Inglaterra y la Guerra contra Paraguay en 1864-1870

Inglaterra y la Guerra contra Paraguay en 1864-1870

1- NO ES NADA NUEVO ESTE ARGUMENTO.

Solamente algunos historiadores, valientes y decididos, que no dependen de dádivas foráneas ni responden a intereses de capillas herméticas, se han adentrado en este asunto que por muchos sigue siendo negado a rajatablas, como coro responsorio de celebración anglicana ante la pregunta sobre la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento. En el presente artículo, solamente tocaremos algunos aspectos que para quien escribe, demuestran fehacientemente la participación británica, cuando menos indirecta pero innegable, en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.

La idea de que los grandes capitales del Imperialismo Anglosajón estaban detrás de la guerra contra Paraguay se remonta incluso a autores como el francés Elisée Reclus (1830 – 1905), famoso geógrafo, sociólogo y anarquista quien tomó una postura favorable a los hispano-guaraníes durante la contienda. En su «Geografía Universal», en el capítulo dedicado al Paraguay, había escrito:

«Después de la guerra, casi toda la superficie del Paraguay, que dejó de ser ocupada, entró en el dominio público. Dueño de esta inmensa propiedad nacional, el gobierno la puso en venta, a tanto la legua cuadrada, según el valor de las tierras y la proximidad de los mercados. Los especuladores argentinos, ingleses y norteamericanos, se echaron sobre la presa, sin respectar siquiera las pequeñas porciones donde las familias guaraníes cultivaban el suelo de generación en generación, sin que hubiera tenido jamás de tener que hacer constar sus títulos de propiedad… En pocos años los vastos territorios fueron adjudicados a propietarios ausentes, y en adelante ningún campesino paraguayo podrá cavar el suelo en la patria sin pagar renta a los banqueros de Nueva York, Londres, o Ámsterdam».

Curiosamente, el Príncipe Luis de Orléans y Braganza (1878 – 1920), hijo del famoso Conde D’Eu, escribiría algo muy similar en su obra «Sous la Croix du Sud»: Paraguay terminaría sojuzgado por los capitalistas cosmopolitas del mundo anglosajón tras la «Guerra de la Triple Alianza». Quizás su Familia Imperial e incluso su propio padre Gastón de Orléans se arrepintieron de haber sido títeres de fuerzas oscuras internacionales que no solo perpetraron el aniquilamiento del «Viejo Paraguay» sino que también, a la larga, lograron que la Monarquía Brasileña fuera derrocada y quitada del gran tablero geopolítico para beneficio del liberalismo y el progresismo de «La Revolución».

Pero no crea el lector que solamente anarquistas franceses y derrocados monarcas brasileños fueron los únicos que dijeron esto. Tenemos las filosas palabras del celebérrimo diplomático y espía inglés Sir Richard Francis Burton en su siempre mal ponderada obra «Cartas desde los Campos de Batalla del Paraguay». Nos dice el Capitán de la Royal Navy quien fue amigo de la Emperatriz Victoria de Inglaterra (solo citaremos unos fragmentos):

«Motivos interesados habían hecho circular informes perversos en contra del Mariscal Presidente López y, salvo raras excepciones, la prensa europea estaba tan digitada que incluso a nuestro propio corresponsal, el Cónsul de Rosario, no le permitieron imprimir ni una línea en favor del Paraguay. El empréstito de guerra del Sr. Riestra (en Londres), efectuado en contra de todas las leyes de la neutralidad, debía apoyarse per fas et nefas. Luego del asunto Abrantes o Christie, había que tratar al Brasil con zalamería. Se hablaba de otro empréstito pero la guerra -un juego en el que en estos tiempos intervienen los súbditos y no los soberanos- le estaba costando al Imperio unos $200.000 per diem, es decir, la ganga de 14.400.000 libras esterlinas per annum. La imaginación de los anti-lopistas hacía descubrimientos asombrosos. El Mariscal Presidente del Paraguay se había negado a tratar directamente con un oficial naval inferior, teniendo en cuenta que el ministro plenipotenciario británico en Buenos Aires también estaba acreditado ante él. Enseguida se publicó en los periódicos una extensa orden, presumiblemente dada por el Primer Magistrado del Paraguay, por la que se instruía hundir al «Linnet» en caso de que este hiciera demostraciones bélicas» [Burton, 1998, pp. 415 – 416].

Burton no solo toma con sarcasmo y absoluto descredito la «propaganda de guerra» inventada contra Paraguay durante la contienda. Sigamos viendo cómo el Cónsul Británico ante Río de Janeiro pone en duda la neutralidad de su propio país y las patrañas inventadas contra el Mariscal López.

«El Sr. Gould, obedeciendo directivas de otro ministro plenipotenciario que tampoco había presentado sus credenciales ante el Gobierno del Paraguay, volvió a remontar el río el 4 de septiembre de 1868. Pero durante algunos meses de ese momento, se publicaron en todos los periódicos aterradores informes sobre las «atrocidades de López» y se consideró poco prudente desembarcar del «Linnet» (…). Un tal Sr. Nesbitt, ingeniero mecánico, luego de ver a su esposa y familia a bordo, declaró en su nombre y en el de una docena de compañeros de trabajo (británicos) que, como siempre, habían recibido buena paga, buen alimento y buen trato y no querían abandonar al Mariscal Presidente López en sus dificultades. Esto era irrefutable, pero los que deseaban inmiscuirnos en una vil guerra declararon que el Sr. Nesbitt se vio obligado a decir lo que dijo por temor a que mataran a sus compañeros y otros astutamente opinaron que el destino del pobre Rey Teodoro había cambiado el aspecto del asunto». [Burton, 1998, pp. 417 – 418].

La referencia al Rey Teodoro II de Etiopía (1818 – 1868) no es una casualidad por parte de Burton. Recordemos que según el embajador estadounidense Charles Washburn (quien es absolutamente contrario al Mariscal López), los diplomáticos ingleses encabezados por Sir Edward Thornton, consideraban que:

«El Paraguay estaba representado como la Abisinia (Etiopía) y López como el Rey Teodoro II. Un despotismo implantado de este modo era un obstáculo en el camino de la civilización. Insignificante en sí mismo, el Paraguay podía impedir el desarrollo y progreso de todos sus vecinos. Su existencia era nociva y su extinción como nacionalidad o la caída de la familia reinante debía ser provechosa para su pueblo como también para todo el mundo». [Pomer, 2008, p. 56].

En ese mismo tiempo, hablar de Etiopía y el Rey Teodoro II equivalía a proponer una expedición punitiva de Inglaterra contra el Paraguay, pues eso lo que hizo el Imperio Británico en Abisinia basándose en las más absurdas excusas sobre cuestiones diplomáticas pero en realidad, lo que buscaba era imponer su dominio sobre el Estrecho de Beb el Mandeb que controlaba el crucial punto geo-estratégico del Cuerno de África. El creciente poderío del Rey Teodoro II ponía en riesgo a las comunicaciones marítimas inglesas por dicha zona. El Mariscal Robert Cornelis Barón Napier de Magdala (1810 – 1890) dirigió el ataque británico contra los soldados etíopes encabezados por el aguerrido Teodoro II quien, tras haber sufrido una derrota decisiva en la Batalla de Magdala el 10 de abril de 1868, intentó concertar una paz con los ingleses. Estos le propusieron aceptarla con la condición de que el Emperador Abisinio debía abandonar el país y ser llevado como prisionero a Britania. Teodoro II se rehusó absolutamente y cuando estaba siendo abandonado por sus últimos hombres, se suicidó durante el combate final de la campaña para evitar ser capturado el 13 de abril de 1868, disparándose en la sien con un revólver que la Emperatriz Victoria le había regalado…

¡Un Jefe de Estado jamás puede permitirse caer con vida en manos de sus enemigos, es una afrenta contra la propia dignidad de la Patria! Los mismos ingleses no pudieron menos que reconocer el valor indomable de Teodoro II y lo enterraron en Etiopía, con todos los honores correspondientes a un Monarca. Cabe señalar que sin la inapreciable ayuda de los pueblos vecinos que eran enemigos de Teodoro II, los británicos jamás habrían derrotado al Emperador Abisinio.

El cadáver del Rey Teodoro II de Abisinia siendo observado por las tropas británicas del Mariscal Napier. Don Francisco Solano López Carrillo fue varias veces comparado con su contemporáneo Teodoro II de Etiopía por los problemas que causó a la dominación británica en el Río de la Plata, al igual que el monarca etíope en el Cuerno de África. En 1868, los ingleses acabaron con la resistencia del Rey Teodoro II y muchos querían que se hiciera lo mismo con Solano López. [Imagen: Simpson/Johnson/Jackson/Illustrated London News; 1868].
El cadáver del Rey Teodoro II de Abisinia siendo observado por las tropas británicas del Mariscal Napier. Don Francisco Solano López Carrillo fue varias veces comparado con su contemporáneo Teodoro II de Etiopía por los problemas que causó a la dominación británica en el Río de la Plata, al igual que lo realizado por el monarca etíope en el Cuerno de África. En 1868, los ingleses acabaron con la resistencia del Rey Teodoro II y muchos querían que se hiciera lo mismo con Solano López. [Imagen: Simpson/Johnson/Jackson/Illustrated London News; 1868].

La Historia Universal tiene sorprendentes similitudes, solo que a algunos obtusos les es sumamente inconveniente observarlas: dejarían de recibir las jugosas dádivas de los centros de poder internacional quienes son los que escriben las versiones oficiales que deben enseñarse a nivel mundial… Pero volviendo a Burton, este nos revela una vez más, con su habitual sarcasmo, que Britania hizo todo para favorecer a la Triple Alianza. Lo único que faltó, realmente, fue que enviara una expedición punitiva contra Paraguay. Nos explica (todos los paréntesis son míos):

«Se justificaba que el Mariscal Presidente López exigiera que (los británicos) fuéramos más estrictos en aplicar las leyes de la neutralidad. Brasil obtuvo permiso para comprar acorazados en Inglaterra… Embarcaciones británicas (y de otras nacionalidades) poblaban el río brindando todo tipo de asistencia a los Aliados». [Burton, 1998, pp. 419].

¡Qué más se podría añadir! Conste que solo estamos extrayendo algunos fragmentos que Sir Richard Francis Burton, quizás aguijoneado por la conciencia, dejó escritos. ¡Qué pueden decir Juan Carlos Herken Krauer o Alfredo da Mota Menezes ante estas sencillas pero contundentes confesiones hechas por el Cónsul y Confidente de la Emperatriz Victoria!

El «magnum opus» escrito en contra de la historiografía liberal y filo-británica nació de la pluma del argentino bonaerense nacionalizado paraguayo Atilio García Mellid (1901 – 1972). Su imbatible «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay» en dos volúmenes reveló cómo los compromisos sectarios y de cofradía luciferina masónica fueron los que movieron los hilos de la trama contra la tierra hispano-guaraní que se resistía a ser manejada por los intereses del globalismo londinense. Contra la monumental obra del ex diplomático y ministro peronista, hasta ahora sus adversarios solo han presentado epítetos, pero jamás la han refutado y conste que tiene algunos pequeños defectos de apreciación respecto a José de San Martín y Juan Manuel de Rosas, disculpables al venir de un sincero patriota argentino. Con prosa para el deleite, el mencionado autor encapsula en dos párrafos todo el drama de la Guerra de la Triple Alianza:

«Los liberales escribieron la Historia del Paraguay según convenía a sus intereses… Nunca pudo cicatrizarse en los corazones argentinos la herida que abrió la guerra bárbara con la que los representantes de la «civilización mitrista» asolaron a la tierra heroica y amada. Algún día tendremos que hacer acto de contrición ante el mausoleo en el que reposan los héroes paraguayos… Hoy he venido a cumplir esa promesa y lo hago con la conciencia de que interpreto el sentimiento de la inmensa mayoría de mis compatriotas… Y por amor. Porque el amor sostiene a la verdad como a la espada la cruz de la empuñadura… Mi amor por el Paraguay tiene causas diversas a las que va unida una pasión argentina, que es primera en mi vocación y a la que por sobre toda otra cosa me debo. Yo también, como Alberdi, llegué a descubrir que defendiendo al Paraguay y atacando a sus enemigos me reencontraba con lo mejor de mi patriotismo, pues estos ataques, lejos de ser odio de raza o de localidad, son imple amor a la República Argentina. Ese amor abrió mis ojos para mirar en profundidad todo lo que Paraguay significa para los argentinos».

«Porque Paraguay no es sino el espejo en el que se reproducen nuestras queridas provincias, víctimas como él de la prepotencia y la extorsión de Buenos Aires. En el Paraguay está el germen de la Confederación, que de haber sido escuchado por los elencos usurpadores del puerto, hubiera salvado la unidad geográfica y política del antiguo Virreinato (…). Paraguay simboliza la defensa áspera y heroica de los valores autóctonos de la América Española, que se negaron a rendirse y hubieron de ser aniquilados por las fuerzas sectarias y retrógradas de un liberalismo de extracción y finalidades ajenas a nuestra intransferible peculiaridad (…). La América Española, humillada y deformada por el liberalismo, tuvo su culminación en Cerro Corá. Allí están la medida y el drama de lo que fue la «derrota de América», pero también están el símbolo y el mito, la fuerza telúrica y la voluntad heroica de un pueblo que se hundió en la tierra de la muerte para renacer en las colinas de la vida. Donde culminó la imposición de fuerzas extrañas a nuestra realidad continental, se iniciará -así cabe esperarlo- la reconquista de nuestra autonomía, de nuestra personalidad diferente y de nuestro derecho a labrarnos un destino propio. Este es el mensaje que, a mi modo de ver, encierra el Paraguay en sus selvas milenarias, en la pureza primitiva de su alma y en el sueño grandioso y perenne del hombre paraguayo, a quien entrego estas páginas con la mejor dulzura de mi corazón». [García Mellid, 1963, vol. I pp. 17 – 18].

Muchas veces he leído con el corazón henchido de lágrimas esas prosas llenas de un sincero amor y reconocimiento a la verdad histórica que nos legó Don Atilio García Mellid, quien hasta hoy, salvo la carta de «nacionalización honoraria» y algunas condecoraciones más que le presentó el Gobierno del Gral. Alfredo Stroessner, ningún homenaje ha recibido por parte de nuestras élites liberales y democráticas, evidentemente porque contra su poderosa obra, que destartala a cuanto argumento ideológico filo-británico que se presente contra Paraguay, solo han sabido responder apelado a la descalificación, al epíteto y al sistemático silenciamiento. Aunque soy un feroz rival del «porteñismo» (que es sinónimo de «mitrismo»), jamás podría odiar a nuestros hermanos menores argentinos, pues ellos y solamente ellos nos produjeron a un Atilio García Mellid. En nombre de ese ilustre historiador, mi más sincero amor hacia los argentinos verdaderamente patriotas (es decir, paraguayistas y no porteñistas), como él mismo lo explicó, habiendo sido nativo de Buenos Aires.

Otro quien señala sin tapujos la influencia del Imperio Británico para promover la Guerra contra Paraguay es el brasileño Julio José Chiavenato, quien es injustamente vilipendiado por parte de las camarillas herméticas del globalismo liberal a causa de ello. Cierto es que su famosísima obra «Genocidio Americano» fue escrita con estilo periodístico y de polemista. También es cierto que el autor era de ideas filo-marxistas y muy opositor a la monarquía brasileña. Pero la mayoría de los datos que presenta en su mencionado trabajo son fácilmente demostrables y rastreables en la bibliografía sobre la materia. En «Genocidio Americano», desde el materialismo marxista pero sin descuidar otros aspectos de la realpolítica, se relata cómo los intereses mercantiles del mundo anglosajón se cernían sobre la región hispano-guaraní que logró un avance económico y social sin necesidad de recurrir a sus dádivas. La hostilidad del Imperio Británico contra Paraguay alcanzó la alevosía en noviembre de 1859 y nos relata Chiavenato el episodio titulándolo «Piratería Inglesa a la Luz del Día en el Plata»:

«Pacificada la Argentina, Solano López deja Buenos Aires… Y el imperialismo inglés, que cuando no puede actuar con cautela inventa pretextos que pueden tener peligrosas consecuencias internacionales, tiene una de las más descaradas acciones agresivas en América del Sur. Francisco Solano López volvía a Asunción en el Buque Tacuarí… Cuando salía de Buenos Aires, desgraciadamente, fue atacado por dos cañoneras inglesas. Al conocer las intenciones piratas de los ingleses -querían raptar a Solano López- el paraguayo envió un bote para verificar las verdaderas disposiciones del ataque. Los barcos ingleses dispararon al buque con tiros de cañón. López ordenó que el Tacuarí se aprestase rápidamente, lo que no fue posible: el capitán y los maquinistas eran ingleses y argumentaron a López que no podían luchar contra la bandera inglesa. Resultado: López volvió al puerto de Buenos Aires. Los acontecimientos fueron tan próximos que el pueblo porteño los ayudó y después de informar al gobierno argentino, fue por tierra hasta el Paraná, allá tomó otro barco y retornó a Asunción. Este episodio demuestra el atrevimiento del imperialismo inglés y su desprecio hacia los sudamericanos. El origen está, justamente, en la incapacidad del diplomático inglés W.D. Christie en conseguir un acuerdo comercial con Carlos Antonio López en 1858. La represalia llegaba en 1859 con el pretexto -y siempre los ingleses encontraban un pretexto- de desagraviar a un enigmático ciudadano, Santiago Canstatt, acusado de conspiración contra el Gobierno de Carlos Antonio López y apresado (…). Después de varios lances diplomáticos y notas vigorosas, Canstatt fue liberado. En ese momento Solano López se preparaba para dejar Buenos Aires y Christie, el diplomático negociante frustrado, ordenó al Almirante Lushington que abordase el «Tacuarí» y raptase al hijo de Carlos Antonio (…). Ese incidente de opereta sirve para demostrar al servicio de quién se colocaba un almirante de la escuadra inglesa, como Lushington, y con qué irresponsabilidad y audacia el imperialismo inglés daba sus avisos de intolerancia al Paraguay. El personaje central de esa aventura en el Plata fue el propio Solano López». [Chiavenato, 1989, pp. 63-64].

Puede molestar el lenguaje y estilo marxista de Chiavenato, pero los hechos son los hechos y su interpretación es correcta. Los brasileños alegan que ellos también tuvieron sus incidentes diplomáticos con Inglaterra en esos tiempos, incluso con el mismo W.D. Christie. Pero habría que preguntarnos si llegó a alcanzar el bochornoso y pérfido nivel de este acto de terrible agresión contra Paraguay. Hagamos una pregunta con sentido de comparación: ¿alguna vez la Royal Navy cañoneó al buque insignia de la flota brasileña que portaba dentro, nada más y nada menos, que a la Princesa Leopoldina o al mismo Conde D’Eu, intentando secuestrarlos? Porque eso fue lo que se hizo con el incidente protagonizado por el Almirante Lushington en las inmediaciones del puerto de Buenos Aires. Los buques «Buzzard» y «Grappler» dispararon contra el «Tacuarí» en donde iba el entonces Vicepresidente de la República y futuro Jefe de Estado del Paraguay, Don Francisco Solano López Carrillo. Pido a Alfredo da Mota Menezes, Juan Carlos Herken Krauer o al mismo Francisco Doriatoto que me muestren algún incidente de similar envergadura, en el que los marinos ingleses intentan hundir y/o capturar al heredero de la corona brasileña. Me quedo fumando una pipa bajo el agua esperando su respuesta…

Pero hasta una historiadora de cuño progresista y neo-marxista como la aguda mexicana Gaya Makaran, en una obra en la que pretende «desmitificar» a aquello que denomina los «mitos del nacionalismo», reconoce la influencia del Imperio Británico para la gestación de la Guerra contra Paraguay. Importante es señalar que para esta autora, en una obra que busca oponerse a las «versiones oficiales» de la historiografía sobre la materia, la población paraguaya antes de la contienda de 1864-1870 estaba en torno a 1.300.000 habitantes, tal y como reportaban los censos oficiales del gobierno de los López. [Makaran, 2014, p. 37] ¡Sin embargo, no faltan los «genios» que todavía siguen bailando la rumba de los falsificadores de la historia anglosajones quienes buscan imponer, a cómo de lugar, que nuestro país apenas tendría 450.000 pobladores en 1864.

Lastimosamente, la autora que buscaba «desmitificar» al nacionalismo paraguayo, no atacó a uno de los más grandes mitos de nuestras élites: la supuesta admiración del Dr. Francia al delincuente ginebrino Rousseau o el supuesto ceñimiento de los López a ideales de la Revolución Francesa. No obstante, esa discusión es arena de otro costal y la bonita mexicana adecuadamente comprendió que los Gobiernos de Francia y López, a lo sumo, fueron «nacionalistas civiles» de cuño ilustrado (patriotismo clásico, dirían algunos) pero nunca tuvieron el elemento «nacionalista moderno» decimonónico y marcadamente liberal. Pero llegamos al asunto de la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Nos dice Makaran y los paréntesis son míos:

«Este cambio de estrategia del gobierno lopista (con la llegada de Francisco Solano López), que apostó por la participación activa y el reajuste de fuerzas, según la doctrina del equilibrio regional, coincidió con las tendencias revisionistas de sus vecinos en cuánto a los límites paraguayos (…). Si a todo esto añadimos además los esfuerzos imperialistas británicos de abortar la soberanía económica de Paraguay, sin duda un «mal ejemplo» para la región, y el clima ideológico de la época, sobre todo en Argentina -liberalismo-, no tenemos la menor duda de que el conflicto era inevitable». [Makaran, 2014, pp. 54 – 55].

A pesar de su progresismo posmoderno, la historiadora mexicana logra ver la realidad del asunto. El conflicto era inevitable muy a pesar de los esfuerzos del Mariscal López. Y en esas mismas páginas la autora hasta coincide con Don Atilio García Mellid, señalando al liberalismo porteñista y filo-británico como principal motivo ideológico detrás de la contienda. Recordemos que la mexicana en la presente obra está «desmitificando» los discursos nacionalistas, o sea que en contrapartida, da por absolutamente válida la intervención británica para preparar el conflicto contra Paraguay. Continúa diciendo:

«La justificación oficial de la guerra contra Paraguay indicaba la culpabilidad del mismo Solano López, tirano y verdugo de los paraguayos a los que los aliados prometían traer la soñada libertad y la democracia. En realidad, el conflicto fue mucho más premeditado y la guerra civil uruguaya sirvió de pretexto a las potencias aliadas: Argentina, Brasil e indirectamente Gran Bretaña, para terminar de una vez por todas con la «ínsula paraguaya» y su camino alternativo de desarrollo». [Makaran, 2014, pp. 56].

Algunos leerán esos párrafos y si son liberales filo-británicos, se estirarán de los pelos y dirán «¡con esta clase de desmitificadoras del nacionalismo paraguayo, para qué queremos desmitificadores!». Pero para un verdadero historiador, el asunto no es solamente «atacar mitos» sino reconocer y decir eso que se ajusta a la realidad histórica. Makaran, por más que por sus propios sesgos ideológicos (que son notorios) quiera ir contra todos los relatos «míticos» que encuentre por su camino, por profesionalismo y amor al oficio de historiadora no puede menos que reconocer la influencia británica detrás de escenas e incluso como un indirecto «cuarto aliado» en la contienda contra Paraguay, que se desarrollaba como un «mal ejemplo» para la dominación inglesa en la región. ¿Cómo les queda el ojo a los que piensan que absolutamente «todo» es un «invento del lopismo»?

Todavía la citaré en un último pasaje (mis paréntesis):

«Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas: el genocidio de unas tres cuartas partes de la población en su mayoría masculina, destrucción del país y su capacidad productiva, hambre, epidemias, pérdida del territorio, endeudamiento -préstamos, nota bene, de la banca inglesa-, ocupación extranjera después de la guerra y la destrucción del legado político y económico de los López. Los nuevos gobiernos impuestos por los vencedores impulsaron una serie de reformas a favor de la oligarquía, hasta entonces exiliada en Buenos Aires, como la privatización de tierras estatales, el restablecimiento del latifundio -fin de las Estancias de la Patria- y la liquidación de los monopolios del Estado. La industria se había desvanecido, la educación pública y gratuita desapareció, el ferrocarril y la línea de telégrafos fueron confiscados como medios de pago para la deuda de guerra. La misión «civilizadora» de los aliados dejó un paisaje desolador, pero conforme con los intereses (liberalismo filo-británico) que la habían impulsado». [Makaran, 2014, pp. 57-58].

¡Quod erat demostrandum! Merci beaucoup, Madame Makaran. Una escritora de cuño progresista posmoderno termina desmitificando tanto a los «falsificadores de la historia» que al final, le falta muy poco para quedar en el equipo de Atilio García Mellid (¿los opuestos se atraen?). Cuando leo esta clase de «desmitificaciones al nacionalismo» lo único que me queda es gritar «Viva México» y que nos manden a más Gayas. Conste que tengo mis profundas diferencias con ella en otros aspectos de su relato, algunas ya las he señalado.

Pero con todo esto esto solo queríamos mostrar que el argumento de la «participación británica» contra Paraguay no tiene nada de nuevo. Se remonta incluso a la época de la misma guerra. Y mucho menos se puede decir que esté «descartado» por la historiografía actual. Todo lo contrario, continúa siendo profundamente estudiado y dado por válido incluso por «desmitificadores del nacionalismo». Que otros hayan querido desmeritar al argumento atacando a las tendencias ideológicas de los que lo hicieron popular, no quita el hecho de que sigue siendo bastante difícil negar todo lo que arriba está escrito.

2- SIGA EL RASTRO DE LA DIPLOMACIA Y DEL DINERO.

La acción de los diplomáticos ingleses contra Paraguay era indisimulada. Es harto conocida la postura de Sir Edward Thornton, a quien ya hemos mencionado y no perderemos tiempo en ello. Solo baste recordar que estuvo presente en las Reuniones de Punta del Rosario (donde se acordó la Guerra contra Paraguay, en 1864) y en la firma del Tratado Secreto de la Triple Alianza, que supuestamente se dio en 1865. Pero pocos hablan de su reemplazante, Sir George Buckley Mathew (1807-1879). Thornton al menos intentaba actuar con sigilo, pero Buckley Mathew ni siquiera apelaba a las sutilezas. Véanse este par de ejemplos, recogidos gracias a la «Paraguayan Investigation» por obra y gracia del Gral. Martin T. McMahon (1838-1906), ese gran estadounidense que fue campeón de la verdad, es decir, de la causa paraguaya durante la Guerra de la Triple Alianza. En los documentos que leeremos a continuación, el Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica en el Río de la Plata está pidiendo a la flota estadounidense de la región organizar una «expedición conjunta» para acabar con el gobierno del Mariscal López. Léalo Ud. mismo:

«Al General Watson Webb. 15 de octubre de 1868:

Estimado General. ¿Me permite Ud. preguntarle qué está haciendo con relación al tratamiento de su Legación del Paraguay? Su la última carta publicada como escrita por el Sr. Bliss es auténtica, su tono, siendo decirlo, confirma la creencia de que fue escrita bajo tortura. Circulan todo tipo de rumores, francamente confieso que, en vez de oírlos, hubiera preferido oír noticias de alguna decisión enérgica. Me resultaría muy doloroso ver el prestigio de los Estados Unidos en este país disminuido debido a alguna demora indebida o a alguna vacilación en un caso que parece más grave que el nuestro en Abisinia. En verdad me pregunto si no deberían unirse todas las naciones para hacer entrar en razones a ese monstruo (Solano López). Las últimas informaciones que tengo aseguran que López ordenó la ejecución de su hermana y hermanos. Con mis mayores respetos para la Sra. Webb, considéreme, estimado General, su sincero servidor. George Buckley Mathew». [Davis, 1985, pp. 502 – 503].

Por lo demás, de nuevo el caso de Abisinia es mencionado. Y se puede ver con total claridad cómo el Ministro Británico está «cabildeando» para que la flota anglo-americana se una y lance un ataque contra Paraguay en 1868. Otra cosa graciosa: aquí ya hablaban de que el Mariscal López había ordenado la muerte de sus hermanos, siendo que esos episodios recién se darían en diciembre de ese año, suponiendo que hayan sido ciertos. ¿Curioso, no? Tenemos más muestras que valen un botón. Continúa el Ministro Buckley Mathew diciendo mentiras escandalosas.

«Al General Watson Webb. 6 de Octubre de 1868:

Estimado General. No es agradable dar una mala noticia más, pero una comunicación recibida a última hora me dice que nuestro desventurado compatriota Bliss ha sido cruelmente torturado y que su compañero (Masterman) ha sido, según informes, fusilado. Si el Tío Sam (Estados Unidos) lo soporta, nunca más podrá levantar la frente. Su sincero servidor. George Buckley Mathew». [Davis, 1985, p. 513].

No podemos agradecer suficientemente al Gral. Martín T. McMahon, quien motivó la «Paraguayan Investigation» de donde se extraen todos estos documentos obrantes, en ese entonces, en la Legación de los Estados Unidos en Paraguay y Río de Janeiro. Sigue embarrándose Inglaterra gracias a su Ministro Buckley Mathew, según los testimonios del Gral. Watson Webb, Embajador yanqui ante el Gobierno de Brasil:

«Mientras escribía, me entregaron lo siguiente del Ministro británico, escrito ayer. No he visto al Gobernador Mathew por una semana, pero sé que él expresa los deseos del cuerpo diplomático y los deseos de cualquier americano patriota de esta región.

Al General Watson Webb. 9 de Octubre de 1868:

Estimado General. ¿Irá su flota hacia el Sur para remontar el río? Espero que sí. Yo pienso que deberíamos organizar una acción conjunta contra ese miserable (Solano López) que tiene todavía para muchos meses con un enemigo como Caxias. Su sincero servidor. George Buckley Mathew».

Después de leer estos documentos oficialísimos en los que George Buckley Mathew, reemplazante de Edward Thornton, está impulsando que se lleve a cabo una expedición punitiva contra el Paraguay tal y como lo hizo Su Majestad Británica contra Abisinia, ¿puede existir alguien que se atreva a decir que Inglaterra fue «neutral»? Su postura fue como mínimo, «no beligerante» pero jamás «neutral», pues apoyó a los Aliados hasta el punto de llevar a cabo estas intrigas que de haberse concretado, solo habrían representado un tremendo desprestigio para Inglaterra hoy día. Les fue suficiente con la intimidación, con la financiación y con el trabajo de sus esbirros regionales. Y aquí debemos recordar la frase del gran teórico del ajedrez Aaron Nimzowitsch: «La amenaza es más poderosa que la ejecución». Esta fue la razón por la cual, en pleno 1867-1868, el Mariscal López debió jugar con superlativa sagacidad en el tablero diplomático, liberando a muchos súbditos ingleses que servían a sus intereses y que al llegar a Buenos Aires y Río de Janeiro, revelaron todos los secretos de su defensa y planes estratégicos. Incluso la detención del entonces Embajador de Estados Unidos Charles Washburn no fue sino un meticuloso plan para «pactar la paz» con los yanquis, quienes estaban siendo abiertamente presionados por los ingleses para atacar en conjunto al Paraguay.

¡Nunca será bien ponderada la suprema genialidad diplomática del Mariscal López, quien incluso en ese acuciante momento de nuestra historia, logró burlar las intrigas británicas! Lastimosamente, solo la Guerra de la Triple Alianza no pudo evitarse porque… ¡Era inevitable!

El argentino León Pomer en su famosa obra «Guerra del Paraguay: Estado Política y Negocios» demostró fehacientemente la participación de capitales ingleses para la financiación de la contienda contra la nación hispano-guaraní de Francia y los López. A la cabeza de estos manejos pecuniarios se hallaban la Casa Baring y la Casa Rothschild, quienes otorgaron enormes sumas de dinero a los gobiernos del Imperio de Brasil y la República Argentina para llevar a cabo la «Cruzada Libertadora» sobre el Uruguay Blanco Conservador y sobre el Paraguay Reaccionario. El ministro argentino Norberto de la Riestra fue enviado por Bartolomé Mitre a Londres para obtener las ayudas financieras necesarias para sojuzgar al Paraguay. Relata Pomer:

«A poco de estallada la guerra, Mitre envía a Norberto de la Riestra a Londres. Por ley del 27 de mayo de 1865, el Poder Ejecutivo había quedado facultado para negociar 12.000.000 de libras esterlinas con el 6% de renta anual. La ley señalaba que al pago de la deuda se afectarían rentas generales y que la garantía estaría constituida por bienes de la Nación. La colocación del empréstito fue encomendada a Baring Brothers, quienes debieron hacerlo en dos tiempos. 1- En 1866 colocan 518.000 libras al 78%. 2- En 1868 colocan 1.982.000 libras al 72,5% (…). La Nación contrajo una deuda de 2.500.000 libras». [Pomer, 2008, pp. 208].

No se descuida Pomer de pegar con un palo a Juan Carlos Herken Krauer y demás, quienes con aparente inocencia e ingenuidad, no tienen en cuenta estos aspectos para hablar de la influencia británica en la contienda. Además, correctamente señala el historiador argentino que el Gobierno de Francia y los López, lejos de responder a ideologías modernas, estaba organizado según el modelo monárquico y paternalista heredado del Imperio Español. Como nota de color, cabe agregar que los banqueros ingleses aprovecharon para especular con algarabía y sin tapujos ante la necesidad monetaria de los porteños (¡como siempre!), solo adelantándoles el dinero cuando tenían asegurada la ganancia, poniéndoles tasas de interés que hoy llamaríamos usurarias y dándoselo a cuentagotas, en función a lo ocurrido en la contienda, como si fuera una especie de «premio» por los avances bélicos. Nos recuerda el famoso refrán acuñado por los mismos ingleses: «War is Business». Por supuesto, con la condición de que los otros sean los que peleen y uno recoja esas ganancias sin lastimarse un solo dedo.

En el caso del Imperio del Brasil, ellos contaban con la brillante actuación del Vizconde de Mauá, Don Ireneo Evangelista de Souza. Este hombre era socio de la Banca Rothschild e incluso logró fusionar el banco que él mismo fundó con el de sus citados pares londinenses. Sin embargo, todo sea dicho, el entonces Barón de Mauá, a pesar de sus ideas liberales, se oponía a la Guerra contra Paraguay pues veía que no favorecía a los intereses brasileños: Inglaterra pedía demasiada libra de carne a cambio de sus apoyos económicos y además, eran los revolucionarios anti-monárquicos quienes sacarían ventajas con el endeudamiento del Imperio (a pesar de que en su juventud, abrazó la causa de los republicanos); incluso llegó a pensar que el Gobierno de Paraguay era preferible al de Buenos Aires. Pero el Emperador Don Pedro II, engañado por sus propias ideologías progresistas y por la masonería brasileña a la que pertenecía, quería la guerra. Mauá, leal a su monarca (y también, viendo la oportunidad de negocios), obedeció la orden a pesar de sus patrióticas objeciones. Sobre el gran talento del famoso Barón Brasileño, un uruguayo escribió:

«Con este bagaje de experiencia, ideas y audacia, Ireneo Evangelista de Souza será, durante décadas claves entre 1847-1875, la figura central de la transformación del Brasil… Creará también la primera «multinacional» brasileña; a partir de diversas reorganizaciones la Casa Mauá tendrá bancos en nueve ciudades de Brasil y en Montevideo, Buenos Aires, Manchester y Londres. Será un pionero de la globalización de la economía, el primer empresario brasileño respetado en el exterior, socio de los Rothschild y de los Baring, personaje citado por Julio Verne en La Vuelta al Mundo en 80 Días». [Abreu, 2016, pp. 71-72].

El Barón de Mauá, socio directo de la Banca Rothschild en el Brasil, logró que estos famosos prestamistas ingleses de origen judío otorguen la financiación necesaria para la Guerra contra Paraguay. Unos entendidos argentinos lo relatan (mis paréntesis):

«Mientras Baring Brothers cologaba sus empréstitos en la Argentina, para financiar en parte la invasión, la Banca Rothschild otorgaba en 1865 -como resultado del viaje de Mauá y la firma del Barón de Penedo- en conjunto con las bancas Jecker y Fould de Ámsterdam, un empréstito de 6.363.613 libras esterlinas al 74% con una comisión del 5%. La misión de Mauá no se limitará a realizar el empréstito. Gestionará con éxito también la fusión del Banco Mauá con el de Londres (de Rothschild) en el Brasil. Toda la guerra costó al Brasil 600.000 contos, que Buckley Mathew calculó en 1866 a un costo de 200.000 libras diarias. Brasil no solo contrajo el empréstito externo sino que tuvo que emitir otro interno complementario de 30.000 contos, tipo 90, del 6, pagado en 1866 en comisiones. Mauá fue denominado a raíz de sus éxitos financieros el «Caxias de la Economía Brasileña» por Tristán D’Athayde, lo cual era cierto, ya que si es exacto que el Marqués de Caxias destruyó al Paraguay en los campos de batalla, Mauá contribuyó a hacerlo financieramente en el campo de operaciones bancarias. Dirá Normano que Brasil fue, durante un largo período, un medio no oficial del comercio financiero de Gran Bretaña. El Eje Bancario (Baring Brothers-Rothschild-Mauá) contra el Paraguay estaba totalmente preparado…». [Ortega y Duhalde, 2015, pp. 160-161].

También es cierto que el Vizconde de Mauá coincidía en otra cosa con el Duque de Caxías: ambos consideraban que la destrucción del Gobierno Paraguayo solo beneficiaría a los enemigos de la monarquía brasileña y a los porteños. ¡El tiempo terminaría dándoles la razón! Pero como ya se ha dicho, Don Pedro II, caprichoso y obcecado, quería la guerra y ellos obedecieron.

Para descubrir el «hilo invisible» que conecta a la acción británica contra Paraguay, no hay que apelar a trucos muy complicados. Simplemente hay que seguir el rastro de sus diplomáticos y de sus libras esterlinas.

3- UN BREVE ENSAYO DE GENEALOGÍA.

Un historiador que no hace genealogía, no puede llamarse historiador. Pero lastimosamente, la mayoría de los que tenemos apenas son calígrafos que hurgan en papeles viejos, sin tener la capacidad de hacerlos hablar y darles un significado. En fin, en este breve ensayo de genealogía solo citaremos a los más famosos personajes de la Familia Baring y la Familia Rothschild, los banqueros que financiaron la Guerra contra Paraguay en 1864-1870. No vamos a nombrar a los que no son suficientemente importantes para los fines de este ensayo, nos limitaremos a los que alcanzaron prominencia en el servicio público y que hayan nacido en los años previos a la contienda.

Aquí será importante aclarar que si bien ambas casas bancarias, las más importantes de Inglaterra en el siglo XIX, eran propiedad privada, sus líderes formaban parte de la aristocracia y el gobierno británico. Algunos alegan como argumento en contra de la tesis de que Britania nada tuvo que ver con la Guerra contra Paraguay, que las decisiones «privadas» de los banqueros nada tienen que ver con las políticas del gobierno al que pertenecen. Ya hemos visto lo que el mismo Sir Richard Francis Burton opinó al respecto, pero hagamos una rápida inspección biográfica a los principales «accionistas» de las bancas Baring Brothers y Rothschild.

«Barings Bank», la compañía bancaria comercial más antigua de Inglaterra, fue fundada en 1762 por Sir Francis el 1° Barón Baring (1740-1810).  Como podemos ver, formaba parte de la nobleza menor británica y su principal actividad económica en sus inicios era la esclavitud y las plantaciones de azúcar, especialmente porque fue Director de la famosa East India Trading Company. Sus principales colegas y valedores eran los banqueros judíos de Ámsterdam.

Los herederos de Sir Francis Baring fueron sus tres hijos. El primero de ellos (aunque no el primogénito, aquí solo estamos contando a los hombres que continuaron el negocio bancario del padre) fue Sir Thomas el 2° Barón Baring (1772-1848), quien fue Miembro del Parlamento Británico. El segundo heredero fue Lord Alexander Baring el Barón Ashburton (1774-1848), que formaría parte del Consejo Privado de Su Majestad Británica y sería Presidente de la Mesa de Comercio del Reino. El tercero de los hijos que continuaría el oficio familiar también formó parte de la «Cámara de los Comunes» y se llamó Henry Baring (1777-1848). Fueron estos hermanos quienes dieron nacimiento posteriormente a «Baring Brothers».

Y ahora veamos a los nietos del Banquero Baring, quienes siguieron con el oficio de sus ancestros.

Sir Thomas el 2° Barón Baring tuvo a los que se destacan a continuación (utilizaremos letras para citar, no números, pues no estamos citando el orden verdadero de hijos, solo a los notables):

A- Lord Francis Thomas el 3° Barón Baring de Northbrook (1796-1866), primogénito quien además de seguir el oficio de sus ancestros, fue miembro del Consejo Privado de Su Majestad Británica y llegó a ser Ministro de Hacienda del país, además de ser un gran amigo de Lord John Russell.

B- Thomas Baring (1799-1873), fue Miembro del Parlamento y Director del Banco de Inglaterra y del Lloyds Bank, además de accionista de Baring Brothers.

Por su parte, Lord Alexander Baring el Barón Ashburton engendró a los que destacamos a continuación:

A- Bingham Baring el 2° Baron Ashburton (1799-1864), que formó parte del Consejo Privado de Su Majestad Británica y fue Tesorero General del Reino además de Miembro del Parlamento. Por supuesto, accionista de la banca de su familia.

B- Francis Baring el 3° Barón Ashburton (1800-1868), Miembro del Parlamento Británico, famoso esclavista y accionista de la banca de su familia.

Por último, para no extendernos en la genealogía de los Baring, véamos a los hijos destacados de Henry, nietos del Fundador de la Casa Baring. Recordemos aquí que solo estamos citando a los que consideramos «notables» para los fines de este ensayo.

A- Henry Bingham Baring (1804-1869): Miembro del Parlamento Británico y hombre de negocios.

B- Lord Edward Charles Baring Barón de Revelstoke (1828-1897), se dedicó a la vida bancaria, estuvo casado con una encopetada familia de la aristocracia británica y fue Director del Banco de Inglaterra.

C- Evelyn Baring el Conde de Cromer (1841-1917), Embajador y Cónsul General en Egipto, accionista bancario, miembro del Consejo Privado de Su Majestad Británica.

Lo dejaremos allí porque sería extensísimo. Como dijimos, solo nombramos a los que nacieron en los años inmediatamente anteriores a la Guerra contra Paraguay en 1864-1870 y alcanzaron puestos públicos de importancia en el Imperio Británico. Por supuesto que los no mencionados, entre ellos las mujeres, también tenían su propia influencia, pero mantenían un perfil mucho más privado.

Todavía tenemos para divertirnos con la Casa Rothschild, cuyo fundador fue Mayer Amschel Rothschild (1744-1812). De orgullosa impronta judía, los miembros de la familia eran serios practicantes de la religión de sus ancestros mientras llevaban a cabo sus negocios usurarios y especulativos. Tuvo varios hijos a los que envió para continuar sus negocios en las diferentes capitales europeas. El más célebre de ellos fue Nathan Mayer Rothschild (1777-1836), quien se estableció en Manchester, Inglaterra.

Los Rothschild Británicos se convertirían en un verdadero imperio financiero y en prominentes miembros de la masonería anglosajona. Entre los nietos más destacados de Mayer Amschel Rothschild, hijos de Nathan en Manchester, tenemos a los siguientes (citamos solo a los que consideramos «notables» para los fines de este ensayo, excluyendo a los demás):

A- Lionel Nathan el Barón Rothschild (1808-1879), fue un banquero y político quien sirvió como Miembro del Parlamento Británico, el primer judío practicante en hacerlo. Su primer hijo hombre, Nathaniel Mayer el 1° Barón de Rothschild (1840-1915), fue accionista bancario, Miembro del Parlamento Británico y Miembro del Consejo Privado de Su Majestad Británica. En esta línea también destaca Alfred Charles de Rothschild (1842-1918) quien fue uno de los mejores amigos del futuro Rey Eduardo VII de Britania y además tiene el mérito de ser uno de los más jóvenes directores del Banco de Inglaterra y el primer judío practicante en serlo, puesto al que accedió en 1868.

B- Sir Anthony Nathan 1° Barón Rothschild (1810-1876) quien fue ennoblecido por la Emperatriz Victoria, se dedicó a las inversiones privadas y fue el que mantuvo más estrecho contacto con el Vizconde de Mauá.

C- Mayer Amschel de Rothschild (1818-1874) fue Miembro del Parlamento Británico y Recaudador de Impuestos del Reino. 

Volvemos a insistir con que solo hemos citado a los que consideramos importantes para los fines de este ensayo (por eso usamos letras en vez de números para indicarlos). Y habiendo visto estos linajes solo cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que haya gente que diga que el Imperio Británico «nada» tuvo que ver con la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay?

Baring Brothers y la Casa Rothschild de Inglaterra, los principales financistas de la Alianza, todos formaban parte de la nobleza británica, cierto que la menor, pero con poderosísima influencia por su capacidad monetaria como banqueros. Pero a esto se debe añadir que los más prominentes miembros de esas familias (sin haber mencionado a las mujeres, por ejemplo, que de todas maneras también poseían influencia por medio de los matrimonios aristocráticos) casi todos, sin excepción, eran como mínimo Miembros del Parlamento. No faltan entre ellos Ministros, Tesoreros Generales, Directores del Banco de Inglaterra, Miembros del Consejo Privado de Su Majestad Británica… ¿Puede uno ser tan sesgado u obtuso para pensar que estos personajes «no tenían influencia alguna» en el Gobierno de Inglaterra? ¡Y solo citamos a algunos!

Pero dejamos con esa pregunta al lector…

4- REFERENCIAS.

*Burton, Richard Francis (1998): «Cartas desde los Campos de Batalla del Paraguay». Buenos Aires, Argentina: Editorial El Faro.

*Pomer, León (2008): «La Guerra del Paraguay. Estado, Política y Negocios». Buenos Aires, Argentina: Editorial Colihue.

*García Mellid, Atilio (1963): «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay», en dos volúmenes. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Theoria.

*Chiavenato, Julio José (1989): «Genocidio Americano: La Guerra del Paraguay». Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

*Makaran, Gaya (2014): “Paraguay: El Nacionalismo y sus Mitos”. México D.F.: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe – Universidad Nacional Autónoma de México.

*Davis, Arthur H. (1985): «Martín McMahon: Diplomático en el Estridor de las Armas». Asunción, Paraguay: Imprenta Militar y Dirección de Publicaciones de las Fuerzas Armadas de la Nación.

*Abreu, Sergio (2016): «La Vieja Trenza: La Alianza Porteño-Lusitana en la Cuenca del Plata 1800-1875». Asunción, Paraguay: Atlas Grupo Editorial.

*Ortega Peña, Rodolfo; Duhalde, Eduardo Luís (2015): «Felipe Varela: Caudillo Americano». Buenos Aires, Argentina: Editorial Colihue.

Emilio Urdapilleta