El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Historia del Paraguay Periodo Liberal

Escobar y la continuidad del “caballerismo”

El Paraguay Liberal 4ta Parte: Fundación de la UNA y de los Partidos tradicionales: Nacional Republicano y Centro Democrático (partido Liberal). Cuestión de límites con Bolivia.

Patricio Escobar. Fuente: Portal Guaraní.

Habíamos dicho en la entrega anterior que el elenco “conservador” había tomado el poder de la República desde la presidencia de Cándido Bareiro, y luego de la muerte de este por Bernardino Caballero. El nuevo régimen tendía a estabilizarse. Por primera vez tomaron asiento en el Parlamento opositores oficialmente reconocidos como tales, y desde la prensa se hizo crítica a los actos de gobierno (sobre todo cuando las tierras públicas son “malbaratadas”) y no como disidencias gubernativas. Antonio Taboada, se constituyó en el Líder de la oposición (primer gran líder liberal) que comenzaba a agruparse y adquirir fuerza, y José de la Cruz Ayala bajo su famoso y combativo seudónimo Alón comenzaba a escribir sus furibundas críticas desde las columnas del Heraldo.

El eximio historiador liberal Efraím Cardozo decía que: “Caballero, durante su gobierno realizó algunas obras y mejoras: organizó las municipalidades; creó el Registro del Estado Civil; fundó la Escuela de Derecho, atrajo la inmigración europea; dio curso legal a las monedas de oro y plata de la República Argentina, y fundó el Banco Nacional”.

Al no haber generado muchos conflictos y no haber sufrido grandes sobresaltos el gobierno de Caballero como en periodos anteriores,  todo estaba encaminándose hacía el continuismo (y amiguismo porque no decirlo).

El veinte y cinco de Noviembre de mil novecientos ochenta y seis, el general Bernardino Caballero entregaba los atributos del mando a su amigo inseparable el general Patricio Escobar, antiguo camarada de la guerra grande y fiel compañero de ruta.

Sobrevivientes afortunados de la contienda pasada, sin embargo el general Escobar “lucía” en todo el cuerpo las innumerables heridas sufridas en los cinco años de dura porfía con el enemigo, que las mostraba con el orgullo de quién ostentaba en la pechera las condecoraciones de las grandes batallas. Cuentan los cronistas de época que se gastaban bromas cuando se comparaban el uno al otro. Había una sintonía total entre ellos, y la elección del general Escobar era una jugada cantada en consecuencia. Lo acompañaba en la formula como vicepresidente Don José del Rosario Miranda, aquel convencional constituyente del setenta. Miembro conspicuo de la facción liberal, su nominación respondía al juego transaccional que por entonces se estilaba y que reconocía antecedentes en el anterior binomio que gobernara el país en el cuatrienio 1882/1886 (general Bernardino Caballero, presidente; Don Juan Antonio Jara, vicepresidente). Este era uno de los expedientes a que se recurría a fin de dar participación a la oposición, que si bien como el partido oficial no estaba aun formalmente establecido, era un hecho cierto como tal; a la vez que calmar la presión opositora que “apeligraba en los comicios” las posiciones de los futuros republicanos. Habría que recordar que por la candidatura del general Caballero, habían trabajado por ella ilustres apellidos de la membresía liberal, como Don Antonio Taboada, Ignacio Ibarra, Cirilo Solalinde, etc.

Patricio Escobar. Fuente: Wikipedia.

La estrategia liberal consistía en ese entonces en la solapada infiltración en los cuadros del estado, disputándoles a los republicanos los cargos de la administración, inclusive el derecho de elegir los candidatos presidenciales con la concesión, claro está, de la presidencia de la república que quedaba en poder de los republicanos oficialistas, como un entendido previo.

Es de notar y destacar que curiosamente el general Escobar ya no apareció en el gabinete de Caballero como obligado ministro de guerra, cartera que desempeñara desde los tiempos de Jovellanos, pasando por las de los presidentes Gill, Uriarte y Bareiro.

Por otro lado, en el “club Libertad” que para la elección de candidatos a la presidencia y vice de la república, que recayera efectivamente en el general Escobar y del señor Miranda, estaba la flor y nata del liberalismo. El presidente del club era el doctor Benjamín Aceval; secretario; el doctor Cecilio Báez y entre los vocales se encontraban Cirilo Solalinde, Mateo Collar, Ignacio Ibarra, Antonio Taboada, Juan Bautista Rivarola, etc., todos de rancia extracción liberal y luego fundadores formales del “Centro Democrático”. 

Finalmente; Don José Segundo Decoud-republicano, pero numen del liberalismo paraguayo-hacia su entrada triunfal en la escena política desde los más altos cargos ministeriales. Sería ministro casi obligado desde la pasada administración del presidente Bareiro hasta terminar el Siglo; volvía de esta manera a revalidar el alto cargo de ministro en el flamante gabinete del presidente Escobar.

Muchos hechos para ser una simple coincidencia. En lo interno, también pareciera que la cosa iba cambiando gradualmente del mismo modo con que se modificaba la política exterior de la región. La monarquía brasileña-como ya lo señaláramos-estaba moribunda y Argentina volvía a pisar fuerte en la política paraguaya.

El Presidente Patricio Escobar fue fundador del Banco Agrícola. Fuente: Portal Guaraní.

Un nuevo tratado con Bolivia- Bajo el gobierno de Patricio Escobar Bolivia reanudo sus gestiones con el país. El plenipotenciario Isaac Tamayo obtuvo del canciller Benjamín Aceval la firma de un nuevo tratado el 16 de febrero de 1887, que partía el Chaco en tres zonas. La jugada era que el Congreso dejara transcurrir el plazo para la caducidad, y así fue (jugadas diplomáticas para “ganar tiempo”). Caducado el plazo para convalidar el tratado, bastante desfavorable para el Paraguay, este quedaba sin efecto.  Bolivia no se quedaría quieta como era de esperarse.

Con el reconocimiento de la soberanía paraguaya se había instalado un puerto en Bahía Negra, cuyo objeto era la de buscar comunicación con Bolivia.  Enterado el gobierno de que la nueva población ya había sido bautizada con el nombre de Puerto Pacheco, BAJO JURISDICCIÓN BOLIVIANA, envió la cañonera Pirapó, que arrojó la bandera boliviana y apresó a las autoridades el 13 de septiembre de 1888. Bolivia protesto por el hecho alegando que el puerto estaba en su porción territorial que “le fue reconocida” por el tratado Tamayo-Aceval y sosteniendo por primera vez, “su indiscutible derecho de propiedad a todo el territorio del Chaco”. El gobierno paraguayo a través de su canciller Juan Crisostomo Centurión repuso la caducidad de los tratados y se negó a reconocer la pretensión boliviana. Todo esto daba la pauta de que para Paraguay su litigio era de simple cuestión de límites en el Chaco que consideraba como una unidad geográfica enteramente nacional, mientras para Bolivia la cuestión de discusión era sobre el mejor derecho de ese territorio. Todo era ganar tiempo, en términos futbolísticos para el alargue – ya  presagiaban algunos que la “cuestión chaqueña” sería resuelta en muerte súbita, en el próximo siglo a balazos y no por diplomacia.

La ejecutoria del gobierno del general Escobar en el aspecto económico-cultural, no es sino una continuación del desempeñado por su antecesor en el alto cargo, general Caballero. El largo periodo de apaciguamiento de los espíritus, generó en el país un ambiente propicio para la radicación de inversiones y la venida de contingentes de inmigrantes, que si bien no tuvo las dimensiones de la Argentina, fue sin embargo significativo para un país que como el Paraguay,  quedó después de la guerra de exterminio que sufrió, con solo un cuarto de la población que tenía antes de empezar el conflicto.

Además de apuntar que la venida de extranjeros, aparte de la introducción de nuevas técnicas en la producción de todo orden, generó la creación de numerosas colonias que hoy son municipios importantes, no solo por lo que significaba económicamente, sino por la inyección de “sangre nueva” en un país que quedó desanimado luego de la hecatombe que nos trajeran los «civilizadores» que no solo redujeron nuestra población a una mínima expresión, sino nos saquearon, nos ocuparon por años dirigiendo sin ningún rubor nuestra política doméstica, nos desmembraron de norte a sur y nos impusieron una colosal deuda de guerra, a la que luego “renunciaron” por convencimiento de que eran incobrables.

A no olvidar que nuestro país es “la tumba de las ciencias”, sin embargo el presidente Escobar dio gran impulso a la cultura popular. En 1887 se creó el Consejo Superior de Educación y se dictó la Ley de Enseñanza obligatoria, y el Banco Agrícola. En 1889, a iniciativa del senador Juan José Decoud, se abrían las puertas de la Universidad Nacional- que tuviera su antecedente inmediato en la escuela de derecho, fundada por el gobierno anterior del general Bernardino Caballero. De allí saldrían los que luego integraron el Tribunal Superior de Justicia- hoy Corte Suprema de Justicia- magistrados y jueces. Los primeros médicos recibidos en el país. Del Ateneo Paraguayo, los pintores y literatos que luego viajarían a Europa a perfeccionar su arte.

Bajo la administración Escobar se termina el Teatro Nacional, hoy Teatro Municipal “Ignacio A. Pane”, en pie – dentro de las líneas neoclásicas originales –  hasta nuestros días, a pesar de que durante años fue abandonado por incuria de quienes tenían la obligación de administrarlo.

También, en la colina del “Varadero”, se construyó el ´´Hospital de la Caridad´´, hoy denominado “Hospital de Clínicas” que sigue prestando sus invalorables servicios y sirviendo para la formación de estudiantes de medicina de la Universidad Nacional de Asunción.

Sobre la base de miles de leguas cuadradas de tierra chaqueña, adquiridas gracias a la ley de venta de tierras públicas implementada en la anterior administración del presidente general Caballero, la compañía “Casado”, instala su fábrica de tanino, siendo para la época una factoría que generó el progreso general de la zona norte, gracias a la cual la ciudad de Concepción tuvo un auge de tal magnitud, que lo llevó a competir en importancia económica y social con la misma ciudad capital. Hasta hoy perviven como nudos testigos de la bonanza de fin de siglo, las grandes residencias, los centros religiosos y culturales que adornan a la “perla del norte”.

Todo proceso político liberal tiene como correlato necesario, la liberalización de la economía. El gobierno del presidente Escobar va más allá, e incluso “privatiza” el ferrocarril que fuera propiedad del estado paraguayo. Lo adquiere un consorcio inglés en algo más de dos millones de libras esterlinas, figurando como presidente de la compañía compradora el doctor Guillermo Stewart. Este señor residía en una amplia quinta que hoy es el barrio “Las Mercedes”, de nuestra capital. Se había radicado en el Paraguay en la época de los López.

El ferrocarril quedaría en manos inglesas por decenios, hasta que acá por los años setenta, el gobierno del general Alfredo Stroessner lo “nacionalizó” empezando desde allí su lenta declinación, reduciéndose a la fecha a la pieza de museo que es, esperando su “reconversión” a la electricidad, aprovechando la inmensa producción de nuestras hidroeléctricas.

En lo que respecta al orden institucional, lo más resaltante en la administración del presidente general Patricio Escobar será sin lugar a dudas, la fundación de los partidos políticos tradicionales del Paraguay. El gobierno promediaba su primer año y los liberales fundaban el diez de julio de mil ochocientos ochenta y siete, el “Centro Democrático”, constituyendo su primera comisión directiva bajo la presidencia del señor Antonio Taboada, alma y nervio del movimiento, y su inspirador doctrinario fue Cecilio Báez. Pronto abandonaron su primitiva denominación para llamarse “Partido Liberal”.

Sello conmemorativo por la fundación de la Universidad Nacional de Asunción bajo el gobierno de Patricio Escobar. Fuente: Portal Guaraní.

Para no ser menos, los hombres de la situación, fundaban a su vez un mes después, el veinte y cinco de Agosto del mismo año, el “Partido Nacional Republicano”. El jefe de la agrupación (y lo sería hasta su muerte en 1912) fue el general Bernardino Caballero y su director intelectual José Segundo Decoud, que por su cultura y ponderación era el ministro indispensable de todos los gobiernos de la época. Dos “coincidencias” en cuanto a los nombres; adoptaron las denominaciones de los partidos también tradicionales de los Estados Unidos de América: Demócrata y Republicano. Traducido a las tendencias generales que representan políticamente: liberales y conservadores. Asimismo, adoptarían hasta los mismos  colores distintivos de los partidos americanos;  elred, rojo o colorado de los republicans, para los oficialistas conservadores colorados; y,  el clásico blue de los democrats por los adherentes de la divisa azul: los opositores liberals.

Ambos con ciertos matices similares y/o mínimas diferencias ideológicas enarbolando los principios de la Constitución Nacional, especialmente la libertad de prensa y de palabra, de reunión y sobre todo de parte de los liberales; electoral, etc.

Desde ambas agrupaciones, ahora institucionalizadas en partidos políticos, comenzará la pugna, unos por conservar el poder del estado y el otro por conquistarlo, a todo trance y a “todo juego”; como entonces, como luego, como ahora.

Esta historia continuará………

Fuentes:

  • Del 14 y 15 al 2 y 3 Una Interpretación de la historia política del Paraguay, de Eduardo j. Giménez Rabito.
  • Progresismo republicano y las Ideas liberales, de Julio César Frutos.
  • La República del Paraguay Un siglo de vida nacional 1811-1911, de Arsenio López Decoud.
  • El Paraguay Independiente, de Efraím Cardozo.
  • Historia Política del Paraguay, de F. Arturo Bordón.

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