Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo V

Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935-1938): Capítulo V

V. CEDER TODO Y GANAR NADA.

El Armisticio del 12 de junio de 1935 fue ofrecido por el Gobierno Paraguayo a sus pares de Bolivia y esto vino como anillo al dedo para los derrotados líderes en la Ciudad de La Paz, quienes creían que sería fácil un triunfo militar sobre la alicaída y desgastada nación guaraní. Las armas dieron su veredicto contundente: el paraguayo prevaleció contra sus enemigos internos y externos.

Paraguay aceptó la desmovilización del ejército como una muestra de “buena fe” ante la comunidad internacional. Era un gesto tremendo, que generaba enormes dudas en los círculos militares del país especialmente porque Bolivia jamás aceptó desmovilizar del todo a sus tropas. Sin embargo, el “pacifismo biempensante” de los gobernantes en Asunción llegaba a niveles estratosféricos. Eusebio Ayala estaba dispuesto a “cualquier cosa” para llegar a un acuerdo pacífico. Si eso significaba cederlo todo, no importaba. Veamos solamente unos ejemplos en este capítulo que será breve pero bien ilustrativo.

1- El Armisticio del 12 de junio de 1935:

Fue firmado en contra de toda lógica. Como ya se ha visto, los bolivianos eran perfectamente conscientes de la situación catastrófica que estaban viviendo, sobre todo tras la terrible derrota que sufrieron en Ingavi (Pozo Tigre), quedando el Ejército Paraguayo a un tiro de cañón de las villas petrolíferas que empezaban con Ravelo. Este armisticio era tan lesivo a los intereses nacionales que el historiador estadounidense Leslie B. Rout lo describió así:

“La paradoja del acuerdo habría premiado a cualquier cínico. En junio de 1935, el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia aceptó la promesa hecha por su par de Argentina, sabiendo plenamente que el Gobierno Argentino había hecho mucho para el éxito militar de los paraguayos. Casi tan irónico como eso, el Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay firmó un protocolo que terminaba las hostilidades sin garantizar de forma específica a la Zona Hayes y al litoral del Río Paraguay para el Paraguay. Si los políticos de ambos países hubiesen aceptado semejantes propuestas en 1932, habrían perdido sus trabajos y quizás sus cabezas”. [Rout Jr., 1970, p. 100].

El error de apreciación que comete Leslie Rout en este punto es poner en plan de “igualdad” la situación militar boliviana respecto a la paraguaya. Para los primeros, este acuerdo de paz (como otros tantos que aceptó durante la contienda) venía como un excelente salvavidas luego de las duras derrotas que sufrieron a manos de los guaraníes. Por el contrario, para los paraguayos, no solo se estaba dando una “mano salvadora” a los vencidos bolivianos sino que ni siquiera se reconocía oficialmente en el armisticio al Laudo Arbitral del Presidente Rutherford Hayes de EEUU, que 60 años antes de la Guerra del Chaco, otorgó por un acuerdo internacionalmente reconocido el litoral chaqueño del Río Paraguay al Gobierno de Asunción.

¡Enorme es la diferencia “situacional” entre uno y otro contendiente, y enormes también las entregas que se hicieron, sobre todo en el lado paraguayo! Tiene razón Rout cuando dice que un armisticio, con semejantes términos, solo merecería el paredón de fusilamiento para el Gobierno Paraguayo que accedió a firmarlo.

2- Paraguay Retrocede y Bolivia se Mantiene:

Tras el Armisticio del 12 de junio de 1932, se acordó que los ejércitos de ambos países retrocedieran hasta una ubicación determinada, tras la demarcación de la denominada “Línea de Hitos”. Se deseaba crear una “zona de separación” que permita la negociación de la paz definitiva. Curiosamente, para el “retroceso” de ambos ejércitos, el único que en realidad daba una “marcha hacia atrás” era el de Paraguay, pues el de Bolivia ya se encontraba más o menos en las posiciones definidas por la Comisión de Neutrales. Cabe señalar aquí que la propuesta de “retroceso” (que reiteramos, solo afectaba a Paraguay para todos los fines prácticos) obedecía a que las tropas guaraníes, el 10 de junio de 1932, habían ocupado y cortado la ruta de Boyuibé-Villa Montes, conocida como “Ruta Standard Oil” por los paraguayos. Esto era bastante peligroso para los intereses internacionales, especialmente de Argentina y EEUU, quienes deseaban que Paraguay abandone esa posición para beneficio de Bolivia, que también estaba sumamente interesaba en liberar ese camino que era su única conexión con sus posiciones más orientales.

De nuevo, el estadounidense Leslie B. Rout nos lo detalla con documentos del Departamento de Estado de su país: Bolivia logró mantenerse en todas sus posiciones, casi sin retroceder efectivamente a su ejército. Por el contrario, Paraguay cedió en el famoso camino de Villa Montes – Boyuibé y tácitamente, el General José Félix Estigarribia aceptó la creación de una “zona neutral” en esa clave sección de la citada ruta bajo el control de la “Comisión de Neutrales”. [Rout, 1970, p. 106].

¡Bolivia, en la diplomacia, nunca retrocedía! ¡Paraguay era el que siempre cedía! Luego viene la lógica pregunta: lo que se estaba aceptando en el Armisticio del 12 de junio de 1932, es decir, el retroceso del ejército paraguayo, muy por detrás de la “Línea de Hitos”, ¿se recuperaría posteriormente, en las charlas definitivas de paz? El tiempo demostraría que no. Se firmarían otros pactos sumamente lesivos al interés nacional como el de Stefanich-Alvestegui en el que, de nuevo, el ejército paraguayo retrocedía mientras que el boliviano se mantenía en sus posiciones. ¡Los febreristas tampoco se salvan de las acusaciones graves contra su desempeño! [Bordón, 1962, pp. 188 – 195].

El acuerdo firmado por el Dr. Juan Stefanich, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Febrerista (aunque haya sido un “fait accompli” que recibió de los liberales cuando estos cedieron el camino de Villa Montes – Boyuibé), fue la confirmación de un gravísimo error con el que a expensas exclusivas del Paraguay, se creó en base a la “zona neutral” preexistente lo que posteriormente fue denominado “zona de condominio”. La posición concedida a Bolivia para la formación de esta “zona de condominio” estaba prácticamente sobre la “Línea de Hitos” mientras que Paraguay se alejaba cada vez más de ella.

A expensas del Paraguay, en resumidas cuentas, fue que se creó la “zona de condominio” entre ambos países. Cierto es que el proceso empezó durante el Gobierno de Eusebio Ayala, pero quedó confirmado durante el mencionado Pacto de Stefanich – Alvestegui, firmado durante el Gobierno del Brig. Gral. Rafael Franco (1896 – 1973), uno de los héroes militares de la contienda quien había derrocado y exiliado a su predecesor el Presidente Ayala (al igual que a su ex Comandante en Jefe, Gral. José Félix Estigarribia). La excusa que los “febreristas” presentan, como en todos los casos, es que ellos “heredaron” el problema y simplemente “protocolizaron” lo que ya era un “fait accompli”. ¿Para qué hicieron la revolución entonces? ¿Para perjudicar todavía más los intereses paraguayos? ¿Fue el “gatopardismo” con el que se cambiaba todo para que nada cambie?

El Brig. Gral. Rafael Franco fue Presidente de la República del Paraguay en 1936 - 1937, tras haber derrocado al gobierno legal y legítimo de Eusebio Ayala en un "cuartelazo" que fue denominado "Revolución Febrerista". Las excusas para el golpe fueron los malos manejos de la diplomacia paraguaya durante las tratativas de la Paz del Chaco. Sin embargo, el Gobierno de Rafael Franco no remedió ni palió error alguno cometido por sus predecesores. En algunos casos, los exacerbó.[Imagen: ABC Color].
El Brig. Gral. Rafael Franco fue Presidente de la República del Paraguay en 1936 – 1937, tras haber derrocado al gobierno legal y legítimo de Eusebio Ayala en un «cuartelazo» que fue denominado «Revolución Febrerista». Las excusas para el golpe fueron los malos manejos de la diplomacia paraguaya durante las tratativas de la Paz del Chaco. Sin embargo, el Gobierno de Rafael Franco no remedió ni palió error alguno cometido por sus predecesores. En algunos casos los exacerbó. [Imagen: ABC Color].

3- Desmovilización Paraguaya y Astucia Boliviana:

Respecto al asunto de la desmovilización, según el Armisticio del 12 de junio de 1932, ambos países debían reducir a sus Ejércitos al número de 5.000 hombres y adquirir armas exclusivamente para la manutención de la seguridad interna. Paraguay cumplió esto al pie de la letra, siguiéndose el calendario de desmovilización establecido por la Comisión de Neutrales, que indicaba que debía realizarse en cuatro períodos El último era el 9 a 30 de septiembre de 1935, en el que ambos ejércitos debían quedar reducidos a “cuatro octavos del total de movilizados” para posteriormente bajarse el número a 5.000 en cada bando.

Llegó el 30 de septiembre de 1935 y Paraguay había desmovilizado a 46.515 soldados mientras que Bolivia a 54.105. Sin embargo, aquí empezaron los inconvenientes puesto que el Gobierno Boliviano alegaba que “no podía seguir desmovilizando” porque existían cuadros de su ejército que eran “potencialmente revolucionarios” y debían seguir mantenidos bajo control. Así, si seguimos datos no oficiales pero fidedignos, Bolivia habría tenido en armas alrededor de 20 a 25 mil soldados a pesar de que se había acordado que después del 30 de septiembre de 1935, debían reducirse a 5.000 efectivos. Paraguay, por su parte, luego de haber decretado la desmovilización general y la “interdicción” que impedía a los excombatientes reunirse o congregarse en mítines de cualquier índole, redujo su número de hombres a 4.713 efectivos según reporte del mismo General José Félix Estigarribia, citado por el historiador estadounidense Leslie Rout.

Cuando el Gobierno Paraguayo se enteró de que Bolivia no tenía la más mínima intención de reducir su planilla a 5.000 soldados, intentó armar “por debajo de la mesa” a más efectivos disfrazados de “policías urbanas”, pero esto era más fácil pensarlo que ejecutarlo, pues la población, convencida por la propaganda política de que se había llegado a la paz decisiva, ya estaba disfrutando las mieles de la victoria militar obtenida y era bastante complicado decirles “vuelvan a las armas, que todos los Desfiles de la Victoria y demás no fueron sino meros mamarrachos”. El error ya se había cometido y su gravedad solo se agravaría con el paso del tiempo, pues los diplomáticos de nuestro país todavía tendrían tiempo para beneficiar con pésimos acuerdos a Bolivia en detrimento del Paraguay.

La “desmovilización” trajo una interesantísima lección para los “pacifistas” gobernantes paraguayos. Los hombres del supuesto “Gabinete de la Victoria” aprendieron que una vez desmovilizado un ejército, era muy pero muy difícil volver a ponerlo en armas (¿o quizás lo sabían y lo hicieron adrede?). Los bolivianos no cometieron, al menos completamente, ese terrible error.

4- Trueque de Prisioneros y Desarme:

Ya ha sido mencionado el asunto en capítulos anteriores. Durante la espléndida victoria militar paraguaya, se capturaron a unos 20 a 25 mil prisioneros bolivianos. Por su parte, Bolivia tendría en sus manos a unos 3.500 a 5.000 paraguayos.

Es harto conocido que Don Gerónimo Zubizarreta hizo una especie de “causa nacional” que Paraguay no solo no devuelva los prisioneros a Bolivia sino que también nuestro país reciba del Gobierno de La Paz la suma de 3.000.000 de pesos argentinos para su manutención mientras duren las negociaciones de pacificación (sustentado plenamente en las Convenciones de La Haya). Bolivia se rehusaba, en parte porque también tenía que mantener a los prisioneros paraguayos que tenía y también por cuestiones estratégicas. Tras arduas negociaciones, se acordó que el monto fuera dejado en 2.400.000 pesos argentinos para el Paraguay. Pero como el fanático liberal Arturo Bordón más conocido como “el Barquero” nos cuenta, este impasse que estuvo a punto de quebrar la tensa paz del Armisticio del 12 de junio de 1935 a causa de la férrea postura del Presidente de la Legación Paraguaya Dr. Zubizarreta, fue resuelto por el mismo Eusebio Ayala tras una reunión que mantuvo con el ministro estadounidense Spruille Braden. El mandatario paraguayo acordó que no se pondrían trabas ni obstáculos para la total devolución de los prisioneros bolivianos a su país. [Bordón, 1962, pp. 208 – 210].

Fue este infame acuerdo, con el que se pactó la devolución de por lo menos 20.000 soldados prisioneros a Bolivia, el que despertó la indignación popular que llevaría adelante el cuartelazo del 17 de febrero de 1936, la famosa “Revolución Febrerista”. ¡Y no era para menos! Habíamos visto en el punto “2” que Paraguay había desmovilizado a casi todo su ejército, quedando con poco menos de 5.000 hombres en armas (quizás 10.000 extraoficialmente, con mucho esfuerzo). Por su parte, Bolivia no cumplió completamente el acuerdo de desmovilización y tendría cerca de 20 a 25 mil soldados en armas. Entonces “el canje de prisioneros” fue un gravísimo error.

Debe entenderse cómo se haría ese canje: serían los respectivos ejércitos quienes recogerían a sus hombres y los llevarían a los cuarteles, en donde se mantendrían concentrados por un breve tiempo para luego, se supone, ser regresados a sus hogares en condición de desmovilización. Pero esto es lo que dice el papel, que todo lo aguanta. La realidad es que nadie podía saber qué ocurriría con los prisioneros una vez que estuvieran de regreso en sus respectivas filas. La lógica nos hace pensar que Bolivia habría recibido a sus 20.000 presos y luego de reacondicionarlos, los volvió a armar para rellenar las filas vacías de su ejército. Suponiendo números máximos, tras la devolución de prisioneros, Bolivia habría estado en condiciones de echar sobre la balanza 45 mil soldados contra los 15 mil que a duras penas lograba juntar Paraguay (incluyendo 5.000 presos regresados al país). ¿De qué sirvió la desmovilización entonces?

Pero incluso si los bolivianos se dignaban a cumplir, por una vez, lo que se había acordado, haber recibido 20 a 25 mil prisioneros que eran lo más gramado y experimentado de sus tropas era un poderosísimo factor disuasivo contra Paraguay, que a lo sumo recuperó 3.500 a 5.000 hombres. ¿Habrá pensado lo que hizo Eusebio Ayala cuando prometió al yanqui Braden la devolución de prisioneros? ¿Habrá conciliado el sueño esa noche?

Señalemos de paso que el “Gobierno Febrerista” tampoco hizo nada para evitar que se cumpla la devolución de prisioneros a Bolivia. Todo lo contrario, fue el que terminó de ejecutarla. Nos volvemos pues a preguntar: ¿por qué hicieron una “revolución” contra el Gobierno de Eusebio Ayala, si al final terminarían confirmando todos los errores cometidos por los liberales a los que derrocaron? ¿Qué explicación podrían dar más allá de lavarse las manos a lo Pilatos, acusando a otros de lo que ellos mismos terminaron cumpliendo a pesar de lo que prometieron mientras derrocaban al legítimo gobierno del país? Porque, guste o no, el gobierno de Eusebio Ayala era legítimo y funcionaba dentro de los parámetros de la legalidad de entonces. ¿Para qué cosa sirvió el “cuartelazo” del General Rafael Franco aparte de desprestigiar al Paraguay y que se sigan cumpliendo todos los malísimos acuerdos firmados por sus predecesores? ¿Sirvió de algo, más allá del show propagandístico que fue recuperar los restos del indiscutible Héroe Máximo Don Francisco Solano López Carrillo y depositarlos en el Panteón y Oratorio de Asunción?

El Mariscal López no necesitaba de Rafael Franco para ser “reivindicado”. Su misma figura, portentosa y fulgurante, como los héroes de las tragedias griegas, estaba demasiado por encima de los acontecimientos politiqueros de entonces. Lastimosamente, la “Revolución Febrerista” quiso usar a la figura del “Héroe Máximo” de manera propagandista y esto terminaría golpeándole de culatazo: para reivindicar al insuperable Mariscal Presidente del Paraguay Eterno, hay que ser patriotas a carta cabal, a toda prueba, dispuestos al máximo sacrificio y capaces de “enderezar entuertos y deshacer agravios” aunque cueste la vida y la quijotada. Don Francisco Solano ya estaba ampliamente “desagraviado” en el Paraguay del siglo XX, incluso los mismos liberales en el Gobierno de Eligio Ayala le retiraron (por “sanción ficta” del Congreso, a pesar de la oposición en el Senado) el mote de “traidor de la Patria y enemigo del género humano”, siendo su pública reivindicación un hecho consumado e indiscutible en el corazón del pueblo paraguayo.

Es justicia pues decir, aquí y ahora, que también en este caso los “Febreristas” simplemente “heredaron” algo que ya era un fait accompli que venía de gobiernos liberales: la reivindicación definitiva del Héroe Máximo del Paraguay. Por supuesto, no queremos olvidar de mencionar, en la persona de Juan E. O’Leary, a todos los miembros de la ANR quienes en realidad fueron los que desde el principio llevaron adelante ese acto de justicia histórica.

Sobre el asunto del “desarme” paraguayo digamos que aunque se había acordado en el Armisticio del 12 de junio de 1935 que los ejércitos mantendrían una fuerza máxima de 5.000 soldados y que podrían adquirir armamentos para garantizar la seguridad interna, Paraguay hizo poco o nada al respecto de las compras de nuevo material bélico. Muy por el contrario ocurría con Bolivia, que no perdió un solo segundo para adquirir nuevos armamentos gracias a su estrecha alianza con Perú y en menor medida Chile.

Sin embargo, la cosa es todavía peor. El gran “héroe” de la “Revolución Febrerista”, Brigadier Gral. Rafael Franco, Presidente de la República desde febrero de 1936, firmó uno de los decretos más cuestionables de toda nuestra historia: la venta de armamento que supuestamente era considerado “vetusto” al traficante de armas Thorvald G. Ehrlich. Estas armas fueron a parar mayoritariamente en manos de las “Brigadas Internacionales” del marxismo que lucharon contra el “Bando Nacionalista” durante la Guerra Civil Española (1936 – 1939).

Citemos rápidamente al armamento que el Brig. Franco despojó a nuestro ejército, al que no le sobraba nada y tampoco tenía la capacidad de auto-abastecimiento: 7 cañones de campaña Krupp de 75 milímetros con todo su equipo y piezas de repuesto más 2.000 granadas de dichos cañones; 1 tanque inglés “Vickers Armstrong” en perfecto funcionamiento (que fue capturado a los bolivianos) con su ametralladora “Vickers” calíbre 7,65 y cañón de 45 milímetros; 175.500 cartuchos Mauser calíbre 7,65 de fabricación chilena vendidos “a granel”; 233 fusiles ametralladores Vickers Bethier calibre Mauser 7,65 con sus cargadores correspondientes; 75 ametralladoras pesadas Maxim calibre 7,65 con todas sus piezas correspondientes; 7.119 (siete mil ciento diez y nueve) fusiles Mauser, completos. [Vittone, 1975, pp. 468 – 471].

Para que se entienda la envergadura de todo esto, téngase en cuenta que una división de infantería española completa, en el siglo XX, tendría entre 10 a 12 mil hombres. Dependiendo de su organización, podría estar formada por dos brigadas de 5 mil hombres o quizás tres brigadas de 4 mil. También podrían darse otras combinaciones. Luego vienen los “Regimientos” o “Tercios”, que pueden alcanzar unos 1.000 a 2.000 soldados.

Digamos pues que, redondeando, las armas que el Presidente Brig. Rafael Franco vendió al traficante de armas Ehrlich podrían fácilmente equipar a dos brigadas de 4.000 soldados cada una (lo que equivaldría a tener una “división incompleta” pero bien operativa de 8 mil hombres). En la Guerra del Chaco, la principal unidad operativa del Paraguay fue el “Regimiento” o “Tercio”. Pues bien, con las armas que Franco vendió se podía equipar a cuatro regimientos de 2.000 soldados cada uno. ¡Así de grave fue lo que hizo el “Revolucionario Febrerista” cuando dejó desarmado al Paraguay!

E inclusive si se acepta el argumento de que las armas eran “vetustas”, esto no es suficiente excusa. Ellas pueden repararse, reacondicionarse y en el peor de los casos, cuando uno no posee capacidad de auto-abastecimiento y no tiene tampoco cómo adquirir suficientes armas de afuera (que era el caso de Paraguay por su aislamiento y la difícil situación económica tras tres años de guerra), es mejor contar con ese armamento “vetusto y todo” antes que quedarse desarmado. ¿No le parece? Pero bueno, el entonces Coronel Rafael Franco (ascendido póstumamente a Brigadier General) no lo vio de esa manera y prefirió deshacerse de dicho armamento por pingües dineros que poco sirvieron.

5- Responsabilidades de la Guerra:

Por una cuestión de honor lastimado a causa de que la “Sociedad de Naciones” había afirmado que Paraguay era “país agresor” por haber declarado oficialmente guerra a Bolivia en 1933, Don Gerónimo Zubizarreta luchó a brazo partido para que eso fuera revertido y para que la inocencia paraguaya respecto al inicio del conflicto sea reivindicada.

Así fue que se insistió con mucha fuerza con este punto. Se llegó a buscar que un “país neutral” examine los hechos que llevaron al desemboque de la guerra y se demuestre la inocencia paraguaya. Quizás hubiera causas psicológicas profundas en el asunto, pues a muchos venía a la mente lo ocurrido durante la “Guerra de la Triple Alianza” en 1864 – 1870 en la que Paraguay, en contra de todos los hechos históricos hoy contundentemente demostrados, era considerado todavía como “el que empezó la contienda”, en especial por el Brasil y sus países aliados del mundo anglosajón.

Se propuso, por insistencia del Paraguay, la creación de un “Comité de Determinación de Responsabilidades” por la Guerra del Chaco y se ofreció que tres países fueran sus delegados y jueces: Argentina, EEUU y Uruguay.

No obstante, EEUU por intermedio de su Embajador Spruille Braden hizo todo lo posible para obstaculizar el funcionamiento de dicho comité, minando siempre la autoridad y pretensiones de Don Gerónimo Zubizarreta, declarando que este tema era un sinsentido para los fines que en verdad debía tener la “Conferencia de Paz del Chaco”. Por otra parte, Argentina, que también tenía intereses en que este asunto no fuera debatido detenidamente para no sentar precedentes que pudieran complicarla, declaró por medio de su Ministro Saavedra Lamas que “el Gobierno Argentino… No desea intervenir de ninguna manera en el Comité Internacional (de Determinación de Responsabilidades)”, si nos basamos en los documentos recogidos por Juan Isidro Ramírez. Finalmente, Uruguay fue el único país que intentó considerar la situación pero luego de largos meses, al verse solo tras el rechazo de Argentina y EEUU, pronunció en un reporte especial de noviembre de 1936 que “evitaría expedirse sobre la cuestión y se mantendría en silencio para no interferir con el curso de las negociaciones de paz”. [Ramírez, 1942, p. 216] [Rout Jr., 1970, pp. 123 – 125].

Zubizarreta no claudicaba y en todas las reuniones de las que participaba, volvía a poner sobre el tapete el asunto de las “responsabilidades de la guerra”. Como dijimos, esto era una cuestión de honor para el Paraguay. Pero todas sus pretensiones fueron dinamitadas, una vez más, por la intervención del Ministro de EEUU Spruille Braden, quien al comunicarse con el Presidente Eusebio Ayala, obtuvo de este la “supresión” del “tribunal de responsabilidades de la guerra”. Una vez más, el supuesto “Presidente de la Victoria” actuando bajo los dicterios del Embajador Yanqui, desautorizaba y dejaba en ridículo a Don Gerónimo Zubizarreta, quien tras la humillación, ofreció su renuncia al cargo de Presidente de la Legación Paraguaya. El citado Leslie Rout lo relata así:

“A pesar de sus ansiedades, Washington pronto fue adjudicado con una apropiada oportunidad para deshacerse del espectro del (tribunal) de responsabilidades de la guerra. Mientras estuvo en Asunción el 21 – 24 de diciembre de 1935, Spruille Braden obtuvo la aquiescencia del Presidente Eusebio Ayala para la supresión del tribunal de responsabilidades. Desafortunadamente, Ayala no era el único político con el que debía enfrentarse. Gerónimo Zubizarreta, Presidente de la Delegación Paraguaya, no estaba de acuerdo con la decisión de su Jefe Ejecutivo… Zubizarreta era un aspirante a la Presidencia del Paraguay… Su disenso podría ser visto como motivado políticamente… Las concesiones hechas por Ayala no podían ser activamente opuestas sin provocar serias disensiones dentro de los varios elementos del Partido Liberal. La tenacidad de Zubizarreta respecto a las responsabilidades de guerra puso a Ayala en una posición difícil”. [Rout Jr., 1970, p. 124, incluye nota al pie].

Es cierto que Zubizarreta inscribió su candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Liberal en 1937, cuando este regresa al poder. Pero el 6 de julio de 1938, en el momento en que la “Traición del Chaco” estuvo a punto de ser consumada, presentó su renuncia a su cargo de Embajador y Jefe de la Delegación Paraguaya en la Conferencia de la Paz del Chaco y también a su membresía en el Partido Liberal, del que era Presidente y Miembro del Directorio. Así, a causa de estos acontecimientos, en las elecciones presidenciales del período inmediato, se dio el bochorno de que Zubizarreta seguía apareciendo como “candidato del Partido Liberal” a pesar de que había renunciado a su membresía en dicho partido. [Rahi, 1988, pp. 134 – 135].

Por lo demás, el asunto de las “responsabilidades de la guerra” fue dejado morir tras las concesiones hechas por Eusebio Ayala. Así lo relata un oficial paraguayo excombatiente:

“Ya firmado el Protocolo del 12 de junio de 1935 que puso término a las hostilidades y en ocasión de transmitirse la firma del Acta Protocolizada del 21 de enero de 1936, algunos negociadores de la Conferencia de Paz visitaron al Dr. Eusebio Ayala, llamado el “Presidente de la Victoria” por sus partidarios, a fin de exponer sus ideas y sugestiones para el nuevo tratado. Consta en el libro publicado por la Cancillería Argentina, páginas 528 – 529. Las manifestaciones del Presidente Paraguayo fueron decepcionantes y contrarias a todo cuanto un Jefe de Estado de una nación victoriosa podía y debía responder en ocasión semejante; toda su preocupación era el fenecido peligro boliviano y toda su demanda, obtener seguridades de que el Paraguay no sería atacado por Bolivia”.

“Otras afirmaciones del Dr. Ayala fueron también impropias de un “Presidente de la Victoria”, como puede juzgarse por esta transcripción: “El Paraguay no pretendía – dijo el Dr. Ayala – que la línea de postes (línea de hitos) constituyera una frontera permanente. Al Paraguay solo le preocupaba la amenaza de una agresión boliviana”. Finalmente, dicen los negociadores de la Conferencia, el Dr. Ayala “produjo enseguida, por propio designio, la iniciativa de agregar a la formula la renuncia que ambas partes harían de llevar adelante la investigación de las responsabilidades de la guerra”. Con estas manifestaciones, el singular “Presidente de la Victoria” liquidaba, antes de entrar en negociaciones, la victoria y los derechos de su patria ya que ni siquiera pretendía permanecer en la línea de “postes” hasta donde llegaron los héroes de la defensa”. [Escobar, 1988, pp. 125 – 126].

Pero a pesar de todos hechos contundentes, aún tenemos a hombres y mujeres de buena ilustración y noble patriotismo, como por ejemplo el Dr. Salum Flecha, quienes alaban a la doctrinaria propaganda del liberalismo paraguayo, repitiendo consignas y frases que de nada sirvieron ante la realidad de la diplomacia fallida de nuestro país en 1935 – 1938, cuyo resultado no fue sino una patada en los dientes del pueblo paraguayo, a pesar de los versos románticos e idealistas de los apologistas a sueldo de la partidocracia, quienes quedan reducidos a la impotencia onanista. ¡A muchos les encanta tocar violines a unicornios azules, nadie sabe muy bien por qué ni para qué!


FUENTES CONSULTADAS.

*Rout Jr., Leslie B. (1970): “Politics of the Chaco Peace Conference 1935 – 1939”. Austin, EEUU: University of Texas Press.

*Bordón, F. Arturo (1962): “Las Verdades del Barquero”. Asunción, Paraguay: Editorial El Gráfico S.R.L.

*Vittone, Luís (1970): “Dos Siglos de Política Nacional”. Asunción, Paraguay: Dirección de Publicaciones e Imprenta Militar de las FF.AA.

*Ramírez, Juan Isidro (1942): “La Paz del Chaco y la Defensa de la Línea de Hitos”. Buenos Aires, Argentina: Imprenta Ferrari Hermanos S.R.L.

*Rahi, Arturo (1988): “La Entrega del Chaco y Otros Capítulos de la Historia Paraguaya”. Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

*Escobar, Ramiro (1988): “El Calvario de la Patria: La Mutilación del Chaco Paraguayo”. Asunción, Paraguay: Editorial El Gráfico S.R.L.

Emilio Urdapilleta