Hace 150 años – Piribebuy mártir

Hace 150 años – Piribebuy mártir

Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1864-1870).

Batalla de Piribebuy: 12 de Agosto de 1869.

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La etapa de «guerra regular» había concluido el 1 de Enero de 1869 cuándo la capital, Asunción, fue capturada por las fuerzas de la Triple Alianza. Empezaba la «guerra irregular» que se caracterizaría por la encarnizada resistencia que los paraguayos iban a presentar a los Aliados en forma de guerrillas, emboscadas, ataques sorpresa y retiradas hasta el territorio más recóndito, para reorganizarse y continuar el combate de largo desgaste que se pretendía imponer a los Ejércitos de Ocupación.

Esta estrategia tenía mucho sentido y algunos como Alberdi, el Gral. McMahon y el mexicano Pereyra veían en ella grandes posibilidades de victoria para «la resistence» del Mariscal López. Los aliados debían gastar millones y millones en recursos para sostener su esfuerzo bélico, dinero que ya no poseían pues Argentina y especialmente Brasil se hallaban en completa bancarrota.

Argentina, con su interminable inestabilidad sociopolítica, se debatía entre seguir y no seguir combatiendo y de hecho, para 1869, al igual que Uruguay, su presencia en e campo de batalla era ya muy pequeña y casi simbólica. A esto se añadía la enorme deuda contraída con la banca británica, especialmente la Casa Baring.

El caso del Imperio del Brasil era distinto pero igualmente complicado: los «esclavos de la libertad», soldados negros que eran enviados al Paraguay con la promesa de ser liberados a su retorno, se convertían en una carga social enorme. Los afrobrasileños peleaban contra un enemigo al que no odiaban y que ya había liberado a la mayor parte de sus esclavos antes de la Guerra (los últimos esclavos del Paraguay fueron emancipados masivamente por el Mariscal López en 1866 y 1867, como lo afirma Doriatoto en «Maldita Guerra»).

Al gran «quilombo» (nunca mejor dicho) que tenían los brasileños entre manos por el asunto negro, se sumaba una creciente oposición a la monarquía brasileña por parte de republicanos y liberales del Brasil, liderados por el Cnel. Benjamín Constant, los ríograndenses (que tuvieron su República Independiente en tiempos de los «Farrapos») y varios militares de gran prestigio en el Ejército Brasileño que veían, por varias razones, con gran descontento los acontecimientos finales de la contienda bélica y entre los que podemos citar al Mariscal Deodoro da Fonseca y al futuro Dictador del Brasil, Floriano Peixoto (quien se declaró enemigo del Imperio y admirador del Mariscal López tras la guerra).

Benjamin Constant Botelho de Magalhães

Es más, el mismísimo Duque de Caxias consideraba que era ridículo continuar la guerra (de hecho, abandonó el frente de operaciones en contra de los deseos del Emperador Pedro II), que con la captura de Asunción todo debía acabar y que se debía ofrecer una paz honrosa para el Mariscal López. Probablemente Caxias comprendió antes que nadie que la Guerra de la Triple Alianza, lejos de favorecer al Brasil, le estaba perjudicando enormemente… Esto sin mencionar el terrible desajuste financiero del Imperio, convertido en un vasallo monetario de la Casa Rothschild a causa de sus deudas y que a duras penas podía sostenerse económicamente…

En este contexto, el Emperador Pedro II de Braganza apeló a un nuevo personaje para salvar la situación: Gastón de Orléans, el Conde D’Eu, Príncipe Heredero por matrimonio de la Corona Imperial Brasileña.

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Fotograbado de Luis Alves de Lima e Silva, duque de Caxias, patrón del ejército brasileño.

Los paraguayos establecieron su nueva línea defensiva en las serranías de Azcurra y Cordillera. Los bosques y la altura les daban ventaja defensiva a pesar del bajo número e incluso lograron causar algunos dolores de cabeza a las vanguardias aliadas con ataques sorpresa y emboscadas.

El Conde D’Eu no era un tonto: sabía que perseguir en esas regiones a los paraguayos era arriesgarse a una guerrilla que podría costarle carísimo. Actuó con pragmática sangre fría: se lanzó directamente sobre las poblaciones paraguayas que se encontraban en su camino.

Las primeras en recibir su embate fueron Ybycuí y Valenzuela, episodios dramáticos para la historia paraguaya en donde fueron muertos todos los defensores y trabajadores de la «Fundición Arsenal de La Rosada» y las fábricas de pólvora y salítre de Valenzuela.

El Mariscal López ya sabía que los Aliados recurrirían a este método de «guerra total», y había hecho instalar otra pequeña fundición y arsenal en Caacupé. Pero las cosas se veían oscuras…

Implacables e impávidos avanzaban los brasileños. El día 9 de Agosto acamparon en las afueras de Piribebuy luego de haber sido emboscados por un destacamento del Gral. Genes. El Regente de Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo, ya se encontraba en las cercanías de Santaní cuando se enteró de que los Aliados decidieron no perseguirle sino atacar las ciudades paraguayas en las Cordilleras.

Era la aplicación más dura y sanguinaria de los «Principios de Clausewitz», llevada adelante por el Conde D’Eu con fría y calculadora determinación.

Bosquejo conmemorativo de la plaza Piribebuy. Atacado y tomado por la fuerza el 12 de agosto de 1869. Diseñado por el coronel Conrado Maria da Silva Bitancourt y abundantemente ofrecido por el concejal del mariscal del ejército José María da Silva Bitancourt.

La Ciudad de Piribebuy fue designada como tercera capital del Paraguay. Se establecieron allí las últimas instituciones nacionales, el Archivo Nacional, el Tesoro y la Imprenta. Por esa razón, contaba con una protección especial: aproximadamente 300 soldados liderados por el Tte. Cnel. Pedro Pablo Caballero eran la guarnición, a la que se sumaba toda la población civil convertida en milicias populares, unas 1.500 personas que incluían a mujeres y niños.

Desde luego, sólo los soldados tenían armas. El resto debió improvisar todo tipo de medios defensivos para resistir el ataque inminente.

El Mariscal López había dado la orden terminante de que los civiles no debían combatir y no estaban obligados a empuñar las armas y seguirle. Esto obedecía a lógicas razones: primero, porque no habían suficientes recursos para mantenerlos a todos (los Ejércitos marchan con el vientre, diría Napoleón); segundo, porque hacían más lentas las marchas y dejaban enormes rastros al enemigo; tercero, porque era mejor que el enemigo «se hiciera cargo» de ellos, lo que aumentaba el costo de los Aliados en su campaña final contra Paraguay.

Francisco Solano López. Desconocido – WASHBURN, Charles Ames. The History of Paraguay: With notes of personal observations, and reminiscences of diplomacy under difficulties, Vol. II, 1871.

Por esas razones, entre otras tantas, es ridículo afirmar que el Mariscal López desperdició armamento y material valioso para crear una «división» que cubriera su retaguardia, como falsamente y sin sustento se afirma.

Los convoyes de civiles refugiados paraguayos que fueron interceptados por los Aliados en la zona de Piribebuy y Acosta Ñu mayormente eran eso, civiles y refugiados que se ocultaban o huían de los horrores de la guerra y que debieron luchar por sus vidas ante el sanguinario ataque de los Aliados (que nadie esperaba llegarían a ese punto de ferocidad).

Habiendo dicho eso, llegamos al 12 de Agosto de 1869. Piribebuy, la Ciudad Mártir del Paraguay, estaba por entregarse a su gloriosa pira funeraria.

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La batalla fue breve pero de una intensidad memorable.

Sus heroicos acontecimientos fueron relatados y preservados de manera admirable por el pueblo paraguayo, que los recuerda con orgullo a pesar de la tragedia: a la mañana temprano, se acerca la bandera de rendición al Comandante de la Guarnición: los Aliados lanzarían un masivo ataque a las 8 de la mañana si las fuerzas paraguayas no arrojaban las armas. El Tte. Cnel. Caballero responde con frase memorable la afrenta: «estamos aquí para luchar y si es necesario, morir, pero jamás capitularemos».

Así pues, a las 8 de la mañana el Conde D’Eu ordena el ataque: 10.000 aliados bien pertrechados, con artillería y armamentos modernos contra una ciudad que a duras penas alcanzaba 1.800 habitantes, mayormente mujeres y niños, casi desarmados y sin provisiones.

El príncipe francés Louis Philippe Ferdinand Gaston d’Orléans, conde d’Eu (1842-1922).

La topografía de la ciudad era muy favorable para que los Aliados la hundan a cañonazos, pues se halla en una depresión. Pero los paraguayos estaban preparados y cavaron zanjas especiales para cubrirse de la artillería enemiga.

Finalmente, tras una lluvia de fuego y plomo, avanzó la vanguardia aliada encabezada por el Gral. Juan Mena Barreto, quien supuestamente era amante del Conde D’Eu (cosa que, personalmente, no creo cierta y son simples maledicencias). Tres veces lanzó una carga el comandante brasileño, tres veces fue rechazado con cañones que disparaban plomo, piedras, frutas, vidrio y cualquier objeto contundente que pudiera hacer daño.

General João Manuel Mena Barreto. A. de Pinho – VASCONCELOS, Brás Inácio de. [Gen.al João Manoel MENNA BARRETO]. 1872.

La furia de los brasileños crecía, pero también la resistencia paraguaya se dificultaba porque crecía el número de heridos: en el Hospital de Piribebuy eran transportados los caídos que, sumando con otras batallas y combates, alcanzaban cerca de 700.

Cerca del mediodía, el mismo Conde D’Eu desenvaina la espada y parece que lanzará personalmente el ataque. Pero quiso el destino que su querido amigo Gral. Mena Barreto le disuadiera, pidiéndole que no exponga su vida. Barreto gritó «que él mismo tomaría la ciudad o moriría en el intento». El Príncipe de Orléans cedió y la hora de la muerte sonaba para el guerrero brasileño…

En efecto, mientras el Gral. Mena Barreto dirigía con temeraria valentía un avance, el joven de 15 años Cabo Gervasio León, francotirador experto, dispara con uno de los pocos fusiles rayados que le quedaban al Ejército Paraguayo.

El tiro del Cabo León se estrella de pleno en el cuello del Gral. Mena Barreto, quien muere en el acto…

La noticia de esta sensible baja llega al Conde D’Eu, quien enfurecido ordena que todas las fuerzas aliadas avancen sobre la ciudad, que se aniquile a todo el que se resista y que se incendie Piribebuy entera de ser necesario.

Así se hizo…

Defensa de Piribebuy. 12 de Agosto de 1869. Dibujo de Walter Bonifazi. Crédito: Portal Guaraní.

Los «esclavos de la libertad» brasileños entraron con toda su fuerza al atardecer del 12 de Agosto de 1869. Los paraguayos, ya enormemente debilitados, no podían resistir mucho más. El último acto de esa gloriosa inmolación lo llevaron a cabo las mujeres de Piribebuy, quienes con picos, palas, utensilios de cocina, botellas, agua y aceite hirviendo se lanzaron sobre los atacantes aliados, siendo finalmente derrotadas.

El espasmo final de la resistencia paraguaya quedó reservado para el Maestro Fermín López y sus estudiantes, todos oriundos de Villarrica, que se encontraban junto al Comandante Caballero en la zona de la plaza central.

Los niños del Maestro Fermín lanzaron una carga a la bayoneta sobre la caballería aliada que arrancó lágrimas de emoción hasta a los mismos brasileños por tanto patético heroísmo. Todos, incluso el Maestro Fermín, encontraron la gloria eterna en esa última carga…

Herido y exhausto, el Comandante Caballero es capturado. Lo llevan ante el Conde D’Eu, quien vuelve a pedirle la rendición de la ciudad. El Tte. Cnel. Pedro Pablo Caballero se rehúsa, es llevado hasta el altar de la Iglesia de Piribebuy y ante la mirada de su esposa (una de las guerreras de la ciudad) y varios prisioneros, es sanguinariamente ejecutado.

Enceguecidos por la furia y siguiendo las órdenes del Conde D’Eu, los brasileños prenden fuego a todos los edificios importantes de la ciudad. Entre ellos, el gran Hospital de Sangre, al que dispararon con cañonazos y arrojaron bombas incendiarias mientras se hallaban dentro cerca de 700 paraguayos, que se quemaron vivos en el macabro acto.

Como dijimos, Piribebuy, la Ciudad Mártir del Paraguay, ardía en su gloriosa pira sacrificial…

Este acto, junto a lo que ocurriría pocos días después en la zona de Barrero Grande y que se llamó «Batalla de Acosta Ñu», fue la mancha más negra y oscura de tantas que tuvo el Ejército Aliado en su conducta durante la Guerra.

En honor a la verdad, cabe decir que las guerras de ese tiempo eran especialmente sanguinarias, pero someter a una ciudad entera a tanta destrucción y martirio era algo inédito en América Latina. De hecho, el Archivo Nacional, la Imprenta y el Tesoro fueron saqueados y vilmente destruidos por los Aliados al concluir la batalla.

Incendio del Hospital de Piribebuy. Fotograma de la película Cerro Corá. Crédito: Portal Guaraní.

Pero todavía quedaban otras historias que contar en esa trágica y gloriosa epopeya del Paraguay…

Emilio Urdapilleta

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