Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo II

Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo II

II. SITUACIÓN POLÍTICA ANTES DE LA GUERRA POR EL GRAN CHACO.

Una singular unidad territorial de aproximadamente 1.200.000 kilómetros cuadrados de extensión, el Gran Chaco ejercía una poderosa atracción magnética sobre los exploradores españoles quienes llevaron a cabo la conquista y civilización de América. Es un territorio de sabanas americanas con tierra árida, más o menos calcárea, con vegetación bastante diversa, zonas boscosas semi-tropicales adornadas por ríos y lagos que refrescan el ardiente panorama de esta región, quizás la más calurosa de Sudamérica, al punto tal que ya en tiempos de los Conquistadores se llamaba a la región «el Infierno Verde», que no solo tenía al calor extremo como peligro sino también a las peligrosas incursiones de los aborígenes, especialmente guaykurúes.

El escritor británico J.R.R. Tolkien por ejemplo, en una de sus cartas a su hijo Christopher, fechada en Oxford el 9 de diciembre de 1943, mencionó al Gran Chaco. Protestaba el famoso autor del «Señor de los Anillos» contra el avance feroz del «Cosmopolitismo Estadounidense», reflexionando que quizás ningún resultado positivo saldría de la Segunda Guerra Mundial, sin importar quién fuera vencedor (tilda en esta carta a Winston Spencer Churchill como «el mayor rufián» del presente). Dice el autor (extraemos fragmentos, pues la carta es extensa):

«Si sobrevivimos a esta guerra, me pregunto si existirá para reaccionarios retrógrados como yo (o como tú) algún nicho o lugar de tolerancia… Cuando hayan introducido la sanitación estadounidense con su moralidad empresarial, feminismo y producción masiva… en el Gran Chaco… y otros tantos lugares… Ya no tendremos dónde ir. En serio, encuentro a este Cosmopolitismo Estadounidense verdaderamente terrorífico».

Ciertamente, el Gran Chaco era entonces una de las últimas fronteras del mundo. Pero siendo así, desde su descubrimiento estuvo siempre bajo el gobierno de la Asunción. Empezando por el navegante español nacido en Portugal Capitán Don Alejo García, descubridor del Paraguay y primer explorador en cruzar por dicho territorio, pasando por los más audaces conquistadores de la más heroica época de esa legendaria proeza civilizatoria, todos ellos partían desde la «Madre de Ciudades del Río de la Plata» rumbo al peligroso, indómito y desconocido Chaco, buscando el camino para llegar al «Rey Blanco» que habitaba en el Perú, con sus legendarias riquezas en metales y joyas preciosas, el llamado «Potosí» que verdaderamente existía, pero que en la imaginación valiente y fervorosa de los primeros conquistadores, se conocía como «El Dorado».

En aquellos remotos tiempos en los que se alumbraba la Nación Paraguaya, incluso a mediados del siglo XVI, nuestros ancestros tuvieron las agallas y el temple de acero para organizar expediciones dentro del Gran Chaco. Al menos 115 conocidas ocurrieron desde 1537 hasta 1810, 69 de ellas fueron en la zona «Boreal». Absolutamente nadie cuestionaba los blasones de primogenitura de Asunción del Paraguay, que gobernaba por más de 100 leguas a la redonda todos los territorios de la región. La Audiencia de Charcas, en la actual Sucre, asentía sin chistar pues su rol era jurídico y no gubernativo como el de Asunción. Y Buenos Aires… No existió sino hasta 1580 cuando fue fundada por paraguayos e incluso entonces, por más de un siglo, no era sino un puerto de segunda mano, sin importancia para los Habsburgo de España.

Todo el Gran Chaco pertenecía al Paraguay. Desde esta antigua Gobernación, ennoblecida por el mismo Emperador Carlos V de España, se fundaron al menos nueve Reducciones de Aborígenes: dos en la zona Austral, cuatro en la Central y cuatro en la Boreal, sin contarse a las ciudades de Santa Fe en el Chaco Austral y Concepción de la Buena Esperanza del Bermejo en el Chaco Central, ambas bajo jurisdicción de Asunción por Real Cédula del Emperador Felipe II de España, nada más y nada menos. A esto se puede agregar que en toda esa inmensa región, los paraguayos establecieron al menos 24 fuertes desde el siglo XVII hasta inicios del siglo XIX, la mayoría de ellos en las zonas Central y Boreal, incluyendo a los famosos «Formoso» (hoy Formosa) y «Borbón» (hoy Olimpo). Además, como ya se ha señalado en el capítulo anterior, en la España de los Habsburgo, existía un «eje» de administración imperial en Sudamérica: El Virreinato gobernaba desde Lima (Perú), tenía su sede de pleitos judiciales en Charcas (Bolivia) y su principal ciudad para los temas religiosos en Asunción (Paraguay) con sus Misiones de Jesuitas y Franciscanos, entre otras órdenes. El dominio de la Gobernación del Paraguay sobre todo el Gran Chaco estaba confirmado por la absoluta primacía y jurisdicción que ejercía el Obispado de Asunción sobre él, así como las sentencias firmes de siete Reyes de España y diez Virreyes. La más famosa de ellas la dio el ex Gobernador de las Misiones del Paraguay, Don Santiago el Conde de Liniers, quien dijo que estaban bajo la jurisdicción del Obispado de Asunción todas las «Reducciones de los Mocovíes» en la Villa de Remolinos, es decir, en el Chaco Austral fronterizo con el Central.

Eran prácticamente indiscutibles los títulos históricos que el Paraguay podía presentar contra Bolivia en caso de que se tuvieran que esgrimir estos argumentos. Sin embargo, los gobiernos bolivianos también poseían sus ases bajo la manga y no se quedaban con los brazos cruzados. Lo que no podían ganar con los papeles lo obtendrían por medio de la ocupación territorial. Así fue que desde finales del siglo XIX, empezaron a fundar fortines en el interior del territorio chaqueño, penetrando de manera furtiva especialmente desde la derrota sufrida en la Guerra del Pacífico. En 1886-1887, una expedición dirigida por el francés Arthur Thouar se introdujo en el territorio del Alto Paraguay, en la proximidad de los bañados del Ysoso, surcando el Río Parapití, tratando de alcanzar la zona de Bahía Negra, intentando imitar lo realizado por el boliviano Daniel Campos en 1883, quien logró llegar a Asunción luego de navegar las peligrosas aguas del Pilcomayo en ese entonces. Por el contrario, el francés Thouar fracasaría estrepitosamente, muriendo gran cantidad de sus compañeros en las manos de los indígenas de la zona. Sin embargo, quien tuvo un momentáneo pero interesante éxito fue el empresario boliviano Miguel Suárez Arana, quien fundó en las cercanías de la actual Bahía Negra el denominado «Puerto Pacheco», que funcionó desde el 16 de julio de 1885. El Gobierno Paraguayo del Gral. Bernardino Caballero (1839-1912) había concedido una licencia comercial a Bolivia, en plan de amistad y buena vecindad, para que pudiera instalar un «puerto comercial» en dicha zona. Pero Suárez Arana, en un episodio confuso tiempo después, proclamó la «nacionalización» de su emprendimiento y que «Puerto Pacheco» se convertía en parte del territorio boliviano. El Presidente de la República Gral. Patricio Escobar (1843-1912), enterado de la insidia boliviana, el 12 de octubre de 1888 envía una expedición militar en el Buque «Pirapó», que desalojó en una breve pero violenta escabechina a la treintena de ocupantes del «Puerto Pacheco», que luego fue destruido y pasó a formar parte de la villa de Bahía Negra. La «Guerra del Chaco» pudo haber empezado ya aquí, pero ni Paraguay ni Bolivia estaban en condiciones de enfrentarse pues apenas habían salido de recientes contiendas bélicas y necesitaban recuperarse, prepararse, armarse.

Este primer episodio, premonición de la futura Guerra del Chaco, es relatado por el boliviano Cnel. Miguel Alaiza:

«Ejecutando un plan preconcebido, el vecino país obstaculiza con todo género de trabas las tareas iniciadas en junio de 1885 por el industrial boliviano Miguel Suárez Arana, que trabajaba en la labor de abrir un camino carretero destinado a unir las comunicaciones de la capital Sucre con la ribera del Paraguay, labores encomendadas por el Gobierno Boliviano y con dineros del país. Tres años después se consuma el asalto a Puerto Pacheco, desembarcando la marinería de la cañonera Pirapó que apresa al personal de obreros y arranca el escudo y bandera bolivianos para izar los paraguayos, consumando con este hecho la posesión de un territorio cuyos defensores se hayan alejados e impedidos por consiguiente para cobrar la ofensa… Aprovechando estas circunstancias es que, seguros y confiados, pusieron las manos a la obra, desalojando como primera medida a nuestro diminuto puesto de Puerto Pacheco, ocupándolo militarmente para tomar posesión, más tarde y mediante fortines, de toda la zona de acceso al Río Paraguay en sus cinco y medio grados geográficos».

A pesar de que la Guerra de la Triple Alianza en ese entonces había concluido apenas 18 años atrás, el Paraguay daba esta valerosa señal de que estaba dispuesto a combatir por la posesión del Chaco Boreal. Y por lo que cuenta el Coronel Alaiza, Bolivia no lo esperaba…

Pero las cosas cambiarían abruptamente. Paraguay pasaría de una época de relativa estabilización política e incipiente recuperación económica iniciada en 1878 pero que tendría un súbito final en 1904 con la revolución que elevó al Partido Liberal al poder. El lento avance que se vivió en el período anterior se borraría de un plumazo por las interminables guerras civiles y cuartelazos que el país debió sufrir, casi todo propiciado por las luchas internas de los mismos liberales. Solamente en los primeros 10 años de mandato del actual PLRA desde 1904 hasta 1914, se registraron 8 revoluciones y golpes de estado, 7 cuartelazos y sublevaciones, 6 disoluciones del Congreso Nacional y el Poder Judicial. El país vivía en «Estado de Sitio», periódicos de opositores eran clausurados y periodistas deportados. Los asesinatos políticos estaban a la orden del día y los actos de violencia contra la multitud eran una constante, recordándose especialmente el famoso episodio en el que un grupo de estudiantes y jóvenes de varios partidos políticos se reunieron en el Cementerio de la Recoleta para homenajear al General José E. Díaz, siendo violentamente reprimidos y expulsados del lugar los participantes del evento, de los cuales muchos terminaron en la cárcel pues «estaba prohibido» reivindicar, aunque sea indirectamente, la memoria del Mariscal López (recién durante el Gobierno de Eligio Ayala, esto se flexibilizó en cierto sentido).

Es imposible calcular el daño humano y material que se causó en esta era de interminable turbulencia política en el Paraguay. Algunos (como el periodista Ricardo Brugada o el Coronel Luís Vittone) estimaron en unos 10.000 muertos, 20.000 heridos y 50.000 desplazados el «módico» saldo de las interminables revoluciones y cuartelazos de los primeros 10 años de Gobiernos Liberales en el país. A esto se puede añadir los crímenes de lesa humanidad cometidos con cientos, quizás miles, de opositores al PLRA que fueron enviados a Fortín Galpón, lugar que tiene el dudoso mérito de haber sido el primer y único «campo de concentración» en la historia del Paraguay, ubicado en lo más inhóspito del Chaco Boreal fronterizo con el Brasil. Solamente el 29 de septiembre de 1908, fueron exiliados a dicha cárcel unos 35 compatriotas, mayormente de la ANR. Casi todos ellos sufrían tortura y no pocos fallecían en un estado paupérrimo. Los más afortunados escapaban al Brasil.

No se sabe cuántos paraguayos perecieron en el «primer y único campo de concentración de nuestra historia», como se conoce a Fortín Galpón, que mantuvo su tétrica función incluso durante la primera presidencia de Eligio Ayala, en 1923-1924. Una estimación prudente ubica en 2.000 el número de personas que pasaron como prisioneros exiliados en ese lugar, sufriendo vejaciones, torturas y muerte en la lúgubre cárcel chaqueña creada por los liberales paraguayos en el período 1908-1924.

Eduardo Schaerer (1873-1941) fue el primer mandatario del siglo XX que logró completar su período de gobierno en 1912-1916. Se vivió un período de estabilidad y recuperación económica gracias a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que favoreció económicamente al país por las exportaciones de alimentos que hizo a los combatientes. No obstante, el intenso internismo entre los liberales no cejaba. Se presagiaba la tormenta tras el período de Manuel Franco – José P. Montero en 1916-1920, pues los sectores «schaeristas» buscaban quitar del poder a toda costa a los «radicales» del nuevo Presidente de la República, Manuel Gondra (1871-1927). De esta manera, el 27 de mayo de 1922 estallaría la «Guerra Civil Liberal», conocida también como la Revolución de 1922-1923.

Los «saco puku» gondristas tendrían unos 2.000 soldados a sus órdenes para combatir a los «saco mbyky» schaeristas quienes contaban con un número similar de regulares en armas. A esto se debe sumar el inmenso número de milicianos y montoneros populares, aproximadamente unos 5.000 en ambos bandos, que se enfrentaban en las diversas ciudades y se unían a las tropas regulares para los enfrentamientos. Esta «Guerra Civil Liberal» fue la más larga de toda nuestra historia, durando cerca de 15 meses y causando alrededor de 15.000 muertos y 30.000 heridos, la mayoría civiles, en todo el país. Fue una verdadera sangría que devastó al Paraguay y de la que salieron vencedores los «saco puku» gondristas.

Bolivia, por supuesto, veía con muy buenos ojos las interminables escabechinas que se daban en el Paraguay. Tras haber cedido al Brasil más de 330.000 kilómetros cuadrados de territorio en la Guerra del Acre (incluyendo acuerdos anteriores), desde el año 1904 con la finalización de la presidencia de José Pando Solares (1848-1917) hasta incluso las vísperas de la Guerra del Chaco en 1932-1935, el país gozó de una relativa paz política y estabilización social, a pesar de sus disputas internas y la breve «Junta de Transición» de 1920-1921 que derrocó a los liberales y elevó a los republicanos al poder. Fue precisamente durante el mandato de Hernando Siles Reyes (1882-1942) cuando empezaron a aparecer en Bolivia ciertos males endémicos que la debilitarían durante toda la contienda chaqueña. Ciertamente, Siles fue muy exitoso con la expansión económica del país durante su período de 1926-1930 gracias a las misiones de financistas extranjeros, la construcción de vías ferroviarias extensas y el levantamiento de fortines estratégicos en el territorio chaqueño, siendo el más importante de ellos Villamontes. También fue un fino diplomático que, junto a sus compatriotas, consiguió superar en todas las negociaciones a sus pares en Asunción, logrando que el Paraguay sea declarado «país agresor» por la Sociedad de Naciones durante la contienda por el Chaco Boreal (a pesar de que Siles era pacifista y buscó evitar la guerra). En contrapartida, las divisiones políticas internas de su país estallarían en 1930, con constantes sublevaciones de indígenas y campesinos así como un estamento militar que se hallaba enfervorecido por un vibrante nacionalismo (de tinte expansionista y revanchista que no era un sano amor a la nacionalidad y la Patria), que buscaba rehacerse de las constantes derrotas sufridas por el país a lo largo de su historia independiente.

Mientras el Paraguay estaba enfrascado en sus conflictos internos, Bolivia aprovechaba para avanzar sobre territorio chaqueño. La Guerra Civil Liberal de 1922-1923 tuvo funestas consecuencias que las resume el Coronel Vittone:

«La Revolución trajo días de inmensa tragedia, miseria, sangre y anarquía al Paraguay, sin haberse justificado jamás sus causas o motivos por los cuales el país fue sumido en un estado lamentable por los grandes perjuicios ocasionados a su economía y la pérdida de decenas de miles de vidas de sus compatriotas. Fue una lucha tenaz y encarnizada de dos fracciones políticas que solo buscaban apoderarse del poder para apetecer ambiciones personales y partidarias. Entre tanto, Bolivia, aprovechando nuestro drama, seguía avanzando tranquilamente sobre nuestro territorio occidental. En el año 1923, había ocupado ya más de 200.000 kilómetros cuadrados de nuestro Chaco, ante la indiferencia de los gobiernos liberales. Positivo, razonable y patriótico hubieran sido los actos del gobierno si se preocupara por la defensa del Chaco antes que por su propia protección. De esa manera se hubiera evitado esta guerra civil y fratricida que costó tantas vidas por causas políticas y que indiscutiblemente, hubiera sido más honroso que esas mismas vidas se sacrificaran por una causa nacional».

Pero los descalabros del Gobierno Liberal no se limitaban a las matanzas y revoluciones internas que desangraban al Paraguay, sin contar con el exilio de opositores o su envío a campos de concentración como Fortín Galpón. Ante el apremio que generó saber que Bolivia avanzaba con la construcción de fortines dentro del territorio chaqueño, tardíamente se intentó responder durante el segundo gobierno de Eligio Ayala, quien fundó la “Escuela de Suboficiales”, intentó sanear las finanzas del país y adquirió algunas armas modernas. Pero las desgracias continuarían.

Una patrulla de 20 soldados que se haría famosa, dirigida por el Teniente Adolfo Rojas Silva, se introdujo a navegar la zona del Río Confuso y se encontró con algunos soldados bolivianos provenientes del llamado Fortín Sorpresa (sí, era sorprendente, pero así de cerca ya estaban del Río Paraguay). La increíble ingenuidad del Teniente Rojas Silva, quien tenía órdenes de no entablar combate alguno, fue su perdición. Este aceptó «comer un asado» con los soldados invasores en el Fortín Sorpresa y entró con sus 19 soldados en el rango de acción de las tropas bolivianas, quienes los emboscaron, muriendo varios de los paraguayos, entre ellos el mismo Adolfo Rojas Silva quien rehusó rendirse y cayó como mártir el 25 de febrero de 1927.

El incidente del Fortín Sorpresa generó enorme indignación popular en todo el país. No solo se estaba hablando de la profunda penetración boliviana en el Chaco Boreal sino que ahora, el Paraguay debía empezar a anotar una lista de muertos que se iniciaba con el Teniente Adolfo Rojas Silva. Sin embargo, la reacción del Gobierno Liberal fue todavía más sorprendente: en el parte oficial firmado por el Presidente Eligio Ayala y sus colaboradores, quedó escrito que «el Teniente Rojas Silva y sus soldados hallaron la muerte por su propia imprudencia, no teniendo órdenes para cumplir con el deber de responder a la agresión».

¡Ah, lejos estaban los días en que, ante las tropelías cometidas por los bolivianos en Puerto Pacheco que terminó siendo destruido, el Gobierno Paraguayo enviaba a un pelotón en el «Buque Pirapó» para castigar los insultos contra el pabellón nacional! ¡Y eso, pocos años después de la Guerra de la Triple Alianza!

El Dr. Manuel Domínguez (1868-1935), quien aunque fue Nacional-Republicano tuvo participación en varios gobiernos de los liberales llegando incluso a ser Vicepresidente en 1902-1904, nos cuenta más de la situación política y diplomática del país en tiempos de Eligio Ayala y José P. Guggiari:

«El Poder Ejecutivo, en la mayoría de sus componentes, es reo de los delitos de peculado y la coima, asalariado por empresas extranjeras. En cuestión internacional, aparte de envilecer el cargo diplomático, salvo honrosas excepciones, traiciona la causa nacional. Basta saber que sus delegados en Washington hicieron pasar al Paraguay por la vergüenza de hacerlo reconstruir el Fortín Vanguardia a la derecha, a 800 metros del Río Negro, en la zona netamente nuestra, contra la misma tesis boliviana, que sostenía, se encontraba dicho fortín a la izquierda de aquel río. Deja perecer de hambre a nuestros pobres soldados del Fortín Cnel. Martínez y después los hace fusilar. No trata de procesar a los que adquirieron fusiles a 32$ oro sellado en la época en que se vendían a 22$ oro sellado. Ni a los que compraron aviones notoriamente inútiles. Hombres del Gobierno son aliados de los bolivianos, dice la conciencia nacional. Esos son los que prostituyen el Palacio del Mariscal López, traidores a la Patria y delincuentes del peculado y las coimas. Algunos de ellos se enriquecen con seiscientas raciones de soldados, otros con impuestos prohibitivos que facilitan ganancias de 300% a título de proteger la industria nacional. Otro agente del Presidente de la República (José P. Guggiari) recibe 3.000 $ diarios del comercio inferior y superior del abasto (…). Y para mancha de nuestra democracia representativa, en ese Congreso, ¡quién lo creería!, se sientan espías de Bolivia. Prueba contundente de ello es la desaparición del mapa militar del Chaco, enviado por el Ministerio de Guerra a una de las Cámaras, donde aparte de la ubicación de nuestros fortines, estaban trazados nuestros hilos telegráficos, indicados los caminos secretos y las aguas potables. El mapa desapareció del poder de una comisión y ningún Diputado ni Senador intenta se investigue quién o quiénes lo sustrajeron y a donde fue a parar. Parece que el cuerpo del delito se encuentra ahora en poder del Estado Mayor Boliviano (…). Por honor y por justicia, deben ser punidos esos delincuentes, espúreos (sic) de la raza, como en Roma a otros tales se arrojaba de la Roca de Tarpeya».

Terribles acusaciones del autor de «El Alma de la Raza», quien quizás tuvo la pluma más estilizada del novecentismo paraguayo. ¿Pero por qué tanta indignación? Explicamos brevemente.

Cuatro Presidentes de Bolivia
Fotografía conocida como la de los «Cuatro Presidentes» en Bolivia. En ella se ve a siete ministros del Gabinete del 6 de Agosto de 1922. De izquierda a derecha: Felipe Segundo Guzmán (primero), Severo Fernandez Alonso (tercero), Bautista Saavedra (cuarto) y Hernando Siles Reyes (séptimo). [Imagen: Julio Cordero/Oxigeno.bo].

Tras la muerte del Teniente Rojas Silva, el país entero tenía sed de venganza pero como habíamos señalado, el Gobierno Paraguayo prefirió la inacción e incluso echó la culpa del incidente al infortunado compatriota, según consta en el parte de Estado Mayor firmado por el Presidente Eligio Ayala, quien en ese momento, tenía otras cuestiones muy graves para atender, como el asunto de Puerto Pinasco en donde, por órdenes directas suyas, se había masacrado a unos 20 compatriotas que protestaban ante la explotación laboral que sufrían en manos de una compañía estadounidense en la zona, que se dedicaba a la industria de la madera y los cueros. Se dieron posteriormente episodios horribles, como por ejemplo, que una docena de obreros paraguayos habían sido ahorcados por los capataces yanquis del lugar, siendo sus cadáveres arrojados al río ante la mirada cómplice del Gobierno tras el luctuoso incidente que inició el 15 de julio de 1927 y que involucró a más de 3.000 obreros llamados «hacheros».

Para colmo de males, Rojas Silva y sus hombres no fueron los únicos asesinados por bolivianos en ese período. El 5 de diciembre de 1928 y por iniciativa personal, el paraguayo Mayor Rafael Franco, partiendo desde Fortín Galpón con unos 300 soldados, rodeó el Fortín Vanguardia construido por Bolivia en las proximidades del Fortín Vitriones. Una guarnición de 25 bolivianos se hallaba en Vanguardia, pero fueron completamente capturados por la tropa paraguaya y enviados, en marcha forzada, al Fortín Galpón, sobreviviendo todos ellos (aunque dos morirían en ese famoso campo de concentración tiempo después). Rafael Franco ordenó la total destrucción del Fortín Vanguardia, que fue incendiado y demolido hasta en sus cimientos. Por toda respuesta, el boliviano Presidente Hernando Siles ordenó una represalia inmediata y el 8 de diciembre de 1928, la expedición dirigida por el Coronel José Lanza con unos 300 efectivos recuperó la posición de Vanguardia, que estaba hecha cenizas.

Bolivia aprovechó la situación de manera muy inteligente. Hernando Siles Reyes elevó una nota de protesta que parecía un alarido patético causando enorme impresión en la comunidad internacional. Decía que el Fortín Vanguardia había sido atacado por 2.000 hombres paraguayos, causando muchas bajas y que este era un acto de agresión inaudito contra una nación pacífica y pacifista como Bolivia. El Gobierno Paraguayo, pasmado y perplejo, no atinó a dar respuesta alguna a nivel externo, pero de manera interna, ante la atónita e indignada mirada del pueblo paraguayo, relevó del mando al Mayor Rafael Franco, dándole la «baja deshonrosa» del Ejército.

Pero todavía faltaba más. Los bolivianos querían cobrarse alguna víctima de desquite y la encontrarían. El Teniente Aparicio Figari Riquelme con unos 30 soldados paraguayos fue enviado a proteger la posición entre los Fortines Valois Rivarola y Mariscal López que se hallaban bajo el mando del Capitán Merardo Castagnino.

El Teniente Figari y sus soldados divisaron un sospechoso movimiento de tropas y ruido de armas. Pensaron que serían algunos escuadrones paraguayos que salieron de cacería y decidieron ir hasta ellos para cerciorarse, sin saber que en realidad se trataba de una avanzada boliviana que estaba tendiéndoles una emboscada. Figari y unos cinco hombres quedaron completamente rodeados por los efectivos del Cap. Froilán Callejas de Bolivia. El pelotón de Figari intentó rescatar a su jefe y compañeros cercados, pero no lo consiguieron ante la superioridad numérica del enemigo, unos 200 hombres. En eso, el boliviano Sargento Luis Villanueva intima rendición al Teniente Figari, quien por toda respuesta, exclama la legendaria frase del primogénito del Mariscal López, el Coronel José Francisco «Panchito» López: «un oficial paraguayo jamás se rinde». Luego desenfundó su pistola reglamentaria y levantándose del lugar donde se hallaba agazapado, disparó al mensajero boliviano que se hallaba a unos 20 metros de distancia, hiriéndole gravemente. Desde luego que los efectivos de Bolivia, totalmente dueños de la situación, redujeron a tiros a los paraguayos que se hallaban cercados, muriendo todos ellos. Inmediatamente después, los bolivianos ocuparon el Fortín Mariscal López. En esta acción, los paraguayos sufrieron 18 muertes, entre ellas las del heroico Teniente Figari, quién fue ascendido de manera póstuma al grado de Capitán y que por su valentía, fue enterrado «con honores» por los bolivianos, dejándole bien uniformado, con sus armas y según se dice, cubierto por una bandera paraguaya. Esta clase de gestos nobles, en medio de la guerra, son dignos de ser recordados. Al fin y al cabo, paraguayos y bolivianos nunca se «odiaron» a pesar de que combatieron ferozmente por el Chaco Boreal.

Todo eso ocurría el 14 de diciembre de 1928 y esa luctuosa jornada para el Paraguay aun no concluía. El Presidente de Bolivia, Hernando Siles Reyes, ordenó una expedición punitiva sobre el Fortín Boquerón, que a pesar de hallarse muy distante, terminó cayendo en manos bolivianas luego de una breve resistencia. También fue capturado el Fortín Rojas Silva, recientemente fundado por los paraguayos y que fue abandonado tras las noticias de la caída de «Boquerón» y «Mariscal López». Finalmente, la Fuerza Aérea Boliviana lanzó, esa misma tarde, antes de la entrada del Sol, un bombardeo sobre las posiciones paraguayas en Bahía Negra, que fue relativamente inefectivo en lo táctico (no se reportaron víctimas y los destrozos fueron pequeños) pero que favoreció de gran manera al estado anímico de Bolivia así como causó una desmoralización en las filas guaraníes.

La victoria de Bolivia en este «Incidente de los Fortines» de diciembre de 1928, fue total y absoluta. Ese mismo mes estaban dándose las reuniones preliminares para la «Conferencia Panamericana de Conciliación y Arbitraje», en la que el Presidente Hernando Siles Reyes y sus colegas demostraron uña de guitarrero en la diplomacia, adelantándose en todo a sus pares paraguayos. En esta conferencia, que se dio en Washington EEUU desde el 5 de diciembre de 1928 hasta el 5 de Enero de 1929, Paraguay terminaría siendo poco menos que humillado: se le obligó a reconstruir el Fortín Vanguardia (lo que hizo sin chistar) mientras que para Bolivia prácticamente no hubo consecuencias a pesar de los furibundos y mortíferos ataques que lanzó sobre cuatro posiciones paraguayas además del asesinato al Teniente Rojas Silva y otros tantos héroes caídos por la impericia, pasividad e inoperancia del Gobierno Paraguayo.

Los acontecimientos se acelerarían a partir de este momento. El 23 de octubre de 1931, varios centenares de estudiantes, la mayoría del Colegio Nacional de la Capital (Asunción), marcharon rumbo al Palacio de los López para exigir al Gobierno Paraguayo la defensa del territorio del Gran Chaco, que en ese momento ya estaba ocupado en más del 50% por los fortines bolivianos. El Presidente José Patricio Guggiari (1884 – 1957) se rehusó a recibirlos y por toda respuesta, las fuerzas gubernamentales que actuaban como Escolta Presidencial dispararon sobre los manifestantes, causando al menos doce muertos y una veintena de heridos. La historiografía liberal hizo hasta lo imposible para ocultar y oscurecer este evento y que nunca se encuentren explicaciones claras. Lo cierto y concreto es que, según el historiador liberal Efraín Cardozo en las páginas 331 – 332 de su obra «23 de Octubre», la autorización para masacrar a los estudiantes el 23 de octubre de 1931 la dio por escrito el Capitán José Bozzano (1895 – 1969), quien entonces era Jefe del Departamento de Marina que estaba a cargo de la defensa del Palacio de López.

«La Vida por la Patria» fue el lema de los estudiantes que se manifestaron el 23 de octubre de 1931. Su muerte fue una semilla que germinó en el corazón del pueblo para levantarse en armas y recobrar la heredad nacional. Sin embargo, los políticos y diplomáticos de nuestro país seguirían con actitud timorata, pusilánime y entreguista incluso durante la misma Guerra del Chaco.

Fueron los militares y el pueblo paraguayo quienes tuvieron que tomar al toro por las astas.


FUENTES CONSULTADAS

*”Conferencia Internacional Americana de Conciliación y Arbitraje”. Washington, 10 de diciembre, 1928 – 5 de Enero, 1929. Disponible en: Dipublico.org Derecho Internacional. Enlace: https://www.dipublico.org/101110/conferencia-internacional-americana-de-conciliacion-y-arbitraje-washington-10-de-diciembre-1928-5-de-enero-1929/

*Brockmann, Robert (2007): “El General y sus Presidentes: Vida y Tiempos de Hans Kundt, Ernst Röhm y Siete Presidentes en la Historia de Bolivia, 1911-1939”. Bolivia: Plural Ediciones.

*Vittone, Luis (1975): «Dos Siglos de Política Nacional: Aspectos y Episodios Sobresalientes». Asunción, Paraguay: Imprenta Militar de la Dirección de Publicaciones de las Fuerzas Armadas.

*Velázquez, Aníbal: “Un Asesinato que Condujo a la Guerra con Bolivia”. Artículo de ABC Color (Asunción): 24 de febrero de 2016. Enlace: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/politica/un-asesinato-que-condujo-a-la-guerra-con-bolivia-1456320.html

*Gallegos, Evangelina de: “Muerte Heroica del Capitán Aparicio Figari en 1928”. Artículo de la Dirección de Comunicaciones de la Junta Municipal de Asunción, Paraguay. Enlace: http://www.jma.gov.py/2020/12/14/hoy-se-recuerda-la-muerte-heroica-del-capitan-aparicio-figari-en-1928/?fbclid=IwAR0WsJS6H5rEe3JF9BEiWWz3txDsf978sLSZ4KvWz7TAhPmazgKiIdvnd2o

*Alaiza, Miguel (1928): “Los Derechos de Bolivia sobre el Oriente y el Chaco Boreal”. La Paz, Bolivia: Litografía e Imprentas Unidas.

*J. R. R. Tolkien (2000): “The Letters of J.R.R. Tolkien: A Selection Edited by Humphrey Carpenter with the assistance of Christopher Tolkien”. Londres, Britania: George Allen and Unwin.

*Bray, Arturo (1981): “Armas y Letras”, volumen 1. Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

*Domínguez, Manuel (1927): “El Chaco Boreal: Fue, Es y Será del Paraguay”. Asunción, Paraguay: Imprenta Nacional.

*Cardozo, Efraín (1956): «23 de Octubre: Una Página de Historia Contemporánea del Paraguay». Buenos Aires, Argentina: Guayrá Ediciones.

*López, Paulo César: “Paraguay en la Historia: a 93 años de la Matanza de Puerto Pinasco”. Artículo de La Nación (Asunción): 15 de julio de 2015. Enlace: https://www.lanacion.com.py/reportaje/2020/07/15/paraguay-en-la-historia-a-93-anos-de-la-matanza-de-puerto-pinasco/

Emilio Urdapilleta