Independencia del Paraguay

Independencia del Paraguay

En las escuelas, colegios e institutos superiores y también en universidades, se enseña que Paraguay se independizó del Reino de España el 15 de Mayo de 1811. Sin embargo, y como todo en lo referente a nuestra “Patria Vieja”, esto no es sino una interpretación antojadiza, una más de tantas en la manoseada historia paraguaya. La “Independencia del Paraguay” se inició mucho antes, y concluyó recién años después de 1811.

SE INICIA EL PROCESO

El “Gran Corso” de los Franceses juró, en uno de sus momentos más inflamados, que “ya no toleraría la presencia de un sólo agente de Inglaterra en la Europa Continental”. Y se podría decir que desde el “18 Brumario” hasta Waterloo, en gran medida Napoleón cumplió, al menos por un tiempo, con su exclamación visceral y apasionada.

En esos tiempos, Inglaterra iba de derrota en derrota. Pero intentó aprovechar la oportunidad que se le presentaba con una vieja y alicaída enemiga: la España de los Borbones, que permitía la lenta fragmentación del Imperio que sus gloriosos ancestros de Trastámara y Habsburgo, con inmensos sacrificios, lograron mantener en pie por más de tres siglos. En 1806 y 1807, las tropas de la Marina Británica (unos 12.000 soldados bajo las órdenes del Marqués Portugués de Campo Mayor y Vizconde Británico, Gral. William Carr Beresford) invadieron Buenos Aires y Montevideo.

Al menos 2.000 soldados paraguayos (la élite militar del Ejército Colonial Español, experimentados hombres que luchaban hacía siglos contra los indígenas salvajes y los bandeirantes portugueses) formaron parte de los 15.000 criollos, mestizos y peninsulares de todos los rincones del vasto imperio que, con pésimas armas pero con grandes líderes y mayores convicciones, enfrentaron a la “Pérfida Albión” una vez más en tierras americanas.

La historia reciente recordaba al famoso Contraalmirante (y posteriormente Almirante de Palo Mayor y Marqués del Ovieco) Blas de Lezo y Olavarrieta, también conocido como “el tuerto de Cartagena”, quien con 3.000 soldados, 400 cañones y 6 buques de línea infligió a los ingleses (con 27.000 soldados, 1.500 cañones y 50 buques) una tremenda y decisiva derrota en el Asedio de Cartagena de Indias. Y los criollos que se hallaban en el Virreinato del Paraguay y Río de la Plata estaban inspirados, dispuestos a escribir una historia similar de gloria, “con victoria o derrota si Dios quisiera”.

Aquí es cuando aparecen los primeros nombres famosos en la historia de la “Independencia del Paraguay”. Luchando contra ingleses en Buenos Aires, defendiendo con valor incomparable Montevideo en la “Batalla de las Piedras”, empiezan a mencionarse los nombres de algunos famosos guerreros como el Tte. Cnel. Antonio Yegros y su hijo, Tte. Fulgencio Yegros (posteriormente Coronel), ambos nacidos en Paraguay.

Los futuros “Vencedores de Belgrano”, entonces Capitanes Manuel Gamarra y Atanasio Cabañas (quienes, por cosas del destino, fueron “leales” a España al darse la Independencia). El Alférez (y luego Capitán) Juan Valeriano de Zeballos, quien había llegado desde España junto a su superior inmediato, el Comandante de Artillería (ascendido a Coronel) Pascual de Urdapilleta, Señor de Vizcaya.

El joven Cabo y después Capitán Pedro Juan Caballero y sus recientemente enrolados compañeros bajo su mando, Soldados Vicente Iturbe y Mauricio Troche, todos ellos mestizos de familias ilustres. El mismo Gobernador del Paraguay, Don Bernardo de Velasco, tomó parte directa de las acciones y sus tropas recibieron profunda admiración y respeto por otro valiente soldado y luego Virrey Provisional, Don Santiago, Conde de Liniers, quien conocía a los paraguayos a fondo porque fue varios años Gobernador de las Misiones Guaraníes.

Con los ingleses derrotados una vez más, al sentimiento de triunfalismo que inundó los corazones criollos y mestizos se unió la idea de la auto-determinación. Pero estas “ideas liberales” tuvieron manifestaciones distintas en los distintos pueblos americanos, y en peculiar en el Río de la Plata.

Mientras que en Buenos Aires, ciudad de mercaderes, aduaneros y especuladores vinculados con las logias británicas se proponía una ruptura total con el que llamaban “arcaico” sistema español, mucho más al Norte, en la “Madre de Ciudades” Asunción, ciudad de aristócratas y tradicionalistas de larga raigambre que vivían de los sacrificios militares, los desarrollos agropecuarios y el “trabajo duro”, se veía una situación distinta.

La injustificada sumisión de la aristocrática Asunción, la ancestral capital, a la relativamente nueva y mercachifle Buenos Aires (fundada por paraguayos) que se daba el lujo de azotar con impuestos exorbitantes a los productos del país con “pretendidos aires de nobleza” que sólo existían en la imaginación de los “alocados porteños” (como se decía entonces), sumada a las constantes amenazas venidas desde las tierras portuguesas que nunca abandonaban sus intenciones de someter a los criollos y mestizos, despertaron los temores y recelos de los futuros “próceres”.

Llegaron noticias apremiantes a Asunción en Julio de 1810: en Buenos Aires se levantó un movimiento subversivo con la intención de independizar a todo el “Virreinato del Paraguay y Río de la Plata” del dominio español. Los líderes de este levantamiento eran, casi todos inequívocamente, miembros de las logias masónicas o cuasi-masónicas británicas como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo Matheu, Juan José Paso y otros, quienes trasmitían por toda la capital porteña noticias falsas o escandalosas que llegaban en goletas británicas, de supuestas atrocidades cometidas en Madrid, de abdicaciones, inmoralidades francesas a las que se sometían los Reyes Españoles (eran tiempos de Napoleón, cabe recordar, y los ingleses no dudaban en calumniar a su archienemigo y, de paso, a su secular adversaria España), etcétera.

El movimiento de los “libertadores” argentinos ganaría fuerza con la llegada del “paraguariensis” (como consta en su documento de identidad, en París) Don José de San Martín, también conectado con la masonería durante su pasaje por los Ejércitos de Europa y que vivió muchos años en Inglaterra, desde donde lanzó su plan contra la Corona Española.Y los paraguayos, advertidos de la insurrección bonaerense, se reunieron en el famoso “Congreso del 24 de Julio de 1810”, donde la figura fulgurante de un Juez de Paz de la Intendencia, ilustre patricio graduado como Licenciado en Filosofía en el Colegio de Asunción, y especializado como Doctor en Sagrada Teología en la Universidad de Córdoba, ganó enorme preponderancia.“No debemos permitir que esa cábala de facinerosos y turbulentos porteños se hagan del control del Paraguay” era su lema, que fue pronto adoptado por los “patriotas” y los “legalistas”. Sólo el partido “porteñista” liderado por el correntino Somellera y que tenía en sus filas a varios importantes próceres se oponía a las intenciones de ese hombre superlativo a quien se empezaba a conocer como “Doctor Francia”.

El debate en el Cabildo se puso muy caldeado. Algunos querían plegarse a la insurrección de Buenos Aires, otros más deseaban mantenerse en paz con los porteños y con España. Pero de nuevo, la voz de trueno de Don José Gaspar Rodríguez de Francia retumbó en el auditorio. Con dos pistolas en la mano, vociferó:“No estamos para perder el tiempo en discutir si nuestra lealtad será para el cobarde Rey de España o para su hijo sodomita. La única cuestión importante es saber si seremos o no independientes de Buenos Aires, de los portugueses y de Lima”.

Prevaleció en ese Congreso el acto que es considerado puntapié de la Independencia Paraguaya: desde Asunción se desconoció cualquier autoridad de Buenos Aires, aunque se aceptaba mantener relaciones amistosas con ella. La respuesta porteña no se hizo esperar: el improvisado Brigadier Manuel Belgrano fue despachado con 1.200 hombres perfectamente armados (posteriormente reforzados por otros 800, totalizando 2.000 soldados) para “someter” al Gobierno Paraguayo.

La expedición de Belgrano inició el 21 de Septiembre de 1810.El Gobernador Velasco llamó a todas las tropas disponibles, pero sólo unos 500 militares españoles y criollos se plegaron. Sin embargo, más de 3.500 milicianos nacidos en el país corrieron a enrolarse en defensa de la independencia paraguaya contra los abusivos y usurpadores porteños.

Con trabuquetes, mosquetes antiguos, palos y piedras se disponían a resistir.Belgrano obtuvo una pequeña victoria en el Combate de Campichuelo, luego de cruzar algunas escaramuzas con sus adversarios en el Paso Maracaná. Pero finalmente, la estrategia de los curtidos paraguayos, veteranos de mil batallas contra ingleses, portugueses e indios, terminó prevaleciendo: los porteños penetraron hasta Paraguarí, quedando alejados de sus bases y luego fueron atenazados el 19 de Enero de 1811.

Sufrieron una derrota atroz, que fue confirmada de forma decisiva a orillas del Río Tacuarí, el 9 de Marzo de 1811.Civilizados aristócratas, los paraguayos rindieron honores a su enemigo derrotado, y Manuel Belgrano prometió que ya no se molestaría ni menoscabaría al Gobierno de Asunción.Pero ya se había iniciado un proceso irreprensible.

Tanto los líderes criollos y mestizos, como los nativos paraguayos que habían salvado tantas veces a la Corona Española del desastre, estaban hartos. Querían reconocimiento, querían soberanía y libertad para dirigir sus propios destinos.

PRIMERA REPÚBLICA DEL SUR (MAYO, 1811 – OCTUBRE, 1813)

Menos de dos meses después de la derrota de Belgrano, sin derramamiento de sangre y prácticamente sin momentos de violencia, lograron formar un “Triunvirato” que confirmó lo que había comenzado el 24 de Julio de 1810.

El Gobernador Velasco, quien era leal a la Corona Española, aparentemente buscó apoyo de los portugueses en Brasil para intentar armar un frente que pudiera lanzar una contraofensiva contra los rebeldes e insurrectos porteños. Doña Juana María de Lara, quien actuaba como espía del grupo “patriota”, notificó a José Gaspar Rodríguez de Francia y Pedro Juan Caballero sobre estas noticias.

Al principio, hubo temor para actuar por dos motivos. En primer lugar, los paraguayos no sentían odio ni rencor hacia la Corona Española. Es más, muchos “peninsulares” como el Cap. Zeballos (nacido en Cantabria, fue instructor de muchos milicianos paraguayos, entre ellos el mismo Pedro Juan Caballero) y el Cnel. Urdapilleta (oriundo del País Vasco y que incluso tenía título de nobleza, era “Señor de Vizcaya”, hidalguía parecida al “Lord” de los ingleses, concedida a las familias linajudas vascas por los antiguos Reyes de España) fueron leales compañeros contra los británicos y porteños.

Pedro Juan Caballero. Fuente Imagen: Wikipedia

Y en segundo lugar, el grueso del Ejército se hallaba en el Sur, comandado por el Tte. Cnel. Fulgencio Yegros.Sin embargo, el Dr. Francia ideó los planes para que se actuara de inmediato, comunicándose a la distancia con los patriotas que se reunían (muy públicamente, dicho sea de paso) en la casa Martínez Saenz. Y éstos, liderados por el Cap. Pedro Juan Caballero, decidieron actuar sin que llegara Yegros. Contando con la ayuda del Tte. Mauricio José Troche y el Alférez Vicente Ignacio Iturbe (ambos compañeros de academia de Caballero) en la artillería, llevaron personalmente las notas de intimación al Gobernador Don Bernardo de Velasco.

En ellas, se acusaba a Velasco de intentar unirse a los portugueses para entregar y someter al país (no se sabe a ciencia cierta si esto era real, pero el Dr. Francia sabía que los paraguayos odiarían de corazón cualquier cosa que estuviera relacionada con los traicioneros y aleves “bandeirantes”, entonces se hizo circular esa versión), y que por ende debía abandonar el cargo de Gobernador en 24 horas o de lo contrario, se tomarían medidas drásticas: la artillería estaba dispuesta a disparar contra la gobernación, prefería eso antes que ser vasallos del Brasil.

Era la madrugada del 15 de Mayo de 1811.El Gobernador negó todas las acusaciones que le hicieron sobre su supuesto intento de entregar Paraguay a la Casa de Braganza.

José Gaspar Rodríguez de Francia. De Alfredo L. Demersay – Imagen provista por el Museo Histórico Nacional de Uruguay, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1194190

Sin embargo, pidió que le dieran tiempo para reflexionar la situación. Si Velasco hubiera querido, podría haber puesto a toda la caballería paraguaya en contra de los “patriotas”, pues tenía bajo sus órdenes a los vencedores de Paraguarí y Tacuarí, los Coroneles Manuel Gamarra y Atanasio Cabañas, que le fueron leales y que incluso capturaron a algunas personas armadas en las calles, que se decían “favorables a la revolución”. Pero Velasco prefirió la solución pacífica y sin derramamiento de sangre.

Aceptó entablar negociaciones con los “patriotas”, pero añadiendo modificaciones al acuerdo final. Caballero consultó con sus compañeros, y como estos tampoco querían recurrir a la fuerza (y al mismo tiempo, no les parecía descabellado negociar con un “camarada” como el Gobernador quien tan valientemente luchó junto a ellos contra británicos y porteños), aceptaron sentarse en la mesa de negociación, que duró pocas horas.Se resolvió la creación del famoso “Triunvirato”.

Fulgencio Yegros. Óleo pintado en 1910 por Pablo Alborno. Óleo pintado en 1910 por Pablo Alborno por encargo del gobierno del Paraguay para la conmemoración del primer centenario de la Independencia. Museo de la Casa de la Independencia Asunción Paraguay



El Gobernador Velasco seguiría siendo “Presidente” de dicha institución, contando como vocales a su compatriota Juan Valeriano de Zeballos y a la “mente maestra” de la revolución, José Gaspar Rodríguez de Francia. El mando provisorio del Ejército sería para Fulgencio Yegros, y toda la artillería quedaba a cargo de Pedro Juan Caballero.

Sonaron 21 cañonazos, marcando que a la hora 21 del 15 de Mayo de 1811 Paraguay era independiente. Doña Juana María de Lara, la espía de los “patriotas”, regaló al jefe de la artillería, Cap. Pedro Juan Caballero, un ramillete de flores rojas, blancas y azules felicitándole, en nombre de las mujeres paraguayas, por la victoriosa acción.

Sin embargo, aquí no concluye la historia… Hubo levantamientos, protestas, se apresó a muchos militares españoles, enemigos o no, de la revolución. Se decía que el mismo Velasco alimentaba los odios de estos, pero de nuevo, no habían pruebas.Más los próceres no quisieron correr riesgos.

Mandaron (por breve tiempo) al Gral. Bernardo de Velasco, al Cnel. Pascual de Urdapilleta, al Cap. Juan Valeriano de Zeballos y a todos los militares y civiles importantes, favorables o contrarios al pronunciamiento de Mayo, a confinamiento en distintos puntos del país. Esta situación duró hasta el establecimiento de la llamada “Junta Superior Gubernativa”, que decidió liberar a los españoles y remitir al ex-Gobernador Velasco a la ciudad de Santa Fe.

Pero este, que amaba sinceramente al Paraguay, regresó al país y allí falleció, en 1821, respetado incluso por el entonces Supremo Dictador Francia.La declaración definitiva de independencia fue el 12 de Octubre de 1813, cuando se estableció el Primer Consulado, con Yegros y Francia a la cabeza. Esto también es afirmado por el mismo Don Carlos Antonio López, quien ratificó la declaración del 12 de Octubre de 1813 el año 1854.

Con ese acto, mientras los demás países vecinos seguían en contiendas, guerras y descalabros, Paraguay se convertía en la “Primera República del Sur”. Y al leer detenidamente el transcurrir de los hechos, uno puede ver claramente que el proceso de independencia fue largo, tiene varias aristas y causas distantes (que apenas pincelamos breve en esta nota).

Pero en rigor de verdad, si se busca establecer una verdadera “fecha” para celebrar la Independencia del Paraguay, esa debería ser el 24 de Julio de 1810. Los acontecimientos del 14 y 15 de Mayo simplemente fueron continuación del proceso iniciado anteriormente y concluidos el 12 de Octubre de 1813.

¿Por qué, pues, se festeja el 15 de Mayo un evento que inició antes y concluyó después de ese día?

Es difícil responder sin entrar en planos ideológicos.

El historiador argentino Atilio G. Mellid, en su portentosa obra “Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay” diría que “los plumíferos del liberalismo internacional son quienes inventaron héroes falsos y fechas falsas para asemejar todo en Paraguay a las falsedades porteñas”.

Y el estadounidense Richard Alan White, autor de otra obra reveladora “Paraguay: La Primera Revolución Popular en América Latina” simplemente afirma tajante: “A la historia del Paraguay de Francia y los López, la intentaron borrar completamente del mapa”.

Conociéndose el famoso adagio “los vencedores escriben la historia”, nada de lo que afirman Mellid y White es imposible…

OBRAS RECOMENDADAS POR EL AUTOR:

*Atilio G. Mellid: “Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay”, tomo I.

*Richard Alan White: “Paraguay: La Primera Revolución Popular en América Latina”.

*Blas Garay: “Ensayo sobre la Independencia del Paraguay”.

*Bartolomé Mitre: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”.

*José Antonio Vázquez: “Francia Visto y Oído por sus Contemporáneos”.

Emilio Urdapilleta

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