Hace 150 años: La última Navidad del Mariscal López

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1- ASUNCIÓN OCUPADA.

El 1 de Enero de 1869, las Fuerzas de la Triple Alianza ocuparon la ancestral ciudad capital del Paraguay. El entonces Marqués de Caxías dio por terminada la sangrienta contienda y luego de celebrar un «Te Deum» en la Catedral Metropolitana, herido y anciano, se retiró del campo de batalla.

Probablemente el experimentado guerrero brasileño sabía que se entraba en la fase más sangrienta y más despiadada de todo conflicto bélico: la resistence a l’outrance, pues era imposible obtener una rendición del Ejército Paraguayo mientras estuviera con vida el Mariscal Francisco Solano López Carrillo. Caxias, quien sinceramente admiraba al Caudillo del Paraguay (recordemos su famoso «Memorial al Emperador Pedro II» que tanto molesta a los anti-lopistas), no quería la deshonra de convertir a la guerra en una cacería a López y mucho menos pensaba que continuar la contienda podía ser beneficioso para el Brasil, que ya había perdido hasta entonces 160.000 hombres y varios millones de libras esterlinas según el historiador luso-brasileño Mauro César Silveira.

El mando de la Triple Alianza (que entonces era casi totalmente sustentada por el Imperio de Braganza) quedó en manos de Gaston d’Orléans, el Conde D’Eu, futuro heredero consorte del trono brasileño. Es entonces cuando empieza la famosa «Diagonal de Sangre» en la que los paraguayos, como nación en armas, enfrentaron a los enemigos con heroísmo inigualable. Jornadas de trágica gloria se vivieron en las villas del actual Departamento Central así como en Caraguatay, Caacupe, Piribebuy, Barrero Grande, Valenzuela, Sapukai, etcétera. El Conde D’Eu, cumpliendo su deber, actuó con sanguinaria frialdad y ferocidad. Pero cuanto más brutal era su ataque, más dura se hacía la resistencia paraguaya a pesar de la escasez que ya se hacía sentir en el campamento guaraní. El Príncipe de Orléans, al finalizar el año 1869 y como él mismo confiesa, caía en una honda depresión. ¡Parecía que la Guerra contra Paraguay era interminable!

Cnel. José Vicente Mongelós Vasconcellos, ejecutado por el amotinamiento de sus soldados. (Imagen: Geni).

Todos sabían que el alma de esa irreductible saña contra el invasor era no otro sino el Mariscal Solano López. Mientras él estuviera vivo, el Paraguay lucharía hasta las últimas circunstancias. El pueblo paraguayo, sabiendo que esto era verdad, seguía a su líder indiscutido con la esperanza intacta, incluso ante la escasez de armamento y provisiones.

Pero no faltaban traidores entre los paraguayos. Si había «Legionarios», también hubo sediciosos y desleales que en ese momento, el más trágico y culminante de la contienda bélica más devastadora de América Latina, intentaron acabar con la vida del Regente de Paraguay. Entre ellos… ¡Su propia madre!

2- LA ÚLTIMA CONSPIRACIÓN.

El 22 de Agosto de 1869, las tropas del Mariscal López (unos 5.000 hombres y mujeres) alcanzaban la Villa de San Isidro de Curuguaty, declarada capital del Paraguay el 31 de Agosto (sería la última). El impertérrito líder de los guaraníes no sospechaba que el enemigo estaba más cerca suyo que nunca.

Según los testimonios disponibles, que son todos de protagonistas directos como el Gral. Francisco Isidoro Resquín, los Cneles. Juan Crisóstomo Centurión y Silvestre Aveiro así como el R.P. Fidel Maíz, empezó a difundirse un rumor de que había grupos que intentarían derrocar al Mariscal López y firmar la paz con los Aliados. Al investigarse sobre el tema, se llegó al orígen de la habladuría: era el mismísimo Regimiento de la Guardia Presidencial, comandado por el Cnel. Vicente Mongelós. Al mismo tiempo, los Centinelas vieron que el Cnel. Hilario Marcó, Sub-Jefe de Estado Mayor del Ejército y que tenía por tarea el resguardo de los prisioneros, se había acercado a charlar por varias ocasiones junto al Cnel. Venancio López, hermano del Mariscal, que se hallaba bajo custodia luego de la famosa Conspiración de San Fernando.

Durante una cena en Curuguaty, el Mariscal López se enteró por boca de una invitada de Doña Elisa Lynch que había visto al Cnel. Venancio López muy alegre y con muy buena salud caminando entre la tropa. Esto extrañó al Regente e hizo llamar al Cnel. Marcó para pedirle explicaciones. Por toda respuesta, el Cnel. Marcó fue apresado y se ordenó que el Cnel. Venancio López fuera inmediatamente enviado a la cárcel como un reo común, sin más privilegios.

Se estableció una comisión para investigar el asunto y su encargado fue el Ministro Cnel. Luís Caminos quien, luego de varias semanas de interrogatorios, reveló al Mariscal que existía un nuevo plan para derrocarlo del Gobierno y que los rumores que oyeron entre los soldados eran mucho más que eso.

Ministro Cnel. Luís Caminos, quien dirigió las investigaciones en la «Última Conspiración» con el apoyo de otros individuos. (Imagen: Ministerio de Defensa).

Los soldados de la Guardia Presidencial se hallaban amotinados y dispersos en las afueras de la ciudad, esperando a que las fuerzas brasileñas hagan contacto con ellos para llevar adelante el intento de derrocamiento. Esto no se consiguió en parte porque los Aliados no creyeron en las informaciones dadas por los soldados paraguayos (el informante paraguayo era un tal Alférez Giménez) y en parte porque no estaban militarmente en condiciones de avanzar sobre la posición de Curuguaty. El Cnel. Caminos comunicó todo esto al Mariscal López y este hizo llamar a sus comandantes, Cnel. Mongelós y Myr. Riveros. Presentadas todas las evidencias a ambos comandantes, estos aceptaron que el amotinamiento y conspiración contra el Regente existía, pero ellos nada tenían que ver con ello. Echaron toda la culpa al Cnel. Hilario Marcó y al hermano del Mariscal, Cnel. Venancio López, diciendo que fueron ellos quienes hicieron dispersar a las tropas de la Guardia Presidencial.

Harto de las excusas, el Mariscal López ordenó personalmente el fusilamiento del Cnel. Mongelós y el Myr. Riveros junto a los amotinados. En este momento se dieron escenas patéticas como el llanto de rodillas de Vicente Mongelós, que juró y perjuró que nunca tuvo que ver en ninguna Conspiración, que amaba de corazón al Mariscal López y que prefería morir en el campo de batalla antes que como un traidor. Se dice que la respuesta del Presidente fue: «Mongelós, yo sé que Ud. no es culpable de la conspiración. Pero como Comandante de la unidad amotinada, es el principal responsable de lo ocurrido pues debía haber sabido lo que estaba pasando con sus propios hombres».

Ante esa lapidaria y contundente lógica militar, Mongelós reconoció su error y con lágrimas de dolor pidió perdón… Fue fusilado el 29 de Agosto de 1869 junto a unos cinco oficiales y cerca de 80 soldados amotinados. El Myr. Riveros fue indultado en el último minuto (aunque algunas crónicas, de manera incorrecta, indican que fue ejecutado; sin embargo, Riveros sobrevivió y tuvo larga descendencia).

Y el asunto apenas empezaba…

Como el mejor de los detectives, el Cnel. Caminos ayudado por el Cnel. Centurión seguía haciendo averiguaciones. Todavía quedaba sin resolverse el asunto de Venancio López e Hilario Marcó. Cuanto más avanzaba en sus investigaciones, más se acercaba Caminos al círculo más íntimo del Mariscal López.

Finalmente, llegaron a interrogar al médico de Doña Juana Pabla Carrillo, el Dr. José Castillo. Éste reveló que la propia madre de Solano López tenía la intención de matar a su hijo con una chipa envenenada, que le entregaría en los próximos días de fiesta (aparentemente, en las festividades de Diciembre de 1869) y que incluso habían hecho pruebas con unos caramelos con veneno.

Inmiscuída una vez más en un intento de asesinato a su propio hijo, Doña Juana Pabla fue llamada al careo ante los investigadores. Esta, según el Gral. Resquín, se comportó de una manera absolutamente irracional y no dejó que se la interrogue adecuadamente, apelando siempre a su condición de «madre» del Mariscal. El Regente hizo llamar a su Estado Mayor para consultarles qué debía hacerse con Doña Juana Pabla pues ni siquiera ella, siendo su madre, estaba por encima de la Ley. Todos los presentes pidieron el indulto para la señora alegando que un hijo, incluso aunque su madre cometa el peor de los crímenes, siempre debe perdonar. Sólo el Cnel. Aveiro opinó en disidencia, diciendo que la señora debía ser sometida al procedimiento habitual.

El Mariscal reprendió a los presentes por ser «lisonjeros» y felicitó a Aveiro diciendo: «Que así sea interponiendo desde ya todo mi valer en favor de mi pobre madre y hermanas, en todo lo que la Ley pueda permitirme». ¡Era un hombre superlativo nuestro gran Mariscal! Y aunque la señora fue investigada y hallada culpable, fue indultada por su hijo y reenviada bajo vigilancia a su carreta. Las hermanas de Solano López, cómplices de su madre, también fueron halladas culpables pero indultadas y enviadas junto a Doña Juana Pabla.

Implicado en la «Última Conspiración» de 1869, fue indultado por el Mariscal Presidente luego de ser azotado. (Imagen: Portal Guaraní).

Finalmente, con el Ejército Paraguayo ya en marcha hasta su destino final, se llegó a los últimos detalles que faltaban para atar los cabos sueltos de la conspiración descubierta: los Coroneles Marcó y López.

3- LA MUERTE DE PANCHA GARMENDIA.

Caminos, Maíz, Centurión y Aveiro (verdaderos fiscales si los hubo) interrogaron a todos los que faltaban. Entre ellos, a Francisca «Pancha» Garmendia. Ella era amiga muy cercana de Hilario Marcó y vivía junto a su esposa. Al interrogarse a Garmendia, que era una mujer que conservaba la gran belleza de su juventud, ella siempre intentaba coquetear con los oficiales y apelaba a su amistad con el Mariscal López, su antiguo amante en esos días bellos de la lozanía.

En una ocasión, Pancha cenó junto a Solano López y Elisa Lynch y el Regente del Paraguay le pidió que cooperara lo mejor que pudiera con la investigación, sin decir mentiras. Garmendia respondió que «ella nunca decía mentiras» con abierta coquetería. López le contestó: «Estoy informado de que Ud. está siendo investigada y que no está cooperando, y si Ud. sabe algo sobre los intentos contra mi vida, le prometo mi ayuda como Jefe Supremo si revela la verdad». La ex amante del Mariscal siguió negándolo y volvió a señalar el Presidente: «Su nombre ya fue mencionado en San Fernando y por mi intervención no se la ha molestado, pero ahora le pido que revele lo que sabe pues si no lo hace, ya no podré asegurarle su libertad».

Garmendia continuó en la mentira a pesar de que el Mariscal López, con todo lo que le dijo, claramente le dio a entender que ya sabía que ella estaba implicada en la última conspiración…

Aveiro, Maíz y Centurión hicieron su trabajo y llamaron a Pancha. Se le presentaron todas las evidencias, de manera tan contundente e irrefutable, que ella rompió en llanto diciendo: «TODO ES CIERTO», implorando la protección de Don Francisco Solano. Garmendia, utilizando su influencia como antigua querida y amiga del Mariscal López, pasaba desapercibida por el campamento y se dirigía hasta la zona de Zanja Hu y Panadero en donde organizaba la huída de los conspiradores en caso de darse un fracaso en la operación. Ella era la que transportaba las comunicaciones de los sediciosos Marcó y Venancio López.

El caso estaba completamente cerrado. Al igual que en San Fernando, la Conspiración de San Isidro fue descubierta y aplastada. El Cnel. Venancio López Carrillo fue azotado ante los soldados y luego enviado junto a su madre, se salvó de morir por ser hermano del Mariscal. Y ya no hubo más indultos…

Fotografía atribuída a Francisca «Pancha» Garmendia, ex amante del Mariscal López, lanceada en Panadero. La mujer de la imagen sería en realidad la misionera Delfina Bunge. (Imagen: Ministerio de Defensa).

Francisca «Pancha» Garmendia, una de las amantes del Mariscal López en su juventud, junto al Cnel. Hilario Marcó, el Dr. José Castillo (que al final no logró salvarse) y otros varios oficiales y soldados fueron lanceados, para ahorrar munciones, en la zona de Panadero el 11 de Diciembre de 1869.

La belleza de Pancha Garmendia era legendaria y los enemigos del Paraguay utilizaron y falsearon su historia (y la del Coronel Mongelós) de manera propagandística y absurda para intentar manchar la imágen de Don Francisco Solano. En un famoso panfleto escrito por la auto-denominada «Junta Patriótica» titulado «El Mariscal López», un grupo de herederos intelectuales de los Legionarios intentaba presentar a la muerte del Cnel. Mongelós y sus soldados amotinados como un acto de «capricho cruel» del Presidente Paraguayo. Así mismo, en ese pasquín se otorga a Pancha Garmendia el título de «Heroína de la Virtud», cosa que nosotros no nos pondremos a discutir sobre su virtuosismo como mujer pero que evidentemente, a nadie convence como argumento ni como hecho histórico. Tanto así que ni siquiera un historiador absolutamente enemigo del Mariscal López, como el estadounidense Thomas Whigham, no toma en serio esa absurda apología a Pancha. Las muertes de Mongelós, Garmendia y los demás encajan, simple y llanamente, en el contexto de una sangrienta contienda bélica, en las leyes marciales que rigen para esos casos extremos y en la propia época en que vivieron, en el siglo XIX. Podrían ser episodios patéticos y lamentables pero de ninguna manera se puede condenar a los que en ese momento actuaron acorde a las códigos y legislaciones vigentes.

Con ese ambiente trágico y lúgubre se celebraron la Navidad de 1869 y Año Nuevo de 1870. «Marte vela cuando Minerva duerme», es frase que se atribuye al Dr. José Gaspar de Francia y era lo que ocurría en aquellos días de tribulación y lucha. Desde San Isidro de Curuguaty pasando por Panadero y de allí a Cerro Corá, el Monte Gólgota del Nacionalismo Paraguayo, se había entrado en el «Anno Heroicus» del pueblo guaraní. En menos de 60 días, dos meses, el Mariscal Presidente del Paraguay Eterno, el Regente Supremo de la Nación Guaraní, Don Francisco Solano López Carrillo, se entregaría al máximo martirio por su Patria, cumpliendo todos sus juramentos y convirtiéndose en leyenda.

Esa es otra historia. La historia que nos ocupará, si Dios lo permite, en éstos meses en que conmemoramos 150 años de la Inmolación del Héroe Máximo…

Que así sea.

4- FUENTES.

*Aveiro, Silvestre (1988): «Memorias Militares 1864-1870». Asunción, Paraguay: Editorial Comuneros.

*Centurión, Juan Crisóstomo (1949): «Memorias o Reminiscencias sobre la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza», vol. 4. Asunción, Paraguay: Editorial Guarania.

*Maíz, Fidel (1984): «Etapas de mi Vida». Asunción, Paraguay: Editorial El Lector.

*Resquín, Francisco Isidoro (1984): «Datos Históricos de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza». Asunción, Paraguay: Imprenta Militar.

*Silveira, Mauro César (2003): «Adesao Fatal: A Participacao Portuguesa na Guerra do Paraguai». Porto Alegre, Brasil: EDIPUCRS.

*Varios Autores (1920): «El Mariscal López». Publicación de la Junta Patriótica. Asunción, Paraguay.

*Whigham, Thomas (2012): «La Guerra de la Triple Alianza – Vol 3: Danza de Muerte y Destrucción». Asunción, Paraguay: Editorial Taurus.

Imagen de portada:

Francisco Solano López y Elisa Lynch. Historia del Paraguay para el Arq. Jorge Rubiani. Portal Guaraní.

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