El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Ensayo Especiales Historia del Paraguay Periodo Liberal Posguerra Guerra Guazú

El Paraguay Liberal Parte II: La era de los Guapos

!Comparte!

Fracasaba el “triunvirato” (Rivarola-Loizaga-Díaz de Bedoya); se fugaba con la platería el triunviro Díaz de Bedoya, dejando en bola su alto cargo, constituyendo este acto el primer acto de latrocinio desde la más alta esfera gubernamental del Paraguay “liberal”, quedando el camino libre para que Cirilo Antonio Rivarola, hombre  de los “bandeirantes”, no sin antes sufrir el primer golpe de la era liberal, donde los liberales de ese entonces en una convención nombraban presidente a Facundo Machaín, a quien en un contra ataque de los brasileños no lo dejaron ni jurar, siendo puesto de nuevo Rivarola en la más alta magistratura en esta enquilombada etapa de proceso político nacional. Todo este sainete entre los años 1869-1970.

Facundo Machaín.

Ya en funciones de presidente constitucional, el Señor Cirilo Antonio Rivarola es blanco de todo tipo de ataques desde el bando de sus ex amigos constituyentes liberales. Los dardos apuntaban principalmente a su Ministro Juan Bautista Gill, a quien el presidente lo defiende a capa y espada, a punto tal que disuelve las Cámaras del Congreso. La acusación contra Gill era la de malversación de fondos públicos.

El presidente Rivarola, ante la gravedad de la decisión, pone a disposición su alto cargo en la creencia de que sería confirmado. Craso error de apreciación del presidente, creyendo que eso sería una estrategia de altos quilates políticos, terminó siendo un suicidio previó auto flagelo.  Sus adversarios encabezados por el señor Bareiro, (que no hacía honor a su nombre, porque de Cándido no tenía nada) se la aceptan y elevan a la presidencia de la república al señor Salvador Jovellanos –miembro de la “legión”- en Diciembre del año setenta y uno.

Salvador Jovellanos, Diario ABC Digital

El señor Jovellanos completa el mandato de Rivarola y siguiendo una vieja tradición nacional, también malversa los fondos del empréstito de Londres, los que llegaron al país, convenientemente “alijados” entre las gestiones del “negociador” Benítez, las comisiones, los intermediarios, etc.

En lo político, lo resaltante en la “administración” del Señor don Salvador- que empezó salvándose él, por aquello que “la caridad bien entendida empieza por casa”- fue sin duda el pacto de Febrero de mil ochocientos setenta y cuatro que ponía fin a una serie de revoluciones campales y al protagonismo indudable que tenía el Ministro de Guerra Benigno Ferreira, liberal de origen legionario, vencido en la última escaramuza.

Acceden a los ministerios del presidente Jovellanos, los que de ahí en más tendrían la manija de la política nacional por treinta largos años: el General Bernardino Caballero y luego el también General Patricio Escobar. Serán no solo camaradas de la Guerra Grande, sino compadres inseparables en la política nacional.

Patricio Escobar

El ministro Benigno Ferreira es defenestrado, puesto fuera de circulación política y exiliado a la Argentina. Allí permanecerá por veinte años siguiendo el curso de los acontecimientos políticos. Retornará al Paraguay, con mayor experiencia, dejando grandes contactos que le valdrán años más tarde para encabezar la triunfante revolución armada liberal de mil novecientos cuatro (de la que hablamos en el artículo “Anarquía Liberal”), y el título de abogado que lo hará reconocer por la posteridad como el “general doctor”.

Benigno Ferreira

Durante la presidencia de Jovellanos, aunque el poder detrás del trono lo ejercía Juan B. Gill, quien dirigía el Senado, y como hombre clave (del Brasil sobretodo) se aprobó con toda la  celeridad del caso, el 9 de Enero de 1872 el Tratado de Límites Loizaga- Cotegipe con el Imperio del Brasil, entregándose sin presentación de títulos la zona entre el Blanco y el Apa.

Se perdió también el Norte y el Este del Salto del Guairá. Díaz antes José Falcón, experto en límites y hombre de carácter, fue sustituido por Carlos Loizaga (pariente del doctor Carlos Loizaga, ex Canciller de Paraguay durante el gobierno de “H.C”, el de “usen y abusen”) para facilitar la negociación. Una vez más la diplomacia brasileña demostraba su estilo de cambiar funcionarios desconocidos o díscolos y luego negociar.

Si ya cambiaron un presidente, Facundo Machaín, que duró 6 horas en su cargo (ni juró el tipo) ¿Por qué no cambiarían un funcionario de menor rango?

Como “en el Paraguay no se pierde ni se gana reputación”, el siguiente periodo constitucional lo encabeza el señor Juan Bautista Gill. Su gobierno, como era de suponer, fue un despropósito total tanto en lo político como en lo económico. Su candidatura fue desde luego producto de las presiones de la legación brasileña y las tropas de ocupación, como recompensa a la victoria de la revolución encabezada por Caballero y Escobar en mil ochocientos setenta y cuatro.

Juan Bautista Gill.

La oposición liberal no encontró mejor remedio político a la situación que asesinar al presidente de la república en una emboscada en pleno centro de Asunción, a manos de los hermanos Juan Silvano y Nicanor Godoy, José Dolores Molas y otros sicarios. Una mancha indeleble en la conducta del “amigo de las artes y las letras” que fuera don Juan Silvano.

Juan Silvano Godoy

Se concretaba así, el primer magnicidio de la historia de vida nacional, el único (aunque dicen que a Estigarribia “lo accidentaron”) del más alto magistrado de la República.

Al morir el presidente, es ascendido a la jefatura del estado el vicepresidente, Don Higinio Uriarte.

Higinio Uriarte

Era la época de guapos en la política paraguaya. Ostentar una divisa era todo un desafío, como desde luego siempre lo fue en este país de política amañada.

La sangre del presidente Gill, asesinado recientemente, reclamaba inmediata venganza. Esta no tardó en llegar; fueron brutalmente asesinados en la cárcel pública el doctor Facundo Machaín-aquel “presidente” que ni siquiera pudo jurar al alto cargo en el golpe de fines de Agosto de mil ochocientos setenta-figura de altos quilates en la escena política nacional del Paraguay de la posguerra, el comandante José Dolores Molas-descendiente del prócer de la independencia doctor Mariano Antonio Molas-y otros que habían sido cómplices en el brutal atentado contra la más alta magistratura del país.

La lapidaria factura en aquella triste noche de fines de Octubre de mil ochocientos setenta y nueve, incluía también a los detenidos a raíz del complot contra el gobierno del señor Uriarte propiciado y alentado por Cirilo Antonio Rivarola desde su escondite de Barrero Grande. Este se había reconciliado con sus antiguos amigos liberales.

El señor Machaín había sido el abogado de estos. De allí en más, ejercer la profesión de letrado en causas políticas será todo un riesgo no solo para la libertad personal sino a la propia integridad física de los abogados en el Paraguay.

El terror se enseñoreaba. Las persecuciones no paraban. Rivarola en su “aguantadero” de las cordilleras; el doctor Facundo Machaín asesinado; Ferreira exiliado en Buenos Aires hacía unos cuantos años. Campo libre para la candidatura de un viejo aspirante a la primera magistratura del país: Cándido Bareiro.

Líder político indiscutido del momento; traía como antecedente una larga militancia política reuniendo en su entorno a los sobrevivientes de la gran tragedia del sesenta y cuatro al setenta; hábil estratega en el diabólico juego de enredar y desenredar.

Aunque sin título universitario, era de una sólida cultura enriquecida por sus viajes al exterior. Las postrimerías de la guerra lo sorprendieron en Europa, volviendo a la Asunción antes del Gólgota final del Mariscal Solano López en Cerro Corá. 

Con su equipo de amigos políticos y su liderazgo consiguió no pocas satisfacciones en el campo político nacional. Era el momento de ponerle moño a la más que exitosa carrera.

Fue don Cándido Bareiro ungido presidente para el período constitucional mil ochocientos setenta y ocho/ochocientos ochenta y dos, acompañándolo en la fórmula el Señor Adolfo Saguier.

Candido Bareiro – Archivo de ABC Color.

Todo presagiaba un ciclo presidencial tranquilo y de relativa prosperidad para el país. El Paraguay se levantaba poco a poco de su postración económica. La inmigración  estaba rindiendo los primeros frutos esperados con un aumento en la producción nacional.

Al país empezaban a llegar los capitales, técnicos y artesanos que generaban un panorama más alentador. El presidente estaba rodeado de amigos que eran factores de poder real. Los generales ocupaban los ministerios importantes y las más altas jefaturas en el ejército; todo presagiaba que los cuatro años de gobierno del señor Bareiro iban a terminar sin contratiempos. 

Pero el destino se interpuso. Inesperadamente fallece el presidente Don Cándido Bareiro poco antes de cumplirse el segundo año de su gobierno, el cuatro de Septiembre de 1880. Debía sucederle obviamente el vicepresidente señor Adolfo Saguier; pero, imprevistamente renuncia o lo renuncian.

Las cámaras del Congreso reunidas de urgencia en la emergencia, “ante el imprevisto”, eligen presidente provisional de la república al General de División Don Bernardino Caballero. Parece que este no estuvo ajeno a los teje y manejes de la renuncia de Don Adolfo.

GENERAL BERNARDINO CABALLERO. Óleo del artista PABLO ALBORNO, 1913. Portal Guaraní.

Con este polémico  episodio – como no podía ser de otra manera en esos tiempos –  comenzaba, la época del “caballerismo”- del republicanismo – en el poder. Luego este será el primer presidente del Partido Nacional Republicano y uno de sus miembros fundadores.

Seguramente, esta historia continuará………..

Fuentes:

  • Del 14 y 15 al 2 y 3 Una Interpretación de la historia política del Paraguay. Eduardo J. Giménez Rabito.
  • Progresismo republicano y las Ideas Liberales. Julio César Frutos.
  • Paraguay Independiente. Efraím Cardozo.
  • La República del Paraguay: Un siglo de vida nacional. 1811-1911. Arsenio López Decoud.

!Comparte!

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *