El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Héroes del Siglo XX Historia del Paraguay

Eligio Ayala: a 89 años de su muerte

El gran pensador paraguayo y político como ninguno pudiera siquiera compararse hasta la fecha, ha podido granjear el espacio y tiempo de los dimes y diretes, de las cuantiosas muestras de indiferencia de la que ha sido objeto y que solo ahora, a 89 años de su partida, que enlutó a todo el Paraguay, a ese país indigno de forjar más hombres como él, es sin duda alguna, el mejor gobernante que ha dirigido los destinos de la cosa pública en la Mesopotamia de América desde la caída del gran héroe López en Cerro Corá, inigualable, indescriptible como inimitable, los apodos y laudatorias palabras se quedarán siempre cortas ante la efigie de este príncipe de la política.

RETRATO DE ELIGIO AYALA (detalle). Sin fecha. A. DA PONTE
Técnica:  Fotografía coloreada
Colección:  Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya
Fuente: Portal Guaraní.

En este breve homenaje pasaremos revista a ciertos hechos que delimitan los contornos de su imagen histórica, aprovechando que nuestra Nación pasa por momentos difíciles, donde los caudillos y politiqueros, han tomado el control del Estado, apoderándose de los sueños de las nuevas generaciones que quieren progreso y desarrollo.

Nacía un 4 de diciembre en la ciudad de Mbyapey, hijo gemelo, de Mariano Sisa y la paraguaya Manuela de Jesús Ayala, uno de los más eminentes pensadores y políticos con “P” mayúscula que dio esta tierra paraguaya, en las postrimerías de la década infame del setenta del siglo diecinueve (1879), entre los restos de las ciudades destruidas por los aliados durante la Guerra contra la Triple Alianza y a pesar de los saqueos y acciones deleznables por parte de los victoriosos, en el periodo de posguerra.

Eligio Ayala, aprende a leer y escribir en la escuela de su pueblo natal, al abrigo de una familia de prosapia genealógica y rúbrica imperecedera nacional, aupado desde pequeño, a sostener con la mayor de las pasiones, la mejora integral del ser humano, antes que su éxito material, su tío, José de la Cruz Ayala, el amigo personal que lo ayudó en todo lo que pudo en sus primeros años, le educa en la filosofía de la vida que engendra en los corazones y las mentes de los jóvenes, con fundado argumento, el amor a la verdad y el pensamiento crítico, justa relación de aquellos hombres que creen con radicalidad en el conocimiento, y la experiencia humana.

Asunción presidencial de Eligio Ayala, año 1924.
Archivo: Ernesto Sosa

Luego de una brillante carrera universitaria emprende el viaje a Europa, dejando a su querida Ítaca, cual Ulises, lidiando con la batalla más grande de su vida por aproximadamente nueve años, alejado de los suyos, recorre Berlín, Barcelona, Lisboa, Lyon, Zurich y Ginebra, en los que aprende y desaprende, lo aprendido, en las bibliotecas más nutridas del mundo occidental que le toca visitar; una y otra vez, hasta el hartazgo, hasta que su ánimo voraz de conocimientos, pueda por fin, descansar en la reflexión intelectual. Luego de su regreso a la patria amada, ocupa el cargo de Ministro de Hacienda durante el gobierno de Manuel Gondra.

Personalidad, cultura y principios

Esa humildad que lo caracterizaba, reflejada en su frente siempre tozuda y la mirada surcada por el seño adusto, se perdía en las alturas del recio carácter, de pensamiento lógico, realista pero de accesos impulsivos y de espíritu batallador, congeniaban en un temperamento enérgico como Beethoven, que como el gran compositor, no soportaba la irresponsabilidad, la mediocridad o la inseguridad en sus compatriotas, a quienes, sin chistar y sin dudar, miraba siempre a los ojos con la altivez de los dioses olímpicos.

Justo Pastor Benítez decía de él “De pequeña estatura, pero vigoroso, amplia frente, tenía los labios desiguales, pronunciado su mentón, a lo Sarmiento; daba la impresión de que miraba lejos y pisaba fuerte. Por su agresividad parecía un pequeño gladiador”.[1]

Sólo necesitaba lo justo, su representación de la vida del hombre era la transformación de sus ideales y la persecución de sus más elevados objetivos lo llevaba a desconfiar en grado sumo y esclavo de su exacerbado celo con respecto a los paraguayos, todo ello y mucho más, lo hacen merecedor del mote de Sexto Empírico de Paraguarí. Planteaba como norma de vida la aristocracia del espíritu, como la calidad de ser humano que se acerca más a la nobleza primigenia, (no aquella heredada y en la que el apellido o lo sanguíneo tienen preponderancia, lejos, la más baja representante de la vacuidad mundana).

Ayala, no gustaba mucho de las etiquetas sociales, prefería la acción humana en el anonimato, de hecho, siempre repudiaba mostrarse abiertamente a propios y extraños, o dar ejemplos de la ostentación gubernamental inútil; este espíritu cartujo definitivamente, prefería la soledad del pensamiento, no aturdido por la voluptuosidad de la pompa.

15 de agosto de 1924. Eligio Ayala tras el te deum en la Catedral de Asunción ingresa al Palacio de Gobierno acompañado de comitiva y edecanes. Portal Guaraní

Como hombre sincero y honesto, (algo extraño en el Paraguay de ese entonces y en la actualidad), se posicionaba con cualquiera que lo abordase, de manera humilde; si le demostraban humildad. Si le demostraban orgullo, prepotencia y soberbia, no dudaba en ser severo, impertinente y hasta soberbio; daba a cada quien, lo que le pertenecía por derecho adquirido, si era necesario hacerlo. A cada paso que daba, tenía esa extraña estrella que posiciona a los hombres inteligentes por encima del común denominador, querido y odiado a la vez, respetado pero no temido.

No dudaba un segundo en creer con extremo radicalismo, algo muy raro en él, que la unidad de la inteligencia y del pensamiento nacional es imprescindible para bien de la patria. La honradez lo caracterizó siempre en su vida por este mundo, en el que tuvo la gran responsabilidad de ser Presidente de la República, en dos ocasiones.

El Ulises de Mbuyapey quiso siempre un país en constante progreso, desarrollado a partir de las mejores recetas universales pero con el práctico sentido común de hacerlo a lo paraguayo, con su muerte, el ocaso de la década de las palabras y la buena planificación estatal terminaba y se ofrecía al paraguayo, el amanecer de la guerra y de los gobiernos de tinte militar, durante los años treinta del siglo veinte hasta el ocaso del 2 de febrero de 1989.

Supo sortear los años de sangre de las revoluciones liberales de comienzos de siglo, apuntando al dominio y el liderazgo de las ideas y no de las armas, ya que singularmente, los liberales de aquellos tiempos, corajudos y auscultados tras la fuerza de la coerción y la brutalidad para con sus propios aliados políticos, dejaron a un país sumido en el desconcierto y la infamia, tal y como lo describió hace ya un siglo Rafael Barrett en sus famosos ensayos periodísticos.

En este oscuro teatro de guerra civil que enfrentaba a hermanos contra hermanos, amigos contra amigos, Eligio decidió cultivar el intelecto, algo totalmente contrario a la historia en este entrecruce de ríos de infortunio, leyendo mucho y escribiendo mucho.

Eligio Ayala en su despacho. Periodo presidencial 1924-1928.

Lo reconocieron desde la lejanía, a decir de Heidegger, la única salida a la contemporaneidad que ofusca y tenebrosa, escupe ácido sobre las llagas presentes. Ayala fue un peregrino del pasado, de ese pasado que hasta ahora nos impele desde donde estemos, con violencia y suspicacia, era un extranjero en ese mundo de ignorancia y salvajismo, le pertenecía el vagar entre rumiantes, ya que “estaba de camino a”, inherente a él sería el arribo a un lugar, hacia un donde perteneciente a sus propios anhelos. Entonces, el arribo definitivo a la Patria se vincula hacia ese origen de su periplo por varias partes del mundo occidental, sustrayéndose del aquí visible, definiendo su búsqueda eterna como el vagar por cualquier parte conocida, pero sin perderse jamás.

Leemos en sus aforismos esa necesidad de oscurecerse de manera vacilante, para atrapar la luz que lo aguarda, donde no hay para nada, un premio, una felicitación, sino solamente la sagrada pena, los caminos sacrificados del crucificado que fracasa y lo sabe, haciéndose inaccesible a sus coetáneos.

Eligio se convierte así en una figura abierta de la historia, sus elementos trasiegan lo heterogéneo, y se vanaglorian jugando siempre, deslizándose los unos con los otros para así comprenderse, convierten su entorno en transformación y mezcla donde la dispersión, la diseminación o la desintegración se destruyen gracias a esa interioridad elevada, convertida en el devenir mismo de la humanidad, unida bajo esta realidad reproducida sobre el fondo de nuestros deseos más coherentes y valederos que Nietszche nombró como “polifonía de los afanes”. [2]

Su primer mandato (1923-1924) enfrentó problemas terribles en Hacienda o a nivel social sino también con Bolivia, que amenazaba conquistar el Chaco Paraguayo. Ante esta iniciativa boliviana no dudó en comprar las famosas cañoneras «Humaitá» y «Paraguay» que más temprano que tarde significaron el medio de transporte de muchas tropas paraguayas en el agreste infierno verde.

Eligio Ayala. Wikipedia.

Pero, a pesar de todos los problemas y sucesivos palos en la rueda de los caudillos de aquellos períodos, supo devolver la armonía y la tranquilidad a las instituciones del país con la genialidad de un estadista que no tuvo parangón hasta nuestros días[3].

Logró entender la previsibilidad de las acciones futuras de los enemigos, de propios y extraños con una claridad única, ese carácter poderosamente recio y reacio en aceptar la trampa, la prebenda o el po karé, convirtió su personalidad en la de un austero mandatario que impulsó reformas necesarias para su momento y que dieron al traste, con los intereses de sus enemigos políticos que nunca entendieron por qué decidió renunciar al Partido Liberal un 29 de septiembre de 1929, ejemplo que muchos en la actualidad han seguido, debido a la fastuosa mezquindad con la que gobiernan los actuales sucesores de los liberales de antaño.

Pensamiento y obras

Eligio planteó la espiritualidad en la que se funda toda exigencia y deber del hombre superior (entendido como aquella disposición y actitud del hombre sabio, por mejorarse y auto-pulirse infatigablemente), como fin, en el que se trasciende, acreditando la sublime alcurnia espiritual, como ideal ejemplificador, olvidando y hasta desechando la frivolidad y lo superficial.

Declara de manera tajante:

«Estoy persuadido del espiritualismo. El materialismo me repugna. Existe la vida y la vida es espiritual y consciente, es libre en el hombre. La primera causa no puede ser la materia. Esta es pasiva y el origen de todo es un principio activo. No puede ser la inteligencia porque ésta no es más que medio de conocer, no es origen, se aplica al principio vital (Eucken). El espiritualismo a que adhiero, pues, no es el idealismo de Hegel»[4]

Amante de la filosofía clásica y contemporánea a su estadía en Europa, no dudaba un segundo en plantear interrogantes a sus conocidos, perseguidor de los ideales de Arthur Schopenhauer y de su discípulo más excelso, Friedrich Nietzsche, no dejaba de lado el pensamiento kantiano, del que era seguidor acérrimo, y proclamado defensor de sus concepciones.

Enemigo declarado de Hegel, Marx y Engels, no duda un instante en interponer su espiritualismo liberal ante las llagas de ese presente que le tocó vivir, abiertas desde 1848 en todo el mundo, desechando de una, al positivismo y el historicismo con un lenguaje veraz y directo, absolutamente cargado de esa consistencia de confortante perspicacia de la realidad. Para él, “el mundo no se reduce a la miserable parte que conocemos de él”, y, “no es verdad que lo económico es causa de todo, ni que todo es producto de lo económico”.

En el libro de Bazán, se hace mención a esta anotación de “La Cuestión Social”:

«El positivismo inició el estudio de la realidad inmediata, revelada en la intimidad del alma por la conciencia. Pero seducido por la preocupación de aislar las sensaciones, de considerarlas como fenómenos existentes, por sí mismos, no percibió la unidad fundamental de la vida psicológica del hombre. Entre todas las investigaciones que contribuyeron a destacar la verdadera naturaleza del hombre, a arrancarla de la envoltura de los prejuicios metafísicos, teológicos y mecanicistas, descuellan los trabajos filosóficos de Schopenhauer y Nietzsche».

Pues entendía que “la sensibilidad de la razón es impotente para servir de base a la moral”.

alchetron.com

Nietzscheano por convicción se animaba a opinar contrariamente al racionalismo (al que no daba mucha preponderancia), de muchos de sus contemporáneos liberales y paraguayos; creyente él, en otros aspectos no racionales y elementos que construyen la existencia, ya que consideraba un peligro para la sociedad, definir a partir de la inteligencia y la razón, los constructos de un nuevo orden moral que estuviese por encima de la esencialidad, que dirige de manera ordenada, la conducta de la humana actividad.

Decía en sus “Notas Personales”[5]:

El gobierno se ejerce por métodos persuasivos, en el respeto de las garantías constitucionales, y en la estricta observancia de los principios liberales. Amo la libertad fuera de todo principio dogmático, de toda fantasmagoría sentimental. No me hago ilusión sobre sus inconvenientes y peligros, pero veo en ella la mejor garantía de las instituciones sociales.

Cuando asumió la presidencia de la República o al frente del Ministerio de Hacienda, Eligio Ayala, siempre tuvo en mente que las ideas liberales no pueden enfrentarse ante la perspectiva poderosa de las realidades sociales, entendió muy bien, cosa que otros muchos han mal entendido, que los principios liberales están por encima de cualquier ley mundana, pero que justamente por ello, deben defenderse con responsabilidad y manteniendo el bienestar de la mayoría, a pesar de no coincidir a veces, con los intereses individuales.

No es lo mismo gobernarse con los principios personales de carácter espiritual, que gobernar un país, con los mismos principios, pues el peso de la experiencia y la premura de las soluciones estratégicas de un mandato constitucional, chocan desde la base misma, con el cúmulo de ideas del liberalismo pero le confieren mayor gloria, a la hora de hacer el conteo de la voluntad individual frente a la voluntad colectiva.

Podemos citar algunas obras de su gobierno brevemente, entre otras[6]:

**Estabiliza el signo monetario, logra el equilibrio presupuestal, cancela la deuda interna acumulada: los funcionarios públicos perciben sus haberes regularmente cada mes, al cabo de muchos años: reanuda el pago de los servicios externos; construye grandes obras públicas: el puerto nuevo, puentes, impulsa la producción nacional, mejora la cultura, funda fortines y hace que se ocupe el interior del Chaco.

**Con los superávit registrados por primera vez en muchos años adquiere material bélico (dos cañoneras, y posteriormente aviones Potez) en vista de la agravación del conflicto con Bolivia (mencionado más arriba en este artículo)

**Fundó la oficina de Cambios para fiscalizar y regular la compra y venta de divisas extranjeras. La misma sirvió de base para el futuro Banco del Estado.

**Logra el retorrno de la oposición a la vida cívica.

**Deja al Partido Colorado que dicte la ley electoral, siendo el partido de oposición a su gobierno.

**Al terminar su periodo, por primera vez en la historia política paraguaya, hubo dos candidatos presentes en las elecciones para el nuevo periodo.

La vida es una novedad, una sorpresa, un secreto; hay que adivinarla, interpretarla, inducirla. La vida gesticula, destella, enciende el fanal de la razón y pasa. Ella existe, sin embargo. Las obras demuestran la existencia del obrero. El espacio, el tiempo, la belleza, tampoco tienen existencia objetiva, y sin embargo, existen. No conocemos la naturaleza del infinito; pero el infinito es real. A la cantidad finita más grande se podrá agregar una unidad y obtener otra mayor a esta otra unidad y así infinitamente. Lo finito es inconcebible. Lo infinito existe a pesar de que no pueden percibirlo ni el telescopio ni el microscopio”. Eligio Ayala.

Muerte

Fotografía de los restos de Eligio Ayala llevados al cementerio. Dardo Castelluccio. Foro Memorias de la Guerra del Chaco. Asociación Cultural Mandu’arã

Su muerte, envuelta en controversia, como todo en este bendito país, hasta ahora, no ha sido convenientemente aclarada, y si bien es cierto, la “historiografía académica” comparte la leyenda de sus últimas horas, que comienza el 23 de octubre, en las que el victimario identificado como Tomás Bareiro, sin mediación de palabra alguna o de hasta el momento, la falta de una fuente viable que exprese qué hizo este señor a esas horas y en ese rincón de Asunción y por quién fue enviado, hay otras versiones testimoniales que deberían ser escuchadas, principalmente la de sus familiares, que tienen otra visión del acontecimiento.

Lastimosamente, hasta ahora, para mí, la verdad no ha salido a la luz y tiene mucho que ver con la conspiración para vengarse del gran intelectual por parte de sus enemigos políticos, lo del problema «de faldas» me parece hasta ridículo, teniendo en cuenta cómo era el Ulises de Mbuyapey. Lo cierto y real es que fallecía por las heridas un día como hoy, de 1930.

Ahora mismo necesitamos más hombres que testigos de estos tiempos infelices que vivimos abriguen en su espíritu la rectitud y la honradez, como la valentía y la honorabilidad, emblemas de la evolución social del Paraguay.

Este humilde escrito, trata de ser un recordatorio de que en este país, a pesar de las tragedias que hemos padecido a lo largo de la historia, hay excepciones a la regla.


Fuentes y notas:

Eligio Ayala, El Pensador. Francisco Bazán. Editorial Curupi. 1978

Eligio Ayala, El Estadista. Julia Velilla Laconich. Intercontinental Editora. 2012

La Cuestión Social. Eligio Ayala. PLRA. Colección conmemoración. Editorial EMASA S.A. 1979

El materialismo histórico. Publicación del PLRA. Editorial EMASA S.A. 1979. (Ejemplar presente en la Biblioteca Central de la UNA, Campus Universitario de San Lorenzo)

Dos Siglos de Política Nacional, de Luís Vittone.

Enciclopedia de los Forjadores del Paraguay.

Eligio Ayala, de Beatriz G. de Bosio.

Infortunios del Paraguay, de Teodosio González.


[1]Citado en «Eligio Ayala, El Pensador». Francisco Bazán. Editorial Curupi. 1978

[2]Nietzsche, Friedrich, Humano, demasiado humano, Madrid, Akal, 2001. (p. 56)

[3]https://elparlante.com.py/historia-del-paraguay/la-muerte-de-un-heroe/

[4]Citado en «Eligio Ayala, El Pensador». Francisco Bazán. Editorial Curupi. 1978

[5]Ibíd.

[6]Ibíd.

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