción, y muchos colorados se sentían dispuestos a cooperar con los liberales para derribar el régimen. El 31 de enero de 1903, algunos oficiales descontentos, incluyendo el hijo del general Patricio Escobar, Alejandrino, y Albino Jara, educado en Chile e hijo de un respetado oficial colorado y héroe de la guerra, el coronel Zacarías Jara, fueron apresados por intentar una revuelta. El general Escobar fue a Concepción en aquel momento crítico, supuestamente para sondear la actitud de los trabajadores de La Industrial Paraguaya en el caso de una tentativa de golpe contra Escurra; por entonces, el comandante del distrito militar de Concepción era el coronel Zacarías Jara. El conato de rebelión del capitán Escobar y su investigación por el Gobierno eran un secreto estrictamente guardado, pero el tratamiento bárbaro dispensado a los presos era de conocimiento público. La policía, como de costumbre, utilizaba la tortura para tratar de arrancar confesiones a los acusados. Si Escurra pensaba que podía ignorar el peso del general Escobar y apresar a su hijo, pronto advirtió su error. El general Escobar regresó a Asunción y llegó a un acuerdo con Escurra: los presos serían puestos en libertad y no habría revuelta. Escurra pudo entonces informar al Congreso que el país estaba en paz y no había «señal de desastres cercanos o posibles; las elecciones se habían desarrollado ordenadamente, sin ninguna de las «contingencias que generalmente caracterizan esos acontecimientos». No se dieron tales contingencias porque los liberales se abstuvieron de participar en las elecciones, sabiendo que serían rechazados por la fuerza en caso de tratar de votar”.

[3]Íbid – Capítulo: La campaña contra Escurra. “Era de esperar una crítica constante contra Escurra de parte de los colorados disidentes y los liberales unidos provisoriamente; también se podía esperar una estricta vigilancia para impedir la rebelión de esos grupos. Aunque la crítica no siempre termine en revolución, esa probabilidad era un aspecto de la vida política que ningún mandatario paraguayo podía ignorar. Las críticas contra Escurra y todo su gabinete, los funcionarios de la campaña y las autoridades nacionales eran tan violentas en la prensa opositora de 1903 y 1904, que aceptando sólo una pequeña parte de las acusaciones, uno llega a la conclusión de que todo funcionario público era un ladrón, los cargos judiciales se vendían y el Paraguay se encontraba tan profundamente sumido en la corrupción, que muy pronto el Todopoderoso haría tabla rasa de tanta depravación para rehacer el país con todos los liberales honestos, capaces, éticos y patriotas -quizás también con los pocos colorados decentes asociados a los liberales”.

[4]Íbid – Capítulo: La campaña contra Escurra: “Antes de estallar la revuelta, el doctor Cecilio Báez comenzó una campaña periodística publicando una serie de artículos polémicos en El Cívico y jactándose de que sus escritos producían un efecto considerable. (Cecilio Báez, Cuadros históricos y descriptivos, Asunción – 1906) Los liberales criticaban a los colorados por la venta de las tierras públicas; por el arreglo con los tenedores de bonos ingleses; por los tratados de límites con Bolivia sobre el Chaco; por la creciente inflación y el estancamiento económico. La unión de dos empresas de Asunción y los derechos que se les acordaron dieron a los periodistas una ocasión más para atacar a Escurra. En 1.884 comenzó a funcionar, con autorización del Gobierno, un pequeño molino de harina, que prosperó y se convirtió en la empresa Molino Nacional. Martín y Cía. compró esa empresa en 1894 y tres años más tarde tenía un capital de $130.000 oro, empleaba 37 personas y producía cerca de 14.000 kilos de harina diariamente. Gran parte del movimiento portuario pasaba por los muelles construidos y operados por Justino Berthet en la década de 1880. En 1901 Julio Martín (principal propietario de Martín y Cía.) y Berthet firmaron un contrato con la viuda de Isaac Pereire, un rico banquero parisino, para extender sus operaciones a Toldo cue, cerca de Concepción, donde madame Pereire poseía grandes propiedades. El Congreso entonces aprobó la ley que autorizaba a Berthet a construir un muelle al lado del Molino Nacional y a cobrar una suma de dinero por el uso de su muelle privado. Por supuesto, esa concesión provocó enérgicas protestas de todas las personas relacionadas con el servicio de aduanas. Uno sospecha que las protestas se debían -al menos parcialmente- a la casi segura pérdida de sobornos y al miedo de que el contrabando aumentara. El acuerdo dio a los críticos de Escurra un buen asidero para criticar el affaire del molino, aunque la concesión se hubiera efectuado en el Gobierno del presidente Aceval. Báez no estaba solo en su tarea de denostar al Gobierno de Escurra por esa y por otras fechorías: La Bastilla, El Grito del Pueblo, El Enano y El Diario carecían de mesura en sus editoriales, caricaturas, elogios inmerecidos e información tendenciosa. El presidente Escurra pudo haber encarcelado a los directores de los cuatro diarios por difamación con sobrados fundamentos legales, pero demostró una moderación notable, y quizás obró hábilmente al ignorar una campaña periodística de muy poco efecto pese a todo el escándalo. Pero El Triunfo fue tan lejos, que el agraviado ministro del interior, Eduardo Feitas, lo cerró en julio de 1904.

[5]Le fue imposible así responder a los reclamos de la nueva política internacional impuesta desde la City Londinense. Nota del Autor

[6]El famoso «Lepatí», el hijo liberal del ex presidente colorado general Patricio Escobar. Nota del Autor.

[7]Recogería los frutos recién en el gobierno del coronel Albino Jara en mil novecientos once ocupando una cartera ministerial. Nota del Autor.

[8]Como consecuencia del mismo, fue designado como nuevo presidente de la república del Paraguay el señor Juan Bautista Gaona“el hombre de las tres presidencias” (fue a parte de presidente de la república, de la Industrial y también del Banco de la República); y para salvar las formas y la «subitaneidad del tránsito» —como diría el maestro, don José Ortega y Gasset—dos carteras para los colorados y tres ministerios para los liberales, más la jefatura de policía, la disolución del ejército gubernista, el reconocimiento del estado de los gastos de la revolución, etc. Nota del Autor.

[9]Curiosa forma que se tiene en Paraguay para establecer la “alternancia” en el poder, en “tiempo y forma”. En forma; generalmente de manera violenta, y en tiempo; se deben esperar décadas para que un sector político reemplace al otro. Nota del Autor.

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