Guerra de Paraguay contra Rosas (1845-1852)

Guerra de Paraguay contra Rosas (1845-1852)

Contrariamente a lo que se ha impuesto, por intereses ideológicos o propagandísticos, el Paraguay desde el inicio de su proceso de Independencia el 24 de Julio de 1810, ha enfrentado varios conflictos bélicos. Desde luego, ninguno de ellos alcanzaría la magnitud del cataclismo que fue la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870), que hace empalidecer a cuanto enfrentamiento guerrero haya existido en el contexto decimonónico sudamericano, reduciéndolos a casi todos ellos a la categoría de meras trifulcas.

Pero si nos abstraemos de la «Guerra de la Triple Alianza» por un momento, profundizando sin tapujos en la verdadera historia del Paraguay en tiempos de Francia y los López, nos encontraremos con episodios muy poco estudiados pero que, como señalamos anteriormente, considerándose el contexto de los conflictos en la Sudamérica de entonces, tuvieron su importancia. En este medio ya se ha publicado sobre «La Guerra Olvidada contra Rosas» desde una perspectiva más bien general, señalándose su contexto y esbozándose más o menos los combates que se dieron en esas «esporádicas hostilidades» que fueron menos esporádicas y más hostiles de lo que se acostumbra a relatar. [1]

En este artículo, lo que intentaremos es ser un poco más cronológicos con el relato respecto a las operaciones militares del Paraguay en dicho conflicto, otorgando algo más de detalles al respecto de cada una de ellas, en la medida de lo posible.

1- GUERRA DECLARADA.

El 7 de Diciembre de 1845, el Supremo Gobierno de la República del Paraguay en la persona de Su Excelencia el Presidente Don Carlos Antonio López Ynsfrán, declara guerra a la Provincia de Buenos Aires que se hallaba bajo el férreo dominio del Gral. Juan Manuel de Rosas, el «Restaurador Porteño». El «rosismo» no es sino una nueva versión del antiguo «porteñismo» (o más adecuadamente: «kurepismo», que deriva de la palabra guaraní «kure piré», piel de cerdo, que era la manera peyorativa con la que se denominaba a los contrabandistas del Puerto de Buenos Aires, que traficaban imitando la piratería inglesa pieles y cueros de animales), que reconoce ciertos valores en las provincias, cierta necesidad de «federalismo», pero que se autoproclama, siguiendo el liberal-doctrinarismo bonaerense, como «único heredero del antiguo Virreinato del Plata», olvidando la primacía y primogenitura de Asunción del Paraguay, entre otras cosas.

En la famosa proclama, publicada en «El Paraguayo Independiente», señalaba el Gobernante Paraguayo:

«La República del Paraguay necesitaba de paz y de libertad; he procurado conservar a toda costa estos dos grandes bienes; pero el Dictador de Buenos Aires, ambicioso y pérfido, nos obliga a la guerra; no consiente que seamos independientes y libres, quiere que seamos sus esclavos; no podíamos sin afrenta sujetarnos a sus caprichos y nos ha hecho la guerra sin declararla; nosotros, más nobles y honrados, la hemos declarado antes de hacerla». [2]

En efecto, el Ejército Paraguayo ya se hallaba concentrado en el actual departamento de Ñeembucu, pues el 19 de Noviembre de 1845 Don Carlos Antonio López había firmado una alianza ofensiva y defensiva con la Provincia de Corrientes para hacer la guerra a Don Juan Manuel de Rosas, el «tirano de Buenos Aires» quien bloqueaba el comercio paraguayo y amenazaba con absorber al país tanto como a los correntinos. En la actual Ciudad de Pilar, los 5.000 soldados de la Fuerza Expedicionaria Paraguaya, que estaba bajo el mando del joven Coronel Don Francisco Solano López, estaban perfectamente pertrechados y uniformados (para la época) y frente al Antiguo Templo, en la Plaza Mayor, todos se formaron para recibir la bendición eclesiástica de las manos del Obispo Titular de Rhytimna y Auxiliar de Asunción del Paraguay, Don Marco Antonio Maíz (1782-1848), quien celebró un «Te Deum» y realizó la consagración de las enseñas patrias en su primer acto episcopal de tinte oficial. Era el día 14 de Diciembre de 1845. Luego, se rezó por la salud del Sumo Pontífice Su Santidad Gregorio XVI y por la causa de la Independencia del Paraguay. Finalmente, antes de salir del Templo, el joven Francisco Solano López Carrillo hizo un discurso que sería aureolado por la historia, al recibir la enseña bendecida por el Obispo Maíz:

«Jamás caerá de mis manos la Sagrada Insignia de mi Patria». [3]

2.1.- PRIMERA FASE: EXPEDICIÓN A CORRIENTES (1845-1846).

El 19 de Diciembre de 1845, empezaron a embarcarse los primeros soldados rumbo a Corrientes. Fueron transportados en buques nacionales y también correntinos, recibiendo armas, vestimenta y provisiones en botes y lanchones. La operación de transporte concluyó, según reportó el Cnel. Solano López a su Padre, el 29 de Diciembre. Las primeras bajas paraguayas reportadas durante la expedición se dieron a causa de un temporal que se dio en la zona llamada «Rincón de Soto» y que hundió tres goletas causando una decena de muertes el día 5 de Enero de 1846. Mientras que el primer tiroteo contra los enemigos se dio el 16 de Enero: dos compañías paraguayas bajo mando del Cap. Domingo Cáceres fueron puestas a disposición del Gral. José María Paz para cubrir la posición del Paso Tala. A esta acción, que fue el «bautismo de fuego» de la fuerza expedicionaria paraguaya, podríamos llamarla «Refriega de Paso Tala». [4]

Desde el principio, las intrigas políticas del Gral. José María Paz (principal líder de la Alianza contra Rosas) junto al Cnel. Juan Madariaga y sus hermanos (caudillos correntinos) fueron un enorme problema para que exista entendimiento en las operaciones. En las distintas comunicaciones que el joven Solano López enviaba a su Padre, relataba todos estos inconvenientes y Don Carlos le respondía que debía ser cauteloso para no caer enredado en las marañas de los aliados argentinos. [5]

Estos constantes malentendidos entre Paz y los Madariaga forzaron al primero a abandonar la lucha y refugiarse en el Paraguay por un breve tiempo hasta que obtuvo un salvoconducto para ir al Brasil. Así, el «Jomini de América» (según sus apologistas, entre ellos Bartolomé Mitre) terminó siendo domeñado por los caprichos de los Madariaga (el Gobernador Joaquín y el Coronel Juan), quienes lucharon recibiendo tropas de refuerzo paraguayas contra el Cnel. Justo José de Urquiza (futuro General que en ese tiempo era hombre fuerte del Dictador Rosas) quien los derrotaría el 4 de Febrero de 1846. Juan Madariaga fue hecho prisionero (aunque liberado poco después) y las tropas correntinas dispersadas. Así, el Cnel. Solano López quedó absolutamente solo, con tropas bisoñas que combatían en terreno desconocido y con la posibilidad de ser fácilmente rodeadas y aniquiladas por la caballería rosista. Se decidió, pues, repasar el Río Paraná. [6]

2.2.- COMBATE EN JAGUARETE CORÁ.

Mientras los paraguayos organizaban el regreso a Paso de Patria, un pequeño batallón de la retaguardia (aprox. 200 hombres) se cruzó con unos 150 jinetes de la caballería rosista el 16 de Febrero de 1846, en los alrededores de la villa correntina de Jaguareté Corá. Hubo un intercambio de disparos y luego, los porteños cargaron sobre la posición guaraní pero se retiraron sufriendo algunas pérdidas y sin causar mucho daño. Es muy difícil hablar del número de bajas, pero estas andarían en torno a unas 50 entre muertos, heridos, prisioneros y desertores en ambos bandos. [7]

Este pequeño triunfo, sin embargo, lejos de levantar la moral de los paraguayos produjo un ambiente de descontento que fue aprovechado por algunos «infiltrados» en las líneas guaraníes.

2.3.- MOTÍN DE VILLANUEVA.

En efecto, ciertos elementos rosistas y paraguayos disidentes aprovecharon la situación para amotinarse contra el mando del Gral. Solano López. La acción del colombiano Cnel. Pedro Abad Oro, quien se había unido al estado mayor guaraní por recomendación del Gral. José María Paz, habría tenido mucho que ver para «acobardar» y «desmoralizar» a la tropa. Este hombre, junto con otros oficiales paraguayos que se habían incorporado a la tropa del futuro Mariscal como voluntarios venidos desde Corrientes, fueron apartados del cargo por su acción erosiva contra el mando paraguayo y por pedir que se establezca en el país un gobierno de tinte liberal-revolucionario.

Pero la remoción de dichos oficiales generó la sublevación de varias compañías de la Fuerza Expedicionaria, en lo que se conoce como el «Motín de Villanueva», el 18 de Febrero de 1846. El futuro Mariscal, con 18 años de edad, mostró toda la autoridad y el liderazgo con que se destacaría posteriormente, encarando junto a su Estado Mayor, en persona, a los amotinados, quienes terminaron rindiéndose. No se reportaron bajas, aunque no se descarta que hayan existido. Pero el joven Solano López, imponiendo férrea disciplina, mandó diezmar a los oficiales de las compañías sublevadas, que serían unos 15 o 20. [8]

2.4.- COMBATE DE MOCORETÁ.

Hubo tiempo para un último combate en la Expedición a Corrientes. El 1 de Marzo de 1846, un convoy rosista escoltado por unos 200 jinetes bajo mando del Gral. Benjamín Virasoro, el futuro Gobernador de la Provincia tras ser depuestos los Madariaga (de hecho, serían también hermanos, Miguel y el mencionado Benjamín, los nuevos gobernadores respectivamente). La vanguardia paraguaya que tendría unos 1.000 soldados, bajo mando directo del Gral. Solano López, aprovechando el factor sorpresa y la superioridad numérica dio un «golpe de mano», de esos que harían famoso al Ejército Paraguayo unos 20 años después, que dejó pasmados a los rosistas, quienes sufrieron graves bajas y debieron retirarse sin poder ejercer resistencia.

Los hombres del Gral. Solano López capturaron una gran cantidad de provisiones en esta legítima y poco mencionada victoria del Ejército Paraguayo. Los rosistas sufrieron unas 50 bajas mientras que las paraguayas fueron relativamente despreciables. [9]

A pesar de que los soldados paraguayos eran bisoños, mostraron su bravura y se ganaron la admiración de propios y extraños. Así mismo, el joven Gral. Solano López cosechaba elogios, quizás interesados pero elogios al fin y al cabo, del Gral. José María Paz, quien escribió a Don Carlos Antonio López durante su breve estadía en Asunción:

«No tengo duda de que el General del Segundo Cuerpo del Ejército Pacificador corresponderá a las esperanzas de la Patria y a los desvelos de Vuestra Excelencia, felicitándonos todos de tener en su persona un esforzado compañero de armas, pues manifiesta genio y capacidad». [10]

3.1.- SEGUNDA FASE: RECONQUISTA DE MISIONES (1847-1850).

Desde finales de Marzo de 1846, las tropas paraguayas fueron regresando a Paso de Patria, pero la operación se completó lentamente. Recién el 16 de Mayo se terminaría el traspaso total de la fuerza expedicionaria, aunque el grueso ya se encontraba en el actual territorio nacional mucho antes. Cabe señalar que el Gral. Juan Manuel de Rosas, si bien es cierto que tenía la intención porteñista de someter al Paraguay bajo dominio de Buenos Aires, nunca lanzó ataques directos contra los guaraníes. Amenazó muchas veces en su prensa oficial, incluso organizó recursos y hombres, pero jamás efectuó una ofensiva contra los paraguayos. Su postura, en este sentido, fue siempre defensiva.

Paraguay, sin embargo, no se quedaría con los brazos cruzados. En el nuevo campamento «De la Victoria», establecido en la Villa de Cerrito, el joven Solano López reorganizaba completamente los cuadros de la Fuerza Expedicionaria. Recibió de su padre los entorchados de Brigadier General y con nuevos bríos, estaba dispuesto a continuar la lucha.

Los Hermanos Madariaga, aliados políticos de Don Carlos Antonio, volvieron a solicitar su ayuda para un levantamiento. Este les respondió que la Fuerza Expedicionaria se estaba reorganizando y no podría enviarla por el momento, pero aceptó mandar algunas tropas de refuerzo con armas y municiones. El Gral. Joaquín Madariaga recibió estos pequeños pero significativos apoyos y se organizó, llegando a levantar unos 5.000 soldados con 12 cañones, varios de estos paraguayos. Fue rumbo a Curuzu Cuatiá a enfrentar al lugarteniente de Rosas, el Gral. Justo José de Urquiza, caudillo entrerriano quien poseía 6.000 soldados y 8 cañones. Así, el 27 de Noviembre de 1847 se dio la Batalla de Vences, con victoria decisiva para los rosistas.

alla de Vences (27 de Noviembre de 1847), las tropas rosistas dirigidas por el Gral. Justo José de Urquiza derrotaron a las fuerzas correntinas de los Hermanos Madariaga, aliados del Paraguay. A pesar de la derrota, los paraguayos lucharon solos contra Rosas y cosecharon la victoria final victoriosos el 3 de Febrero de 1852. [Imagen: Blog Revisionistas].
En la Batalla de Vences (27 de Noviembre de 1847), las tropas rosistas dirigidas por el Gral. Justo José de Urquiza derrotaron a las fuerzas correntinas de los Hermanos Madariaga, aliados del Paraguay. A pesar de la derrota, los paraguayos lucharon solos contra Rosas y cosecharon la victoria final el 3 de Febrero de 1852. [Imagen: Blog Revisionistas].

Quedaron totalmente desarticulados los correntinos, una vez más, y sus soldados se dispersaron, muchos de ellos buscaron refugio en el Paraguay (se dice que incluso los Madariaga, pero también los varios guaraníes que se unieron a la nueva rebelión correntina). Un historiador de fiero cuño rosista, Adolfo Saldías, nos cuenta:

«… Los hechos demostraron que el Gobernador Madariaga resistía todo acomodamiento (con Rosas) y ganaba tiempo, fiándose en las esperanzas que le daban el Brasil, el Paraguay y los emigrados a Montevideo (…) y se puso a tiempo en campaña y desde su cuartel general del Oratorio de Rolón expidió en 28 de Julio de 1847 una proclama en la que denunciando que el Gobernador de Entre Ríos amenazaba a Corrientes, arrastrado por un fatal deber, llamaba a los correntinos a las armas y declaraba que serían tratados como traidores los que no concurriesen a su llamado (…). Urquiza pidió instrucciones al gobierno argentino para el caso de que las fuerzas de Madariaga derrotadas se asilasen en el Paraguay ó Brasil. El ministro Arana respondióle que si se refugiaban en el Brasil exigiese de las autoridades imperiales que las desarmasen é internasen, dando cuenta de si esto se cumplía para proceder en consecuencia, y que atacase y destruyese cualquier fuerza paraguaya que hiciese causa común con Madariaga». [11]

La derrota de Vencés fue decisiva para los «paraguayistas» Hermanos Madariaga, que ya nunca lograrían hacerse con el control de Corrientes. Los Virasoro «porteñistas» eran ahora los nuevos gobernadores, ya de forma definitiva. Pero a pesar del fracaso de sus inestables e intrigantes aliados, los paraguayos no se amilanaron. Estaban listos para continuar por su propia cuenta la Guerra contra Rosas, luego de completarse la reorganización del Ejército Paraguayo, que contó con el apoyo del Imperio del Brasil para dicho menester.

Se iniciaría así la Reconquista de Misiones.

Los brasileños fueron aliados del Paraguay durante toda la contienda contra Rosas. De hecho, misiones militares del Imperio de los Braganza serían recibidas en las líneas paraguayas, proveyendo de entrenamiento e instrucción militar de gran calidad. Es bastante conocido el paso del Cnel. Villagrán Cabrita, brillante artillero del Imperio, como instructor de los paraguayos de dicha arma, produciendo aprovechados discípulos como el Gral. Bruguez o el Tte. Fariña. Hubo otros oficiales brasileños como maestros del Ejército Paraguayo, entre ellos los Coroneles Soares Pinto y Luís Caminada. [12]

El mismo Gral. Solano López tuvo como instructor y tutor personal a Hermenegildo de Albuquerque y Portocarrero, futuro Mariscal y Barón de Fuerte Coimbra, hombre de gran talento y modales excelentes. Bormann lo cuenta así, cuando nos habla de la Campaña de Mato Grosso en la Guerra de la Triple Alianza:

«El Cnel. Hermenegildo de Albuquerque y Portocarrero… era un oficial muy conocido en el Ejército Paraguayo, pues fue su instructor en tiempos de tribulaciones de la República (del Paraguay contra Rosas). El Mariscal Dictador había sido su discípulo y le llamaba «mi maestro». Era su amigo y tutor particular: habían compartido casa cuando Portocarrero se hallaba en Paso de Patria y Humaitá instruyendo al ejército. La reputación de Portocarrero era grande en el Paraguay, era considerado un bravo oficial y hombre perfectamente instruido». [13]

De esta manera, O’Leary relata: «… El Paraguay se hallaba en otras condiciones gracias a la actividad y celo patriótico de su gobierno. Así, no sólo no temíamos ya al déspota triunfante, salíamos a su encuentro, ocupando el territorio de las Misiones, al Sur del Paraná, cuya propiedad justificó Carlos Antonio López en el célebre manifiesto del 10 de Junio de 1849». [14]

3.2.- COMBATE DE APIPÉ.

La primera acción fue la recuperación de las islas de Apipé, Atajo y Yacyreta, que habían sido ocupadas por guarniciones rosistas a finales de 1847. Desde Paso de Patria, el Gral. Solano López mandó personalmente la operación de desalojo, al que algunos han denominado como Combate del Apipé (aunque involucró a todas las mencionadas islas, probablemente recibió ese nombre porque en Apipé se dio la resistencia más férrea de los argentinos). [15].

Este cruce tuvo lugar el 31 de Julio de 1848. Como siempre, es difícil hablar de números. Unos 500 paraguayos, transportados en canoas y botes, cayeron sobre las guarniciones rosistas en Apipé, Atajo y Yacyretá, que estarían en torno a 100 soldados. Dada la situación, estos no pudieron escapar y como se ha señalado, salvo en Apipé, no ejercieron mucha resistencia y fueron casi todos capturados y confinados al Norte del país, cerca de Concepción. En estos tiempos, un importante personaje, emisario del Imperio Austro Húngaro (la primera potencia europea en reconocer oficialmente la Independencia del Paraguay, de la mano del Príncipe Klemens von Metternich) y que había participado en varias revueltas y revoluciones, el Cnel. Francisco Wisner von Morgenstern, se acopló al Ejército Paraguayo el 20 de Junio de 1849.

3.3.- OCUPACIÓN DE VILLA CONCEPCIÓN Y SANTO TOMÉ DE LAS CORRIENTES.

El 1 de Junio de 1849, por órdenes del Supremo Gobierno de Don Carlos Antonio López, se procedió a la reconquista de los territorios de las Misiones al Sur del Paraná, paraguayos desde tiempos inmemoriales pero bajo ocupación rosista.

Unos 2.000 soldados en la vanguardia, dirigidos por el mismo Cnel. Wisner von Morgenstern, lideraron la marcha. En la retaguardia, unos 3.000 hombres del Gral. Solano López cubrían las espaldas y seguían sus pasos. El Cnel. Benjamín Virasoro, quien entonces era el «Gobernador de Facto» de la Corrientes ocupada, pensando quizás que las fuerzas paraguayas eran pequeñas, envió unos 1.500 jinetes desde Villa Concepción de Corrientes (cerca de donde los paraguayos, tiempo atrás, obtuvieron una pequeña victoria en Jaguareté Corá). Estos se encontraron con los 3.000 soldados del Gral. Solano López y viendo que tenían inferioridad numérica y posicional, se retiraron en guerrilla y con tiroteos a la distancia. El líder paraguayo ordenó la persecución, que fue implacable hasta que las fuerzas expedicionarias llegaron a la Villa Concepción. Virasoro, sorprendido en parte porque no esperó la osadía de los guaraníes pero sobre todo porque la población correntina veía a los paraguayos como sus «libertadores», no logró ejercer una resistencia efectiva y luego de perder unos 100 hombres entre muertos, heridos, prisioneros y especialmente desertores, abandonó la villa que fue ocupada por los dirigidos por el Gral. Solano López, quienes no reportaron bajas. [16]

Los paraguayos ocuparon la villa el 30 de Junio de 1849 luego de la retirada de los rosistas, pero no se mantuvieron allí pues no era ese el plan, es más, hasta parecía una «celada» de los jinetes de Virasoro. El Gral. Solano López, luego de apertrecharse en dicho lugar, ordenó que se prosiga la marcha cubriendo los pasos del Cnel. Wisner en Misiones, quien desde el 27 de Junio de 1849 avanzaba feroz, derrotando fácilmente a las patrullas y pelotones rosistas que intentaban cortarle el paso hasta que el 4 de Julio de 1849, ocupó la posición de Santo Tomé de las Misiones (que hoy pertenece a la Provincia de Corrientes, a 387 kilómetros de la capital provincial), en la margen derecha del Río Uruguay, capturando a la pequeña guarnición porteñista del lugar, sufriendo pocas pérdidas. [17]

3.4.- BATALLA DEL HORMIGUERO.

En Santo Tomé, el Cnel. Wisner solicitó refuerzos pues tenía reportes de que las tropas del Gral. Benjamín Virasoro se estaban aglutinando en la frontera entrerriana y se lanzaban algunas incursiones, sin mucha importancia, contra su posición. El Gral. Solano López llegó en su auxilio y llegó a tener unos 2.656 soldados y 117 oficiales en la vanguardia. Pero el futuro Mariscal tenía además otras intenciones: iniciar una insurrección de los correntinos contra los Hermanos Virasoro. [18]

La creación del nuevo «Gobierno Provisorio» en Corrientes fracasó, una vez más, por las constantes intrigas entre los potenciales candidatos a dicha posición.

El mencionado Gunther Kahle relata: «El hijo del Presidente López traía la misión de provocar una insurrección con la ayuda de los unitarios emigrados al Brasil. Por este motivo buscaba la creación de una junta de gobierno formada por emigrantes quienes se encargarían de atizar el levantamiento, reclutar tropas nacionales, hacer llamamientos a la población y tener a disposición agentes para acciones subversivas. Según el Presidente López, un cambio de gobierno en Corrientes posibilitaría el asentamiento de los paraguayos en Loreto y Hormiguero, con lo cual la conexión terrestre con el Brasil quedaría asegurada… Entretanto, el Gobernador Virasoro había reclutado tropas de innegable superioridad numérica con las que amenazaba cortar la retirada a las tropas paraguayas. Francisco Solano López no vio otra posibilidad que la de emprender la retirada a San Miguel y Loreto. Tras haber sufrido los paraguayos sensibles pérdidas en el mes de agosto en sus contiendas con las tropas federalistas, en septiembre de 1849, debido a las sólidas posiciones de los paraguayos, los contraataques de los correntinos (rosistas) fracasaron, terminando así las hostilidades…». [19]

En efecto, durante todo el mes de agosto de 1849, los «Franciscos» (Solano López, Wisner y Resquín, quien a partir de ese tiempo empezaría a ascender ante los ojos de sus superiores) resistieron los cada vez más feroces contraataques lanzados por el Gral. Virasoro quien tenía cerca de 5.000 soldados, hasta que se dictaminó la retirada hasta la defendible línea de Loreto, pues el levantamiento de los correntinos opositores al Gral. Juan Manuel de Rosas había fracasado. Las bajas paraguayas en la Batalla de Paso Hormiguero, que fue del 5 al 29 de Agosto de 1849, fueron muy sensibles: unos 500 muertos y heridos, sin contar desertores y prisioneros. El Gral. Virasoro habría perdido unos 300 hombres en total.

3.5.- BATALLA DE LORETO Y SAN MIGUEL.

Envalentonado por haber desalojado a los paraguayos de Santo Tomé a orillas del Río Uruguay, en cuyas aguas el futuro Mariscal Presidente Francisco Solano López se bañó (cuando tuvo tiempo) durante la feroz defensa que hicieron los paraguayos antes de emprender la retirada, el Gral. Benjamín Virasoro lanzó un contraataque con alrededor de 4.000 soldados sobre las posiciones guaraníes en las tranqueras de Loreto y San Miguel que estarían en torno a 2.500 defensores. En esta batalla, acaecida el 4 de septiembre de 1849, fueron los paraguayos quienes se cobraron el desquite, rechazando a las tropas rosistas que sufrieron alrededor de 200 bajas mientras que las de los guaraníes fueron prácticamente despreciables, gracias a su excelente «trinchera de los paraguayos».

De allí en más volverían las escaramuzas leves y sin importancia. Los soldados del Gral. Solano López permanecieron ocupando gran parte de las Misiones y el Gral. Rosas tampoco tuvo muchas ganas de expulsarlos. Probablemente se hallaba con asuntos más importantes que atender, quizás no quería combatir mucho más contra los López, quizás una combinación de ambas; lo cierto es que el «Restaurador Porteño» tácitamente aceptó la ocupación militar paraguaya. [20]

3.6.- INCURSIÓN AL PASO DEL AGUAPEY.

Todavía en Abril de 1850, los paraguayos andaban por las fronteras correntinas y en las Misiones del Sur «como Juan andaría en su casa», hostigando a las tropas del Gral. Benjamín Virasoro, quien en una carta relata:

«El 24 del mes pasado, se avistaron (a los paraguayos) a la altura de Santo Tomé en número como de 1.500 hombres, en dos cuerpos, el menor calculado en 400, que descendió el Aguapey hasta la barra de dicho arroyo. Todo estaba preparado para en caso de que pasasen el Aguapey, rechazarlos vigorosamente, más ellos no lo hicieron y el 29 a las 3 de la tarde emprendieron una retirada precipitada hasta su campamento en la Tranquera de San Miguel». [21]

Ciertamente, los paraguayos lanzaban incursiones y hacían demostraciones de fuerza en la zona. Eran movimientos disuasivos, más que nada. Les interesaba, por otra parte, que se mantenga abierta la comunicación terrestre con el Brasil. En esta incursión al Paso del Arroyo Aguapey, al ver los paraguayos que las tropas rosistas, en número superior a las propias fuerzas, se hallaban en las proximidades, se contentaron con realizar un intercambio de tiroteos en breve refriega para luego retroceder a sus posiciones seguras, sin mayores contratiempos. Los porteñistas no los persiguieron y este fue, mayormente, el status quo a partir de 1850.

4.1- LA VICTORIA FINAL.

El Supremo Gobierno del Paraguay retomó la postura defensiva a mediados de 1850, pero firmó con su viejo aliado, el Imperio del Brasil, una «Alianza Defensiva entre Brasil y Paraguay» el 25 de Diciembre de ese año. [22]

A partir de ese momento, el Gral. Juan Manuel de Rosas, llamado el «tirano de Buenos Aires» por sus enemigos, quedó absolutamente aislado. Los brasileños y sus aliados acrecentaron las hostilidades hasta que pocos meses de la firma de la alianza entre Paraguay y Brasil contra Rosas, se iniciaba la fase final de lo que hoy se denomina la «Guerra Platina». El 3 de Febrero de 1852, tras la derrota del «Restaurador de las Leyes» en la gran Batalla de Caseros (en donde 23.000 rosistas se enfrentaron a 28.000 de sus enemigos brasileños, unitarios y entrerrianos dirigidos por su antiguo lugarteniente, el Gral. Justo José de Urquiza) concluyó el largo conflicto que Paraguay mantuvo con Buenos Aires desde 1845. De hecho, el «Paraguayo Independiente» anunciaba en su último número que su función había acabado con la caída del «Dictador Porteño».

Los López, padre e hijo, cosecharon una victoria militar y diplomática en la Guerra de 1845-1852. Don Carlos Antonio fue el primer «Presidente de la Victoria» en un triunfo verdadero y no escamoteado por la diplomacia liberal. Don Francisco Solano a su vez fue el primer «General Victorioso» de la República, joven oficial que a los 18 años empezó a hacerse camino con grandes dificultades, organizando a sus soldados bisoños pero que se mostraron aguerridos y tenaces a la larga. Los paraguayos derramaron su cuota de sangre en la lucha contra la Tiranía Porteña en varios combates, a pesar de que en la ofensiva final de 1852 contra Rosas solo contribuyeron con armas y provisiones. Demersay lo describió así, sin renunciar a la propaganda porteñista que acababa de ser derrotada:

«El Presidente López no tardó en cosechar los frutos de la victoria… Un enviado de la Confederación, Don Santiago Derqui, reconoció la Independencia del Paraguay el 15 de Julio siguiente (1852) y el mismo día firmó un tratado, que no fue ratificado sino hasta varios años después (4 de Junio de 1856). El Congreso Federal rechazó la cláusula relativa a la fijación de fronteras entre los dos países y de común acuerdo, el asunto fue postergado por el tratado del 29 de Julio de 1856. Así se extinguía una hostilidad que databa de la Independencia, pero a pesar de los testimonios de estima recíproca y buena vecindad que nos han relatado, no podríamos afirmar que todos los hombres de estado argentinos hayan renunciado a la esperanza de volver a ubicar a la provincia emancipada bajo la bandera de la Confederación». [23]

¡Pero nadie nos roba los laureles cosechados! De hecho, varios arcos del triunfo se construyeron para conmemorar las dos victorias que obtuvimos contra los pérfidos piratas afrancesados de Buenos Aires: uno de ellos recordaba la derrota de la expedición porteñista del Gral. Manuel Belgrano, otro la derrota de las ambiciones porteñistas del Gral. Juan Manuel de Rosas. [24]

La Guerra Victoriosa de 1845-1852 debe salir de la sombra del olvido y ser rescatada histórica e historiográficamente. La reivindicación al Paraguay de los López así lo espera y este pequeño ensayo busca, con errores seguramente, dar el puntapié inicial para dicho proceso de justicia.

REFERENCIAS.

[1] «La Guerra Olvidada contra Rosas»; artículo de: Urdapilleta, Emilio. Publicado en «El Parlante Digital» (Asunción), 29 de Junio de 2019. Link: https://elparlante.com.py/historia-del-paraguay/la-guerra-olvidada-contra-rosas/

[2] «Proclama» de Don Carlos Antonio López, párrafo primero. Publicada en «El Paraguayo Independiente» (Asunción), 7 de Diciembre de 1845.

[3] O’Leary, Juan (1970): «El Mariscal Solano López», págs. 17-20. Asunción, Paraguay: Casa América y Moreno Hermanos.

[4] «La Guerra Olvidada (1845-1852)», publicado en: «El Ocaso del Silencio: Revista de la Academia Literaria de la Uninorte», N° 3, págs. 314-315. Asunción, Paraguay: Editorial Arandurá, 2018. ISBN: 978-99967-10-26-1.

[5] Muchas de estas comunicaciones del joven Francisco Solano López Carrillo y detalles sobre la Guerra del Paraguay contra Rosas (1845-1852) se pueden leer en la obra «Con la Rúbrica del Mariscal», volúmenes I y II, recopiladas por Don Juan Livieres Argaña.

[6] Demersay, Alfred (1860): «Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements des Jésuites», vol. II, págs. 430-431. París, Francia: L. Hachette Editorial.

[7] En muchos de estos reportes de tropas enfrentadas nos basamos en los datos, no muy ajustados y con descripciones difusas en la mayoría de las ocasiones, del «Archivo Americano» (Buenos Aires) y «La Gaceta Mercantil» (Buenos Aires), prensa muy favorable a los intereses del Gral. Juan Manuel de Rosas, al igual que los proveídos por fuentes paraguayas como el «Paraguayo Independiente» y las cartas del Gral. Solano López en la ya citada obra «Con la Rúbrica del Mariscal», tomos I y II.

[8] Langa Pizarro, Mar (2001): «Guido Rodríguez Alcalá en el Contexto de la Narrativa Histórica Paraguaya», pág. 39. Tesis doctoral para la Universidad de Alicante, España. Este autor dice que el «generalito» Solano López «no combatió» contra Rosas, pero menciona que actuó personalmente para aplastar el amotinamiento en Villanueva, Corrientes. Lo que nos parece gracioso, pues técnicamente, acabar con una sublevación entre militares en un conflicto bélico (por mínimo que sea) equivale a combatir. Con todo y tesis doctoral, el autor simplemente desprecia cualquier versión que sea favorable a la causa paraguaya y repite los absurdos venidos de la escuela liberal-doctrinaria y anglosajona respecto a la Historia del Paraguay.

[9] «La Guerra Olvidada 1845-1852», op.cit. p. 317.

[10] La carta original se encuentra en la Colección O’Leary del Archivo Nacional de Asunción. Otra versión es citada por: Chevalier M., Aucaigne F. et al. (1869): «Les Contemporains Célébres Illustrés: 106 Portraits, 106 Études», págs. 196-199. París, Francia: Lacroix Verboeckoven et Cie. Editores.- Juan Bautista Alberdi, defensor de la causa paraguaya contra la Triple Alianza, al haber leído dicha epístola comentó a Don Gregorio Benítez: «No hemos conocido jamás al Gral. Solano López. Pero el Gral. Bartolomé Mitre se reputaría feliz de poder mostrar a su respecto una palabra semejante del honrado y sabio Gral. José María Paz».

[11] Saldías, Adolfo (1892): «Historia de la Confederación Argentina: Rozas y su Época», tomo V, págs. 27-29. Buenos Aires, Argentina: F. Lejouane Editor.

[12] Nabuco, Joaquín (1977): «La Guerra del Paraguay», págs. 96-97. Buenos Aires, Argentina: Editorial de Belgrano.

[13] Bormann, José Bernardino (1897): «Historia da Guerra do Paraguai», vol. I, págs. 14-15. Curitiba, Brasil: Impressora Paranaense, Editores Jesuino Lópes e Cia.- Juan O’Leary (citando al brasileño Gral. Francisco Rafael de Melo Rego), recoge testimonios del Mariscal y Barón de Portocarrero, en el que este se refiere de manera muy favorable a la persona de su pupilo el Mariscal Presidente Don Francisco Solano López, a pesar de haber sido adversarios en la Guerra de la Triple Alianza: «Decía Portocarrero: accesible y urbano (Solano López) atraía por su amabilidad, trato delicado y maneras insinuantes, menos con sus subordinados en materia de servicio, en que se mostraba severo… Le gustaba la vida militar, pero no le seducían, por lo menos así solía decir, los lauros recogidos en los campos de batalla… Hallaba la guerra siempre odiosa por el consiguiente mal que acarreaba a los pueblos y consideraba bárbaro el rigor de las leyes militares, si bien reconociendo que era una necesidad a la que no siempre las naciones podían sustraerse, y de ahí también el deber de armarse y de estar preparado para ella… Adepto ferviente de la inviolabilidad de la vida humana, comprendía no obstante que el hombre, en sociedad, constituyendo nación o individualmente, podía ir en contra de la vida de sus semejantes en legítima defensa… Simpático, de buena presencia, de palabra fácil, ocupando en la sociedad paraguaya la más elevada posición después de la de su padre, no le hubieran faltado aventuras galantes si quisiese. Pero al contrario, era Solano López un hombre morigerado, de quien en verdad se podría decir: «non castus sed cautus». Y aun una particularidad más: absteníase de las bebidas alcohólicas casi completamente… Su moral y su filosofía resentíanse del influjo que en su infancia tuviera sobre él su madre, respetable por sus virtudes, por sus sentimientos de piedad cristiana y de fervor religioso, que evoca aún esa espaciosa capilla en que practicaba sus deberes religiosos en la importante Villa de Trinidad, solar de López, a corta distancia de Asunción y a la margen del río. ¡Cuántas aflicciones no hallaron allí consuelo, cuántas lágrimas no fueron enjugadas por la ilustre matrona y por sus hijas, no menos compasivas que ella! La caridad y la compasión por los dolores del prójimo eran sentimientos comunes en las señoras de la Familia López… Cuando se hubieron de ejecutar algunas obras en Humaitá, Solano López, acompañado de oficiales brasileños, asistió a los trabajos y también a los ejercicios militares, instalándose en un aposento común con Portocarrero. Compréndase la intimidad que esta situación generó entre ambos. Fue en esa intimidad en que vivieron en Humaitá, en las largas charlas en que todo se trataba sin reservas, sin cálculos, ex abundantia cordis, en el abandono de una convivencia y camaradería de caserna, que Portocarrero pudo apreciar la rectitud de sus conceptos sobre diversos asuntos y las ideas que se iban afirmando en su espíritu sobre administración y gobierno… Admiraba Portocarrero los sentimientos elevados de aquel mancebo, en quien el vasto y grandioso futuro que le estaba reservado no despertaba otra preocupación que la de ver a su patria engrandecida y en paz con los pueblos vecinos. Y de ahí nació en Portocarrero la convicción de que Solano López, en el puesto supremo que ocupaba y con la entera responsabilidad del Gobierno de su país, jamás provocaría una guerra con el Brasil sin que mediara un imperioso motivo que la justificase». Véase: Melo Rego, Francisco Rafael, citado por O’Leary (1970): «El Mariscal Solano López», op. cit. págs. 24-26.

[14] O’Leary (1970): «El Mariscal Solano López», op. cit. págs. 21-22.

[15] Capdevielle, B., Oxibar C. (1959): «Historia del Paraguay», págs. 252-253. Asunción, Paraguay: Edición del Colegio San José.

[16] «La Guerra Olvidada 1845-1852», op. cit. pág. 319-320.

[17] Kahle, Gunther: «Prólogo». Disponible en: Wisner von Morgenstern, Franz (1996): «El Dictador del Paraguay José Gaspar de Francia», pág. 42. Asunción, Paraguay: Instituto Cultural Paraguayo Alemán Editor.

[18] Hoyt Williams, John (1979): «The Rise and Fall of the Paraguayan Republic», págs. 147-148. Austin, EEUU: University of Texas Press.

[19] Kahle, Gunther: «Prólogo», en Wisner von Morgenstern (1996) op. cit. págs. 42-43.

[20] «La Guerra Olvidada 1845-1852», op. cit. pág. 321.

[21] Benjamín Virasoro a Hilario Lagos. San Roque, 20 de mayo de 1850. Citada por: Saldías, Adolfo (1892), op. cit. tomo V, pág. 410.

[22] «Tratado de Alianza Defensiva entre la República del Paraguay y el Imperio del Brasil», copia original firmada por Pedro de Alcántara Bellegarde (Brasil) y Benito Varela (Paraguay). Asunción, 25 de Diciembre de 1850. Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Blanco (Archivo Histórico del Paraguay), 591-1-6.

[23] Demersay (1860) op. cit. vol. II, pág. 435.

[24] Washburn, Charles Ames (1871): «The History of Paraguay : with notes of personal observations, and reminiscences of diplomacy under difficulties», vol. II, págs. 108-109. Boston, EEUU: Lee and Shepard Editores. – Desde luego, Washburn nos cuenta que habían varios Arcos del Triunfo recordando las victorias paraguayas, pero lo hace siempre con un tono de sorna y burla, fustigando a las figuras de los López.

Emilio Urdapilleta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.