En las Legendarias Lomas Valentinas – Segunda Parte

En las Legendarias Lomas Valentinas – Segunda Parte

Las bombas llovían alrededor del Cuartel General de Cumbarity, donde se encontraba el Mariscal López junto a su Estado Mayor.

Una escabechina que dejó atónitos a propios y extraños, muertos y heridos por doquier, fue el resultado del primer cruce entre los enemigos. El 21-22 de Diciembre de 1868, 8.000 paraguayos lograron repeler el ataque feroz enviado por casi 20.000 aliados. Fue una victoria momentánea, breve, pero que valía para mantener la moral en alto.

Así lo entendió el conductor, el Presidente López, quien continuó alentando a sus tropas y exponiendo su vida: según una carta de Silvestre Aveiro (citada por Fidel Maíz en «Etapas de mi Vida»), se salvó milagrosamente de la muerte durante el primer combate, mientras dirigía a las tropas, pues una bala agujereó una de sus ropas sin que impactara, quiso Dios, en el cuerpo del Mariscal. Sin embargo, el «Supremo» se mostraba absolutamente indiferente. Despreciaba a la Muerte, buscándola… 

Pero la Muerte le evadía, le escapaba… A pesar de que dictó su testamento haciendo su albacea al Gral. Martin McMahon, embajador de EEUU y testigo de la batalla, a pesar de que según Sir Richard Francis Burton, se lo veía «atravesando tempestades» en medio del combate, a pesar de que las balas de cañón estallaban a su alrededor, a pocos metros, según los Centurión (Juan Crisóstomo y Gaspar, que no eran parientes, vale aclarar), la Muerte lo rechazó… El destino aún deparaba muchas cosas para el Mariscal del Paraguay…

Nadie muere en la víspera…

Mientras tanto, los aliados, que quedaron severamente golpeados luego del contratiempo que sufrieron los primeros días de batalla en las Lomas Valentinas, recurrieron a una de sus mejores armas históricas contra el Paraguay: acusar al Mariscal López de todo, con una acuciante y sorprendente simpleza, muy pocas veces igualada en el descaro en toda la Historia Universal. «Y con dos cojones» como dirían en España, lo hicieron, con una infamante epístola en la que hacían responsable al Presidente del Paraguay de todas las víctimas y sufrimientos que pudieran seguir existiendo durante la guerra.

Francisco Solano López Carrillo respondió a la ridiculez de los aliados, con una de sus más hermosas prosas, fechada en la Nochebuena de 1868, cuyos más memorables fragmentos recitan:

El Mcal. Francisco Solano López

«Vuestras Excelencias tienen a bien notificarme el conocimiento que poseen sobre los recursos de que actualmente puedo disponer, creyendo que yo también pueda tenerlo de la fuerza numérica del ejército aliado y de sus recursos cada día crecientes».

«Yo no tengo ese conocimiento, pero tengo la experiencia de más de cuatro años, de que la fuerza numérica, y esos recursos, nunca se han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo, que se bate con la resolución del ciudadano honrado y del hombre cristiano, que abre una ancha tumba en su patria, antes de verla ni siquiera humillada». 

«Vuestras Excelencias han querido recordarme que la sangre derramada en Ytororó y Abay debiera determinarme a evitar aquella que fue derramada el 21 del corriente, pero VV. EE. olvidarán sin duda, que esas mismas acciones pudieron de antemano demostrarles cuán cierto es todo lo que pondero en la abnegación de mis compatriotas, y que cada gota de sangre que cae en la tierra, es una nueva obligación para los que sobreviven».

«¿Y ante un ejemplo semejante, podría mi pobre cabeza arredrarse de la amenaza tan poco caballeresca, permítaseme decirlo, que VV. EE. han creído de su deber notificarme?».

Lomas Valentinas. Archivo museovirtualdelparaguay.org/Marcos Echeverría

«USTEDES NO TIENEN DERECHO DE ACUSARME ANTE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY, MI PATRIA, PORQUE LA HE DEFENDIDO, LA DEFIENDO Y LA DEFENDERÉ TODAVÍA. ELLA ME HA IMPUESTO ESE DEBER, Y YO ME GLORIFICO DE CUMPLIRLO HASTA LA ÚLTIMA EXTREMIDAD. EN LO DEMÁS, LEGANDO A LA HISTORIA LOS HECHOS, SÓLO A MI DIOS Y A MI PUEBLO DEBERÉ RENDIR CUENTAS».

Después de semejante lírica, que podría arrancar lágrimas hasta al más endurecido, siguieron luchando los paraguayos, «como Héctor y sus troyanos», diría un autor del Uruguay que amó mucho al país de Francia y los López.

La comparación no es, en absoluto, exagerada…

(CONTINUARÁ).

Emilio Urdapilleta

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