Exiliados republicanos españoles en Paraguay: Jesús Artola Goicoechea [Sexta Parte]

Exiliados republicanos españoles en Paraguay: Jesús Artola Goicoechea [Sexta Parte]

Las primeras impresiones de nuestro personaje al llegar al Brasil, específicamente al puerto de Santos, fueron en sus propias palabras que: Tocamos en Santos, es de verdad América; verdes colinas, ría luminosa, casitas atrayentes a sus orillas ¡medio año a bordo parece como si nunca hubiésemos tenido casa!… y sobre todo la paz: ¿será un sueño que aquí puede haber paz?[1], por la noche vieron, después de mucho tiempo, luces nocturnas pues desde finales de 1938 estaba prohibido iluminar las ciudades debido a la guerra en el viejo continente.

En Santos el Katiola permaneció por cuatro días, los mismos fueron aprovechados por los viajeros españoles para comer y beber, degustando todo tipo de jugos de frutas y del café, justamente Jesús Artola Goicoechea señalaba que volver a consumir la infusión fue un placer reencontrado, exclamando ¡Qué barbaridad de café!, así mismo otro viajero afirmaba que llamó la atención el azúcar, ya que hacía mucho tiempo dejaron de consumirla por su escasez en Europa, en los bares del entorno portuario sobre las mesas donde se podía tomar café vimos azúcar por primera vez…, en cambio los niños pudieron probar las bananas a la que consideraban todo un lujo.[2]

Algunos viajeros españoles concluyeron en Santos su travesía como ser el ex diputado Ramón González-Sicilia y de la Corte y sus familiares, otros trataron de contactar con algún representante del SERE tanto en Londres, Nueva York o Buenos Aires ya que esperaban la ayuda económica prometida por esta entidad y no sabían si los cables enviados desde Casablanca habían llegado a su conocimiento debido a que no tuvieron respuesta.

Soldados y milicianos republicanos en la guerra civil en España. Créditos: Periodistas en Español
Soldados y milicianos republicanos en la guerra civil en España. Créditos: Periodistas en Español

Un día antes de partir con rumbo a la ciudad de Buenos Aires, el Katiola es cargado en sus bodegas y en gran parte de la cubierta con racimos de bananas con destino a la capital argentina, los viajeros fueron advertidos por el personal del mercante frutero que anduvieran con cuidado cerca de la carga, pues podían encontrarse víboras, culebras o arañas.[3]

Camino a la ciudad porteña Jesús Artola Goicoechea refería que: Todavía nos espera otra alucinación de América ¡el río de la Plata! Que nombre tan maravilloso el de este gran río que el porteño mira con desagrado y al que llega se le antoja ver en su color pastoso las arenas de plata que arroja al mar la Argentina ubérrima…[4] .

En su edición de diciembre de 1940 el periódico Euzko-Deya señalaba que eran esperados los refugiados vascos del buque Katiola para el 11 u 12 del mes mencionado en el puerto de Buenos Aires después de una penosa travesía, citaban entre otros a Jesús Artola Goicoechea, añadiendo que figuraban entre los pasajeros varios de los refugiados en la Embajada de Chile en Madrid.[5]

El 14 de diciembre de 1940 finalmente el Katiola[6] llega al puerto de Buenos Aires, los viajeros vascos eran esperados con ansiedad por sus familiares y amigos en la dársena norte, además se encontraban otras personalidades como el Presidente del Comité Pro-Inmigración Vasca el Ing. Urbano de Aguirre, sus secretario Diego Joaquín Ibarbia, el Dr. José Bago, Manuel Ossorio, Luís Jiménez de Asua, entre otros.[7]

El arribo del buque a la Argentina no pasó desapercibido para la prensa porteña por dos motivos, el primero ya que se trataba del primer mercante que cruzaba el Atlántico procedente de puertos franceses después del armisticio franco-italo alemán, y segundo por los pasajeros del buque y las distintas peripecias que habían vivido hasta su llegada a Sudamérica. Incluso el periódico Euzko-Deya les dedico una crónica detallada y extensa, acompañada de fotografías, del viaje de inicio a fin.[8]

La impresión al arribar a destino de Jesús Artola Goicoechea, junto a su esposa e hijo fue: Hacemos alto en la dársena de Buenos Aires, todo el mundo nervioso; la Sanidad, la Policía, los amigos, los periodistas, parece mentira que estas cosas tan vulgares se nos presenten tan nuevas, tan amables…Miramos con curiosidad los pilares del tinglado… también se hace eco de la división existente en la comunidad española en general y en la vasca en particular en la Argentina que no aceptaba a los recién llegados calificándolos, entre otras cosas, de separatistas, por último señala:

«Estamos en América, estamos en la gran Nación Argentina, a la que debemos hospitalidad y amor. Sepamos con nuestra honradez y trabajo hacernos dignos de esta gran patria de los hombre libres».[9] Con nuestro protagonista llega a Buenos Aires el ex funcionario contable del Banco Urquijo de Barcelona, el combatiente catalán Magín Folch Adseria que lo acompañará una vez que ambos son contratados para trabajar en el Paraguay.

 

[1]Euzko-Deya. La voz de los vascos en América. Buenos Aires 10 de febrero 1941. Pág. 9.

[2]Ordozgoiti, Koldo. Ob. Cit. Pág. 197, 198.

[3]Ordozgoiti, Koldo. Ob. Cit. Pág. 199.

[4]Euzko-Deya. La voz de los vascos en América. Buenos Aires 10 de febrero 1941. Pág. 9.

[5]Euzko-Deya. La voz de los vascos en América. Buenos Aires 10 de diciembre 1940. Pág. 1.

[6]Una vez llegado a Buenos Aires el Katiola es retenido e incautado por el gobierno argentino, que en 1943 lo incorporó a la Flota Mercante del Estado con el nombre de Río Luján. En 1946 fue devuelto a la empresa naviera francesa Chargeurs Réunis, que lo vende en 1958 a Liberia que le cambia el nombre a Ocean Reefer, en el año 1962 se incendia en el puerto de Buenos Aires, para finalmente ser desguazado en la ciudad portuaria de Barcelona en 1966. Ordozgoiti, Koldo. Ob. Cit. Pág. 305.

[7]Ordozgoiti, Koldo. Ob. Cit. Pág. 204.

[8]Euzko-Deya. La voz de los vascos en América. Buenos Aires 20 de diciembre 1940. Págs. 11, 24.

[9]Euzko-Deya. La voz de los vascos en América. Buenos Aires 10 de febrero 1940. Pág. 9.

Fernando Oddone