Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo IV

Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo IV

IV. NI VENCEDORES NI VENCIDOS.

El triunfo de las armas paraguayas era contundente. El Fortín Villa Montes, cuya importancia simbólica y estratégica era inmensa, estaba siendo sangrientamente asediado por los soldados paraguayos ya en las estribaciones andinas. Para colmo de males en el ejército boliviano, los guaraníes habían obtenido una espléndida victoria en la Batalla de Ingavi (también conocida como Batalla de Pozo Tigre) el 7 de junio de 1935 y lanzaron un furioso contraataque que puso al ejército paraguayo a menos de 15 kilómetros de la villa boliviana Ravelo, en donde se encontraban los primeros yacimientos petrolíferos del adversario.

La caída del “Fortín Ravelo” habría tenido consecuencias catastróficas para Bolivia, como lo explican ellos mismos en las palabras de su Ministro Plenipotenciario en Buenos Aires, Tomás Elío, quien al conocer la inminente derrota boliviana en Ingavi, escribió en su libro de Actas el 5 de junio:

“Prácticamente hemos perdido el Chaco. Hoy el problema de la guerra está vinculado a la desintegración de los departamentos de Santa Cruz y Tarija y a la pérdida de nuestras riquezas petrolíferas. Frente a esta situación no podemos cruzarnos de brazos y espectar (sic) el drama, cuya prolongación puede causar la ruina definitiva del país”. [Guachalla, 1978, p. 207].

Gravísima era la situación boliviana, si nos basamos en ese lacónico escrito. Pero no contaban ellos con la “astucia” de la diplomacia paraguaya, que estaba dispuesta a lo que sea con tal de firmar una paz definitiva. Así, por instancias del Canciller Saavedra Lamas en Buenos Aires, se empezó a negociar la “Paz del Chaco”. Nos relata Antonio Salum Flecha todo esto, como siempre, con su estilo que intenta justificar al supuesto “Gabinete de la Victoria”:

“Una nueva gestión de paz se realizó en Buenos Aires presidida por el Canciller Saavedra Lamas e integrada por representantes del Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Estados Unidos. La comisión obtuvo que trasladasen a la capital argentina a los Cancilleres Luís A. Riart del Paraguay y Tomás Elío de Bolivia. La negociación fue muy trabajosa. El Canciller Riart, el 7 de junio, presentó una propuesta de paz que fue aceptada por el Canciller Elío casi íntegramente y en pocos días se llegó a un completo acuerdo. El 12 de junio se firmó “ad referéndum” el Protocolo Principal de Paz…”. [Salum Flecha, 1983, p. 213].

Como se puede ver, Bolivia estaba en completa derrota, su situación era caótica y desesperante. Todo esto lo sabía el Canciller de Bolivia Elío. Pero, ¡oh sorpresa!, ¡oh coincidencia!, el Canciller Saavedra Lamas de Argentina convoca en ese momento una Conferencia de Paz y es el Canciller del Paraguay Riart quien hace una pronta oferta de cese al fuego el día 7 de junio (mismo día en que se concretaba la tremenda victoria paraguaya en Ingavi), la que terminó siendo aceptada cinco días después. ¡Es sencillamente increíble! Más los hechos están por encima de cualquier palabra que quiera añadirse al respecto para justificar esas acciones.

Batalla de Ingavi 4 - 7 junio de 1935
En la Batalla de Ingavi, también conocida como de Pozo Tigre, el 4 – 7 de junio de 1935 los paraguayos obtuvieron una espléndida victoria y se lanzaron a perseguir a los derrotados bolivianos, llegando a estar a menos de 15 kilómetros de los pozos petrolíferos de Ravelo. [Imagen: Historias de Bolivia Archivos Históricos].

Se ha hablado muchísimo sobre la llamada “tesis paraguaya” en la Guerra del Chaco, que se puede resumir en que para los gobiernos de Asunción y La Paz todo se trataba de definir si la cuestión era “de límites” o “territorial”. Finalmente y a fines prácticos, se resolvió el cese al fuego y se concertó el denominado “Protocolo de la Paz del Chaco” el 12 de junio de 1935 en donde, según los diplomáticos guaraníes, “triunfó la tesis paraguaya”. Pero ¿a qué se refieren con eso?

No otra cosa sino la vieja pretensión de Eusebio Ayala cuando firmó en 1913 el llamado “Protocolo Ayala Mujía”, el único que fue oficialmente aceptado por el Gobierno Paraguayo por medio de la aprobación del Congreso Nacional. A partir de ese momento se empezó a hablar de la “tesis paraguaya”, que en síntesis, lo que buscaba era finiquitar el asunto chaqueño por medio de un arbitraje internacional y la determinación de límites, pues se consideraba que en el aspecto territorial Paraguay tendría “todo a su favor” ante un examen de títulos y posesiones. Bolivia, por su parte, alegaba que el asunto era enteramente territorial y que la totalidad del Chaco Boreal debía ponerse sobre el tapete. Lo gracioso está en que, en todo momento, los gobiernos paraguayos estaban dispuestos a firmar cualquier acuerdo de paz o de no-agresión. Bolivia, en cambio, tenía una postura basada en la situación: por ejemplo, en 1927-1928, cuando se dio el “Incidente de los Fortines” en donde los bolivianos humillaron a los guaraníes tanto en las armas como en la diplomacia, los gobernantes del altiplano no cejaban un solo milímetro y solo cedieron para ofrecer un “pacto de no agresión” en el que se terminaba aceptando el “status quo” vigente, es decir, los avances bolivianos y sus ocupaciones de fortines hasta el 21 de agosto de 1931. [Peña Villamil, 1993, pp. 241 – 252].

Absolutamente lo contrario ocurría con el Paraguay. Podían obtenerse las victorias más contundentes en el campo de batalla, pero eso no significaba nada para nuestros diplomáticos, quienes querían arrebatar a Nuestro Señor Jesucristo el título de “Príncipe de la Paz”, desde luego que eso es completamente imposible pero el pensamiento que animaba a Eusebio Ayala y su supuesto “Gabinete de la Victoria”, salvo honrosas excepciones, estaba contaminado por lo que el filósofo español Gustavo Bueno definió como “Pensamiento Alicia”. Esto es, vivían en una “nube de pedos”, para utilizar una expresión vulgar pero transparente. En verdad que Eusebio Ayala y sus diplomáticos creían en significantes vacíos como “Derecho Internacional”, “Humanidad”, “Paz y Solidaridad Mundial”, “Justicia Americana”, “Títulos Justos” y demás retruécanos de poca monta que para los estadistas bolivianos, mucho más realistas, no eran sino puro verso y que al final, como se vería claramente en los tratados que definieron el tema, lo único que importaría en las mesas de negociaciones sería la cruda realidad geo-política y económica de los diferentes actores en disputa directa o indirecta.

O para ser un poco más justos: Eusebio Ayala y sus colegas compatriotas se llevarían muchos aplausos y palmaditas en la espalda por su “pacifismo internacionalista” (aunque el laureado con el Nobel de la Paz en 1936 fue Carlos Saavedra Lamas y de nada sirvió tanta lucha por “prestigio personal” del supuesto “Presidente de la Victoria”, que ni a los premios, ni siquiera fue mencionado a pesar de que fue el más intenso defensor de las políticas del mencionado ministro argentino), pero Bolivia se quedaría como la única beneficiaria y ganadora del “arbitraje” de 1938 en territorio chaqueño.

Que sirva como muestra un botón el caso que se relatará a continuación.

Una fuente que no puede ser acusada de “anti-liberal”, Policarpo Artaza, nos recuerda cuál era la verdadera situación del Paraguay en términos diplomáticos antes de la tremenda victoria obtenida por las armas guaraníes en Campo Vía. El 18 de noviembre de 1933 se reunió el Presidente Eusebio Ayala con una comitiva de la Liga de las Naciones en Asunción del Paraguay. Así describe el hagiógrafo Artaza:

“El Dr. Ayala hizo su exposición en castellano, luego en francés y seguidamente en inglés, de modo tal que cada visitante escuchó los argumentos en su propio idioma, o por lo menos uno que conocía, sin necesidad de intérpretes. La impresión recibida por los visitantes no podía ser mejor: se encontraban ante un estadista de corte europeo (…). Las bases concretas ofrecidas por el Paraguay para concertar la paz eran:

1- Cese inmediato de las hostilidades; 2- Seguridades adecuadas contra la posible reanudación de la lucha; 3- Sometimiento o solución jurídica al litigio de límites; 4- Investigación de las responsabilidades de la guerra con objeto de establecer las sanciones del caso”. [Artaza, 1946, pp. 86].

Bolivia rechazó airadamente estas propuestas pues aun consideraba que podía obtener la victoria militar sobre el Paraguay. Desde luego, el ejército boliviano sufrió semanas después la debacle en la zona de Zenteno, y prontamente, por medio del embajador británico en La Paz, se comunicó urgentemente con el Presidente Ayala para aceptar, con palabras más y palabras menos, la propuesta paraguaya hecha ante la mencionada comitiva de la Liga de las Naciones que había visitado Asunción. De nuevo dice Artaza:

“Debemos aclarar aún más cuál era el fundamento de la tesis paraguaya en cuanto al retroceso de los ejércitos, en las distintas etapas de las negociaciones para el cese de las hostilidades, a fin de que el lector no piense que esos cambios obedecían a simples influencias de los mediadores. Desde el comienzo de la guerra existía esta situación: el Paraguay conservaba la “posesión civil” del Chaco, pero había perdido la “posesión militar” de los fortines por el avance boliviano. En consecuencia, en la época en que se realizaba la Conferencia de Mendoza, el Paraguay admitía que ambos ejércitos se retiraran del Chaco porque de este modo se obligaba a Bolivia a abandonar los fortines paraguayos que tenía en su poder. El Paraguay, al retirar sus fuerzas del Chaco, también abandonaba sus fortines propios, pero no perdía la posesión civil de la región con sus plantas industriales, estancias, etcétera (…). Debe recordarse que en las anteriores negociaciones, el Paraguay admitía retirarse a las márgenes del río Paraguay con la condición de que las tropas bolivianas se retirasen a Villa Montes y Roboré; admitió después que en vez de Villa Montes se quedaran en Ballivián. Ahora la comisión y Bolivia proponían la “total desocupación” del Chaco por tropas bolivianas. Era, pues, la tesis paraguaya aceptada por Bolivia y aún más, admitía el retiro de las tropas bolivianas del Chaco”. [Artaza, 1946, pp 88-89].

No aclare que oscurece, Sr. Artaza. ¿Nos está diciendo Ud. que el gobierno paraguayo, en el colmo de la inocencia política y diplomática, siempre estuvo dispuesto a abandonar sus propios fortines (que Bolivia ocupó hasta que estalló la guerra) con tal de que el ejército boliviano retire sus tropas del territorio disputado? ¿Acaba de decirnos Ud. que el asunto, según la “tesis paraguaya”, era resolverlo todo por medio del arbitraje, en el que se tenían todas las chances de perder, puesto que ambos países tenían sus fundamentos de ocupación territorial? De hecho que aceptar a la línea Villa Montes-Roboré-Ballivián ya era una capitulación.

Pero bueno, he aquí la famosa “tesis paraguaya”, en plena ejecución. Esta fue la trampa mortal en la que cayó la diplomacia de nuestro país gracias al “estadista europeo” Eusebio Ayala, quien ya había hipotecado la suerte del país con su infausto Protocolo de 1913. Por pura búsqueda de prestigio personal, sacrificando los intereses de la nación, el supuesto “Presidente de la Victoria” se empeñó en que todo se hiciera según lo que se ajustaba a su propio beneficio. Ese era su único y mezquino objetivo.

Paraguay había prevalecido militarmente sobre Bolivia en la Guerra del Chaco (1932-1935). Una simple inspección de los mapas al inicio y al final de las hostilidades es el testimonio irrefutable del triunfo de las armas guaraníes. El 12 de junio de 1935 se acordó el cese al fuego, cosa que los bolivianos no respetaron pues siguieron disparando contra objetivos paraguayos hasta varias horas después del mediodía del 14 de junio, alegando una confusión horaria como excusa. Desde Villa Montes hasta Vitriones, prácticamente en línea recta, los “hitos” marcados con sangre y fuego por los victoriosos guaraníes ahora serían parte de la batalla diplomática.

¿Qué fue lo que se acordó en el Protocolo de la Paz del Chaco del 12 de junio de 1935? Nos lo resume Antonio Salum Flecha:

“Primero, la convocación (sic) de una conferencia de paz por parte del Presidente de la Nación Argentina por ruego del grupo mediador; Segundo, la cesación definitiva de las hostilidades sobre la base de las posiciones actuales de los ejércitos beligerantes; Tercero, la adopción de medidas de seguridad mediante la desmovilización de los ejércitos beligerantes en el plazo de noventa días, la reducción de los efectivos militares hasta cinco mil hombres, la obligación de no hacer nuevas adquisiciones de material bélico y el compromiso de no-agresión; Cuarto, el reconocimiento de los beligerantes de la declaración del tres de agosto de 1932 sobre adquisiciones territoriales; Quinto, la suspensión de los fuegos a partir del día 14 de junio a las 12 horas. En el Protocolo Adicional se expresa que a objeto de dar complimiento al Artículo Quinto del Protocolo, las Partes contratantes solicitan de la Comisión de Mediación el envío inmediato de la Comisión Militar Neutral al frente de operaciones. También se determina que si el Protocolo Principal fuese ratificado por los Congresos del Paraguay y Bolivia en el término de 10 días, establecidos para el efecto, el cese provisorio del fuego a que se refiere el Protocolo Adicional se convertirá automáticamente en la cesación definitiva de las hostilidades. Y en el caso contrario, esto es, de no producirse dicha ratificación fenecerá ipso facto la suspensión de los fuegos. Finalmente, cabe señalar que en el inciso 7 del Artículo Primero del Protocolo Principal se determinaba que la Conferencia de Paz constituirá una Comisión Internacional que dictaminará acerca de las responsabilidades de todo orden y clase provenientes de la guerra; si las conclusiones de dicho dictamen no son aceptadas por alguna de las partes, resolverá en definitiva la Corte Permanente de Justicia Internacional de la Haya”. [Salum Flecha, 1983, pp. 213 – 214].

Ya en sí mismo, el Protocolo de Paz era sumamente peligroso para el Paraguay pues se entregaban inmensos poderes a entes globalistas, ni siquiera a países vecinos y además, se reconocía tácitamente el acuerdo del tres de agosto de 1932, que podía ser utilizado en contra de los intereses del país pues para la interpretación favorable a Bolivia, era Paraguay el país que estaba “conquistando territorios” tras su victoria militar en la guerra.

¿Qué opciones tendría Paraguay en ese momento? 1- Prepararse para reiniciar las hostilidades en caso de que no existiera un acuerdo bilateral favorable, al menos, que respete la “línea de hitos”; 2- Someterse a la mediación de la Liga de las Naciones; 3- Llevarse a cabo un arbitraje panamericano.

La segunda opción estaba descartada de antemano porque Paraguay había abandonado la organización globalista a inicios de 1935 a causa de sus constantes fracasos diplomáticos y el sesgo que mayormente mostraba la Liga de las Naciones a favor de Bolivia. En este sentido, cabe destacar que hubo suficiente patriotismo para tomar la decisión de abandonar ese fantoche de organización (aunque, para todos los fines prácticos, con el Protocolo de Paz del 12 de junio de 1935, de facto, se volvió a darles poder). Hoy en día, faltan políticos con esa determinación para hacer lo mismo con la ONU, sucesora de la perfectamente inútil Liga de las Naciones.

Respecto a la primera opción, por supuesto que esto nunca es fácil de decidirse pero dígase en favor de dicha posibilidad que casi todos los oficiales del ejército paraguayo, de manera unánime, han escrito en sus respectivos testimonios y memorias que a pesar de que la situación no era la mejor respecto a abastecimientos y provisiones, la moral de la tropa era altísima, se había capturado un enorme parque de armas y municiones a los bolivianos quienes estaban cabizbajos por las constantes derrotas y con gran inestabilidad política. En resumidas cuentas, Paraguay todavía estaba dispuesto a dar un último sacrificio si fuera necesario. Pero el supuesto “Presidente de la Victoria”, Eusebio Ayala, era un pacifista a ultranza (quizás soñaba con ganar el Premio Nobel de la Paz en conjunto con Carlos Saavedra Lamas, ¡qué lástima!) y no se sentía tan confiado como sus oficiales.

Quedaba la tercera alternativa, el “arbitraje” o “mediación” entre naciones americanas. Esto no generaba confianza en nadie por innumerables razones que el mismo Eusebio Ayala resumió en una comunicación con Justo Pastor Benítez:

“Una mediación americana, a menos de cambiar de carácter, irá a nuevos fracasos. Existen demasiadas pequeñas rivalidades y celos personales para que se pueda ejercer una acción útil. Además hay gobiernos que no nos inspiran ninguna confianza. Chile y Perú. No juegan limpio… Tengo pruebas del mal espíritu del Canciller Chileno contra el Doctor Saavedra Lamas. El problema del Chaco no es jurídico, es político”. [Peña Villamil, 1993, pp. 340].

Lo gracioso es que, como se verá más adelante, el Gobierno de Eusebio Ayala aceptará la solución de la “mediación” o “arbitraje” panamericano con dos reconocidos adversarios diplomáticos como integrantes de dicho comité: Chile y Perú. ¿En qué quedaban entonces sus supuestas aprensiones? Era solo un subterfugio que pretendía guardarse para la posteridad y que ahora aparece pero en sentido contrario, con crudeza y amargura para el paladar. Siempre se ha dicho que uno de los lemas nacionales es “Vencer o Morir”. Sin embargo, la diplomacia paraguaya en la Guerra del Chaco nos demuestra que el supuesto “Presidente de la Victoria” Eusebio Ayala quedó en realidad como quién “ni venció, ni murió, sino todo lo contrario”.

No obstante, nadie puede considerarlo incoherente con sus posturas de “ni vencer, ni morir sino todo lo contrario”. Desde el principio, como ya hemos dicho, Eusebio Ayala buscó mostrarse ante la opinión pública internacional, lo que más le importaba en este mundo, como el “Príncipe de la Paz”. Por esa razón, cuando iniciaron las primeras conferencias para el cese al fuego definitivo en el Chaco Boreal, era el supuesto “Presidente de la Victoria” quien proponía abiertamente la fórmula que quedó inmortalizada con su propia frase: “ni vencedores, ni vencidos”.

Es falso y de total falsedad la afirmación de que esa tesis provenía del lado boliviano. Algunos hagiógrafos del liberalismo paraguayo proclaman intensamente que fue el Ministro Tomás Elío quien impuso dicha versión, pero los documentos de las cancillerías lo desmienten con demasiada facilidad. En la “Conferencia de Montevideo” durante la VII Conferencia Internacional Americana, cuando se dio la bienvenida a la comitiva de la Liga de las Naciones para tratarse la Paz del Chaco en las reuniones que concluyeron el 24 de diciembre de 1933. El Presidente de la Comisión del Chaco de la Sociedad de las Naciones, Sr. Alvarez del Vayo, lo recuerda claramente, en su discurso de despedida:

“La Comisión celebra extraordinariamente porque no solo quiere terminar la guerra; porque sueña en un futuro de amistad, aunque esta palabra a los dos pueblos pueda parecer ahora todavía prematura; la Comisión celebra extraordinariamente, digo, que a través de la acertada iniciativa del Canciller argentino Dr. Saavedra Lamas de convocar una conferencia de países limítrofes, se abra la perspectiva de una cooperación económica fructífera para después de la contienda. “Ni vencedores ni vencidos”, nos decía el Presidente Eusebio Ayala en su discurso de salutación al llegar nosotros a la capital del Paraguay. Yo digo: un vencido, sí, la guerra. A vencerla con vuestro recuerdo, con la ayuda que nos prestáis a través de la adhesión generosa de esta tarde va derecha la Comisión. Un vencedor, sí, el espíritu generoso, la sensibilidad de justicia de América”. [Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina (1937): “Política Argentina en la Guerra del Chaco”, Vol. 02 pp. 180 – 181. Buenos Aires, Argentina: Guillermo Kraft Ltda.].

Y el Doctor Saavedra Lamas, en quien Eusebio Ayala cifraba tantas esperanzas, como Presidente de la Conferencia de la Paz del Chaco, en su discurso de clausura de la Primera Conferencia dada el 1 de julio de 1935, que quedó como parte del “Acta Protocolizada”, señaló:

“La noble paz a que se aspiraba no podía subordinarse a la preocupación pueril de una paternidad exclusiva, que es obra de toda América, habiendo colaborado también la Liga de las Naciones, porque suspendió el ejercicio de su legítima jurisdicción (…) Esa solidaridad venía del fondo de la historia y se había puesto de manifiesto en los días en que los países de América, en sus esfuerzos de emancipación, se tendieron las manos a través de distancias geográficas y de desiertos enormes… Es el recuerdo presente en todos los espíritus de los muertos por la Patria, para ofrecerles el homenaje de que toda América busca la solución de los problemas de los beligerantes, sin que haya vencedores ni vencidos, sino pueblos que conservan la integridad de sus derechos… Como Presidente de la Conferencia de Paz, velaría porque imperase la más estricta justicia y el mayor respeto por todas las opiniones, y formulo votos para que la Divina Providencia ilumine a los delegados en el desempeño de sus tareas, para que sean resueltos los problemas de manera que resulten colmadas las legítimas aspiraciones de todos”. [Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina (1937): “Política Argentina en la Guerra del Chaco”, Vol. 02 pp. 389. Buenos Aires, Argentina: Guillermo Kraft Ltda.].

¡Y esa era la tan mentada “tesis paraguaya” de la que se vanaglorian los hagiógrafos del supuesto “Presidente de la Victoria”! ¡Ni vencer, ni morir, sino todo lo contrario! ¡Nuestro principal “valedor”, el Dr. Saavedra Lamas, es quien se apoya en la frase del Presidente Ayala!

Uno de los grandes diplomáticos de nuestra historia fue el Dr. Gerónimo Zubizarreta, quien con tenacidad y patriotismo aristocrático se atrincheró en las posiciones conquistadas por el ejército paraguayo y sobre los papeles de la negociación, fue un murallón impenetrable digno de ser recordado a la misma altura que los guerreros de Nanawa o Ingavi. Con mordaces observaciones, punzantes contraataques y agudísimos retruécanos, se puso a la altura de las circunstancias y combatió, en enorme desigualdad de condiciones, contra los negociadores bolivianos y sus aliados internacionales, que estaban en todas partes mientras que el Paraguay prácticamente se encontraba solo en la mesa diplomática, pues la supuesta “ayuda argentina” era una ilusión que se iría comprobando cada vez más y solamente el Uruguay, que entonces estaba bajo el insobornable magisterio “nacionalista y paraguayista” del gran caudillo Don Luís Alberto de Herrera, tomaba una postura firmemente favorable a los intereses guaraníes, como una especie de retribución y alianza histórica no-escrita entre los “Blancos” y los gobernantes de Asunción.

Al igual que los soldados paraguayos en la Guerra del Chaco, Zubizarreta debió soportar la contienda diplomática en dos frentes: el externo y el interno. Pero la resistencia férrea que supo ejercer contra los negociadores bolivianos y sus aliados terminaría siendo minada, una y otra vez, por los enemigos en la retaguardia. Un ejemplo histórico e irrebatible de todo esto nos lo cuenta el hagiógrafo Artaza:

“La Conferencia de Paz estaba a punto de disgregarse. Los delegados de los países americanos –Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay- no podían salir del impasse a que habían llegado las conversaciones sobre la devolución de los prisioneros. La delegación paraguaya en Buenos Aires, presidida por el Dr. Gerónimo Zubizarreta, se aferraba a su tesis. Exigía, entre otras cosas, 3.000.000 de pesos argentinos por la manutención de prisioneros de acuerdo a la Convención de la Haya. Bolivia, por su parte, sólo se avenía a abonar 1.000.000 de pesos y tampoco cedía”.

“El delegado norteamericano Spruille Braden atribuyó al temperamento del doctor Zubizarreta la intransigencia paraguaya. Por ello resolvió tomar un avión y trasladarse al Paraguay para obtener del Presidente de la República, doctor Eusebio Ayala, lo que no había logrado en Buenos Aires con el representante de su gobierno. La idea pareció oportuna a los miembros de la Conferencia y allá fueron, con Mr. Braden, un delegado de cada país, entre ellos el doctor Luís Podestá Costa, argentino”.

“Mr. Braden se entrevistó apenas llegado con el doctor Ayala en su domicilio particular. Éste ya sabía el objeto de la visita. Antes de que comenzara a hablar el huésped, el Presidente Paraguayo, cambiados los saludos correspondientes, le habló poco más o menos de esta manera: “Sr. Braden, ¿cree usted que deseamos mantener en el país a tantos prisioneros cuya mayoría está constituida por indígenas del altiplano? Llévense los prisioneros. No hacemos cuestión de dinero. Dejamos a criterio de la Conferencia la suma que debe abonarse por los gastos de manutención. Pero, eso sí, garantícenos que estos prisioneros, que son todo un ejército y el mejor de Bolivia, no volverán al Chaco a proseguir la guerra”. Quedó satisfecho Mr. Braden con la aparente benevolencia del Doctor Ayala (…). En vísperas de su regreso a Buenos Aires, los miembros de la Conferencia de Paz ofrecieron una comida de despedida a los funcionarios del gobierno paraguayo, de la que participaron legisladores, altos jefes civiles y militares, entre estos el Coronel Franco. Mr. Braden ofreció la comida en nombre de sus colegas, diciendo en dicha oportunidad, poco más o menos: “es con honda complacencia que declaro, en nombre de los miembros de la delegación y en el mío propio, la impresión que nos ha causado la gran personalidad del Presidente de la República, doctor Eusebio Ayala, quien a justo título podría desempeñar la jefatura de gobiernos como el de los Estados Unidos, Inglaterra o Francia””. [Artaza, 1946, pp. 104 – 105].

Con esta clase de halagüeñas palabras (falsísimas por lo demás) se derriten los liberales paraguayos. ¡Por supuesto que Eusebio Ayala podía fácilmente ser ministro de gobierno de EEUU, Inglaterra o Francia! ¡Era capaz de defender, perfectamente, los intereses de “esos” países! ¡Pero jamás de los jamases los del Paraguay! ¡Imagine usted lo que acababa de hacer el Presidente Ayala, siguiendo el relato de su hagiógrafo correligionario Policarpo Artaza!

Mientras Don Gerónimo Zubizarreta, con patriotismo y los máximos recursos de su inteligencia, con todos los argumentos a su favor, prácticamente con elementos inapelables, estaba trabajando para que los aproximadamente 20 a 25 mil prisioneros bolivianos (según otros, el número es aun mayor) permanezcan bajo vigilancia del Paraguay pues la Conferencia de Paz aún estaba en intensas negociaciones y de ninguna manera se podía cometer el gravísimo error de permitir que esos 25 mil hombres regresen a Bolivia y se reintegren al ejército de su país, lo que significaba que el país enemigo del Paraguay podía reconstruir prácticamente dos divisiones enteras con sus más experimentados guerreros, el supuesto “Presidente de la Victoria” tras una reunión con el famoso filibustero yanqui Spruille Braden, accede a que toda esa tropa boliviana regrese a su país cuando la “Paz Definitiva” todavía no se había concertado, de ninguna manera. Todavía mucho peores son los argumentos esgrimidos por Ayala. Paraguay no quería mezclarse con los “indígenas del altiplano” y se contentaba con que se declare solemnemente que esos soldados que son todo un ejército y el mejor de Bolivia” no volverían al Chaco a proseguir la guerra.

¡Es para que a uno le dé un patatús en el acto! Uno solamente puede imaginar el rostro que habría puesto Don Gerónimo cuando le contaron que había sido asquerosamente desairado por el supuesto “Presidente de la Victoria” y que por lo menos 20.000 bolivianos, el mejor ejército de ese país según palabras del mismo Eusebio Ayala, estarían rumbo a su tierra para reforzar a las alicaídas tropas del altiplano. ¡Ah, pero el yanqui Braden dio garantías e hizo un brindis celebrando que Eusebio Ayala era un “estadista digno de EEUU o Inglaterra o Francia”! ¡No saben lo halagados que nos sentimos!

Apenas empezaba el calvario diplomático del Paraguay y el Dr. Gerónimo Zubizarreta fue su infausto protagonista, quien como ya dijimos, por su patriótico e infortunado heroísmo en la mesa de negociaciones, es digno de ser celebrado como un verdadero titán de nuestra nacionalidad. Pero todas las loas quedaron para el supuesto “Presidente de la Victoria” que así de dañino y pérfido era para los intereses del Paraguay. ¡Todo sea para recibir el aplauso barato de filibusteros de pacotilla como Spruille Braden!


FUENTES CONSULTADAS.

*Peña Villamil, Manuel (1993): «Eusebio Ayala y su Tiempo». Asunción, Paraguay: Graphis S.R.L.

*Salum Flecha, Antonio (1983): “Historia Diplomática del Paraguay de 1869 a 1938″. Asunción, Paraguay: Editora Litocolor S.R.L.

*Artaza, Policarpo (1946): «Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal». Buenos Aires, Argentina: Editorial Ayachucho.

*Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina (1937): “Política Argentina en la Guerra del Chaco”, Vol. 02 pp. 180 – 181. Buenos Aires, Argentina: Guillermo Kraft Ltda.

*Guachalla, Luis Fernando (1978). “Jayucubás”. La Paz (Bolivia): Los Amigos del Libro.

Emilio Urdapilleta