Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935 – 1938): Capítulo X

Ensayo sobre la Paz del Chaco (1935 – 1938): Capítulo X

X. EPÍLOGO.

Aproximadamente 324.000 kilómetros cuadrados de territorio fueron disputados por Bolivia y Paraguay durante la llamada “Guerra del Chaco Boreal” que tuvo sus prolegómenos armados en la década de 1920 y que entró en su punto álgido en 1932 – 1935.

Desde una perspectiva estrictamente histórica, los Gobiernos de Asunción reivindicaban para sí todo el Chaco Boreal. Se sustentaban en títulos ancestrales provenientes del Imperio Español así como el fallo del Laudo de Rutherford Hayes por medio del cual, el citado Presidente de EEUU dictaminó que era la República del Paraguay la poseedora de los más sólidos títulos de posesión sobre el Chaco Boreal en el hinterland del Río Paraguay.

Aunque Bolivia sabía todo esto y protestó tímidamente, los gobernantes de esta nación entendían perfectamente que todo terminaría resolviéndose por medio de la ocupación militar y el conflicto armado. Las derrotas que ambos países sufrieron, los del Altiplano en la “Guerra del Pacífico” contra Chile y los paraguayos en la “Guerra de la Triple Alianza” contra Argentina, Brasil y Uruguay, acrecentaron los sentimientos de “irredentismo” en ambos países.

Bolivia en especial se sentía humillada y ofendida, pues dicha nación tenía élites intelectuales sumamente preparadas y activas (como Germán Busch, Hernando Siles Reyes o el mismo Daniel Salamanca, con sus luces y sombras) pero ellas se veían muchas veces abandonadas por un pueblo que no poseía “espíritu de patriotismo” y de “unión nacional”, lo que se debilitaba todavía más ante los varios fracasos militares. Ocurría algo completamente distinto en el Paraguay, país que se ganó la admiración del mundo entero por la “gloriosa inmolación” en la Guerra de la Triple Alianza, por esa férrea, tenaz e increíble resistencia heroica de todo un pueblo pero que, salvo excepciones, nunca poseyó grandes líderes en el período clave de 1904 – 1939.

De esta manera, sobre el heroísmo paraguayo, había innumerables obras que lo exaltaban en América y el mundo entero. Véase como ejemplo lo que escribió un importante político y educador peruano:

“La historia nos da ejemplos gloriosos, electrizantes, de hechos épicos debidos a esta causa (el patriotismo), a esta necesidad casi orgánica del individuo. Tomemos al acaso: en 1865 un heroico pueblo de nuestro continente, el Paraguay, lucha contra fuerzas décuplas en defensa del patrio suelo. El heroísmo desplegado y la desigualdad de las fuerzas arrancan al mundo un grito de admiración. Solano López y sus huestes, es decir, la gran mayoría de la nación, quedaron tendidos en los campos de batalla, dando a todos los pueblos una lección de patriotismo. Nadie rehuyó en el cumplimiento del deber, en la lucha cayeron confundidos hombres, mujeres y niños”. [1]

Ese mismo ejemplo se repetiría en la Guerra del Chaco. El pueblo paraguayo respondió con patriotismo al nuevo llamado y cumplió con su deber, reverdeciendo a las páginas de heroísmo de 1864 – 1870 con el triunfo en 1932 – 1935. Pero “Dios da pan a quién no tiene dientes” y en el conflicto por los cañadones chaqueños, los líderes políticos del Gobierno de Asunción no estuvieron a la altura de sus valerosos e invictos soldados y mucho menos de los patriotas gobernantes del “Viejo Paraguay”.

En contrapartida, es bastante difícil encontrar relatos o escritos que resalten el heroísmo bélico de Bolivia antes de la Guerra del Chaco. Los gobernantes de este país debieron “hacer de tripas corazón”, superar con muchísima preparación y astucia las dificultades que les supondría tener en armas a un pueblo dividido, sin cohesión, sin tradición militar y que además debió combatir en un terreno que les era totalmente ajeno, en todo sentido, contra los más tenaces y aguerridos soldados de toda la región como lo eran los guaraníes. Pero “por necesidad saltó el gotoso”. Los políticos y diplomáticos bolivianos utilizaron toda su habilidad para ganar al menos una tajada del Chaco Boreal y para ello, contaron con tocar todas las teclas que pudieran serles útiles en la partida jugada sobre la mesa de negociaciones.

Así, Bolivia supo congeniar con el Brasil, que siempre codició su propia expansión al mismo tiempo que buscó debilitar la influencia de Buenos Aires. Los líderes de la nación del altiplano actuaron de idéntica manera con EEUU, que intentaba imponer su hegemonía geopolítica y económica sobre Hispanoamérica y también supo operar con Chile y Perú, países que pretendían alejar a Bolivia de “reclamaciones” en torno al Océano Pacífico. Con esta conformación de situaciones diplomáticas, los jefes bolivianos solamente debían presionar adecuadamente y en los debidos momentos para que la diplomacia paraguaya quedara rodeada por completo. Además, los del altiplano tenían algo que faltaba entre los gobernantes de Asunción: podían pelearse, hacerse golpes de estado y derrocarse unos a otros, pero poseían de un objetivo común que era obtener la ansiada salida al Océano Atlántico por el camino del Río Paraguay y de ser posible, ganarse una tajada del Chaco Boreal (sí no todo dicho territorio). En la vereda de enfrente, en cambio, ocurría lo contrario.

Voluntades aisladas chocaban una contra la otra respecto a los intereses fundamentales de la nación paraguaya. Por un lado aparecía el liberal Dr. Gerónimo Zubizarreta reivindicando a la “Línea de Hitos” como límite innegociable y esta postura fue compartida a rajatablas por los “febreristas” Isidro Ramírez y Juan Stefanich. Mientras tanto, otros grandes pensadores como los miembros de la Asociación Nacional Republicana, Dr. Manuel Domínguez y Dr. Fulgencio R. Moreno, afirmaban que “todo el Chaco Boreal pertenecía al Paraguay” y que cualquier otra posición era inaceptable y traición a la Patria. Aparecen también los “entreguistas” que por cobardía o intereses personales, prefirieron a la conciliación que fuera con tal de que el asunto quede resuelto para que no fueran perjudicados los intereses de su grupo partidario. En esta última línea se encuentran los principales miembros del llamado “Gabinete de la Victoria”, entre ellos los doctores Cecilio Báez, Luís A. Riart, Luís A. Argaña, Efraín Cardozo y el Capitán José Bozzano, los “entreguistas”.

No obstante, todo parece indicar que la influencia más crucial para que termine imponiéndose la postura “entreguista” fue ejercida por el mismísimo General José Félix Estigarribia, el “Conductor Victorioso” de la Guerra del Chaco, quien luego de haberse reunido con líderes de los EEUU y con los Jefes de la Standard Oil Co., habría decidido que la diplomacia paraguaya claudique de sus reivindicaciones para que se llegue a una solución inmediata. Por su incuestionable prestigio, los deseos de Estigarribia eran órdenes y de esta manera, las reservas petrolíferas que se hallaban en el control del Ejército Paraguayo, especialmente en la zona del Mandyjupekua, terminaron en manos de Bolivia.

También hubo comparsas novelescos como el mal llamado “Presidente de la Victoria” Eusebio Ayala, a quien única y exclusivamente le interesaba su “prestigio personal”. Ese hombre afirmaba que debía firmarse la paz “sin vencedores ni vencidos” (¡cómo puede hablarse de “victoria” y al mismo tiempo decirse a renglón seguido que la guerra concluyó “sin vencedores ni vencidos”!) y en búsqueda de sus máximas “pour la gallerie”, durante la misma contienda puso en riesgo a los éxitos del Ejército Paraguayo con una actitud pusilánime y conciliadora. Sin embargo, dígase a favor de Eusebio Ayala que tuvo la inteligencia de no meterse “más de lo debido” en asuntos militares o diplomáticos. Con lo poco que hizo en ese sentido ya fue suficientemente perjudicial, pero al menos tenía límites en su malignidad. Cuando le derrocaron, poseyó delicadeza y buen tino como para hacerse a un lado por completo y dejar de ser un absoluto estorbo, por lo que merece ser reconocido. Renunció a todos sus cargos políticos, incluso al Partido Liberal (asqueado porque en el momento álgido de las negociaciones de paz, dicha nucleación política era un antro de corruptela y voluntades dispersas) y se retiró voluntariamente a morir en su amadísima Buenos Aires, la tierra de sus ensueños, junto a su leal y noble esposa Marcelle Durand. ¡El pobre se estará revolcando en la tumba pues algunos, pretendiendo ensalzarlo, lo exhumaron y enterraron en el Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen de la Asunción en 1992 cuando lo que él habría querido era ser sepultado en el Cementerio Porteño de la Recoleta! ¡Hasta pareciera ser que su viuda francesa amaba más al Paraguay que él mismo, pues ella sí eligió volver a las tierras guaraníes tras el fallecimiento de su esposo!

Otro elemento a tenerse en cuenta es que los diplomáticos paraguayos se jugaron “al todo por el todo” con una sola carta, que era la influencia que podía ejercer la República Argentina en las negociaciones. Cierto es que este país tenía enormes intereses respecto a los territorios del Chaco Boreal que coincidían con los del Paraguay, incluso cuestiones de límites sin resolverse por completo y que podían enfrentarla con la misma Bolivia. Además, un gran número de argentinos poseían emprendimientos y tierras valiosas en la zona considerada paraguaya. Los liberales asunceños creyeron que esto era más que suficiente para que la Argentina se incline totalmente por su causa y detrás de ella, el Uruguay. Pero al final, los mismos diplomáticos porteños terminaron cediendo cuando vieron que sus mínimas aspiraciones quedarían fácilmente satisfechas y muy especialmente, ante la influencia poderosa del estadounidense Spruille Braden. Por su parte, en la “Banda Oriental”, a pesar de la amistad histórica que siempre tuvo con el Paraguay, poco o nada podían ejercer más allá de un tenue apoyo moral. Se desconoce que los diplomáticos guaraníes hayan intentado cualquier otra alternativa en caso de que Argentina ceda en su apoyo hacia la causa paraguaya (que fue lo que ocurrió luego de la partida del Dr. Saavedra Lamas, quien además se mostró sumamente inefectivo pues trabajaba más por su prestigio personal antes que por solucionar los inconvenientes), dejando a Bolivia prácticamente con las “manos libres” para ejercer sus intrigas.

Pareciera que el panorama es sumamente oscuro y cruel respecto a la actuación de los políticos y diplomáticos paraguayos en las Conferencias de la Paz del Chaco. Pero volvamos a rescatar aquí algunos nombres, como el de Don Gerónimo Zubizarreta, el incorruptible “Canciller de Hierro”. También, a pesar de sus errores (en algunos casos graves), los “febreristas” al menos tenían buenas intenciones y no se conoce que hayan entrado en conciliábulos secretos para perjudicar a los intereses nacionales: sí cometieron equivocaciones, estas fueron honestas y a la luz del día. También es plausible la actuación, desde un segundo plano, de Don Justo Pastor Benítez quien a pesar de los errores a los que se veía forzado por órdenes de su propio gobierno, supo plantar cara a los adversarios eventuales.

De todas formas queda el planteamiento central. ¿Qué ocurrió con las negociaciones de la Paz del Chaco en 1935 – 1938? ¿Cuál fue el resultado para el Paraguay?

Paz del Chaco: soldado paraguayo y boliviano se saludan en la "Línea de Hitos".
Una imagen sumamente simbólica: soldado paraguayo y boliviano se estrechan la mano en la «Línea de Hitos» que estaba demarcada por el sello de la República del Paraguay. Era el 12 de junio de 1935 y esa «Línea de Hitos» retrocedería en contra del Paraguay el 9 de julio de 1938, con el infame «acuerdo secreto» firmado por el Dr. Efraín Cardozo con su par Dr. Enrique Finot. [Imagen: Diario La Nación].

Los Gobiernos de Asunción tenían cuatro objetivos fundamentales en el momento de sentarse en las mesas de la Conferencia de Paz en Buenos Aires. Se citan:

1- Que se reconozca al conflicto por el Chaco Boreal como un asunto “territorial” y no de “límites”. Paraguay, en base al concepto de “ocupación” y “dominio” del “hinterland” (con el “Laudo Hayes” como su “caballo de batalla”), reivindicaba para sí la totalidad del área disputada, es decir, los 324.000 kilómetros cuadrados del territorio y para los Gobiernos de Asunción (o al menos para los más patriotas) el avance del Ejército Paraguayo no era sino la “reconquista” de un territorio que siempre le perteneció. Bolivia en cambio, siempre estuvo dispuesta a aceptar que el diferendo se resuelva como una “cuestión de límites”. Por varias razones, entre ellas principalmente la incoherencia de la diplomacia paraguaya, prevaleció la visión boliviana. Es decir, que el territorio no iba a pertenecer a un solo contendiente y que terminaría dividiéndose “por límites”. [2]

2- Que se garantice el dominio exclusivo del “hinterland” del Río Paraguay para el Gobierno de Asunción. Lo que tampoco se consiguió pues los bolivianos lograron, con los acuerdos definitivos de paz, obtener una localidad fija a su favor en el famoso “Puerto Busch”, por medio del cual tiene acceso directo a las cuencas ribereñas paraguayas. Es decir que prevaleció Bolivia en este punto. [3]

3- Que por medio del arbitraje, se haga justicia a las pretensiones guaraníes. Lo que hemos visto, no fue lo que ocurrió a causa de la tremenda traición llevada a cabo por la Delegación Paraguaya en Buenos Aires, encabezada por Cecilio Báez, Luís A. Riart, José Félix Estigarribia y Efraín Cardozo, quien fue el que propuso la “solución secreta” junto al Embajador de EEUU Spruille Braden, por medio de la cual, el país sería despojado de 31.500 km2 de su territorio reconquistado a través de una pantomima y un simulacro de plebiscito junto a “arbitraje ex aequo et bono” que simplemente se encargó de confirmar la entrega que ya se había firmado el 9 de julio de 1938 “por debajo de la mesa”. De esta manera, de los 264.150 km2 que poseía Paraguay el 12 de junio de 1935, terminaría con 232.650 km2 a partir del funesto 9 de julio de 1938 en el que se firmó el “tratado secreto” de la entrega. Por su parte, los bolivianos pasarían de sus 59.850 km2 en el momento del cese al fuego hasta unos 91.350 km2 tras las transas espurias ya mencionadas. O sea que también prevaleció aquí Bolivia.

4- Sobre las responsabilidades de la guerra, asunto que Paraguay puso en la palestra como uno de sus principales argumentos, tampoco se resolvió nada. Bolivia se encargó de que no se tome decisión alguna al respecto y por consiguiente, nadie fue indemnizado ni se establecieron claramente ante la ley internacional, entonces plenamente vigente por esa entelequia denominada “Sociedad de Naciones”, las responsabilidades debidas por el inicio de la contienda. Paraguay quedó desoído y Bolivia, una vez más, prevaleció.

Sí vemos los cuatro puntos, se notará que adrede existe una palabra en común: “prevaleció”. Y va unida a un nombre propio: “Bolivia”.

Las responsabilidades de los actores políticos y diplomáticos de la República del Paraguay, especialmente en la crucial etapa de 1937 – 1938, no puede eximirse y difícilmente tiene exculpación. A la pusilanimidad de los Gobiernos Liberales de la época y la indecisión de los “Revolucionarios Febreristas” para “patear el tablero” cuando se veía que las negociaciones no iban a buen puerto, se llegó al impasse final en el que pudieron más los prestigios personales y las conciliaciones desesperadas ante amenazas abiertas o veladas que, en realidad, nunca pasaron de ser meros “blufs” pues la situación boliviana, país que acababa de ser derrotado en el conflicto bélico y que contaba con intensas divisiones en su interior, no permitía nuevas aventuras militares, esto sin tenerse en cuenta la acuciante situación económica en ambos contendientes. Luego, se han buscado todo tipo de excusas como una pretendida intención del Brasil y de la Argentina por intervenir y solucionar el asunto “por la fuerza”. No obstante, a pesar de que el Gobierno Brasileño ha sido abiertamente favorable a los intereses bolivianos y de que la República Argentina, con tibieza, hiciera lo propio hacia los paraguayos, la realidad es que nunca se ha demostrado este supuesto “plan” de ambos grandes vecinos para inmiscuirse “manu militari” a resolver el incómodo inconveniente. Hay muchos “dimes y diretes” pero poca evidencia real sobre esto.

Lo único cierto es que el 9 de julio de 1938, de forma solapada, sórdida y secreta, los representantes de Paraguay y Bolivia bajo la tutela del Gobierno de los EEUU, firmaron un acuerdo que traicionaba absolutamente a las aspiraciones del pueblo guaraní en beneficio de los del altiplano. El ideólogo y ejecutor de este fatídico contubernio fue el Dr. Efraín Cardozo, quien inspirado por y bajo las órdenes del Embajador de EEUU Spruille Braden, concretó la amarga entrega de los territorios chaqueños conquistados por el Ejército Paraguayo hasta la “Línea de Hitos”.

No obstante, nada de esto habría ocurrido sin el expreso consentimiento y autorización del mismísimo General José Félix Estigarribia, el “Jefe Victorioso” de la Guerra del Chaco quien al llegar a Buenos Aires luego de su misión como Ministro Plenipotenciario en Washington D.C., fue el que “echó su espada sobre la balanza” según las palabras de Don Cecilio Báez. Motivos habría varios, pero lo más probable es que se haya tratado de una “moneda de cambio”. Paraguay cedería la zona petrolífera que ocupaba en el Chaco con la condición de que el General Estigarribia reciba el apoyo de los Estados Unidos de Norteamérica para convertirse en Dictador de la República del Paraguay con la fachada del Partido Liberal como su sustento político. Desde luego, esto debe ser cotejado con más evidencias documentales y testimonios de los protagonistas, pero todo parecería indicar que fue este el trueque que se realizó para la “Entrega del Chaco”.

Democracias, monarquías, aristocracias, tiranías, repúblicas y oligarquías… Son simples sistemas políticos, algunos más o menos adecuados, más o menos favorables a cada nación según sus necesidades y tradiciones. Aquí no hacemos una impugnación a tal o cual sistema y en último caso, seguimos al histórico juicio de Santo Tomás de Aquino en “De Regno”, donde afirmaba que una “monarquía temperada” es el mejor de los sistemas, el más acorde a la recta razón. Es decir, la intención del General José Félix Estigarribia de gobernar como “Dictador” (o sea, “monarca sin corona”) no es necesariamente mala. Incluso, es para lamentar que este gran hombre falleció un año después de haberse constituido su Presidencia con “Constitución hecha a mano” para su gobierno unipersonal. Hubiera sido fascinante ver cómo el “Jefe Victorioso” regía al país en tiempos de paz. Lastimosamente, la Divina Providencia no lo quiso así…

Lo que es criticable, sumamente criticable, es que el General Estigarribia y el Partido Liberal se hayan prestado para la “entrega del Chaco” a cambio de establecer su dictadura. ¿Acaso el gran “Jefe Victorioso” no habría tenido suficiente apoyo popular y del mismo Ejército Paraguayo para proclamarse a sí mismo “Dictador” sin necesidad de transas ni entreguismos? ¿Es que los liberales en el Gobierno de Asunción necesitaban todo el tiempo de hipocresías, “comidillas” y “teatros” para legitimar su tiranía así como realizaron pantomimas y farsas (como el plebiscito y el arbitraje en el asunto chaqueño) para disimular sus embustes y concretar sus traiciones a la Patria de manera subrepticia?

Pero todas esas preguntas, mientras no se cuenten con evidencias contundentes, pertenecen al mundo de la especulación histórica. Lo único cierto y concreto es que el supuesto “Gabinete de la Victoria” paraguayo, en la Conferencia de Paz del Chaco en Buenos Aires, terminó “cediendo” tierras conquistadas por su propio Ejército. Esto habría sido a causa de su propia incapacidad y cobardía, por falta de visión diplomática, por desunión en los objetivos y propósitos, por mezquindades y búsqueda de prestigios personales y finalmente, por deseos de mantenerse en el poder a toda costa, traicionando al honor y a la dignidad de la nación guaraní, que una vez más, se mostró implacable e indomable al sonar el clarín para la defensa de la Patria.

Un apologista del dizque “Gabinete de la Victoria” y fervoroso creyente en los “unicornios azules”, Dr. Antonio Salum Flecha, sentenció el asunto de esta manera (los paréntesis son míos):

“El período de anarquía política que siguió luego (de la Revolución Liberal de 1904), en el que los de arriba (el Partido Liberal, que había derrocado a la ANR) se preocupaban fundamentalmente por mantenerse en el poder mientras los de abajo luchaban por llegar a él, hicieron poco para que encaremos la organización de nuestra diplomacia a pesar de la constante presión boliviana. Cuando llegó la guerra, el pueblo todo respondió al llamado de la Patria amenazada y con singular y mancomunado esfuerzo alcanzó la victoria final. Sin embargo, ésta no impidió que de inmediato empuñemos nuevamente las armas para deshacernos recíprocamente en luchas fratricidas. Otra vez no hubo tiempo para organizar nuestra diplomacia. A las negociaciones pendientes concurrieron nuevos dirigentes políticos sin el asesoramiento de un equipo estable, capaz y experimentado de la Cancillería que hiciera posible o al menos diera la impresión de que el simple cambio de guardia no implicaba debilidad en el frente interno. En 1938, un año después de la contrarrevolución de febrero, retornaron a las negociaciones diplomáticas los dirigentes antiguos pero muchas cosas ya habían cambiado en relación a lo alcanzado el 12 de junio de 1935. La situación interna había dañado nuestra fuerza negociadora y tuvimos que conformarnos con un acuerdo que no estuvo en proporción al sacrificio desplegado por nuestro pueblo en la contienda chaqueña ni permitió el reconocimiento de los límites históricos y jurídicos de nuestra heredad territorial. En todo caso, culminaba por fin el problema de los límites”. [4]

En pocas palabras, como siempre afirmó el “sentimiento popular” en nuestro país: Paraguay ganó la guerra contra los rudos y corajudos soldados de Bolivia… Pero terminó siendo despojado de una buena parte de sus legítimas conquistas en la mesa de negociaciones…


REFERENCIAS.

[1] Alaysa Paz Soldán, Francisco (1927): «Alocución Dirigida a los Alumnos de la Escuela Nacional de Artes y Oficios», pág. 5. Lima, Perú.

[2] Parrón, Mario Gustavo: “La diplomacia argentina en el conflicto bélico del Chaco Boreal según el intransigente y nueva época”. Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea]. Questions du temps présent, subido el 10 de marzo de 2015. URL: http://journals.openedition.org/nuevomundo/67686; DOI: https://doi.org/10.4000/nuevomundo.67686

[3] Asis Dasmaco, Luís Francisco: “La Guerra del Chaco”. Revista Científica Semestral In Iure de Ciencias Jurídicas y Notariales, Año 8, Vol. 1, págs. 82 – 104.

[4] Salum Flecha, Antonio (1983): “Historia Diplomática del Paraguay de 1869 a 1938”, págs. 250 – 251. Asunción, Paraguay: Instituto Paraguayo de Estudios Geopolíticos e Internacionales. Talleres Gráficos de la Editora Litocolor.

Emilio Urdapilleta